Diario Vasco

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Planes de sol, planes de lluvia
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Cecilia Casado | 01-10-2014 | 06:28| 1

 

No me gustan las conversaciones de ascensor; será porque vivo en un decimoséptimo y sé lo aburrido que puede llegar a ser los comentarios recurrentes sobre el tiempo. Ya sé que un ascensor no es el sitio más adecuado para hablar de filosofía, pero tampoco creo que el personal se esfuerce demasiado. Así que pongo desde hace mucho tiempo ya mis propios recursos en marcha y en cuanto alguien comienza con el típico “¡vaya tiempo, eh!”- bien sea porque llueve mucho o hace mucho sol, yo le endilgo mi pequeño discurso sobre el tema.

Ejemplo nº 1.- (Pleno verano, una semana seguida lloviendo). “Mejor no nos quejemos, que en Madrid se están asando y darían cualquier cosa por dormir con manta, como nosotros”.

Ejemplo nº 2.- (Pleno verano, una semana seguida achicharrándonos de calor) “Mejor no nos quejemos, que tenemos las playas más bonitas del mundo, ¡ya quisieran en Madrid!”

Bromas aparte, uno de los ejercicios mentales que he practicado asiduamente desde hace muchos años, es el de fabricarme “planes de sol y planes de lluvia”. Tener un catálogo pormenorizado de todas las cosas que puedo hacer cuando hace buen tiempo o malo, según el criterio habitual de que sol es igual a bueno y frío y lluvia es igual a malo –que es un criterio extendido pero que no siempre comparto.

El caso es que dejo que la plancha se acumule para cuando llueve, así como el cine, los libros enjundiosos, las exposiciones y el chocolate con churros. De la misma manera el solecito de primera hora de la mañana lo disfruto para respirar aire puro y el de última hora de la tarde para sacar fotos bonitas.

Si hace sol busco la sombra, si hace calor voy a un lugar fresquito. Si llueve me guarezco, si hace frío me abrigo. Intento adaptarme a cada circunstancia meteorológica sin que por ello tenga que enfadarme con los vaivenes del tiempo y cuando le digo a mi vecino que no me importa que en pleno agosto llueva a mares, se lo digo con la sonrisa que se me escapa al pensar que, gracias a esa lluvia las lechugas y yo misma estaremos la mar de frescas…

En fin.

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Libros para disfrutar del otoño
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Cecilia Casado | 29-09-2014 | 08:35| 40

El verano es tiempo de lectura liviana y refrescante; tiempo para novelones o novelitas, para libros de menos de trescientas páginas, para poesía volandera, algún ensayo cortito y la dosis justa de fustigamiento intelectual.

A pesar de ello, me salto mis propias normas y leo vorazmente a la sombra de los árboles y bajo las brisas del jardín o las aspas del ventilador.

Aquí os comparto lo que he leído en estos últimos tres meses; igual algo os sirve de orientación, sugerencia o acicate para animaros a leer este otoño que se inaugura pleno de esperanza.

¡Siempre leyendo, por favor, aunque sea en aparatejo informático…! Y que conste que el 90% de los libros que leo los tomo prestados de amigos o de las bibliotecas públicas. De otra manera gastaría más en lectura que en comida…

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Lecturas livianas: (para pasar el rato y sin que inviten a la reflexión profunda) Aquí también se incluyen los “fiascos” literarios con los que he tenido que pelear. (Ver puntuación)

 

“Tanta gente sola”  de Juan Bonilla. Relatos hilvanados alrededor de las vicisitudes que le ocurren al protagonista/poeta/narrador en primera persona. Muy dignos de leer.                                      8/10

 

“La madonna de Notre Dame” de Alexis Ragougneau. Una novela negra que hurga en lo supuestamente oculto entre los curas y jerarcas de la catedral más famosa del mundo. Interesante.       7/10                                                      -                                           

 

“ATOMKA” de Franck Thilliez. Después de “GATACA” se atasca y da vueltas absurdas en la parte negra de los científicos locos y hace piruetas inverosímiles para rellenar páginas. Una pena de novela negra.                                                                                  6

 

 “Nada que perdonar” de Alberto Ladrón Arana. Una pequeña sorpresa que agarra y no suelta. Novela negra en su justo punto. Buscaré algo más del autor en la biblioteca.                            6/10        

 

  “El huevo de oro”  deLeon. El famoso comisario Guido Brunetti se hace mayor, filosofa y le atacan “virus éticos”.aunque sigue comiendo y bebiendo como el paradigma del hedonista superficial.            6/10

