{"id":481,"date":"2024-05-26T09:49:11","date_gmt":"2024-05-26T07:49:11","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/?p=481"},"modified":"2024-05-26T09:49:11","modified_gmt":"2024-05-26T07:49:11","slug":"una-relectura-de-bartleby-el-escribiente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/2024\/05\/26\/una-relectura-de-bartleby-el-escribiente\/","title":{"rendered":"Una relectura de Bartleby, el escribiente"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 30px; text-align: right;\"><em>En alg\u00fan lugar de un libro hay una frase<br \/>\n<\/em><em>esper\u00e1ndonos para darle sentido a la<br \/>\n<\/em><em>existencia.<br \/>\n<\/em>(Miguel de Cervantes)<\/p>\n<p>Preferir\u00edamos no tener que hacerlo, pero debemos reivindicar la lectura de los cl\u00e1sicos y despu\u00e9s su relectura. En esto vamos a muerte con <a href=\"https:\/\/urbinavolant.com\/archivos\/literat\/cal_clas.pdf\" rel=\"external nofollow\">Italo Calvino<\/a> que afirmaba, entre otras cosas, que \u201c<a href=\"https:\/\/elpaxaruverde.blogspot.com\/2023\/06\/bartleby-el-escribiente-herman-melville.html\" rel=\"external nofollow\">un cl\u00e1sico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir<\/a>\u201d.\u00a0 En cualquier \u00e9poca en la que lo leas habla de ti y de tu mundo, aunque el autor en realidad lo haya escrito para explicar el suyo, por eso se suele decir de los cl\u00e1sicos que aguantan muy bien el paso del tiempo.<\/p>\n<p>Pongamos por caso la <strong>primera lectura en la adolescencia y la segunda en plena madurez<\/strong>, y compar\u00e9moslas. Cuando, en el instituto, el profesor de filosof\u00eda te propone diversas lecturas, las disfrutas, pero de una forma distra\u00edda; la falta de vivencias, los divertimentos propios de la edad y el escaso n\u00famero de lecturas con que compararlas no nos permite valorar el alcance total de las obras.\u00a0 Sin embargo, con la relectura de la madurez, logramos apreciar los detalles y significados que se nos pasaron por alto y sentimos un placer extraordinario porque, aunque la obra sea la misma y no haya cambiado, nosotros s\u00ed lo hemos hecho por lo que el reencuentro con ella se convierte en un redescubrimiento.<\/p>\n<p>Es lo que nos ha pasado con <a href=\"https:\/\/biblioteca.org.ar\/libros\/153234.pdf\" rel=\"external nofollow\"><em>Bartleby, el escribiente<\/em><\/a>, una novela corta escrita por <a href=\"https:\/\/www.biografiasyvidas.com\/biografia\/m\/melville.htm\" rel=\"external nofollow\">Herman Melville<\/a>, un novelista estadounidense cuya obra est\u00e1 construida sobre sus apasionantes vivencias: vivi\u00f3 como un gran aventurero, enrol\u00e1ndose en barcos y en balleneros \u2015<a href=\"https:\/\/www.elconfidencial.com\/cultura\/2019-07-30\/moby-dick-novela-hundio-herman-melville_2153455\/\" rel=\"external nofollow\"><em>Moby Dick<\/em><\/a> ser\u00eda su m\u00e1xima obra sobre este tema\u2015, conviviendo con una tribu de can\u00edbales de los Mares del Sur \u2015su libro <a href=\"https:\/\/www.ramonacultural.com\/contenido-r\/taipi-un-eden-canibal\/\" rel=\"external nofollow\"><em>Taipi<\/em><\/a>, as\u00ed lo atestigua\u2015, incluso escribi\u00f3 un largo poema \u00e9pico, <em><a href=\"https:\/\/estepais.com\/impreso\/melville-en-jerusalen\/\" rel=\"external nofollow\">Clarel<\/a>, <\/em>inspirado en sus viajes por Europa y Tierra Santa pagados por su suegro para que se \u201ccurara\u201d de los problemas literarios, sentimentales y de salud que le acuciaban.