Diario Vasco

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Mi deseo para “El día de la madre”
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Cecilia Casado | 29-04-2016 | 09:03| 14

 

Yo es que soy muy de fechas, vamos que cualquier ocasión la pintan calva a mi entender para darme un homenaje. ¿Que llega el 14 de Febrero? Pues celebración al canto con quien se deje homenajear. ¿El solsticio de verano? Con champan a la playa. ¿Plenilunio? Pues unos cuantos aullidos con alguien que los quiera disfrutar. ¿Día de la Madre? Eh…!Que tengo dos hijas! Así que ya estoy empezando a susurrarme al oído los deseos para el domingo primero de Mayo…

Me pido para el Día de la Madre que todas las madres del mundo quieran a sus hijos con “amor de madre” y no con amor de madrastra”; y que, de rebote, desaparezcan las llamaditas hipócritas para decir “felicidades, mamá” si el resto del año no ha habido amor compartido. Y quienes no tengan hijos piensen que, por lo menos, han tenido madre, que seguramente les habrá querido mucho.

Me pido para el Día de la Madre que nuestros hijos no tengan que sufrir ninguna guerra, que puedan vivir y trabajar con dignidad, que el mundo no siga convirtiéndose en un lugar inhóspito donde el amor es lo ridículo y el dinero la verdad. Que no tengamos que llorar la muerte de nuestros hijos, ni su enfermedad, ni su pena y miseria. Que se mantenga el orden natural y yo me vaya primero y mis hijas sigan viviendo su vida, felices y contentas mientras yo les “vigilo” desde donde sea.

Me pido para el Día de la Madre que mis hijas quieran a sus hijos tanto como yo les quiero a ellas, es decir, hasta el infinito y más allá.

Me pido para este domingo que me sigan haciendo el regalo cotidiano de sus sonrisas y su amor sin necesidad de que sea el Día de la Madre.

Las madres “de toda la vida” lo tenían más fácil porque no tuvieron que padecer la “diáspora” que padecemos las actuales con hijos recién salidos de universidades o escuelas profesionales que buscan lejos de casa la oportunidad que no tienen aquí. Este año más que nunca habrá felicitaciones por whatsaap o por skype suponiendo que allá en los países donde los hijos estén se acuerden de que aquí el primer domingo de Mayo es “el día de la madre”.

Recuerdo la comida familiar, el ramo de flores, las sonrisas cariñosas y las bromas obligadas. Curiosamente es una de las pocas fechas con las que no se han hecho demasiada burla o escarnio por parte de quienes denuestan las “fechas por encargo”.

Puede que este domingo sea el “día oficial” de las madres, pero nuestros hijos saben –y vosotras también, hijas mías,- que todos los demás días hasta acabar el calendario son vuestros y míos, nuestros, compartidos en una constelación lejana y cercana a la vez que nos une con un hilo mágico que nunca se romperá porque lo hemos elegido para tejer nuestro amor desde el principio hasta el final de los tiempos.

Y que así sea.

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Pequeñas nostalgias. “Fly me to the Moon”.
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Cecilia Casado | 27-04-2016 | 07:22| 19

 

(Para leer escuchando “In other words” (Fly me to the Moon) de Tony Bennet.

https://www.youtube.com/watch?v=kIrcxGdyUdk

Va a hacer tres años que no voy a Paris. Soy muy consciente de ello leyendo a Fred Vargas que sitúa a sus personajes almorzando en el Café des Philosophes de Bastilla que tanto me gustaba frecuentar o cuando veo a mis amigos parisinos en Facebook subir fotos de los rincones que paseamos juntos alguna vez.

Paris fue un sueño a mi alcance, destino predilecto entre todas las ciudades europeas, una ciudad “a tiro de piedra” –o de TGV- donde fui buscando paz y la hallé, donde me perdí cuando necesitaba perderme y donde todavía guardo a mis viejos amigos parisinos con sus costumbres tan francesas, tan envidiables.

He conocido tan bien Paris, lo he pateado tanto, en soledad o en compañía de otros, que llegué a sentirme “como en casa”, feliz de formar parte de una muchedumbre anónima pero a la vez sintiéndome significada por la buena suerte de poder compartir lugares, historia, arte, sentimientos…

En Paris fue donde empecé a escribir mis “Carnet de Voyage” y ha sido ahora, ordenando archivos en el pc cuando se me han venido al corazón las fotografías de tantos encuentros y reencuentros, descubrimientos, risas, soledades, paseos bajo la luna, bajo la lluvia, bajo el amor… Porque viví el París enamorado con mi pareja y lo corté con un cuchillo cuando sufrí el abandono, y también lo tuve con mis hijas, y con amigas y amigos y hasta fui capaz de abrazarlo con la soledad de la viajera ensimismada.