 

 “Las marismas”  de Arnaldur Indridason. Experimentando con autores islandeses de novela negra. Los nombres propios de Islandia son tan raros que hasta da risa leer el libro. No del todo mal.     6/10

 

 “El amante lesbiano” de José Luis Sanpedro. (Relectura) Me gustó poco entonces y me gusta menos ahora. A mi juicio uno de los menos logrados libros de este buen autor. Nos marea con tanto morbo masoquista de un hombre que no halla su lugar sexual.             5/10

 

 “La ciudad del diablo” de Angela Vallvey. Una novela negra llena de lugares comunes ambientada en Noviembre de 1975. Abuso de topicazos y tirando de muchísima hemeroteca.                          5/10

 

 “El juego de Ripper” de Isabel  Allende. Aburrida o poca cosa?  Ambos adjetivos a la vez. Una buena escritora, que llegó a ser grande en su momento…¿por qué se relaja de tal manera escribiendo algo muy por debajo de sus posibilidades? No tengo respuestas.      5/10

 

 “El taller de los libros perdidos”  de Eduardo Roca. A trancas y barrancas consigo llegar hasta la página 100. La historia del nacimiento de la imprenta salpicada de sexo absurdo y violaciones medievales. Lo abandono por sensación de pérdida de tiempo. —–

 

 “Kitty Peck y los asesinatos del Music Hall” de Kate Griffin. Otro libro abandonado por desinterés en la página 50. Londres, prostitución y penurias en la época victoriana.                         ——-

 

 “Juntos”  de Raimón Samsó. Muy blandengue. Mezcla de novelita rosa y libro de autoayuda para despistados. No supero la barrera de la página 30.                                                                       ——–

 

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Lecturas enjundiosas: (que ayudan a incrementar el acervo cultural a la vez que estimulan el intelecto)

 

 “La conjura de los necios” de Jonh Kennedy Toole. (Relectura) Sigue siendo hilarante. Un clásico del siglo XX imprescindible teniendo en cuenta que fue la única obra del autor que se suicidó porque nadie le publicaba. ¡Y fue un best seller mundial!         8/10

 

 ”Avidas pretensiones”  de Fernando Aramburu. Ácida, corrosiva e irreverente sobre el panorama poético español contemporáneo. No es una farsa,excepto que la poesía se haya convertido en una farsa.7/10                                                        

 

“El ardor de la sangre” de Irene Némirovsky. (Relectura). Lo leí hace dos años y no lo recordaba. Es la ventaja de hacerse mayor, que vives los libros como si fuera la primera vez. Perfecto drama rural de una de mis escritoras favoritas.                           7/10

 

“La librería más famosa del mundo” de Jeremy Mercer. Deliciosa historia verídica de la librería parisina “Shakespeare&Company”. La biografía de George Whitman y su acogimiento a poetas pobres. 7/10

 

“Cuarteto para un solista” de José Luis Sanpedro y Olga Lucas. Típico ensayo de cuando estaba el autor “en vena”. Excesivamente literario rozando el aburrimiento neuronal. ¡Qué pena!             6/10 

 

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Lecturas con peso específico: (para sustraerles la sustancia a base de neuronas)

 

 

“Las cartas que los padres nunca recibieron” de Ramón Andreu Anglada. Una pequeña joya de sabiduría psicoanalítica realizada por un buen profesional y mejor comunicador. A la espera de conocerle en persona en Donosti en el mes de Noviembre…presentando el libro. Revolución interior muy productiva.                                          9/10

 

“El GPS secreto de nuestra mente” de Ramón Andreu Anglada. Este libro es anterior al de “Las cartas…” y me he remitido a él para conocer mejor el pensamiento del autor. Claves certeras para desentrañar nuestras relaciones familiares.                               9/10

 

““Kassel no invita a la lógica”  de Enrique Vila-Matas. Muy en su línea de estar situarse uno o dos peldaños por encima de…¿todo el mundo o sólo de los intelectuales de los que hace burla? ¿Mofa y befa del arte contemporáneo…?                                                       6/10           

 

 “El viaje al amor” de Eduardo Punset. Lo mío no son los datos científicos, sino el viaje como experiencia, aprendizaje y disfrute. Lo tenía desde hace tiempo mirándome desde la mesa de los libros pendientes… ¡Sigo siendo “de ciencias”!        6/10                        

 

 

 

* La puntuación es fruto de una opinión personal que no tiene más valor que el que uno le quiera dar…

 

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“Felix et Meira” Una película sobre los judíos hasídicos
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Cecilia Casado | 26-09-2014 | 07:05| 16

 

He visto la película “Felix et Meira”, del canadiense Maxime Giroux, presentada en la Sección Oficial en el Festival de Cine de este año. La publicidad la vende como “un amor imposible” y quizás se haya conseguido que parte del público se haya quedado prendido en cuanto de romántico tiene la película sin estremecerse adecuadamente por el submundo religioso de esclavitud hacia la mujer que destila.