<\/p>\n<p>Si la <strong>rebeld\u00eda del personaje <\/strong>era el acicate del profesor para engancharnos como j\u00f3venes lectores, consigui\u00f3 su objetivo, porque lo recordamos, hasta el punto de querer leerlo de nuevo. Y en esta relectura descubrimos que no todo era como cre\u00edamos, empezando por el personaje principal; ya no tenemos tan claro qui\u00e9n es el verdadero protagonista de la historia \u00bfBartleby o el narrador abogado que nos la cuenta?<\/p>\n<p>Ajust\u00e1ndonos a la teor\u00eda literaria, estamos claramente ante la narraci\u00f3n de una primera persona testigo de los hechos. <strong>El argumento<\/strong> es el siguiente. Un abogado \u2015narrador de la historia cuyo nombre desconocemos y que posee un bufete con tres amanuenses dedicados a la copia de transferencias inmobiliarias y a la b\u00fasqueda de t\u00edtulos de propiedad\u2015 decide contratar a un cuarto en un momento de gran carga de trabajo para la empresa. Aunque la primera impresi\u00f3n no es la mejor que recibe de \u00e9l\u2015<em> figura p\u00e1lidamente pulcra, lamentablemente decente, incurablemente desolada\u2015<\/em>, tras una breve conversaci\u00f3n lo acepta por su car\u00e1cter sosegado, en contraposici\u00f3n a su brigada de copistas m\u00e1s bien nerviosos e impetuosos. Los inicios laborales de Baterbly fueron muy buenos porque era una m\u00e1quina de copiar documentos. Se dedicaba a ello de d\u00eda y de noche hasta que un buen d\u00eda le pidi\u00f3 que le ayudara a cotejar un texto con el original, labor que muy habitualmente realizaban sus copistas. Esto fue el detonante de la historia, pues contest\u00f3: <a href=\"https:\/\/elpais.com\/elpais\/2019\/07\/30\/ideas\/1564476167_273275.html\" rel=\"external nofollow\"><em>Preferir\u00eda no hacerlo<\/em><\/a>.<\/p>\n<p>Nos encontramos con un personaje anodino, insustancial, sobre el que nadie contar\u00eda una historia pero que, sin embargo, la tiene, y \u00a1qu\u00e9 historia!, una que ha logrado hacer de este personaje un referente literario. Con esa famosa frase que repite en diversas ocasiones nos desarma porque no es ni una negativa ni una afirmaci\u00f3n. Esta forma de contestar ante la petici\u00f3n de un trabajo, exigido por el jefe, no entra en nuestros par\u00e1metros laborales, es como un pulso al sistema. Y m\u00e1s en aquel tiempo \u2015mediados del XIX\u2015, periodo de grandes cambios sociales y pol\u00edticos en Estados Unidos, un pa\u00eds que experimentaba una r\u00e1pida industrializaci\u00f3n y urbanizaci\u00f3n que llev\u00f3 a un aumento en la burocracia.<\/p>\n<p>Seg\u00fan nos cuenta <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Juan_Gabriel_V%C3%A1squez\" rel=\"external nofollow\">Juan Gabriel V\u00e1squez<\/a> en el pr\u00f3logo a una de las ediciones, Melville volvi\u00f3 a New York, tras haber viajado por el mundo en balleneros y haber escrito <em>Moby Dick<\/em> con un \u00e9xito bastante escaso, y visit\u00f3 las oficinas de abogados en las que trabajaban sus hermanos. All\u00ed sol\u00eda sentarse, en un escritorio desocupado, y se pasaba el d\u00eda escribiendo, \u00bfno parece ese el mismo ambiente que rodeaba a Bartleby? En un momento dado de la novela: <em>Bartleby no hac\u00eda m\u00e1s que permanecer plantado ante su ventana, en uno de sus ensue\u00f1os ante el muro ciego.<\/em> Tom\u00f3 la decisi\u00f3n de no trabajar y mirar a la pared (wall) \u2015recordemos el subt\u00edtulo \u201cUna historia de Wall Street\u201d, famosa calle, s\u00edmbolo del capitalismo y las finanzas\u2015. Pared o paredes, las de la oficina, omnipresentes en la historia, que encarcelan y oprimen al individuo. Algo quiz\u00e1s premonitorio de lo que ser\u00eda la propia vida de Melville, que estuvo trabajando casi veinte a\u00f1os como inspector de aduanas.