Ahora va a hacer tres años que no viajo a Paris a pesar de las ganas que me acucian y me alborotan sin tino cuando lo veo en películas, reportajes, en la prensa… Me he preguntado los motivos y he obtenido la respuesta: por pura nostalgia.

Y es que no hay esquina que no me vaya a remover recuerdos bonitos, sé que si paseo por l’Île de la Cité o me detengo a descansar en los jardines de Luxemburg o me pierdo por el canal Saint Martin o camine desde el Campo de Marte hasta que mis pies revienten de cansancio y mi corazón de alegría, me va a caer encima la nostalgia del tiempo pasado, de forma hermosa e inevitable y aflorarán los besos y las lágrimas, el recuerdo de tanto tiempo feliz compartido con personas felices en una época en la que no nos permitíamos el error de dejar de serlo…

Mi último recuerdo estrella de Paris ocurrió en el metro, cuando un acordeonista se coló en el vagón y al más puro estilo parisino acometió el “Fly me to the Moon” de Tony Bennet. No sé qué me pasó pero me puse en pie y tomando la mano de mi pareja bailamos la pieza en mitad del vagón volando –efectivamente- hasta la Luna. “En otras palabras”, no sé si sería capaz de recorrer los sitios donde fui feliz, no una, sino tantas veces…

En fin.

¿Quieres compartir alguna pequeña nostalgia?

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*”Al lugar donde fuiste feliz no debieras tratar de volver.”

J.Sabina

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Fotografías: Cecilia Casado.

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¿Es lícito esperar algo a cambio de lo que se da?
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Cecilia Casado | 25-04-2016 | 06:47| 32

 

La respuesta a esta pregunta –en absoluto retórica- me ha hecho consumir muchas neuronas y otras tantas horas de “discusión” con mis amistades porque cuando se plantea la cuestión enseguida salen los bienpensantes y bienhablantes diciendo que, por favor, por supuesto que no hay que esperar nada a cambio de lo que se da, que tener expectativas es de ilusos o egoístas, que hay que ir por la vida sin echar las cuentas de cuánto se da y cuánto se recibe y bla bla bla.

A mí esta actitud “buenista” me huele a hipocresía porque últimamente mi olfato acierta tanto como mi entendimiento. Lo primero de todo, -les digo- porque tengo que ser honesta conmigo misma y reconocer que también puedo ser egoísta, y lo segundo, porque mi coherencia no me permite predicar lo que no voy a seguir yo misma; también porque la vida, la observación de la vida, me ha llevado a la constatación de que ni es oro todo lo que reluce ni hay tanta generosidad de boquilla como parece haber.

Ejemplos los hay a patadas, desde luego, pero pongamos alguno sencillito. Imaginemos que es el día de nuestro cumpleaños e invitamos a la familia a comer. Cocinamos con esmero y vaciamos la cartera con esmero también. Llegan los postres y sacamos el champán para brindar; alguien entona el “cumpleaños feliz” y como ya es un poco tarde, van desfilando, agradecen las viandas compartidas y se van. Sin ofrecer un solo regalo. ¿Acaso no era lícito esperar que hubiera un detalle por su parte? (Aplíquese el cuento a los que asisten a cualquier evento, convite, boda o festejo similar)

En otro orden de cosas, pensemos en los amigos. Imaginemos que tenemos un buen amigo; ése que “está ahí para lo que haga falta” pero que, en realidad, no mueve un dedo por hacer un plan, concertar una cita o compartir un rato. Nosotros le llamamos, contamos con él, le proponemos planes y le invitamos a cenar a casa; él acude cuando le viene bien, pero no corresponde a nuestra amistad ni a nuestra amabilidad. Un buen día, dejamos de llamarle porque sentimos que hay un desequilibrio y cuando –al cabo de varias semanas- se da cuenta y reclama nuestra atención, se indigna al enterarse de que se esperaba de él algo a cambio de lo que le habíamos dado.

En la pareja hay mil y una situaciones similares; se supone la ayuda mutua, el consuelo, compartir las alegrías y las penas, el apoyo emocional y, en definitiva, una cierta entrega a la causa. Pero cuando hay desequilibrio entre lo que se da y lo que se recibe surgen las chispas –cuando no las tormentas eléctricas- y entonces uno saca el cuaderno de notas mental donde ha ido apuntando todo lo que dio y todo lo que recibió a cambio, como en el extracto bancario donde figuran los intereses al lado del capital invertido. Esto no es ni bueno ni malo, ni justo ni injusto; más bien, inevitable.

