Diario Vasco

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¿Qué pasa con el sexo a partir de los 50?
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Cecilia Casado | hace 9 horas| 0

 

Para entrar a por uvas en este tema se me ocurre abordarlo desde una óptica optimista y positiva; es decir, dando por sentado que cualquier persona medianamente sana de cuerpo y mente puede seguir teniendo sus pulsiones sexuales más o menos en su sitio incluso a partir de los cincuenta años.. Y digo “más o menos” porque lo que está claro es que al Ernio no se sube igual con veinte años que con cincuenta.

Aquí no vamos a hablar de fisiología de género, ni de menopausias ni de andropausias varias, ni de próstatas ni de ovarios de capa caída, de lo que quiero hablar es de “las ganas” que, obviamente, están de cuello para arriba y no de cintura para abajo.

Dividiría –no obstante- al personal susceptible de desarrollar todavía una buena actividad sexual en dos grupos, a saber: los casados y los solteros. Así, generalizando sin vergüenza alguna, me atrevo a aventurar esta clasificación de andar por casa para no romperme la cabeza con excepciones, circunstancias y peculiaridades diversas.

Osease que: mujeres casadas y mujeres solteras, hombres casados y hombres solteros, entrando en el primer grupo los que tienen pareja “de toda la vida” y en el segundo los que o cambiaron de estado civil o nunca ficharon en el equipo matrimonial. Porque creo según mi limitado conocimiento empírico que en ese “pequeño detalle” está o puede estar la madre del cordero.

Para empezar diré, aun a riesgo de que me salte alguien a la yugular, que -salvo las excepciones que confirman la regla- los casados tienen mucha menos actividad sexual que los solteros, paradoja donde las haya puesto que si tienes “en casa la comida” no hay que salir a la noche procelosa o a las redes sociales más procelosas todavía, a buscarla. Pero ocurre, según cuentan las malas lenguas, que al cabo de varios lustros al lado de la misma persona las ganas se van por la ventana de la comodidad, del tedio, de la rutina o simplemente se apagan como es lógico final de toda hoguera a la que deja de echarse leña.

Y esas malas lenguas cuentan también que siendo “single” hay muchísimas más posibilidades de mantener una relación sexual continuada, satisfactoria y gozosa pero siempre con la condición obvia de “cambiar de pareja” cada equis años. Es decir, que la misma persona sea hombre o mujer que con su pareja de toda la vida no tiene ni pizca de ganas de tener sexo con una pareja nueva se reactivan los resortes mentales que ponen en marcha la maquinaria de varios palmos más abajo sin necesidad de ayuda química de ningún tipo excepto que ya estés en la fase “premio nobel de literatura”, y me permito el dislate porque ahí hay un ejemplo más que palpable –y visionable- de lo que digo.

La verdad es que cuando hablo de sexo con mis amigas y amigos casados casi siempre acaban tirándome algo a la cabeza y llamándome “mentirosa”, no sé si por envidia o incredulidad de que a a partir de los cincuenta se pueda seguir estando activo en las cuestiones horizontales (o en cualquier postura que permitan los huesos).

Lo que ocurre es que somos fruto de una generación a la que nos cortaron las alas con el rollo de “hasta que la muerte nos separe” y la monogamia amparada por la ley (hasta hace unos cuantos lustros el adulterio FEMENINO estaba penado), somos residuo problemático de unas costumbres religiosas, familiares y sociales que poco o nada tienen que ver ahora con los tiempos que corren en los que se accede al sexo –vía amorosa o vía genital que tanto da- sin sensación de pecado, ni remordimiento de conciencia ni mucho menos sin que te cuelguen el sambenito de perdularia o golfo putiférico contumaz.

¿Seguiría activa sexualmente si no me hubiera divorciado hace ya veinte años…? Pues no lo sé, pero por si acaso mejor sacudirse los prejuicios que puedan quedar escondidos en algún recoveco del inconsciente e invitar a las feromonas a que sigan participando en el juego más divertido que nos ha regalado la madre naturaleza: los juegos de sábanas.

