{"id":171,"date":"2015-02-02T06:46:22","date_gmt":"2015-02-02T05:46:22","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/poncho-verde\/?p=171"},"modified":"2015-02-02T06:46:22","modified_gmt":"2015-02-02T05:46:22","slug":"el-viaje-de-los-invisibles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/poncho-verde\/2015\/02\/02\/el-viaje-de-los-invisibles\/","title":{"rendered":"El viaje de los invisibles"},"content":{"rendered":"<p>Me gustan los momentos de tr\u00e1nsito en las pel\u00edculas. Esas secuencias en las que el\/la protagonista viaja en autob\u00fas o en tren, la mirada perdida y su rostro reflejado en la ventanilla, con m\u00fasica de fondo. Son para m\u00ed las canciones de transporte p\u00fablico, melod\u00edas a medio tiempo que te hacen debatirte entre la sonrisa y el llanto callado. Y ahora soy yo la protagonista de uno de esos momentos cinematogr\u00e1ficos, cada d\u00eda, en mi largo y tedioso trayecto del trabajo a casa.<\/p>\n<p>Paso por diferentes fases a lo largo de las dos horas de viaje. Primero viene la ansiedad al salir de la oficina, las ilusi\u00f3n de haber terminado la jornada laboral unida al miedo por perder el autob\u00fas que pasa solo cada hora. Camino r\u00e1pido, tengo que llegar en menos de 25 minutos. De camino, cruzo un puente que me aterra, la bicicleta pintada de blanco en recuerdo a un ni\u00f1o que muri\u00f3 atropellado por un cami\u00f3n hace pocos meses cuando pedaleaba hacia el colegio, partes del camino en las que no hay aceras y los coches me pasan tan cerca que me mueven el pelo a su paso. El peor momento son esos minutos en los que tengo que esperar a que el sem\u00e1foro se ponga en blanco (s\u00ed, aqu\u00ed los sem\u00e1foros de peatones tienen la luz blanca) y veo justo al otro lado el autob\u00fas poni\u00e9ndose en marcha. \u00bfLlegar\u00e9? \u00bfHabr\u00e1 merecido la pena el esfuerzo? \u00bfTendr\u00e9 que quedarme aqu\u00ed esperando una hora m\u00e1s? \u00bfEn este lugar en el que no hay nada m\u00e1s que esta parada y cientos de coches transportando a cientos de individuos en la batalla por llegar a sus casas?<\/p>\n<p>Un cigarrilo. O dos. Y por fin veo de lejos el n\u00famero iluminado de mi autob\u00fas. El trayecto ser\u00e1 corto, pues este es solo el enlace al \u2018verdadero\u2019 autob\u00fas, al que me llevar\u00e1 a mi ciudad. Y a veces voy tan absorta en mi sue\u00f1o cinematogr\u00e1fico que me paso de parada y termino en una estaci\u00f3n de tren en la que tengo que esperar otros 45 minutos para poder subirme a uno que me lleve a casa. Pero esta vez estoy atenta y me bajo en la parada correcta. Cruzo un paso de peatones de ocho carriles con los ojos bien abiertos y vuelvo a esperar, en una parada distinta pero igual que la anterior, a que llegue un autob\u00fas distinto pero igual que el anterior. Me monto y ya puedo descansar. Me espera una hora sentada en uno de los asientos hundidos y llenos de manchas oscuras que prefiero no pensar de d\u00f3nde vienen. \u00a0Y ahora s\u00ed puedo convertirme en la protagonista de la secuencia del viaje de mi propia pel\u00edcula. Me coloco los cascos y pongo la m\u00fasica a todo volumen. Podr\u00eda fingir un gesto dram\u00e1tico para darle m\u00e1s fuerza a mi interpretaci\u00f3n, pero la mayor\u00eda de las veces estoy tan cansada que no necesito fingir. Mi cara es un poema. Y los ojos se me cierran de cuando en cuando, y los abro de golpe cada vez que el autob\u00fas para bruscamente. Aprovecho entonces para observar al resto de protagonistas de mi filme, y trato de imaginar las vidas que llevan y por qu\u00e9 est\u00e1n aqu\u00ed (y no en un coche). La mayor\u00eda son mujeres latinas que se dedican a limpiar casas o a cuidar ni\u00f1os, tambi\u00e9n hay veteranos en silla de ruedas, algunos escolares que todav\u00eda no han cumplido los 16 y unas cuantas personas de avanzada edad y de origen asi\u00e1tico. Parece que a los blancos de la Bah\u00eda no les gusta el autob\u00fas (si no son los privados que les facilitan las grandes empresas de Silicon Valley, con Wi-Fi y todas las comodidades). Conozco a muchos que ni siquiera se han montado en uno. Pienso en la injusticia de tener un transporte p\u00fablico de p\u00e9sima calidad por el hecho de que las personas que lo utilizan son las que menos importan: los pobres, las mujeres, las personas con discapacidad, las personas mayores. En este peque\u00f1o universo de \u00e9xito y dinero, a nadie le importa que los empleados que les hacen ganar sus fortunas, las se\u00f1oras que cuidan a sus hijos mientras ellos est\u00e1n en sus magn\u00edficos empleos, esos \u2018h\u00e9roes\u2019 que luchan por la patria y a los que tanto aplauden en las pel\u00edculas y en los anuncios de televisi\u00f3n, o ancianos que podr\u00edan ser sus padres, tengan que perder dos horas como poco para hacer un recorrido que en coche lleva veinte minutos, y en unas condiciones nada deseables.<\/p>\n<p>Con mi m\u00fasica, mis pensamientos y el reflejo de mi rostro cansado en la ventanilla, el sol se ha puesto en la Bah\u00eda y ya es de noche. \u00daltima parada: la estaci\u00f3n de autobuses de Palo Alto. Me bajo y me despido con la mirada de mis compa\u00f1eros de viaje. Ma\u00f1ana nos veremos de nuevo. Y as\u00ed cada d\u00eda. Hasta que los dem\u00e1s nos vean.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me gustan los momentos de tr\u00e1nsito en las pel\u00edculas. Esas secuencias en las que el\/la protagonista viaja en autob\u00fas o en tren, la mirada perdida y su rostro reflejado en la ventanilla, con m\u00fasica de fondo. 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