¡¿Cómo?! ¡Pero qué dice esta chalada! Pues si, señoras y señores, aunque pueda parecernos chocante, hay personas que no estan interesadas en ese tema. Cuando se les pregunta por su tendencia sexual, se definen a sí mismos como asexuales, lo que significa que no sienten atracción sexual hacia nadie. Ni hombres ni mujeres. Y no tiene relación con ningún problema fisiológico. Simplemente, pasan del asunto.
Pero no es tan facil. Porque tienen que pasarse el día dando explicaciones a diestro y siniestro para ‘demostrar’ que lo suyo no es una forma de ocultar otra tendencia sexual, un problema derivado de algún trauma infantil o una via fácil para no sufrir rechazos. Por eso, en 2001 David Jay decidió crear AVEN (www.asexuality.org) y formó por primera vez una comunidad de personas asexuales, en la que podían compartir sus problemas y luchar por sus derechos, además de ofrecer información sobre la asexualidad. Y puede pareceros frívolo, pero sé que más de uno se lo está preguntando, asi que os diré que David Jay es un chico muy atractivo, inteligente, educado,… en fin, una joyita. Es el ejemplo perfecto de que si los asexuales no tienen sexo es porque no quieren. Y no hay que confundirlo con el celibato, porque esto no es algo impuesto, ni siquiera es una decisión. El documental (A) Sexual (2011) nos muestra la realidad de David y la de otras muchas personas (el primer estudio que incluyó la asexualidad entre las posibles respuestas a la tendencia sexual de sus participantes descubrió, sorprendentemente, que el 1% de ellos no se sentían atraídos ni por mujeres ni por hombres. Esto equivale a más de tres millones de personas en todo el país). La película lo sigue durante varios años de activismo. Tiene un gran grupo de amigos íntimos, con los que comparte la mayor parte de su vida. Y se le ve feliz, la verdad. Una vida con los afectos cubiertos, sin que necesariamente tenga que haber para ello una relación romántica o sexual. Sin embargo, cuando vemos a David dos años después, las cosas han cambiado. El grupo de amigos ha ido encontrando parejas sentimentales (y sexuales) y, sin quererlo, han dejado a David en un segundo plano. Y ahora el siente que necesita accede a tener sexo para poder llegar al nivel de intimidad que quiere alcanzar, porque no ve otra manera de que una relación adquiera un compromiso serio. Pero, ¿es necesaria una pareja para conseguir estabilidad? ¿No es posible formar un hogar con una sola persona?
Este es el caso de David, pero hay otras personas asexuales que no se plantean estos problemas. Aunque son muy diversos en su diversidad (valga la redundancia), si es cierto que hay un número importante de asexuales que tienen el Síndrome de Asperger. Una de ellas aparece en el documental, e incluso comparte con todos nosotros el momento de su boda. Ella tiene una relación de pareja muy satisfactoria, en la que por supuesto no hay relaciones sexuales. Pero sí hay conexión en otros niveles, que fomentan ¿igualmente? la intimidad. Es curioso escucharla confesar que no le gustan los besos, pero que como sabe que a su marido le encanta besarla, cierra los ojos y espera que pase pronto.
Los miembros de AVEN, con sede en San Francisco, participan en el Dia del Orgullo LGBT de la ciudad, y es impactante ver como gente que lleva siglos sufriendo la discriminación por su orientación sexual se mete con ellos o se ríe de ellos, como si fueran unos mojigatos de alguna secta religiosa. Y lo mismo ocurre en las numerosas entrevistas que le han hecho a Jay en televisión. En todas ellas hay cierta sorna y algo de incredulidad. Supongo que sera cuestión de tiempo ‘normalizar’ la situación, pero las reacciones que veo estan plagadas de sutiles faltas de respeto. ¿Y por qué nos cuesta tanto aceptar la realidad de estas personas? ¿Por qué nos hace gracia? Al fin y al cabo, son sus vidas. Y, a no ser que nos enamoremos de un asexual, lo que hagan o dejen de hacer en la cama nos tiene que importar bien poco. Es triste ver cómo, cuando una sociedad avanza en el respeto a un tipo de diversidad, llega otra que se pone automaticamente en el punto de mira. ¿Por qué nos cuesta tanto entender que lo diferente no tiene por que ser malo, o peligroso, sino simplemente enriquecedor?