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Ion Urrestarazu

Miradas de un peatón

Juan Ortiz Martínez de Luna (1936)

El monumento del Puente de Hierro, en la actualidad. Foto Ion Urrestarazu Parada.

El monumento del Puente de Hierro, en la actualidad. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

Juan Ortiz Martínez de Luna

Otra víctima olvidada de la violencia

Recientemente, se ha colocado una placa dedicada a los trabajadores de “Dbus” que fueron víctimas de la violencia. Al enterarme de la noticia, recordé la dramática historia de un antiguo trabajador de la compañía, también víctima de la violencia, pero de los tiempos de la Guerra Civil.

EL PRINCIPIO DEL FIN

Gregorio Ortiz Martínez de Luna, que así se llamaba el hombre, ejercía como inspector de la “Compañía del Tranvía de San Sebastián”. No parece que hubiera sucedido mayor problema en su vida hasta que comenzó la Guerra.

Tras los primeros y azarosos días de la sublevación, en las desaparecidas cocheras de la Compañía del Tranvía tomaba el control un “Consejo Obrero”, al parecer, encabezado por un inspector de tranvías apellidado Zuloaga y compuesto por trabajadores sindicados en CNT, ELA-STV y UGT. Con el nuevo régimen, el Consejo de Administración de la compañía y varios empleados, entre los que se hallaba Ortiz, fueron destituidos, al parecer, por no estar sindicados.

Sin nada más que poder hacer, nuestro protagonista marchó a casa, junto a su mujer y sus tres hijos. Su domicilio, sito en el sexto piso del número 8 de la calle Pedro Egaña, será el escenario del comienzo de la tragedia.

EL ASESINATO

Es la noche del 25 de agosto de 1936. Sobre las diez y media de la noche, alguien llama a la puerta. La mujer de Ortiz abre. Ante el umbral, un grupo de seis individuos espera. Preguntan si su marido está en casa. La mujer lo confirma, pero avisa de que él ya está acostado. Los extraños insisten, pues, supuestamente, vienen por un asunto de importancia, relacionado con el nuevo “Consejo Obrero”.

Ortiz se levantó apresuradamente, acudiendo a la puerta en mangas de camisa. Los supuestos enviados del “Consejo” exigen que les acompañe, para proceder a la “liquidación de unos abonos”. Nuestro protagonista, viendo que no podía evitarles de algún modo, pidió que le dieran un momento para vestirse. Los siniestros visitantes intentaron tranquilizarle, asegurándole que no hacía falta, que podía acompañarles tal como estaba, pues le llevarían en automóvil y, en breve, estaría de vuelta.

Confiado o no, Ortiz, junto a los seis extraños, bajó a la calle y subió a un coche. Tras ponerse en marcha, el vehículo se dirigió lentamente hasta el desaparecido Puente de Hierro. Allí mismo, Ortiz sería asesinado.

Hay varias versiones sobre su muerte. La más completa cuenta que lo subieron a un pretil y, en su desesperación, Ortiz intentó huir saltando al Urumea, con tan mala suerte que, habiendo marea baja, tuvo una fuerte caída contra las piedras, siendo rematado por sus verdugos. Otras versiones especulan con que murió ahogado y no por las balas; o que fueron los propios verdugos quienes lo tiraron al agua, tiroteándolo posteriormente. Lo cierto es que el cuerpo apareció flotando en el río, al parecer, solo con heridas de bala en una pierna. El cadáver sería recogido al día siguiente y llevado a Polloe.

Curiosamente, pocos días más tarde del suceso, en el diario Frente Popular del 28 de agosto, aparece una nota a nombre del “Consejo Obrero del Tranvía de San Sebastián”, firmada por un tal Antonio Elósegui, informando de que el día anterior se habían propalado rumores de que el citado “Consejo” se había dedicado a dar órdenes de detención. La nota subrayaba que solo la Comisaría de Orden Público podía dar dichas ordenes. ¿Una simple coincidencia?

¿Pero por qué murió Ortiz? Se sabe que no estaba afiliado a ningún partido político ni sindicato. Incluso los “sublevados” subrayan tal dato. ¿Fue entonces víctima de alguna discrepancia o envidia relacionada con los miembros del “Consejo Obrero”? Según la tesis de Juanjo Olaizola “La Compañía del Tranvía de San Sebastián, 1887-2012”, basándose en las actas de la CTSS, fue asesinado en represalia del bombardeo realizado por el acorazado “España” el 18 de agosto. ¿Matar a un compañero de trabajo en represalia por  un bombardeo? No tiene mucho sentido, pero en una guerra civil todo es posible. También queda en el aire si los asesinos eran realmente miembros del “Consejo”. Tal vez nunca lo sepamos.

SIN MEMORIA

En la actualidad, no hay monumento ni placa dedicada a Juan Ortiz Martínez de Luna. Ni tan siquiera el monumento de la plaza Segunda República, dedicado a los asesinados en el Puente de Hierro, cubre su memoria. Las autoridades dedicaron la inscripción íntegramente a los represaliados por el franquismo, sin tener en cuenta las numerosas ejecuciones sucedidas en el lugar bajo el período del Frente Popular.

Y si solo fuera una cuestión de monumentos… El Gobierno Vasco, en su “Listado de personas muertas, fusiladas y/o desaparecidas en Euskadi durante la Guerra Civil y la dictadura franquista”, clasifica al desdichado Ortiz como “caído en el frente”. Ya hemos visto que no fue así.

ION URRESTARAZU PARADA

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Redescubriendo nuestro entorno con lo que miras y no ves

Sobre el autor

Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento

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