<\/p>\n<p>Ese <em>Preferir\u00eda no hacerlo<\/em> repetido hasta la saciedad mientras mira al muro ciego no es m\u00e1s que la inacci\u00f3n como rebeld\u00eda, y esto al narrador le creaba un desconcierto que nunca antes hab\u00eda experimentado. El abogado de la historia tiene un motivo muy poderoso para contarla porque esa frase deja fuera de juego a cualquiera que la escuche. Ante este comportamiento del amanuense, tiene que actuar y como no sabe muy bien c\u00f3mo hacerlo comienza a buscar opciones, alternativas al \u201clo haces porque soy el jefe\u201d.<\/p>\n<p>Pero analicemos ahora el <strong>car\u00e1cter del narrador<\/strong> a partir de esta descripci\u00f3n que hace \u00e9l de s\u00ed mismo: S<em>oy un hombre que, desde la juventud, ha vivido con la profunda convicci\u00f3n de que la vida es mejor cuanto m\u00e1s f\u00e1cil. De ah\u00ed que, si bien me dedico a una profesi\u00f3n en\u00e9rgica que genera nervios proverbiales a veces hasta el extremo del alboroto, jam\u00e1s haya tolerado que esa clase de comportamientos turbaran mi paz. Soy uno de esos abogados carentes de ambici\u00f3n que nunca se dirigen a un jurado ni atraen en modo alguno el aplauso del p\u00fablico; al contrario, en la fresca tranquilidad de mi c\u00f3modo retiro practico c\u00f3modos negocios entre bonos, hipotecas y escrituras de hombres adinerados. Todo aquel que me conoce me tiene por hombre fiable.<\/em><\/p>\n<p>Tenemos un perfil de personaje acomodado que evita las complicaciones, as\u00ed que cuando le llegan lo \u00faltimo que desea es que contin\u00faen. Por eso, en el momento en que Bartleby se enfrenta a \u00e9l con su frase, cree que no ha escuchado bien, piensa en un malentendido por las dos partes, por eso insiste, pero la respuesta es la misma: <em>Preferir\u00eda no hacerlo. <\/em>Esto unido a su mirada desde unos ojos grises, inquebrantables, y su actitud sosegada, sin un \u00e1pice de incomodidad, es lo que le desarma. Lo \u00fanico que le queda es preguntarse qu\u00e9 deber\u00eda hacer, c\u00f3mo deber\u00eda actuar ante esa situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde el principio. ya se nos habla de <a href=\"https:\/\/dejemoshablaralviento.wordpress.com\/2021\/10\/28\/herman-melville-bartleby-el-escribiente\/\" rel=\"external nofollow\">Bartleby como un personaje sosegado<\/a>, pero con un sosiego llamativo: <em>\u00a1Pulcra palidez, penosa decencia, incurable desconsuelo!<\/em> y un \u00e1nimo al realizar el trabajo <em>silencioso, mortecino, mec\u00e1nico<\/em>. El abogado tambi\u00e9n afirma en otro momento: <em>Parec\u00eda que se diera un atrac\u00f3n con mis documentos, como si hubiera pasado un largo ayuno de textos por copiar<\/em>. Esta forma de ser y actuar descoloca al narrador que piensa en \u00e9l como en un ser de otro mundo. Este Bartleby intangible, como si no fuera humano, es lo que lleva al jefe a intentar comprenderlo para lo cual se empe\u00f1a en razonar con \u00e9l. Pero en vano.<\/p>\n<p>Desde ese momento, como si de un rat\u00f3n de laboratorio se tratara, Bartleby se convierte en objeto de estudio: <em>Que yo supiera jam\u00e1s hab\u00eda abandonado la oficina. Era un centinela perpetuo en su rinc\u00f3n. <\/em>Nunca iba a ning\u00fan lado ni para comer porque otro compa\u00f1ero se encargaba de suministrarle alimento, por llamarle de alguna manera: <em>As\u00ed que se alimenta de bizcochos de jengibre, pens\u00e9; nunca un plato que merezca el nombre de almuerzo; entonces, ser\u00e1 vegetariano. Mas no, ni siquiera com\u00eda verduras; solo bizcochos de jengibre. Mi mente se puso entonces a desvariar acerca de los efectos probables en la constituci\u00f3n humana de una alimentaci\u00f3n exclusivamente a base de bizcochos de jengibre.