Todo lo que tiene que saber un guipuzcoano sobre la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, en su 290 aniversario.

10 cosas que tiene que saber sobre la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas | Miradas de un peatón

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Ion Urrestarazu

Miradas de un peatón

10 cosas que tiene que saber sobre la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas

Acción de la RCGC. Foto GMB.

Acción de la RCGC. Foto GMB.

10 cosas que tiene que saber un guipuzcoano sobre la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, el mayor logro empresarial de la provincia

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290 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

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1. EL ORIGEN DE UNA LEYENDA

El Consulado de San Sebastián, principal autoridad comercial y marítima de la ciudad, tenía ante sí un puerto en la ruina económica, a causa de la derivación del tráfico comercial de hierro y lana—principales productos de exportación—a Bilbao. Dicho Consulado, junto con las Juntas de Guipúzcoa, conseguiría crear la empresa de mayor éxito jamás creada en Guipúzcoa: la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Así pues, es fundada un 25 de septiembre de 1728 por Real Cédula de Felipe V—el martes pasado fue su 290 aniversario—. Por cierto, en varios libros se repite erróneamente que el conde de Peñaflorida fue uno de los fundadores de la compañía. El hombre solo participó en la comisión de intelectuales que elaboró el reglamento de la empresa.

2. EMPRESA CON ACCIONES

La “Guipuzcoana”—así la llamaremos para abreviar—logró el hito de ser la compañía mercantil por acciones de más larga duración del siglo XVIII. Se constituyó con el capital más elevado de su época: 700.000 pesos de plata. Cada acción costaba 500 pesos. En cuanto a los accionistas, estos pertenecían principalmente al Consulado de San Sebastián y comerciantes locales, pero también había comerciantes de Cádiz y algunos extranjeros. Como curiosidad, mencionaré que uno de los accionistas de la compañía fue el inefable Blas de Lezo.

3. VENEZUELA EN MANOS DE UN MONOPOLIO

La “Guipuzcoana” se asentó en Venezuela en 1730. Fue la única empresa autorizada para importar y comercializar productos europeos allí, además de fijar los precios. También hacía lo propio con los productos venezolanos con destino a España. En 1739, como premio a la ayuda ofrecida por la compañía durante la “Guerra de la Oreja de Jenkins”—sí, la de Blas de Lezo—, se le concedería la exclusividad del comercio, pasando a convertirse en un monopolio. Pronto mostró actitudes abusivas, exigiendo cada vez más producto por menos dinero, lo que acarrearía revueltas de los caciques locales y, al final, llevaría a la pérdida de confianza del monarca español y el castigo consiguiente. Luego lo veremos.

4. NO SOLO CACAO…

Pese a que el cacao era el producto estrella de la compañía, y el que la hizo inmensamente rica, no fue el único. El tabaco y el añil fueron otros de los principales productos. El primero, al no tener tanto éxito en España por preferirse el de origen cubano, muchas veces era vendido en forma de contrabando a los holandeses, de los cuales, recíprocamente, obtenía materias primas más baratas que adquiriéndolas en la península. La “Guipuzcoana”, como un moderno “holding”, también se hizo cargo de otros productos. Ejemplos son la fabricación de armas en Guipúzcoa;  destilerías en Navarra; tejidos en Valdenoceda y Rioja; molinos harineros en Campos, etc. También adquiriría la desastrosa “Real Compañía Mercantil de Ballenas” de San Sebastián, sin llegar a conseguir sacarla a flote. Pero el más polémico negocio fue el de otro “producto”: los esclavos. Se la acusa de llevar a Venezuela cerca de 2.000 negros africanos que serían destinados a las plantaciones de cacao. Mano de obra barata + producción + monopolio = amplio beneficio. Igual que ahora.

5. CORSARIOS A TUTIPLÉN

La “Guipuzcoana” se benefició también de la patente de corso. La principal función de los corsarios en Venezuela era la de guardacostas, limpiando la costa de contrabandistas—habitualmente considerados piratas—e invasores extranjeros como los holandeses, ingleses o franceses. A lo largo de su vida, la “Guipuzcoana” llegaría a tener 39 barcos de diferente tipo, dedicados al corso—el más grande fue el “Nuestra Señora de la Asunción”. Pero, quitando el romanticismo, tener corsarios como guardacostas también tenía sus problemillas, como, por ejemplo, el contrabando. Hartos de la lentitud de los juicios para comprobar si la captura se hizo sin “actos reprochables”—lo único que separaba al corsario del pirata—, decidían ahorrar tiempo, perdiendo por el camino parte de la carga… En ésta época San Sebastián era el puerto corsario más importante de España.

