{"id":125,"date":"2018-03-28T20:27:23","date_gmt":"2018-03-28T18:27:23","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/?p=125"},"modified":"2019-03-11T09:38:42","modified_gmt":"2019-03-11T08:38:42","slug":"la-vida-oculta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/2018\/03\/28\/la-vida-oculta\/","title":{"rendered":"La vida oculta"},"content":{"rendered":"<p><em>No se puede hablar de literatura sin hablar de la vida. Y no se debe confundir la vida con la literatura, aunque es casi imposible deslindar la vida de la literatura. <\/em>Aseveraci\u00f3n de la escritora y acad\u00e9mica <strong>Soledad Pu\u00e9rtolas<\/strong> (Zaragoza, 1947) en <a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/1993\/03\/25\/cultura\/733014004_850215.html\" rel=\"external nofollow\"><em>La vida oculta,<\/em> XXI Premio Anagrama de ensayo de 1993<\/a>. Hasta ese a\u00f1o, solo hab\u00eda publicado una peque\u00f1a parte de su obra narrativa, pero aun as\u00ed plantea con rotundidad su experiencia literaria. Resulta una obra muy amena y en la que tenemos la posibilidad de descubrir a <a href=\"http:\/\/escritoras.com\/escritoras\/Soledad-Puertolas\" rel=\"external nofollow\">esta mujer cuya vida gira en torno a la escritura<\/a>, y que habla de ambas de una manera honesta, sincera, reflexiva\u2026 utilizando insistentemente las preguntas ret\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Convencida de que no hay un m\u00e9todo para escribir, ni para vivir, ni para conciliar lo uno con lo otro, manifiesta que el escritor no cuenta cosas de su vida, sino cosas de la vida de los dem\u00e1s, siendo estos dem\u00e1s casi siempre imaginarios, o \u00e9l viviendo otra vida, o viviendo de otro modo la vida. Y es que hay que percatarse de que la realidad ya est\u00e1 hecha y de que lo literario todav\u00eda no existe, pero que puede llegar a existir. Debe quedar claro que lograr la verosimilitud no est\u00e1 en relaci\u00f3n directa con la veracidad de la historia, sino con la necesidad de distanciamiento del escritor. Seg\u00fan su opini\u00f3n, se escribe sobre la realidad vivida por un impulso de venganza o por un deseo de homenaje.<!--more--><\/p>\n<p>Por eso, el <strong>escritor <\/strong>es la persona que no se contenta solo con vivir. Lo que pretende es inventar una vida distinta sobre el papel. Al igual que todo lector, el escritor, cuando lee, busca la amistad \u00edntima y segura de la persona que escribi\u00f3 esas p\u00e1ginas en las que inevitablemente se desliz\u00f3 alg\u00fan fallo. Busca la compa\u00f1\u00eda, el apoyo, la complicidad y el est\u00edmulo de ese esp\u00edritu af\u00edn que anida en la obra maestra, en la escena perfecta, en el personaje verdadero. Adem\u00e1s, el escritor, que ambiciona conmocionar al lector no puede vivir fuera de su \u00e9poca. No se trata de si el mundo cabe o no cabe en las p\u00e1ginas de un libro, sino de que esas p\u00e1ginas del libro creen un mundo. Las grandes novelas interesan por la visi\u00f3n del mundo que transmiten; los libros que dejan huella presentan un modo de vida, una manera de mirar las cosas. Al final, la concepci\u00f3n de la vida que tiene el escritor se refleja en sus obras de ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Piensa que<strong>, <\/strong>en <strong>el lenguaje<\/strong>, las palabras est\u00e1n cargadas de un mensaje moral y que por eso nos preocupan tanto; que el lenguaje ha sido el instrumento m\u00e1s relevante para la interpretaci\u00f3n y dominio del mundo, y, por lo tanto, quien escribe una novela est\u00e1 interpretando ese mundo. Pero no cree que la literatura siempre d\u00e9 respuestas<em>. Puede que se escriba y se lea para no dejar que la pregunta cese y, al hacerlo, autor y lectores no hagan sino responder a un plan general. Se escribe y se lee como si fuera parte de nuestro destino, como si estuvi\u00e9ramos obligados a construir un mundo fuera del que tenemos. Todas las historias que el hombre inventa nos comunican la incertidumbre de nuestra condici\u00f3n. <\/em>Este tipo de reflexiones inunda el libro.