<\/em><\/p>\n<p>En realidad, lo que Bartleby estaba ejerciendo en todo momento era una resistencia pasiva: <em>Si el que se enfrenta a la resistencia no tiene un temperamento inhumano y el que la ofrece es absolutamente inocuo en su pasividad, el primero, en sus mejores momentos, procurar\u00e1 por caridad interpretar por medio de la imaginaci\u00f3n aquello que no alcance a resolver por medio del raciocinio. <\/em>Aqu\u00ed est\u00e1 la clave.<\/p>\n<p>El narrador va acomodando su comportamiento a las actuaciones del amanuense; de esta forma va intentando entender por qu\u00e9 act\u00faa como lo hace. Comienza a indagar en su vida familiar, le brinda ayuda por si necesita algo, le ofrece otro tipo de trabajos distintos para ver si as\u00ed cambia de postura&#8230; Se empieza a sentir responsable del bienestar de Bartleby, pero a la vez no le entiende, aunque en su fuero interno quiere hacerlo. De esta manera se crea una tensi\u00f3n, una lucha en su interior que no refleja m\u00e1s que la eterna disputa del individuo contra la sociedad y sus exigencias, contra la sociedad y la b\u00fasqueda de sentido en un mundo que muchas veces nos resulta absurdo.<\/p>\n<p>Si nos fijamos bien, con la excusa de contarnos la historia del copista Bartleby, el abogado narrador tambi\u00e9n se muestra ante los ojos del lector. Tenemos, por tanto, a dos personajes que muy bien podr\u00edan representar dos s\u00edmbolos de la sociedad: el personaje constre\u00f1ido por un sistema que no le permite ni un \u00e1pice de creatividad y el personaje pragm\u00e1tico que ante alguien que se desv\u00eda de la norma es incapaz de comprenderle.<\/p>\n<p>Ya vamos descubriendo los <strong>temas principales<\/strong> de esta novelita que, en esa primera lectura, no vimos con la misma claridad \u2015deslumbrados como est\u00e1bamos, por el poder de ese gran personaje que es Bartleby\u2015: la alienaci\u00f3n del individuo en la sociedad moderna, la resistencia a las normas establecida y la b\u00fasqueda de significado y sentido en la vida. Nos encontramos ante una obra con <a href=\"https:\/\/www.revistagq.com\/articulo\/preferiria-no-hacerlo-bartleby-escribiente-significado\" rel=\"external nofollow\">muchas interpretaciones<\/a>: desde una <a href=\"https:\/\/carlosvaldesmartin.blogspot.com\/2015\/01\/resumen-y-analisis-de-bartleby-el.html\" rel=\"external nofollow\">\u00e1cida parodia<\/a> de los avances en materia de pol\u00edtica laboral que se sucedieron en NewYork hacia 1850, pasando por una reflexi\u00f3n sobre las consecuencias del aislamiento deshumanizador al que nos aboca el trabajo moderno o una inmersi\u00f3n directa en la enfermedad mental o tambi\u00e9n un precursor del absurdismo kafkiano o incluso el primer texto existencialista o hasta un furioso \u201cYa Basta\u201d contra el determinismo inherente a la modernidad. La renuncia de este inquietante e inc\u00f3modo personaje tiene una dimensi\u00f3n laboral, social, religiosa y metaf\u00edsica.