{"id":261,"date":"2013-09-24T09:56:53","date_gmt":"2013-09-24T08:56:53","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/viajeros\/?p=261"},"modified":"2013-09-24T09:56:53","modified_gmt":"2013-09-24T08:56:53","slug":"fuerteventura-tiempo-muerto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/viajeros\/2013\/09\/24\/fuerteventura-tiempo-muerto\/","title":{"rendered":"Fuerteventura, tiempo muerto"},"content":{"rendered":"<p>Por SERGIO GARC\u00cdA<\/p>\n<p><a href=\"\/viajeros\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/lanzarote.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-263\" style=\"margin: 5px;\" title=\"lanzarote\" src=\"\/viajeros\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/lanzarote.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"143\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/lanzarote.jpg 800w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/lanzarote-300x143.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/lanzarote-768x367.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Vista desde el aire, Fuerteventura parece un caballito de mar al que le hubieran cortado la cabeza. La segunda isla m\u00e1s grande del archipi\u00e9lago es una meseta de basalto sobre la que se elevan conos volc\u00e1nicos, azotada por el viento, el calor y la arena que llega desde \u00c1frica; donde las escasas lluvias desatan torrenteras que han abierto grietas en forma de barrancas y desniveles. Una tierra de penuria, soledad y resignaci\u00f3n, salpicada de \u201chigueras palestinianas que sacan jugo a la escueta roca\u201d, dec\u00eda Unamuno, que pas\u00f3 all\u00ed una temporada por obra y gracia de Primo de Rivera. Claro que las cosas han cambiado y no son pocos quienes suspiran todo el a\u00f1o por un destierro semejante, ahora que la isla se ha convertido en un para\u00edso para los aficionados al windsurfing y el submarinismo. Desde luego no es sitio para quien guste de los bosques frondosos ni los verdes prados. Aqu\u00ed se estila m\u00e1s la palmera, el tarajal, los juncos y carrizos, al tiempo que los reptiles y las cabras se disputan un terreno extremo, torturado y, por parad\u00f3jico que resulte, rico en endemismos. Solo la isla de Lobos -llamado as\u00ed por las colonias de focas monje que habitaban la roca hasta los a\u00f1os 50- encierra 130 especies vegetales, entre ellas la siempreviva canaria.<\/p>\n<p>Fuerteventura pas\u00f3 desapercibida hasta comienzos del siglo XV, cuando el noble normando Jean de Betancourt decidi\u00f3 labrarse un nombre combatiendo para el rey Enrique III de Trastamara. Su celo militar le llev\u00f3 a principios del siglo XV a embarcarse, \u00e1vido de conquistas, rumbo a las Canarias, ese archipi\u00e9lago donde Plat\u00f3n situaba la Atl\u00e1ntida y que hoy es el para\u00edso de los touroperadores. Sea como fuere, por aquel entonces las islas no se hab\u00edan ganado todav\u00eda el calificativo de \u2018afortunadas\u2019: se asomaban al fin del mundo y encima las habitaban guanches, gente extra\u00f1a y orgullosa que viv\u00eda en cuevas y entre los que no era extra\u00f1o encontrar individuos de pelo rubio y ojos azules. A diferencia de las dem\u00e1s islas canarias, el litoral de Fuerteventura es bajo y des\u00e9rtico, y los arenales tienen dimensiones gigantescas. Aquellos nativos no tardaron en desaparecer de escena y su lugar lo ocupan ahora descendientes de castellanos y europeos atra\u00eddos por el reclamo de sol, playa y aguas cristalinas.<\/p>\n<p>La isla ofrece rincones espectaculares, desde las dunas de Corralejo, un arenal marino de 12 kil\u00f3metros con Lanzarote a la vista, hasta la pen\u00ednsula de Jand\u00eda, entre paisajes resecos como Tuineje y puertos pesqueros como Ajuy y Morro Jable, escenario adem\u00e1s de campeonatos del mundo de windsurfing. Es tierra de carreteras interminables -el per\u00edmetro costero ronda los 250 kil\u00f3metros- con m\u00faltiples excusas para echar el freno: Caleta de Fuste, con su castillo, sus hornos de cal y las salinas del Carmen; o Antigua, con sus molinos majoreros, tierra de tomates y aloe vera. Conforme se avanza hacia el sur, uno atraviesa Tuineje, Gran Tarajal, Las Playitas, pueblos todos ellos con tendencia al pintoresquismo, cruzando barrancas como la de Tarajalejo, donde sentarse a una mesa y probar un cherne con papas arrug\u00e1s, el sancocho con gofio, o una vieja, como le dicen a ese pescado de carne blanca y suave, la cumbre de la gastronom\u00eda local si se acompa\u00f1a con un poco de mojo.<\/p>\n<p><a href=\"\/viajeros\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/isla.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-262\" style=\"margin: 5px;\" title=\"isla\" src=\"\/viajeros\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/isla.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"143\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/isla.jpg 800w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/isla-300x144.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/35\/2013\/06\/isla-768x368.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>El municipio m\u00e1s meridional es P\u00e1jara, con playas como Cofete (en la imagen) o Sotavento, esta \u00faltima de 28 kil\u00f3metros. Si volvemos luego sobre nuestros pasos, la carretera nos conduce hasta Betancuria, donde se levanta la iglesia de Santa Mar\u00eda y el Museo Arqueol\u00f3gico, la monta\u00f1a sagrada de Tindaya y las playas del Cotillo, justo a tiempo de torcer hacia la derecha y enfilar La Oliva, donde destaca la Casa de los Coroneles. All\u00ed, entre tarajales y paisajes ocres, uno se pregunta si ser\u00e1 cierto que nadie es una isla, completo en s\u00ed mismo. Si en el fondo no encontramos lo que vamos buscando.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por SERGIO GARC\u00cdA Vista desde el aire, Fuerteventura parece un caballito de mar al que le hubieran cortado la cabeza. 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