<\/p>\n<p>Ella comenz\u00f3 primero a escribir <strong>relatos<\/strong>. Confiesa que, teniendo en cuenta su incapacidad para contar cuentos, le result\u00f3 muy grato descubrir que era capaz de invent\u00e1rselos silenciosamente en el papel. Es consciente de que la necesidad de fabulaci\u00f3n, propia del hombre, es un oficio viejo, pero tambi\u00e9n nuevo: cada vez que un contador de cuentos toma la palabra el mundo parte de cero y su auditorio se instala en la ignorancia para, al ir escuchando, ir aprendiendo, ir entendiendo. La meta del cuento es alcanzar la inmortalidad. En raz\u00f3n de su brevedad, de su necesaria concisi\u00f3n, el cuento tiene un centro y su final es tanto una conclusi\u00f3n como una invitaci\u00f3n a volverlo a empezar.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/viparnaso.blogspot.com.es\/2015\/09\/soledad-puertolas-el-bandido-doblemente.html\" rel=\"external nofollow\">Hasta casi los treinta a\u00f1os no lleg\u00f3 su primera<strong> novela<\/strong><\/a>. Con ella quer\u00eda comunicar sus confusos sentimientos creyendo que eran originales. Al revisarla dos a\u00f1os despu\u00e9s, comprendi\u00f3 que m\u00e1s que la expresi\u00f3n de su mundo interno, necesitaba crear un mundo coherente y real, veros\u00edmil, as\u00ed como unos personajes con su propia identidad. A partir de entonces, en cada novela que ha escrito, se ha planteado un problema nuevo, un reto distinto.<\/p>\n<p>Mientras escribe corrige algo, pero es de las personas que prefieren escribir, avanzar y no volver atr\u00e1s hasta que no ha puesto el primer punto final. Una vez que la novela est\u00e1 acabada, publicarla significa abandonarla a su suerte. Opina que es fundamental ser conscientes de que ser\u00e1 le\u00edda y juzgada por personas conocidas y amadas, por personas conocidas y hostiles, por personas absolutamente desconocidas. Y puede que el libro no encuentre muchos lectores. Pero el escritor siempre debe creer que ha hecho un hallazgo importante y que por eso lo ha ofrecido a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>A pesar de que, en esta \u00e9poca, ya declara que no ha encontrado una f\u00f3rmula para escribir una novela, se aventura a definirla como una cadena de pensamientos que trata del hombre, de su forma atinada o no de vivir. Por esta misma raz\u00f3n cree que la novela s\u00ed es susceptible de ser analizada, mientras que es imposible desentra\u00f1ar la f\u00f3rmula mediante la que se ha escrito, porque no existe esa f\u00f3rmula, se trata de m\u00fasica. La condici\u00f3n primordial de la novela es salir del mundo real, crear otro, pero si no atrapa la atenci\u00f3n del lector, es letra muerta. Por eso solo una buena novela consigue sacarnos de este mundo. Y para eso el escritor debe eliminar lo superfluo y concentrarse en lo esencial. En esa decisi\u00f3n, de qu\u00e9 decir, qu\u00e9 omitir, en ese ejercicio de elecci\u00f3n est\u00e1 el secreto de una buena novela.<\/p>\n<p>Por medio de sus palabras califica su quehacer, recuerda ese momento en que tom\u00f3 consciencia de lo que hac\u00eda sentada en una cafeter\u00eda y mirando: <em>Esa necesidad de observar, de detener el tiempo\u2026 as\u00ed supe que mi trabajo, mis trayectos, mis obligaciones y responsabilidades eran ocio. As\u00ed como mi vocaci\u00f3n, mi afici\u00f3n eran ocio.