No hay nada como criticar a los próceres que están dispuestos a ayudar a los más desfavorecidos, a los niños repetidores, a quienes no llegan a la media, a los más listos que, aunque no queramos reconocerlo , (envidiosos), coinciden con los hijos de los más ricos. Vamos a ver… ¿qué tiene usted contra el tertuliano y ahora ministro José Ignacio Wert? ¿Que quiera acabar con el fracaso escolar?
Resulta triste pensar que medidas tan eficaces para evitarlo como reforzar los colegios concertados, ceder terrenos a los centros escolares de determinada orden religiosa potente como el Opus o no sustituir a los profesores enfermos en la educación pública sean cuestionadas.
Es que resulta extraño que la gente se queje en un lugar donde la aristocracia más saludona compra ropa para los niños a cuenta de empresas fantasma, donde el entrenador de un equipo de fútbol muy blanco tiene más asesores que el alcalde de San Sebastián (aunque sea por poco) y donde un ministro debe ser rebatido por los empresarios por hablar a favor de ellos.
Siempre queda el consuelo de esbozar una sonrisa dulzona y un poquito triste cuando se oye la voz de ese niño del anuncio al que la amona le pone imaginación entre pan y pan a falta de un poco de chorizo.
A otros no nos arranca ni media sonrisa esa vocecilla infantil que convierte en cuento una realidad que rasga no solo la conciencia, sino el estómago.