Recientemente mis dos hijas Madalen y Maite con sus respectivos maridos Gustavo y Marcial llevaron a bautizar a sus hijitas Viviana Valeria, año y medio, y Zuri Ainara, un año. En la “Misión Católica el Divino Niño”, regentada por un sacerdote colombiano y frecuentada por ´latinos´, mexicanos mayormente, a las afueras al norte de Atlanta, Georgia, EE.UU. Una iglesia -capilla más bien, diría yo- sin facha alguna de iglesia al exterior y con profusa decoración religiosa, de dudoso gusto, en el interior. Asistí, no faltaba más. Hasta tuve que tomar las veces de padrino de Zuri porque el verdadero, el que constará en los papeles, se enfermó a última hora. A Zenik, el hermanito mayor de Zuri, siete años, casi ocho, se le hace difícil estar quieto y se movía curiosón arriba y abajo. Zenik, ven acá, siéntate conmigo.
Me sucede con frecuencia: la cercanía de Zenik me retrotrae a mis años niños. Se me puebla de recuerdos la memoria. La casa, aita eta ama, anaiarrebak, los amigos, los veranos de vacaciones en el caserío cuidando las vacas en el prado o dirigiendo el andar pausado de la yunta de los bueyes que aran la tierra – las manos del tío en la mancera del arado- , los paseos al monte con el padre, el pueblo, la iglesia, la escuela …
El “Yo soy yo y mi circunstancia” de Ortega y Gasset se le aplica también al niño y quién sabe si con más propiedad que al hombre maduro, capaz de filosofar. El entorno, la circunstancia, apoya y ayuda o dificulta y entorpece el abrirse del niño a la vida consciente, al desarrollo de sus facultades mentales, al uso suelto o atado de su libertad. Suele decirse que el tronco que creció torcido cuando era tierno, torcido sigue al hacerse mayor y duro. De ahí que los psicólogos urgan tanto en las veredas y los vericuetos sombreados de la infancia hasta dar con la “circunstancia” que explique tal o cual problema, tal o cual desvío de conducta.
Las dos circunstancias que ejercieron influencia determinante en mi vida de niño y en mi desarrollo ulterior fueron la guerra civil del 36 y la religiosidad atosigante, origen del “nacional catolicismo”, a la que fuimos sometidos. O la religiosidad y la guerra -el orden de los factores no altera el producto- . En mi casa no hacía falta atizar mucho el fuego. Mi padre era producto de una educación recibida en la ´universidad´ de un cura de aldea que le acogió cuando quedó huérfano de padre a los dos años. El gusto refinado por la música y la caligrafía de dibujo en redondilla no fueron más que los acompañantes de una adhesión incondicional a las ´santa-madre-iglesia´ y su doctrina y sus preceptos y al tradicionalismo político, entiéndase carlismo. Hombre bueno, convencido de que la República era la antesala del infierno y los anarquistas, diablos disfrazados de hombres. Mi madre no quedaba atrás. De comunión diaria, de rezo sin tregua los dos. Y en consecuencia, los hijos. Las quemas de iglesias y los asesinatos de sacerdotes y religiosos se vivían en casa como si fueran realidad en nuestra carne.
Luego vino la guerra, el alzamiento, la cruzada. Guipúzcoa no fue de las provincias más castigadas. El frente de batalla se detuvo en el invierno del 36 en la línea divisoria con Vizcaya, en la franja de montes que corren de Escoriaza a Eibar, Murumendi, Udalaitz, Txintxorta, en Arechavaleta, Mondragón, Vergara, Elgueta, Plasencia. Oñati vino a ser cuartel y hospital de retaguardia. Todas las familias teníamos que acoger soldados que venían de las trincheras a descansar unos días o que se preparaban para la reanudación del avance en primavera. Un autobús convertido en ambulancia descargaba a diario frente a la casa parroquial muertos y heridos. En solemne procesión se celebró la reposición de la cruz en las escuelas públicas de las que la República la había desterrado (¿ … ?). Los niños fuimos sometidos a un adoctrinamiento sutil a través de “Flechas y Pelayos”, soldaditos dispuestos a morir por “Dios y por la Patria”. Más tarde, tras la ´toma´ de Bilbao, el regreso de los presos de la Cárcel Larrínaga, los funerales solemnísimos, banda de música incluida, de los requetés que morían en el frente, los ´primeros viernes´ con las iglesias y sus comulgatorios a reventar, los “Te Deum”s en la parroquia a cada capital de provincia que fuera cayendo al paso de los ´ejércitos victoriosos´, el homenaje a los ´veteranos de la última guerra carlista … Y el seguimiento diario, periódico en mano, a ´cómo están los frentes´… Son algo más que recuerdos. Eran gotas de sabor ácido que iban calando, abriendo surco …
Una mañana -yo era monaguillo de la parroquia a la edad que ahora tiene Zenik, los curas que la atendían eran … me acuerdo de diez pero creo que eran más, ayudaba dos o tres misas cada mañana- , un día me tocó hacerlo al guardián de Arantzazu -entonces decíamos Aránzazu, como decíamos también Oñate- . De vuelta en la sacristía, me dice Tú eres hijo de fulano de tal. Sí. ¿Y has pensado qué vas a ser cuando seas grande?. Pues … pues … chofer como fray Bixente (que todos los días bajaba con su camión a recoger el pan, el correo y demás) Pero para eso tienes que estudiar primero latín, habla con tus padres y diles que quieres ir al colegio de Arantzazu a estudiar latín. Está bien. ¿Les dirás? Sí. Así, aunque parezca increíble, me enfilaron hacia el sacerdocio. Tenía diez años. Sin comentarios. “Mis penas son mías”, como dijo alguien.
La ceremonia del bautizo de mis nietas iba adelante. Y yo recordaba … y yo pensaba … Qué mal nos explicaron, qué mal lo expliqué yo, que mal se sigue explicando qué es el bautismo. Se sigue llevando a los niños a bautizar y no se asegura primero que a medida que vayan creciendo se les irá educando en cristiano. Más ahora que la sociedad se va haciendo más laica y arreligiosa cada día. En mi propia familia … Si se enseñara siquiera siquiera a ser buenos, a comportarnos como hermanos, a amar la justicia y la equidad y la honradez y la ética y la responsabilidad como individuos y como colectivo para con los más necesitados, los sin trabajo, los marginados, los refugiados … Si nos dijeran siquiera que eso más que la fría ceremonia del bautizo nos acerca al Evangelio de Cristo … Terminó el bautizo y fuimos a celebrarlo en un restaurant …
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Documental – A LA MEDIANOCHE ‘Momentos con Javier Arzuaga’
Libro – A LA MEDIANOCHE (Autor: Javier Arzuaga)