La mujer protagonista pertenece al grupo de judíos hasídicos –extremistas ortodoxos del judaísmo en sus prácticas místicas y religiosas-, extendidos por el mundo y que pude conocer de primera mano en mi viaje de hace unos años a Jerusalem.

Me estremecí cuando vi el tipo de vida que llevaban las mujeres que habían nacido en este grupo asfixiante y del que no podían renegar so pena de marginación total y absoluta; bien entendido que su adoctrinamiento era tal que ni se planteaban no ser libres. Mujeres jóvenes vestidas como monjas seglares, con embarazos continuos –llegan a tener hasta doce hijos con toda naturalidad-, sometidas al varón (padre o marido) de tal manera que ni siquiera tienen permitido mirar a un hombre a los ojos. Mujeres que son obligadas a cortarse el cabello casi “al cero” al casarse y llevar de por vida una peluca para salir a la calle –por eso mi extrañeza al ver que TODAS llevaban similar peinado- o cubierta la cabeza con pañuelos reforzados.

Son los guardianes de tradiciones, misticismos y ritos ancestrales del judaísmo aunque no tengan más historia encima que menos de cuatrocientos años. No trabajan, están mantenidos por el Estado Judío, exentos de hacer el servicio militar –aunque ahora les están quitando sus privilegios- y su misión es rezar, estudiar sus textos sagrados y reproducirse sin tregua. Los vi de cerca y tuve un par de encontronazos cuando, en una tienda, uno de ellos –sin querer- me empujó y yo, al ver que no se disculpaba, se lo hice notar. Automáticamente el dueño del negocio me reprochó que me hubiera atrevido a dirigir la palabra a un judío hasídico porque “al ser mujer no podía mirarle a la cara ni mucho menos hablarle”. Afortunadamente hablo inglés y pude expresarle mi opinión sobre su comentario y despacharme a mis anchas, por lo que fui invitada a abandonar el lugar sin más contemplaciones.

Ahí fue cuando me empecé a estremecer y a sentir que mi curiosidad se aguijoneaba y querer observarles más de cerca. Comprobé, aturdida,  que eran los hombres los que hacían la compra en el mercado Mahane Yehuda (las mujeres no tienen permiso para hacerlo), y ví como “se colaban” impunemente haciendo gala de su “rango superior” entre los demás judíos normales y corrientes. (Segundo encontronazo porque no permití que uno de ellos pasara por delante de mí y del que salí indemne gracias a la agilidad de mis piernas)

Les vi bailar en las calles del Jerusalem moderno y en su barrio privativo y tocar sus músicas excluyendo a sus mujeres (retenidas en sus casas); fui al barrio donde vivían, Mea Shearim –con gran disgusto y protesta del taxista al que le obligué a hacerlo- y soporté los gritos enfadados de las mujeres por haberme atrevido a pisar sus calles -siendo una “infiel” a sus ojos estrictos- y a fotografiarles. Y eso a pesar de que nos habíamos “disfrazado” con faldas largas y pañuelos en la cabeza… ya que éramos “goyines”, apelativo peyorativo para quienes tienen otra religión diferente a la suya.

La película “Felix et Meira” describe minuciosamente la esclavitud aceptada a la que son sometidas por sus familias las mujeres judías hasídicas hoy en día, situando la acción en la comunidad de Québec. Pero parece ser tan sólo una historia novelesca, de película, como si no estuviera ocurriendo ahora mismo en todas las comunidades judías hasídicas que hay en el mundo y que no son pocas. (Consultar San Google)

Así que salí del cine con el cuerpo revuelto, hablándole a mi hija del maravilloso regalo que tenemos en nuestras manos las mujeres de este trocito del mapa, donde podemos rebelarnos ante cualquier tipo de opresión, donde somos LIBRES de elegir nuestro camino –aunque tantas veces nos equivoquemos- y donde ningún hombre nos prohíbe mirarle a los ojos (aunque se turben por ello) ni nos quiten a nuestros hijos si pedimos el divorcio, ni nos rapen la cabeza como piojosas cuando nos casamos…

Estas mujeres están sometidas al varón a causa de la religión en la que han nacido y que no pueden eludir practicar…excepto la protagonista de la película. Un pequeño rayito de esperanza para todas las mujeres que están doblegadas, confundidas, temerosas, escondidas tras los barrotes que han instalado “sus” hombres para que no puedan volar.

