Hija única, con muchos primos, y toda una valiente. Así ha sido siempre Misscarrot, pero de un tiempo a esta parte, estamos de capa caída. Deportista y tragona. El alma de muchas fiestas, y reina del sofá.
Esguinces, puntos en la cabeza, rotura de cubito y radio, gastrointeritis varias. Un poquito más de lo normal para un niño cualquiera. ¡Aventurera! Mi madre, a quién felicitó desde aquí, por guapa cumpleañera, prometió, que si había “una más”, ¡me pagaba el taxi para ir sola al hospital! Ya con quince, casi me hago una cara nueva, esquiando en Formigal, y no hace mucho, resbalón en patines, ¡y el hombro a medias!
Hace unos años conducía unos doscientos kilómetros diarios entre ir y volver a la oficina. Mi Ford Fiesta semi-nuevo, volaba cada mañana por Etxegarate, nevara o tronara. ¡Era un rayo azul, cruzando la montaña! Jamás me pasó nada, exceptuando una multa detrás de otra, y aún alguna más. Vengo espabilada de serie, añado. Ahora soy muy lista, pero por aquella época, pensaba que los radares saltaban aleatoriamente, ¡y premio!
Pues bien, hoy es el día, que con las mejores ruedas del mercado, soy incapaz de atravesar una granizada. ¡No he metido quinta desde hace tres años! Jamás haría puenting, ni rafting, ni nada terminado en “ing” que implique ponerse un neopreno, y empiezo a parecer “Cenicienta”, porque hace años, que no paso el umbral de la puerta, más allá de las doce.