Diario Vasco
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Dos días tras Goran Bregović
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Ivan Castillo Otero | 31-01-2018 | 09:05

Sábado, 27 de enero de 2018. Pueden imaginarse que en Burgos, pasadas las doce de la noche, hacía mucho frío. Recorríamos con paso ligero la distancia que separa la Sala Hangar y nuestro hotel. Acabábamos de ver por segunda noche consecutiva a Goran Bregović en directo. Todo comenzó la víspera, en el Teatro Circo Price de Madrid. Compré las entradas meses atrás, porque siento especial debilidad por este músico bosnio (Sarajevo, 22 de marzo de 1950) y nunca había vivido en mis carnes uno de sus recitales.

Llegaba a la capital tras triunfar el jueves en Barcelona, donde vendió todas las entradas. Su último álbum, Three Letters from Sarajevo (2017), es muy completo: contiene la fiesta de Champagne for Gypsies (2012), Alkohol (2008) o Karmen with a Happy Ending (2007), que son los redondos más recientes, pero esta vez ha puesto especial mimo en proponer un viaje por las tres religiones principales de Bosnia. En el álbum, Bregović muestra una realidad donde cristianos, musulmanes y judíos conviven en paz y armonía. Es una idea que puede extrapolarse a lo vivido en el Price, donde gente de todas las edades y diversas nacionalidades nos dimos cita para un espectáculo sublime y de hermandad absoluta.

Puntuales, se presentaron sobre el escenario con Goran Bregović una formación compuesta por cinco metales, Muharem Redzepi a las voces y al goc (bombo tradicional utilizado desde Irán a Turquía pasando por Serbia o Armenia) y las maravillosas Lyudmila y Daniela Radkova, también encargadas de las voces. La conexión con el respetable fue inmediata desde los primeros temas, entre los que estuvieron “Made in Bosnia”, “Presidente”, “Pero” o “Duj Duj”. Las más lentas se disfrutaban sentados o en pie, pero siempre en silencio, y en las más movidas se montaba la romería. Alcancé a ver que algunos de los presentes portaban banderas de Yugoslavia o Bulgaria, detalle que no pasó inadvertido para la banda. Mención especial a la solemnidad de “Ederlezi”, uno de esos momentos que justifican el precio de la entrada.

Salimos del Price y sobre la marcha comenzamos a organizar el viaje para el próximo día a Burgos, última fecha de la corta gira programada por la península. Unas horas después allí estábamos. La burgalesa Sala Hangar presentaba una atmósfera diferente. El buen ambiente reinaba y la conexión volvió a ser inmediata con el público que abarrotaba el recinto, pero lo del viernes había sido muy especial. Añadieron algún tema más a los de la noche previa, como “So Nevo Si” o “Quantum Utopia”, pero la columna vertebral del repertorio volvió a estar compuesta por “Gas gas”, “Truckers’ Song”, “Mesečina”, “Hopa Cupa”, “Kallasnikov”, “Čaje Šukarije” o “Bijav”.

Ahora que han pasado algunos días, me doy cuenta de que me he quedado aún más enganchado que antes al mundo de Goran Bregović. Qué maravilla. No veo el momento de disfrutar de otro de sus directos. Es una experiencia digna de vivirse. Si no lo conocen, les recomiendo que naveguen por su vida y su música.

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