Conozco a no pocas personas mayores que yo –tanto hombres como mujeres- que siguen teniendo una actividad sexual sanísima y más que frecuente… No se trata de emular viejos tiempos y hacerlo todos los días (¡qué tiempos, qué tiempos!) sino “lo normal” en la gente activa, no sé, quizás una vez a la semana o así, o “lo normal” en Euskadi, no sé, quizás una vez al año o así…

Bromas aparte, en la variación está el gusto y quien no esté de acuerdo conmigo me parecerá muy requetebién, allá cada cual con sus deseos, sus acciones y sus omisiones. De momento y mientras estemos vivos y sanos no hay ni médico ni cura ni hijo de vecino que pueda certificar que a partir de los cincuenta el deseo sexual desaparece sino que se lo invita a desaparecer por los motivos que cada uno tenga a bien enarbolar. Y como decía aquel: “los que decís que algo no es posible dejadnos en paz a los que lo estamos haciendo”. ¡A las pruebas me remito!

En fin.

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Reflexiones al borde del mar (II)
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Cecilia Casado | 29-06-2015 | 12:32| 28

 

Llevo una semana “en mi otro mar” más sola que la una. La verdad es que no me había dado cuenta hasta ayer mismo por la tarde, en que se me ocurrió ir al pueblo por ansia de hacerme con el último de Houellebecq y comprobar, más con espanto que con regocijo, que tenía que abrirme paso entre las huestes paseantes topándome de frente con parejas, parejitas, matrimonios, familias y hasta algún que otro grupo escolar. ¡Y yo sola, solísima, sin más acompañamiento que mi perrillo –asustado él también, entre piernas peludas y olores a cremas de coco!

Con el libro en el bolso y el corazón en la boca me alejé de la marabunta engullidora de helados y corrí a mi bar escondido a tomarme un vinito de la zona y hojear y oler las doscientas cincuenta páginas de (espero y deseo) sublime literatura en las que había invertido la escalofriante cantidad de 19,95€. Llegué al barcito y comprobé con horror que habían instalado un pantallón de televisión para atraer al personal, que los sillones estaban encarados en esa dirección, que el vino había variado su precio en un 50% más y que el platillo de aceitunas se había convertido en un cuenquito misérrimo con cinco olivas.

Y yo sola y con estos pelos. Como eran más de las ocho de la tarde se fue llenando la terraza de gente: ni un triste single que echarme a la boca, ni tan siquiera un jubilado paseando al perro, mucho menos una mujer/joven/señora o ancianita. Nada, servidora el bicho raro. ¡Y eso que no me gusta llamar la atención! Porque mirar, lo que se dice mirar, me miraba todo el mundo –y quiero creer que me observaban a mí y no a Elur.

Así que me metí en “el cono del silencio”, me puse en “modo zen”, apreté el botón del ommm y empecé con Houellebecq a paso lento mas firme. Pero lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Ya no estaba tranquila, me di cuenta de que había leído un párrafo sin enterarme de nada –lo cual es señal de que algo anda cortocircuitado en mi mente- así que recogí mis bártulos y me fui con viento fresco hacia casa. Sola.

Por el camino vi las terrazas abarrotadas, los restaurantes casi llenos, el paseo atestado. Al pasar por el chiringuito que hay entre el mar y la urbanización miré de soslayo –a esas alturas ya estaba yo con la autoestima despatarrada- para confirmar que, como no podía ser de otra manera, había gente a montones, charlando en grupos, riendo con las cervezas en la mano, moviéndose al ritmo de la música. Me arrastré como pude los últimos trescientos metros y abrí la cancela del jardín. Nadie en lontananza, piscina invitadora, silencio acogedor. No me lo pensé dos veces y  arrancándome casi la ropa, me tiré de cabeza al agua a ver si se me quitaba la tontería…

Creo que fue el calor, el cansancio, la algarabía y la mala idea de meterme en la “cueva del lobo social”. Más tarde, mientras secaba mis cabellos y reordenaba mis ideas, tuve que convenir conmigo misma que, efectivamente, la sociedad hace el mundo a su imagen y semejanza, repitiendo el mismo modelo ad nauseam en un estancamiento brutal.

Creo que fue un ramalazo de mal genio el que me atacó de improviso por olvidar durante unos minutos que elegir la soledad es un acto de valentía personal e intransferible y que yo también formé durante años parte del grupo social emparejado aunque fuera profundamente infeliz y que si me desuncí de aquel yugo no fue para, precisamente, tener pensamientos tontos como los que estaba teniendo.

También puede ser que como soy un bicho muy social ya me están llegando las ganas de compartir, así que agarré el teléfono y quedé con mis amigos autóctonos a la espera de que lleguen refuerzos desde “la tierra media”.

Si es que nunca estamos contentos con lo que tenemos…

En fin.