<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de escribir, en una ocasi\u00f3n form\u00f3 parte de un jurado. Experiencia inolvidable pues reconoce la enorme dificultad que supone el juicio equilibrado, razonable y estimulante que en varias ocasiones hubiera pedido para ella. Estaba segura de que no iba a encontrar al artista no porque no existiera sino porque, como sucede cuando se comparan unas cosas con otras, su mente se hab\u00eda enturbiado. Y entendi\u00f3 por qu\u00e9 se emiten tantos juicios equivocados o desacertados, por qu\u00e9 se clasifica mal una novela o por qu\u00e9 muchas veces tarda en valorarse una obra. Se percat\u00f3 de que es muy dif\u00edcil tener criterio en materias tan delicadas, de que los gustos literarios son un asunto totalmente personal y de que, desgraciadamente, todav\u00eda no se ha inventado la forma de medir la calidad de una novela. Es tajante: el escritor no puede fiarse de nadie; no puede creer de verdad en los elogios ni aceptar totalmente las cr\u00edticas.<\/p>\n<p>En este ensayo, nos hace part\u00edcipes de sus gustos literarios; profundiza tanto en las obras como en la forma de escribir de muchos artistas relevantes de la literatura universal. Son an\u00e1lisis singulares, nos ense\u00f1a otro prisma. Como muestra hemos escogido la obra el Quijote y el escritor Baroja.<\/p>\n<p><strong>Quijote: <\/strong>es en sus p\u00e1ginas donde se contienen todos los enigmas de la humanidad; el permanente juego con la realidad y la ficci\u00f3n, el cuestionamiento de la cordura y la locura, el entendimiento \u00edntimo entre los hombres, las redes de complicidad y simpat\u00eda que se tienden entre ellos\u2026 Por todo esto, en este libro lo m\u00e1s importante es la idea; parece concebido para ser fundamentalmente abstracto, pero, al darnos muchos detalles de algunos aspectos de la vida, rompe los moldes de la abstracci\u00f3n para crear la m\u00e1s inveros\u00edmil realidad. El equilibrio del que parte es tan inestable, que se sostiene sobre el incre\u00edble castellano de Cervantes, sobre el fluir de las frases encabalgadas con una complejidad y naturalidad desconocidas hasta el momento y convertidas, a partir de entonces, en modelo de lengua.<\/p>\n<p><strong>Baroja<\/strong>: sus novelas se definen como fragmentos de novelas m\u00e1s que como narraciones acabadas y redondas. El autor est\u00e1 tan presente en ellas que es su personalidad la que se impone y seduce al lector, que finalmente deja de preguntarse si sus novelas son o no perfectas, y se abandona a la lectura. Sus personajes hablan mucho, sobre la vida, las mujeres, las teor\u00edas pol\u00edticas y filos\u00f3ficas en boga; buscan ideas, expresan ideas; persiguen una filosof\u00eda que les ayude a explicar sus vidas. Y como es \u00e9l son sus personajes: individualistas, fatalistas, envueltos en una tristeza abstracta y vaga, perseguidos por el fantasma de la cat\u00e1strofe sentimental. Pero, a pesar del irremediable pesimismo, sus novelas son portadoras de vida.<\/p>\n<p>Para ella asistir a <strong>la Feria del libro<\/strong> no deja de ser un ejercicio de humildad: <em>Situarse detr\u00e1s de los libros y saber que el fruto de tu obsesi\u00f3n y de tu esfuerzo, de tus desvelos y de tu inspiraci\u00f3n, de tu desasosiego y de tus \u00edntimas satisfacciones no es sino un producto m\u00e1s de los muchos que el curioso o distra\u00eddo paseante puede escoger y finalmente comprar. Eso es el libro, un producto ni siquiera imprescindible y que, una vez utilizado, le\u00eddo, puede quedar abandonado.<\/em><\/p>\n<p>Acabemos, c\u00f3mo no, con otra interesante reflexi\u00f3n de Soledad Puertas que: <em>Escribir es dif\u00edcil, pero la vida lo es m\u00e1s. Nadie sabe c\u00f3mo vivir, tampoco el novelista, pero describe e inventa la vida.<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No se puede hablar de literatura sin hablar de la vida. 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