<\/p>\n<p>Pero continuemos desgranando la trama para llegar al final de la historia. La pasividad de Baterbly que poco a poco va obsesionando a su jefe consigue ganarle la voluntad hasta el punto de que va qued\u00e1ndose con el espacio f\u00edsico de la oficina:<em> No pod\u00eda echar a aquel hombre a empujones; hacerle salir a base de insultos no servir\u00eda; llamar a la polic\u00eda me parec\u00eda una idea desagradable; y sin embargo permitirle disfrutar de aquel cadav\u00e9rico triunfo sobre m\u00ed\u2026 <\/em><\/p>\n<p>Ante la impotencia, el jefe decide marcharse y montar la oficina en otro lado, pero \u201cel problema\u201d no desaparece porque m\u00e1s tarde, por el di\u00e1logo que el narrador tiene con un inquilino del edificio donde se encontraba la antigua oficina, sabemos que est\u00e1 a punto de adue\u00f1arse del edificio entero \u2015<em>El se\u00f1or B. lo ha echado de su oficina, pero ahora se empe\u00f1a en circular por todo el edificio; se sienta en el barandal de la escalera de d\u00eda y duerme de noche en el portal. Estamos todos preocupados: los clientes huyen de las oficinas; hay quien teme que se arme una turbamulta. Tiene que hacer algo sin la menor dilaci\u00f3n<\/em>\u2015. Y no olvidemos d\u00f3nde est\u00e1 situada la oficina, as\u00ed que la amenaza de dominaci\u00f3n se extiende hasta a Wall Street.<\/p>\n<p>Analicemos ahora <strong>el trabajo del amanuense<\/strong>. La figura del escriba que se dedica a registrar viene de antiguo. La historia que nos ocupa sucede en una oficina donde los trabajadores se dedican a la copia de documentos legales; se convierten en m\u00e1quinas que reproducen una y otra vez textos, reduciendo as\u00ed la escritura a la m\u00ednima expresi\u00f3n. \u00bfPuede haber algo m\u00e1s aburrido y alienante? Copiar por copiar, palabra tras palabras sin pensar. Cuando las utilizamos de esta forma, las gastamos y las vaciamos de contenido, lo que se une muy bien a la genial idea que tuvo Melville para dar verosimilitud y a la vez sentido al comportamiento de Bartleby: exist\u00eda el rumor de que Bartleby <em>hab\u00eda sido un empleado subalterno de lo Oficina de Cartas Muertas de Washinton, de donde lo hab\u00edan despedido sin previo aviso tras un cambio en la administraci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Es interesante este dato porque en el siglo XIX la comunicaci\u00f3n a distancia se reg\u00eda por los env\u00edos postales, las cartas personales eran la \u00fanica forma de transmitir las emociones y sentimientos a los seres queridos; eran el v\u00ednculo gracias al cual las familias segu\u00edan en contacto. Pero en ese camino, muchas cartas no llegaban a destino. En este caso y si las misivas no pod\u00edan ser devueltas, se enviaban a la denominada <a href=\"https:\/\/elsalondecris.blogspot.com\/2018\/11\/sabias-que-oficina-de-la-carta-muerta.html\" rel=\"external nofollow\">Oficina de la Carta Muerta<\/a> \u2015creada en 1825 con el fin de investigar la procedencia en busca de indicios para devolverlas\u2015; si no se encontraba al remitente, se proced\u00eda a su autodestrucci\u00f3n. Al final tenemos unos mensajes llenos de emotividad y perdidos, sin receptor, repletos de palabras que caen en el vac\u00edo, palabras muertas. En el trabajo de amanuense no se hace m\u00e1s que copiar de forma mec\u00e1nica, sin pensar, mientras los mensajes, llenos de sentimientos, que llegan a esta oficina postal se quedan sin destino: irracionalidad extrema que el individuo no consigue asimilar.