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Puerta atrás

DIARIO DE COPAS. Sitofilia

Los que amamos el baloncesto, por lo general, no lo tomamos como un mero hobby o un pasatiempo más. Esencialmente, es una manera de entender la vida. Y no me parece malo, todo lo contrario. En el caso de Sito Alonso, el baloncesto lo es todo, entrena como vive; afronta el baloncesto como lo hace con la vida. Son dos conceptos que no se pueden concebir separados. En ese sentido, es como muchos de nosotros. Pero realmente, Sito ha sabido sacar lo mejor de cada aspecto para mejorar en el otro. A poco que puedan percibir su filosofía, su pensamiento, aunque sea someramente, descubrirán que vive y entrena de una manera muy especial. Una insaciable búsqueda de la mejora desde el pensamiento positivo, la disciplina, el optimismo, la exigencia, la confianza y el inconformismo -consigo mismo y con los que están a su alrededor-, que, al menos en San Sebastián, están dando como resultado la prosperidad de un proyecto que se había estancado. Y, sinceramente, el único secreto que termino encontrando es la descarada obsesión por la excelencia, baloncestística y diaria.

Ahí reside el mayor éxito del estilo de Sito Alonso. Esa valentía tan peligrosa a creer en lo que haces por encima de los resultados. O mejor dicho no buscar el resultado de tu trabajo en el marcador sino en el juego que prácticas; comportarte de igual manera ante tus errores y aciertos, ganes o pierdas. Requiere un punto de locura y es un asunto complicado para un entrenador, porque su figura es la mayor esclava del resultado. Les pagan para ganar, no para jugar bien y esa afirmación, tan cierta como cruel, es en muchos casos pretexto para encorsetar el juego y coartar el talento. Y ahí se esconde precisamente lo mejor de la filosofía de un club como el Lagun Aro GBC, que mantuvo la misma confianza inquebrantable en su entrenador y su equipo cuando el casillero marcaba 0-4, 2-8 ó el 8-9 que le entregó en mano su primer billete para un acontecimiento de las dimensiones de la Copa del Rey.

Cuando un equipo es pequeño, humilde, falto de millones en su presupuesto, a veces parece una temeridad aspirar a cierta manera de jugar. Es como autoempequeñecerse. Existen mitos retroalimentados que el baloncesto que practica esta temporada el Lagun Aro GBC conspira para derribar. Meter muchos puntos fuera de casa no es efectivo.Si encajas muchos puntos es forzosamente porque no defiendes bien. Tirar más de tres que dos o llevar un partido a muchas posesiones cuando tu rival es teóricamente superior es casi un suicidio… Cuando lo que realmente te suicida es no ser fiel a ti mismo y a tu estilo; por sentirte peor, llevar el juego a otro lugar. Si eres capaz de jugar con confianza, ¿por qué no vas a jugar muchas posesiones? Y si las juegas bien, meterás muchos puntos. Lo mismo que con los triples, esea especie de sacrilegio para los puristas que resulta de tirar más de tres que de dos, especialmente fuera de casa. Cuando de lo que se trata, efectivamente, es de tomar buenas decisiones. Lo bueno, es que el Lagun Aro ha cometido todos esos pecados fuera de Illumbe y ha demostrado que no lo son, porque ha prosperado de una manera brillante.

Creer en tus jugadores y en lo que haces. Creer en ello contra los elementos si hace falta. Es lo que hizo Sito Alonso cuando venía de siete derrotas consecutivas antes de su salida de Badalona y sumaba cuatro seguidas más para poco después, colocarse con dos victorias en sus últimos quince partidos sentado en banquillo de ACB. Hace falta un carácter inquebrantable para seguir confiando en tus ideas. Y vaya si siguió confiando. Falta de talento que debía ser administrada. De eso se acusaba al GBC en los albores de la temporada. Olvidarse del descaro y gestionar la torpeza. Eso parecía pedírsele a Sito. Porque la intención de jugar al baloncesto cuerpo a cuerpo y renunciar a la guerra de guerrillas y la lucha en las trincheras parecía inviable. Había pocos efectivos y poco talento entre ellos. Una opinión que se extendía como la peste y que iba a infectando a muchos, pero por suerte, a nadie en el equipo ni en el club. Y el pabellón medio vació… eso sí, con cinco mil que no fallaban y que no dejaban tampoco de creer.