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¿Nos volvemos maniáticos con la edad?
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Cecilia Casado | 26-06-2015 | 08:03| 28

 

Este es un tema que me da cien patadas abordar pero parece ser que a no pocas personas que ya han atravesado la raya del ecuador vital les afecta como “sujetos pasivos”, es decir, que tienen que padecer las costumbres extemporáneas o “manías” de sus allegados sin encontrar la forma de librarse de ellas. Estas peculiaridades son de “andar por casa”, es decir, que de puertas para afuera no son demasiado apreciables porque forman parte de esa intimidad del ser humano que no se muestra al salir a la calle sino que afloran cuando nadie nos ve o en el ámbito de la convivencia.

-¿Maniática, yo?- contaba una amiga que, mientras comíamos juntas en su casa, se iba levantando a cada rato para ir fregando la vajilla y de esa forma: -“al acabar de comer ya está todo recogido”. -¿Maniático, yo?- se defendía un amigo al que le encanta tender la ropa poniendo las pinzas por colores y si no las tiene por parejas, se mosquea y mucho.

-¡Tú sí que eres maniática!- me soltó a la cara quien no podía entender que los platos estuvieran alineados en el armario escurreplatos los pequeños con los pequeños y los grandes con los grandes en vez de en un batiburrillo de vajilla divorciada.

Así que me he puesto a observar mi forma de hacer las cosas para saber si mis costumbres se han convertido ya en manías como dicen que ocurre “con la edad”. No porque quiera corregir nada (ya que Elur no se queja, obviamente) sino por ver si me he hecho mayor sin darme cuenta.

-Cuando cierro el coche con el mando a distancia, NO compruebo manualmente si está cerrado tirando de las manillas de las puertas.

-Cuando me voy a la cama NO saco los cables de los enchufes en previsión de que haya un corto en mitad de la noche y me abrase en el lecho.

-Cuando se me va acabando el Fairy NO le añado agua para que dure más.

-Cuando compro una sartén nueva, porque en la vieja se me pega todo, NO sigo usándola hasta que muera definitivamente, mientras guardo la nueva en el horno con su precinto de garantía puesto.

-Cuando se me acaba el helado NO guardo el tupper de plástico por si algún día voy de picnic.

-Cuando como lo que viene en un bote de cristal NO lo lavo y colecciono en el armario de arriba como si fueran pastorcitas de Lladró.

-Cuando voy al súper NO hago acopio de bolsas de plástico ni las doblo con perfección milimétrica para tener un cajón rebosante de ellas por si estalla la tercera guerra mundial.

-Cuando termino de comer NO dejo las servilletas de papel dando vueltas por la cocina para usarlas de trapos.

-Cuando estoy con mis amigas NO miro el móvil cada cinco minutos para ver si me ha entrado algún whatsapp.

-Cuando vuelvo a casa con el perro no le limpio las patas en la bañera para que no me manche la alfombra.

-Cuando hago la compra no adquiero artículos “de dos categorías” para usarlos según y cómo. O todo es bueno o todo es menos bueno, que queda muy feo comerse las galletas maría y sacar a las visitas las pastas de té. (O al revés)

Y como la lista de todo lo que me libro podría ser aburrida, dejo el post abierto para que, quien quiera, se autoflagele y aprenda algo…que siempre es bueno.

En fin.

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Lecturas para un verano diferente
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Cecilia Casado | 21-06-2015 | 09:03| 37

 

 

 

 

Llega el verano, época en la que se desempolvan los libros pendientes de leer y uno toma la decisión de leer aprovechando el tiempo vacacional. ¡Qué mejor que un buen libro a la sombra, en el reposo de la tarde, sintiendo que el mundo se para que podamos disfrutar de las aventuras, las vidas, las reflexiones, los sueños que nos regalan los escritores que son los magos que ayudan a que la imaginación no se oxide…

He leído esta primavera unos cuantos libros que me apetece compartir por si a alguien le puede ayudar mi criterio y mis sugerencias.

 

¡Feliz veranito con un libro –aunque sea electrónico- en las manos!