<\/p>\n<p>Retomemos de nuevo al narrador de la historia que se siente cada vez m\u00e1s superado por el comportamiento del copista. Despu\u00e9s de la \u00faltima queja del inquilino de su anterior oficina decide poner tierra de por medio y se ausenta del trabajo unos d\u00edas; nuevo movimiento del abogado para evitar mover ficha, aunque cada vez se compadece m\u00e1s de Bartleby. Cuando regresa, se entera de que le han encarcelado por vagabundo: <em>Seg\u00fan supe m\u00e1s adelante, el pobre amanuense, cuando le dijeron que deb\u00edan llevarlo a la c\u00e1rcel, no ofreci\u00f3 la menor resistencia y en su estilo p\u00e1lido e inm\u00f3vil dio su consentimiento en silencio. <\/em>As\u00ed que en un \u00faltimo intento por ayudarle decide visitarle en la c\u00e1rcel: <em>All\u00ed me lo encontr\u00e9, a solas en el silencio del patio, encarado a una pared elevada mientras alrededor, desde las estrechas rendijas de las ventanas de las celdas, me pareci\u00f3 apreciar que lo contemplaban lo ojos de los asesinos y ladrones.<\/em> Y antes de irse incluso soborna a un guardia para asegurarse de que coma debidamente, pero como ya os pod\u00e9is imaginar, preferir\u00eda no hacerlo.<\/p>\n<p>No hace falta decir cu\u00e1l fue el final, pero s\u00ed que fue elegido libremente. Ante el trabajo repetitivo y extenuante \u2015<em>\u2026 ten\u00eda los ojos velados y mortecinos. Al instante me dio por pensar que a lo mejor aquella diligencia sin parang\u00f3n que hab\u00eda mostrado al copiar documentos a la tenue luz de la ventana durante las primeras semanas de su estancia en mi oficina pod\u00eda haberle perjudicado temporalmente la vista<\/em>\u2015 opta por el inmovilismo, una manera de esquivar el determinismo de una sociedad que aplasta tu esp\u00edritu y aniquila tus sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Esta escena, adem\u00e1s, marca un momento crucial de la historia ya que el narrador se dar\u00e1 cuenta de que no es que Bartleby no vea, sino que sufre de soledad, est\u00e1 solo en el mundo, en el universo, y est\u00e1 en manos del destino, al igual que \u00e9l mismo y finalmente la humanidad entera. Cuando descubre esta terrible verdad es cuando comienza a vivir merced a los cambios de Bartleby y no al rev\u00e9s; de ser un personaje interesado, pragm\u00e1tico y acomodado pasa a ser una persona comprensiva y emp\u00e1tica.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed es a donde quer\u00edamos llegar, porque \u00bfno se define la narraci\u00f3n como la historia de un cambio? Pues tenemos dos: el que acabamos de explicar y el cambio de la mirada del lector al releer a los cl\u00e1sicos.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cPreferir\u00eda no hacerlo\u201d, fue la respuesta que dio Bartleby, el escribiente, a la petici\u00f3n de su jefe para que le ayudara a cotejar un texto con el original.  Con esta famosa frase, el personaje de Melville propone \u201cla inacci\u00f3n como rebeld\u00eda\u201d. <!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":94,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[8,9,451,11],"tags":[892,890,891,889,893],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/481"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/users\/94"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=481"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/481\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":482,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/481\/revisions\/482"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=481"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=481"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/ser-escritor\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=481"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}