Y la religión velando por ellas…

En fin.

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Las sorpresas de la convivencia (II)
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Cecilia Casado | 24-09-2014 | 05:30| 20

He tardado mucho en escribir este post porque necesitaba hallar las palabras adecuadas para no herir a una de las personas protagonistas del mismo, ya que la historia cuenta con dos personajes y suele ocurrir, con demasiada frecuencia todavía, que “cada uno cuenta la feria como le va en ella” y la objetividad suele quedar escondida detrás del malestar que la situación ha producido a los protagonistas.

Así que hablaré tan sólo de lo que fui testigo, de lo que me compete, de aquellos actos de los que soy responsable y dejaré el espacio en blanco para el pensamiento de la otra persona, pensamiento al que no tengo invitación para acceder ya que no se me ha ofrecido esa posibilidad.

Hablábamos de hospitalidad y sorpresas en la convivencia. Hablábamos de mi “manía” de abrir las puertas de mi casa a otros seres humanos, me una a ellos relación de amistad o sean desconocidos. Conté que soy socia del “Hospitality Club” y que quienes han aceptado mi hospitalidad nunca me han proporcionado más que buenos momentos y dejado más que buen recuerdo.

Pero invité a una amiga a visitar mi ciudad en vacaciones, como correspondencia también a la invitación que ella me había efectuado antes y que yo había aceptado con gusto, pasando unos días en su compañía y en la de su familia con mucho agrado por ambas partes. Agrado que hizo que se produjera mi invitación para corresponder con todo el cariño del que fui capaz.

Cuando estuve en su casa y compartí el tiempo y el espacio con ella y con su familia, me avine a aceptar la situación tal y como se me ofrecía: dormí a gusto donde me indicaron, me senté a la mesa con todos ellos, comí lo que pusieron en mi plato y agradecí profundamente el cariño con el que me llevaron por aquí y por allá mostrándome la ciudad y el entorno.

Pero cuando mi amiga vino a mi casa, me dijo enseguida que “necesitaba su espacio” y yo pensé:… ¿qué significa eso exactamente? Pues algo tan sencillo como que pretendía “hacer su vida” a su aire y a su conveniencia, porque “estaba de vacaciones”. Es decir, no se integró EN ABSOLUTO, en el ritmo habitual de mi vida y de mi casa sino que siguió con sus horarios a las horas de comer y de cenar, que eran los mismos que yo había acatado cuando estuve en su casa y que yo pensaba que, al estar en la mía, pues iríamos a mi ritmo y no al suyo, es decir, que se “adaptaría” como yo me había adaptado con anterioridad.

Pero no fue así y, ya desde la primera mañana, me dejó estupefacta puesto que decidió “hacer sus planes e ir a su aire” sin contar conmigo. Bueno –pensé- es que para ella es una semana en la que puede librarse de sus obligaciones familiares y es comprensible… Sin embargo, no se sentó a la mesa con nosotras porque necesitaba mantener sus horarios –comía a la una de la tarde y cenaba a las ocho de la noche estando en pleno verano-, tampoco aceptó las comidas que se cocinaron en casa –porque ella sólo comía la comida a la que estaba acostumbrada y se empeñó en hacer la compra y en cocinar “LO SUYO” .

Se negó en redondo a compartir conmigo excursiones o salidas por la ciudad “porque le agobiaba la gente” y prefería irse SOLA a caminar por los parques y lugares más tranquilos.

Al ver lo que se nos venía encima, al intuir una convivencia más que problemática, le expuse claramente la cuestión, haciéndole ver que cuando yo estuve en su casa me había adaptado a todo lo que me había ofrecido porque me sentía bien y en armonía con ella y su familia. Le sugerí que podía ella hacer lo mismo… y me contestó la frase que tan paralizada me deja cuando la escucho: “Yo soy como soy y tú eres como eres y punto”.

Pues eso… y punto. Se fue de mi casa dejándome un amargo recuerdo por no haber podido darle lo que ella necesitaba sin ser infeliz yo misma. Porque a veces lo que hace feliz a una persona daña a otras; porque a veces lo que damos con cariño es recibido con reticencia y así no hay manera de entenderse aunque sea entre personas amigas.