 

 

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Lecturas livianas: (para pasar el rato y sin que inviten a la reflexión profunda) Aquí también se incluyen los “fiascos” literarios con los que he tenido que pelear. (Ver puntuación)

 

“Wilt”  de Tom Sharpe. Un clásico del humor inglés contemporáneo absolutamente desternillante. Ideal para superar ratos tristones o de bajón emocional…¡levanta la moral y aflora sonrisas!                8/10

“Nobles y rebeldes” de Jessica Mitford. Autobiografía novelada de una noble inglesa insoportable. Lo peor de una casta aristocrática y arrogante que fue comidilla de la sociedad de la época ensalzando a “las hermanas Mitford” como heroínas…de la estulticia. El peor ejemplo, el mejor ejemplo.                                                      7/10

 

“Desfile de ciervos” de Manuel Vicent. Ácida y sarcástica sátira que engloba el tiempo en que esta España se ha ido muriendo poco a poco asesinada por unos cuantos. Novela oportunista con alusiones poco creíbles a la Casa Real.  Entretenida.                                7/10

 

“Martín Ojo de Plata”  de Matilde Asensi. Trilogía sobre las peripecias de pícaros y corsarios en el Siglo de Oro. Aventuras con cierto rigor histórico pero muy novelescas, poco creíbles en la trama de una mujer que se hace pasar por hombre…¡imposible!           7/10

 

“Venganza en Sevilla de Matilde Asensi. Segunda entrega. Relata la Sevilla del siglo XVI como capital económica del Imperio. Novela la historia con cierto buen criterio, pero los personajes son absurdos y poco creíbles. ¿Qué mujer cultivada se enamora de un cargador de muelle por muy guapo que sea?                                                6/10

 

“La conjura de Cortés” de Matilde Asensi. Tercera entrega. Y la peor, con mucho. Como si la autora se hubiera cansado de escribir bien y se hubiera pasado al género de “aventuras para adolescentes”. Tenía prisa por acabar –ella de escribir y yo de leer.                   5/10

 

“El peso del corazón”de Rosa Montero. Ciencia ficción y sentimientos. Segunda entrega de la detective replicante Bruna Husky. Curiosamente el primer libro me disgustó y no lo acabé. Ahora debo volverlo a buscar y reintegrarle su valor literario. Curiosa conjugación de tecnología y emociones. Entretenido.                7/10

 

“El camino inmortal”  de Jean Christophe Rufin. Otro intelectual más que hace un especial Camino de Santiago. Ameno para quien también haya sido peregrino, pero la pena es que está MUY MAL TRADUCIDO del francés al español. Un fallo editorial.             6/10

 

“La hija de Robert Poste”  de Stella Gibbons. Un clásico del humor inglés, del estilo de Woodehouse y otros. Suave divertimento. 6/10     

 

“La detective miope” de Rosa Ribas. Me gustan las detectives porque son mucho más creíbles que los detectives. Éstas tienen la regla, sienten celos, les duele la barriga y si beben demasiado al día siguiente no resuelven ningún caso ni persiguen asesinos…     6/10

 

“Nadie lo ha visto” de Mari Jungstedt. Otro thriller sobre venganzas por humillaciones adolescentes. Predecible. Transcurre en la isla de Gotland, tan famosa, tan icónica… allí vivió Bergman hasta morir, rodeado de soledad y fantasmas.                                   6/10        

 

“Hablaré cuando esté muerto” de Anne Hanssen. Más asesinatos en la isla sueca de Gotland. ¿sólo hay escritoras de misterio en Suecia…? Voy a descansar de éstas… comunican frío.                6/10

 

“Juego de espejos” de Andrea Camilleri. Un comisario Montalbano muy light. Ya apenas da la talla como personaje, el autor lo está quemando en un rizar el rizo patético y absurdo.                       6/10

 

“Muerte entre líneas” de Donna Leon. Novela negra algo desteñida. El comisario veneciano Guido Brunetti se aburguesa y comienza a ser aburrido. Poco creíble que comente con su esposa y sus hijos los pormenores de los casos que lleva entre manos.                        6/10

 

“Hasta la cima de la montaña” de Arne Dahl. Un thriller extraño. Hay que comprender –una vez más- la mentalidad escandinava. Me reafirma en la idea de abandonar temporalmente a estos escritores… diferentes culturas, demasiado salto.                                        6/10

 

“Del guateque al altar” de Pilar Garrido Cendoya & Forges. Matrimonio talentoso –ella escribiendo, él dibujando- que produce esta obrita ligera para provocar medias sonrisas nostálgicas.   5/10

 

“Clavos en el corazón”  de Danielle Thiéry. Otro “polar” (novela negra francesa) con mucho premio y pocas nueces…               5/10

 

“Desafíos a los 60 años”  de Jacques Gauthier. Consejillos para burgueses costumbristas con tinte marcadamente religioso. Menos mal que lo pillé en la biblioteca y no me dejé el dinero. ———–

 

