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Ion Urrestarazu

Miradas de un peatón

El final de la Gran Guerra en San Sebastián (1918-2018)

Soldado francés en la Concha, tras volver del frente mutilado, en 1918. Kutxateka./ Soldado francés en la Concha, tras volver del frente mutilado, en 1918. Kutxateka.

EL FINAL DE LA GRAN GUERRA EN SAN SEBASTIÁN

(1918-2018)

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Durante la mañana del 11 de noviembre de 1918, una noticia sacudió San Sebastián: el armisticio se había firmado. La Gran Guerra había terminado. La gente se echó a la calle, abrazándose y felicitándose. Ante los escaparates de los diarios se congregaron muchedumbres para ver el breve telegrama que daba fe de la firma y el cese de las hostilidades. Los consulados pertenecientes a la Entente hicieron ondear sus banderas en los balcones, siendo muy visitados a lo largo del día por entusiastas que querían transmitir su alegría. No solo los consulados hicieron ondear banderas, las sociedades francesas y muchos donostiarras engalanaron sus fachadas con los estandartes Aliados.

Por la tarde, la gente se echó nuevamente a la calle, para participar en el improvisado ambiente festivo. En los cafés dejaron de escucharse las discusiones banderizas, girando las conversaciones hacia el entusiasmo por el fin del conflicto. Las instituciones francesas de la ciudad se convirtieron en el epicentro de las celebraciones. En las Escuelas Francesas, la directora, Mme. Miguras—su marido e hijos estaban en el frente—, concedió el día libre al alumnado, obsequiándolo con una merienda. Al Círculo Francés acudió mucho público, y, pese a no haberse organizado ningún acto oficial, se improvisó un baile bajo los acordes del piano, que duró hasta la noche.

Al anochecer, una espontánea manifestación formada por solo siete entusiastas, recorrió las calles, portando la bandera de Francia, cantando y lanzando vivas, siendo coreados por el público. No hubo mayor manifestación, ni tan siquiera se escuchó La Marsellesa, al contrario que en otros lugares de la provincia.

 

Cónsules y demás participantes en el banquete del Gran Casino. Hormiga de Oro.

Cónsules y demás participantes en el banquete del Gran Casino. Hormiga de Oro.

 

LA FIESTA NO ACABA

Al día siguiente, el ambiente festivo no disminuyó, sino que aumentó. Siendo así, que a primera hora de la tarde hubo una manifestación que recorrió las calles. Pero esta no sería tan grande como la que sucedería esa misma noche.

A las siete de la tarde, en el Círculo Francés, el Comité de Guerra francés celebró un acto en honor de Bélgica, en el que se hizo entrega de una bandera al cónsul belga Jacquemin. Terminado el sencillo pero conmovedor acto, se presentó ante el local la banda Iruchulo, que interpretó La Marsellesa y el himno de Bélgica, llevando este último al público casi al paroxismo. Mientras esto sucedía, en Alderdi-Eder se tiraban cohetes. La banda prosiguió con más himnos hasta que se dio por terminado el acto,  y, encabezando la posterior manifestación, al son del “Tipperary”, recorrió el centro de la ciudad, terminando en el Hotel María Cristina. A la entrada del mismo, donde lucían las banderas aliadas, se volvió a tocar La Marsellesa y demás himnos. La manifestación volvió a ponerse en marcha, para visitar los consulados de Inglaterra, Francia y Bélgica, además del diario republicano La Voz de Guipúzcoa y nuevamente el Círculo Francés.

Ese mismo día también hubo un banquete conmemorativo, organizado por los empleados de la Societé Générale en el Hotel Europa. Pero no sería hasta el día 17, cuando se celebrase un gran banquete en honor a las naciones aliadas, y que se ofreció en el Gran Casino. Los platos que se sirvieron iban decorados para la ocasión con lacitos con los colores de las banderas aliadas. A la hora del champagne, se dió lectura a los telegramas de adhesión, enviados por diferentes localidades guipuzcoanas, y se procedió a los brindis y los discursos, en los que participaron Manuel Rezola como presidente de la sociedad “Amistad hispano-francesa” y los cónsules de Francia, Inglaterra y Bélgica. También participó el pintor Ignacio Zuloaga, que, subido a una silla y con breves palabras, recordó a los 27.000 españoles caídos en el frente francés. El acto finalizó con La Marsellesa y un himno al mariscal Foch. Ese mismo día, también hubo banquetes conmemorativos en los restaurantes del Hotel Continental y “La Urbana”, donde el poeta Emilio Pisón leyó su creación “Canto a Francia”.

Al caer la noche, en las Escuelas Francesas se celebró un acto organizado por “Amistad hispano-francesa”. Ante una concurrencia que abarrotaba el salón, se dieron discursos, cantaron himnos y se exhibieron películas con los últimos combates de la guerra. Luego, los niños de las Escuelas recitaron poesías y cantaron varias canciones. También hubo un lunch, preparado por el Hotel Continental. El acto terminó con un  baile, que duraría hasta las primeras horas de la madrugada.

 

Monumento a los caídos por Francia. Guregipuzkoa.

Monumento a los caídos por Francia. Guregipuzkoa.

 

LOS CAÍDOS

No todo fue felicidad. La guerra había segado la vida de muchos donostiarras que por obligación o voluntad marcharon a combatir y nunca volvieron, dejando huérfanos y viudas. Un año más tarde se inauguraría en el patio de la Casa de Francia un monumento conmemorativo que recogería los nombres de los caídos: 59 franceses, 35 españoles y 3 belgas.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

 

 

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Redescubriendo nuestro entorno con lo que miras y no ves

Sobre el autor

Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento

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