Como decía, fue Sito Alonso el encargado de defender a ese equipo estigmatizado por la falta de calidad. Para un entrenador es muy cómo escudarse en las carencias para explicar las derrotas. El técnico del Lagun Aro jamás lo hizo. Culpable de pretender jugar de una manera para la que no había suficiente. La solución la encontró en jugar mejor, en que los jugadores perdieran los complejos y en trabajar, trabajar y trabajar para acoplar las piezas. Equilibrio entre disciplina y no frenar ni limitar la capacidad de los jugadores… Cambiar el no podemos jugar así porque para más no dais para más por todo lo contrario. Sin trampas. Sin autolimitaciones. No sentirse peores que absolutamente nadie. Aunando todas las capacidades en pos de un bien común se encontró el antídoto perfecto a todas las maldiciones. Desde el fondo de la clasificación, con un 2-8 como balance, se comenzaron a romper un gafe tras otro. El GBC nunca había ganado en Badalona y lo hizo por 23 puntos; nunca había conquistado la roca y volvió de Gran Canaria con la victoria más abultada de su historia, 33 puntos de diferencia. Estos pasos fueron significativos, sin embargo, dos citas han supuesto el punto de inflexión definitivo para que la ilusión en la afición del Gipuzkoa Basket se recobre taxativamente: la primera victoria del club en Bilbao, conseguida además con retazos épicos y el hecho de superar por primera vez la frontera  final que te coloca en la élite de la liga y te manda directo a la Copa del Rey.

El gran artífice de todo esto es Sito Alonso.

Pero lo mejor, el auténtico quid de la cuestión se esconde en que la clasificación copera no es más que una consecuencia en un camino que no se detiene para el Lagun Aro. Esta Copa no es el fin de nada, sino una estación. Este equipo tiene margen de mejora. Y el argumento más sólido para confiar en ello se asienta exactamente en el mismo lugar en el que lo hacían las razones para confiar en el equipo cuando más gris estaba el cielo: su juego.

Antes hablaba de mitos rotos, el más grande de todos los que desploma la filosofía y el estilo de Sito Alonso es el que reza que un baloncesto descarado, alegre y divertido no puede ser jamás ser efectivo. A otra escala, equipos como los Sacramento Kings de Webber, Stojackovic, Divac, Christie y Bibby o los Suns del Nash MVP se quedaron en la antesala del éxito que se puede tocar, el de los títulos, aunque sí triunfaron en la concepción de su juego, que mundialmente enamoraba. Su falta de anillos proclamó que ese baloncesto no funciona y si en un sitio hay genuinos detractores de ese estilo desatado y ese baloncesto en estado puro, desacomplejado y sin grilletes ese lugar es Europa. Esos amantes de la razón táctica de la hablaba Gonzalo Vázquez, que debían disfrutar mucho con el Limoges campeón de Europa, pero se echan las manos a la cabeza hablando de la NBA y defienden la enorme estupidez de que Ricky Rubio juega allí mejor porque no se defiende un carajo. Esos mismos criticaban la osadía de Sito en Penya, aquel equipo que insensatamente no paraba de correr y de tirar cuando tenía buena una buena ocasión… y que salvo en esa nefasta racha de siete derrotas consecutivas demostró ser siempre eficaz y capaz de competir con cualquiera.

A día de hoy, con menos recursos, económicos para empezar, Sito si acaso ha dado una vuelta de tuerca a ese baloncesto. Lograr que un equipo juegue de memoria es quizá el mejor de los síntomas para saber que tu basket está funcionando. Y el GBC no es sólo que lo haga -que lo hace- sino que comienza a hacer parecer fácil lo difícil y ha descubierto un desarrollo democrático, plural, del juego. Lo que más me llama la atención del baloncesto del Lagun Aro son precisamente esas partes maravillosas que no se pueden cuantificar, desde la lectura del juego a la circulación del balón, pasando por la capacidad para toma de decisiones. Un corte, otro pase, un espacio para poder crear una ventaja. Juego interior y exterior convergiendo. El conjunto por encima del individuo. En todo eso está encontrando el Lagun Aro su prosperidad.