6. VECTOR DE LA ILUSTRACIÓN

En 1765, la “Guipuzcoana” patrocina la creación de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, con el fin de promover el desarrollo cultural, así como difundir las nuevas ideas y conocimientos científicos y técnicos de la Ilustración. Esta sociedad, conocida popularmente como los “Caballeritos de Azcoitia”, estuvo impulsada por el conde de Peñaflorida, el marqués de Narros y Manuel Ignacio Altuna. Fue la primera sociedad de este tipo creada en España, extendiéndose desde su primera sede en Vergara por todo el país. Por último, hay que añadir que la “Guipuzcoana” también fue responsable de la entrada en América del Enciclopedismo y la Ilustración.

7. UNA ERA DORADA PARA SAN SEBASTIÁN

La vida comercial de San Sebastián dió un giró de 360º, pasando de la ruina económica a convertirse en una pequeña potencia marítima de primer nivel. El éxito hizo que prácticamente se abandonara la industria pesquera. Gente del interior de la provincia comenzó a venir en masa para formar parte del “milagro” económico, ya fuera de primera mano o, secundariamente, del contrabando. Las ingente cantidad de plata americana no solo hizo engordar los bolsillos, también decoró el interior de las iglesias, convertida en parte del ajuar litúrgico, quien sabe si para apaciguar algún pecado. Pero el mayor ejemplo de toda esta bonanza económica es uno de los mayores símbolos de San Sebastián: la Iglesia de Santa María, construida con los beneficios de la compañía entre 1743 y 1764.

8. CORRUPCIÓN Y REVUELTAS: PRINCIPIO DEL FIN

Como habrá podido leer, la corrupción es una constante en esta historia, si a eso le sumamos el abuso de poder como monopolio, no era de extrañar que en algún momento hubiera problemas. Los hacendados venezolanos, hartos de su situación de inferioridad, comenzaron a conspirar. A lo largo de veinte años, los terratenientes, ocasionalmente secundados por elementos extranjeros, como los contrabandistas holandeses o los británicos, siempre cizañeros, se revelarían en tres ocasiones. La última revuelta (1749) llamaría la atención de la Corona, que investigó el asunto. La “Guipuzcoana” tuvo que dar muchas explicaciones. Por ejemplo: de por qué no había rendido cuentas a la Corona ni entregado dividendos a los accionistas, las sospechas de que los directivos hacían negocios personales desde su posición, gastos secretos excesivos, sobornos al obispo y al gobernador de Caracas, etc. Al final la Corona suspendió las actividades de la “Guipuzcoana” por dos años, en los que se intentó aclarar todo lo dicho y sucedido e intentando apaciguar así a los hacendados venezolanos. En 1752 volvería a funcionar la compañía, pero con notables cambios, como una bajada en los precios del cacao, recortando el margen de beneficio—aunque seguía siendo un buen negocio—, la venta de acciones a los hacendados y mercaderes criollos, o el traslado de la sede de la “Guipuzcoana” de San Sebastián a Madrid, cerca de la vista del Monarca.

9. EL FIN DE UN MONOPOLIO

Como hemos visto, la suma del abuso de poder y la corrupción dañaron la imagen de la compañía; pero, aun y todo, no le impidió seguir adelante. En 1778 se implantó el reglamento para el libre comercio con América, cosa que en principio no le afectó a la “Guipuzcoana”, pero sería un claro aviso de lo que iba a suceder. En 1781, mediante Real Resolución de 15 de febrero, se liberaba el comercio con Venezuela, la “Guipuzcoana” perdía el monopolio. Si a esto le sumamos el quebranto que supuso para la compañía la guerra contra Inglaterra de 1779 a 1783, la empresa estaba herida de muerte. Los accionistas terminarían acordando su fin en 1785.

10. UN MALOGRADO HEREDERO: REAL COMPAÑÍA DE FILIPINAS

Pero la “Guipuzcoana” no murió. Tuvo, como suele decirse, un lavado de cara. Uno de los accionistas, que era el director del poderoso Banco de San Carlos, Francisco de Cabarrús, propuso cambiar de aires y trasladar el tráfico comercial a Filipinas. Así, la “Guipuzcoana”, con un cambio de nombre, pero con los mismos accionistas, directivos y trabajadores, renace por Real Cédula de Carlos III de 1785 como la Real Compañía de Filipinas. Pero la “Filipina” no pudo conocer el éxito de la “Guipuzcoana”, principalmente a causa de las guerras de finales del XVIII, los constantes servicios económicos prestados a la siempre exhausta Corona, nunca devueltos o mal compensados, y los constantes cambios de gobierno en el complejo siglo XIX pasarían ardua factura a la compañía, declarándose extinta en 1834.

ION URRESTARAZU PARADA

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Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento

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