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Lecturas enjundiosas: (que ayudan a incrementar el acervo cultural a la vez que estimulan el intelecto)

 

“El príncipe negro” de Iris Murdoch. (Relectura) Sesudos entresijos del alma humana para inventar la mejor literatura. Un reto enriquecedor que regala una de mis escritoras favoritas. TODOS sus libros me han aportado horas de reflexión enriquecedora.          9/10

 

“Memorias de una superviviente”  de Doris Leasing. Más sobre la mujer, más sobre la lucha por la supervivencia emocional, más reflexiones que no caen en saco roto. Leer lo que escriben las mujeres me centra y no me dispersa porque conozco el fondo.   8/10  

 

“La mujer rota”  de Simone de Beauvoir. (Relectura) Un clásico para volver a poner el nombre correcto a la realidad de las mujeres en el siglo XX y válido para el XXI. Es bueno refrescar las ideas y que no se apolillen en la trastienda del intelecto.                             8/10

 

“La hora de la verdad” de P.D.James. Autobiografía de UN AÑO de su vida (77-78 años). Vital y superviviente de mucho dolor (su esposo fue enfermo mental muchos años), murió a los 94 (2014) con las botas puestas. ¡Qué mujer, qué ejemplo Phillips Dhoroty James! Una de las mejores e inteligentes escritoras de novelas de detectives, con su poeta/inspector Dalgleish.                                              8/10

 

“Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia” de Elizabeth Burgos. (Autobiografía con colaboración). Testimonio vergonzante de la situación del indígena en Guatemala. ¿Ha mejorado  a pesar de que a Menchú le dieran el Premio Nobel de la Paz?     8/10

 

Vademécum del optimista” de Bernabé Tierno. Reflexiones de bolsillo (6,95€) para llevar en el bolso. Cuaderno de trabajo, incluso íntimo y personal. Buen compañero de viaje. Tierno es fiel a sí mismo y sigue en su línea de siempre. Inteligente y empático.              8/10

 

“Para Isabel” de Antonio Tabucchi. Pequeño divertimento genuinamente tabucchiano. Como casi toda su obra, una pequeña joya imprescindible para sus seguidores.                               7/10                                                                                                                   

 

 “Botín de guerra”  Miguel de Molina. Autobiografía. Una vida atormentada en una época tormentosa. Personaje al que descubrí en una exposición en Sevilla y del que me interesé sin proponérmelo. ¡Cuántas cosas se aprenden ampliando las miras!                     7/10

 

 “Terapia”  de David Lodge (Relectura) Las neurosis de un hombre en la cincuentena y sus prejuicios eternos sobre las mujeres, la vanidad, el ego y la vida. Muy inteligente e interesante.              7/10

 

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Lecturas con peso específico: (para sustraerles la sustancia a base de neuronas)

 

“El cuerpo nunca miente” de Alice Miller. Aldabonazos a la conciencia. Despertares al costumbrismo social y religioso sobre el 4º Mandamiento, golpe a la línea de flotación de la educación imperante de provocar maltrato físico y psíquico en los hijos. En defensa del niño maltratado por sus padres. Lo mejor de los últimos tiempos.9/10

 

“Reinventa tu cuerpo, resucita tu alma” de Deepak Chopra. Un regalo de un gran amigo que aprecio y valoro. (El amigo y el libro) Resuenan las palabras y los conceptos pero es preciso refrescar conocimientos y corregir “malas posturas”…                             8/10

 

* La puntuación es fruto de una opinión personal que no tiene más valor que el que uno le quiera dar…

 

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Las “crisis” de la edad
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Cecilia Casado | 19-06-2015 | 06:24| 28

 

¿Quién decide cuáles son los hitos del ser humano en función de su edad biológica? ¿Los sociólogos, los economistas, los políticos? ¿Quién se beneficia de la crisis de los cuarenta y de la de los cincuenta? ¿Son reales o inducidas?

Vive rápido, muere joven fue una frase icónica de una época en la que había más yonkis que yupis, más heroína que heroicidades, más miedo a la libertad que libertad misma. Y nos caló en el alma cierto concepto de que la sabiduría de la vejez era un cuento chino (o budista) y que un cuarentón en la discoteca era tan repulsivo como los zapatos italianos con calcetines blancos. Nos lo creímos. Y actuamos en consecuencia… ¡así nos lució el pelo!