El estilo de Sito y su filosofía, al menos lo que está mostrando en San Sebastián, es un tratado de radical confianza en sus jugadores y las capacidades de estos. De eso va su baloncesto, de maximizar y dar rienda suelta al potencial de su equipo. Siguendo unas reglas de orden y disciplina, que aunque suene a lo contrario, sirven una libertad total para desarrollar su genio. Por no hablar de una continua voluntad de ser cada día mejor en defensa. Un sistema de juego al servicio de los jugadores en lugar de unos jugadores al servicio de un sistema de juego. El equipo como protagonista absoluto. El equipo. Una confianza ciega en lo que hace. Todo nace del conocimiento de las limitaciones siempre con una actitud positivista para superarlas y mejorarlas, con la intención perenne de crecer. Saber que tienes que competir cada día, no cada partido, cada día, y superarse constantemente. Una ambición que supere a la de cualquier otro.

La personalidad y el carácter del equipo es la personalidad y el carácter de Sito Alonso. Él estará en desacuerdo. Para Sito el mérito es siempre del equipo, pero lo que ha hecho el técnico del GBC es transmitir sus ganas y  la confianza en lo que hace a sus jugadores. Cada miembro del equipo no sólo es consciente de su rol, sino que está convencido, contento y motivado con su labor; una mentalidad difícil de conseguir, pero de la que Sito ha persuadido a todos en San Sebastián.

Lo sé, da la sensación que estoy hablando de los Bulls, pero no es eso. La primera virtud de este GBC, quizá la mayor, es saber quién es y dónde está. Pero hay dos realidades: la primera es que el equipo está jugando un gran baloncesto y divierte mucho, es tan importante eso como las victorias para explicar la enorme subida de público y la vuelta al “no hay billetes” Illumbe. Genera ilusión porque gana, pero gana porque juega bien y genera ilusión porque juega bien. En cualquier caso, es un éxito rotundo para un club como Gipuzkoa Basket verse en una Copa y los puestos que está ocupando en la tabla son como un título si a final de temporada consigue mantenerlos. Es muy fácil dar el título de entrenador del mes y del año a los técnicos de Barça o Real Madrid, pero Sito, Porfi, Ponsarnau, Vidorreta y algún otro bien que los merecen también. Y otra cosa, para poder afirmar que algún equipo de la ACB es terriblemente superior a este humilde GBC, por lo pronto tendrá que demostrarlo. Me parece normal que haya quien nos tilde de locos a quienes pensamos y afirmamos que el Lagun Aro puede competir con cualquiera y superar, por ejemplo, los cuartos de final de Copa; la teoría dice que no, pero resulta que empíricamente nadie ha demostrado lo contrario.

Porque lo más sólido que ha construido Sito en el GBC es una identidad reconocible fundamentada en un carácter irrompible. Herir cien veces a este equipo no sirve para derrumbarlo, porque siempre se levanta cuando cae. Quizá lo más positivo del mal comienzo fue que sirvió para que el equipo se blindara en ese aspecto, porque a pesar de las derrotas siempre siguió trabajando y creyendo y su fe se volvió de acero. Ese carácter imprimido es el propio de su entrenador.

Y por lo pronto, Lagun Aro y su afición van a disfrutar de su primera Copa del Rey, un premio totalmente merecido y que tiene cantidad de culpables. Pero el mayor, el gran artífice del final de estancamiento en el que estaba sumido el equipo, el que le ha permitido dar ese paso al frente, se llama Sito Alonso. Y para el Lagun Aro GBC es una bendición poder contar con un técnico como él. Está en disposición de marcar una época, al tiempo. Pero de momento y siendo fieles a su manera de pensar, lo único que importa hoy y lo único sobre lo que podemos actuar es trabajar para encontrar la manera de derrotar al Caja Laboral Baskonia. Nadie da opciones a los donostiarras, pero no se sorprendan si los de Sito hacen saltar la banca… el mero hecho de tener la posibilidad de intentarlo, ya es un triunfo que va a disfrutar Gipuzkoa. Pero este Lagun Aro quiere más… y es Sito Alonso el que le ha convencido de que puede conseguirlo.

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