Han pasado varias semanas y cuando he intentado “arreglar” la relación he recibido lo que era de esperar: resentimiento por no haberle demostrado mi amistad y, cuando he intentado ponerme en mi sitio y hacerme respetar, lo que es mucho peor: palabras ofensivas y maleducadas que han hecho que la relación se haya quebrado en varias partes.

Sorpresas de la convivencia…¡Quién me iba a decir a mí, con lo “amigas” que éramos…!

En fin.

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Martirio de ciclistas incívicos
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Cecilia Casado | 22-09-2014 | 11:10| 52

Unos amigos catalanes me comentaban el otro día el asombro que les producía la cantidad de vías exclusivamente para ciclistas que hay en nuestra ciudad. Esos “bidegorris” (que ya ni son rojos apenas) que cruzan la urbe como venas y arterias, paralelos entre sí, perpendiculares a sí mismos, concéntricos incluso en un “rizar el rizo” imposible para que todo usuario de la bicicleta pueda acceder hasta el más recóndito lugar de la ciudad sin necesidad de bajar su trasero del sillín.

Y me parece muy bien, faltaría más, que yo también fui usuaria de la bici –cuando éramos cuatro y el tambor los que nos negábamos a contaminar- y padecí en mis propias carnes (una caída en la calzada) el miedo que se pasa pedaleando entre coches, furgonetas, autobuses y motocicletas. Luego inventaron el “carril-bici” dentro de la ciudad y pensaron que el invento era similar al de la pólvora por todo el bombo que le dieron a la cosa.

Han pasado años y se han gastado muchos dineros en habilitar estos carriles especiales (o compartidos) para ciclistas, pero por mucho esfuerzo que hagan los ayuntamientos, la educación ciudadana no siempre “pedalea” al mismo ritmo.

Personalmente me produce un fastidio enorme ir caminando por la acera y que me adelanten –rozándome por un pelo- personas en bicicleta que IGNORAN OLIMPICAMENTE el “bide-gorri” que tienen a cinco metros de distancia. También he comprobado que en mi barrio hay unas cuadrillas de gente joven que se dedican a pedalear a mucha velocidad por las aceras llenas de peatones con el único fin de “dar un susto y burlarse” del resto de conciudadanos. Me he quedado con sus caras –y medio barrio también; son los típicos gamberros de menos de veinte años (o así) que echan petardos en el estanque japonés del parque, se suben a las ramas del sauce –que ya no llora sino que gime de dolor- y luego se aposentan en la terraza de cualquier bar que les deje juntar tres o cuatro mesas a beber cerveza y fumar sus porritos con las bicis tiradas por el suelo de cualquier manera.

Pero no echemos la culpa a “la juventud”, que sería muy injusto porque también hay familias enteras que van en bici por la acera, “porque el bide-gorri no les cae a mano”, o por la mitad del Paseo de los Fueros “porque el bidegorri es estrecho” o simplemente porque les resulta más cómodo ir entre calles para llegar cómodamente a su destino sin desviarse ni un ápice.

Ayer mismo, en plena calle Urbieta, dos señoritas de unos treinta, con mini-short y maxi sonrisa fueron sorteando peatones de mala manera hasta que le dieron un empujón –sin querer, por supuesto- a una señora mayor ¡que se fue al suelo con todo el equipo…! Las mozas no se apearon de sus bicis alquiladas y siguieron tan pitxis pedaleando hacia la playa mientras que la pobre señora tuvo que ser ayudada por otros ciudadanos pues sola no podía levantarse del suelo entre el susto y el golpe. Y digo yo: Y si le rompen la cadera o cualquier hueso…¿Quién se hace responsable?

Lo tengo clarísimo y lo comparto: si me pilla una bici en una acera, lo primero de todo agarrar al ciclista por el cuello para que pague los desperfectos. Nada de llamar a los municipales ni zarandajas de esas; si me ha manchado el vestido, que me dé 50€ para la tintorería, si me ha hecho una herida, que me lleve en taxi a una clínica privada y pague la factura de la Urgencia. Y si la cosa es más grave espero que me dé tiempo a grabarle con el móvil para luego denunciarle con todas las de la Ley.

Que ya está bien, hombre.

En fin…

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Sobre el autor Cecilia Casado
Una mirada alternativa a la vida después de haber cumplido los 50. Con un martillo rompe-tópicos y una sibilina barrena destroza prejuicios. Desde la óptica femenina y quizás por ello más interesante para el hombre.

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