Con mis dieciocho por banda estaba convencida de que a los treinta sería “vieja”, por lo que me lancé a disfrutar de la juventud y de la vida como si no hubiera un mañana. Al cumplir veintinueve empecé a darme cuartelillo y a pensar que no era para tanto y pasé la barrera de los treinta sonriente y feliz con mi primera hija y mi primer divorcio a cuestas.

Pero no me hizo tanta gracia cuando intenté suscribir un “Crédito Joven” para tapar un descosido y me enteré, por decreto ley de la entidad bancaria que los ofrecía, que eran para jóvenes de entre dieciocho y treinta años. ¡Maldición! ¡En vez de sacarme de la juventud una actitud conservadora o veinte mil arrugas en el alma me expatriaba de mí misma un usurero legal! ¡Mejor!-pensé- y no pedí el dinero prestado ahorrándome intereses y disgustos futuribles.

Cuando se me echaron encima los cuarenta y ya llevaba dos hijas en el corazón y dos divorcios en el Libro de Familia me dieron ganas de reir (por no llorar) ante la actitud de amigos y familiares –siempre he sido la mayor, curiosamente- que me miraban con una pretendida conmiseración anunciadora de una eventual depresión que, justificada por la edad y las estadísticas, probablemente me avasallaría sin darme opción a levantar el ánimo ni a recomponer la autoestima. La crisis de los cuarenta la inventaron para los hombres –me dije- porque se quedan calvos y les sale barriga y están hartos de trabajar para mantenernos ¿? y dar caprichos a los hijos y cargar el coche en las vacaciones y soportar los desafueros de la parienta y de la madre de la parienta. Los humoristas se encargaban de ridiculizarse a sí mismos y a todo el género masculino por extensión.

Mientras tanto yo me veía guapísima, con todo en su sitio –me refiero a mis cualidades personales- y no entendía que nadie pudiera decir “cuarentona” con desprecio o retintín. Fue una época estupenda, no me pregunte nadie qué hice para ser feliz y no darme cuenta de que estaba “en crisis”.

Pero cuando llegué a los cincuenta la cosa se puso más cruda; por doquier llegaban avisos estremecedores de arrugas, flaccideces, incontinencias, saltos mortales hormonales y abandono, desprestigio, invisibilidad y vapuleo social en general…hacia las mujeres. Los hombres, benditos ellos, tenían menos pelo, más barriga pero se habían echado una novia nueva: la próstata, que daba más disgustos y sustos que una de verdad con veinte años menos que ellos.

Otra vez tuve que mirar sorprendida alrededor para constatar que seguía viéndome en el espejo tan guapa como siempre (o más) y me dediqué a disfrutar de la vida en la siguiente escala de poder; viajé como nunca en compañía de mis hijas, amé de nuevo con la ilusión de la juventud y la fuerza de la madurez, asumí retos nuevos e hice el Camino de Santiago. No me reinventé a mí misma porque no me hacía falta ya que había hecho oídos sordos a las voces agoreras que me vaticinaban la época menos prodigiosa de mi vida, anunciándome posibles, eventuales e hipotéticos males, enfermedades, penurias –económicas y de las otras- y un declive imparable hacia la soledad de la mala y la depresión de la peor.

Sin embargo, nada fue así tal y como lo anunciaban. Nada es como los demás dicen que tiene que ser sino como uno mismo decide que sea. No me he convertido en una vieja avinagrada ni estoy sola sin perro que me ladre (mis amores para Elur). De salud, dinero y amor estoy más que servida porque ya no necesito ni tanto de esto ni tanto de lo de allá como creía que necesitaría. La vida me sigue pareciendo un regalo y doy las gracias todos los días por haberme saltado a la torera todas las crisis casi sin darme cuenta.

En realidad, la única crisis que me ha afectado de verdad fue la crisis económica a la que nos llevó la mala gestión del gobierno de la Nación hace ahora siete años. Ahí fue donde perdí mi puesto de trabajo -y tuve que aceptar una prejubilación forzosa que me dejó “tocada del ala” durante el tieppo en que apliqué toda la resiliencia de que fui capaz y volví a hacer la pequeña “alquimia” de convertir una debacle en la oportunidad de cambio y, en consecuencia, volver a ser moderadamente feliz.

De hecho, este blog surgió de aquella crisis…

Y aquí estamos, caminando hacia la siguiente estación de paso…

En fin.

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Sobre el autor Cecilia Casado
Una mirada alternativa a la vida después de haber cumplido los 50. Con un martillo rompe-tópicos y una sibilina barrena destroza prejuicios. Desde la óptica femenina y quizás por ello más interesante para el hombre.

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