Hipócritas demasiadas veces, con una voz decimos que “el amor no exige nada a cambio” y con otra bien distinta reclamamos lo que consideramos nos es debido. Aunque lo bien visto sea ir de generosos por la vida, mucho me temo que una cosa es lo que predicamos y otra bien distinta lo que luego llevamos a cabo cuando sale nuestra verdadera esencia, esa que es a veces generosa y a veces egoísta, esa que quiere ver los frutos de lo que se ha sembrado, esa que –aunque sea a largo plazo- necesita y quiere recibir lo mismo que se ofreció.

Cuando escucho a alguien de edad provecta proclamar que no espera en la vejez nada de sus hijos a pesar de  “todo lo que ha hecho por ellos”, me quedo pensativa. ¿Será verdad lo que dice o lo hace para quedar bien? ¿Aceptará de buen grado que, en su ancianidad, sus hijos le dejen arrumbado al rincón de los trastos…?

Así que aquí queda abierta la discusión. Espero que seamos todos más sinceros que políticamente correctos…

En fin.

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Lecturas para una primavera feliz
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Cecilia Casado | 22-04-2016 | 06:28| 28

 

Vivir en el Norte tiene no pocas ventajas: la verdura siempre fresca gracias a la lluvia y mucho tiempo para leer. Como soy lectora agradecida, cada libro que degusto con placer me hace ser consciente de que han sido meses –cuando no años- de la vida del escritor que nos ha regalado; por eso leo tanto: para hacer aprecio, para soñar, viajar sin pasaporte, descubrir pensamientos que no se me habían ocurrido, para reir con el humor ajeno, para reflexionar a través de las reflexiones de otros, para “salvarme” de ciertas soledades y algún que otro abandono….

Y lo comparto por si alguien encuentra en estos libros algo que nos una…aunque tan sólo sea como lectores. Lo de “El día del Libro” también está bien, pero…

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Lecturas livianas: (para pasar el rato y sin que inviten a la reflexión profunda)

“El bigote”  de Emmanuel Carrère. Novela absoluta, imposible leerla tranquilamente, hay que devorarla, saltar de capítulo en capítulo obsesivamente. Si se lee por la noche produce escalofríos. Una sencilla historia sobre la locura cuerda magistralmente contada.  8/10                               

“El trompetista del Utopia”  de Fernando Aramburu. Novela trepidante de un tipo vulgar como tantos otros. Se hizo una película –“Bajo las estrellas”- que deja a la novela en no muy buen lugar. Ambientada en tierra Estella hay que ser de por aquí para disfrutar del lenguaje y los modismos de los protagonistas.                     7/10

“Lo que escondían sus ojos”  de Nieves Herrero. Cuenta la historia de la vida amorosa de la madre de Carmen Díez de Rivera –la marquesa de Llanzol- con Ramón Serraño Súñer, cuñado de Franco. Pretendida novela histórica con un lenguaje muy justito para ser tolerable y no confundirse con la prosa de Corin Tellado.Cotilleos de la época.  6/10                        

“Huesos en el jardin”  de Henning Mankell. Un Wallander cansado que no hace honor a su fama. Novela secundaria que no había leído y que me ha dejado fría, como el invierno sueco.                          6/10

“El expreso de Tokio de Seicho Matsumoto. Novela negra escrita en 1958 de uno de los mejores escritores japoneses de novela de misterio. Una inteligente investigación a la vieja usanza: sin Internet ni teléfonos móviles, tan sólo con la magnífica capacidad intelectual y deductiva de sus protagonistas. Al estilo japonés, obviamente.    6/10                                                                          

“El camarada”  de  Cesare Pavese. Siendo Pavese un genio de la literatura, siento que debería haberme agradado más esta lectura. Quizás el tiempo del relato (años 40 italianos) me han impedido reconocer algo cotidiano o cercano. Sin embargo, no ha sido tiempo perdido en absoluto.                                                                6/10

“Años lentos”  de Fernando Aramburu. Una novela discreta de aquellos años 70 con sus dolorosos tópicos: el obrero salvador de la patria vasca, el cura proselitista, lo malos que eran unos y lo borregos que eran otros. Se me ha quedado en la superficie.    6/10                                

“W de whisky”  de Sue Grafton. Muchas páginas –demasiadas- para mi heroína de novela negra americana favorita: Kinsey Millhone. Adoro que la acción de esta larguísima saga de “El alfabeto del crimen” siga situándose en los 80. Sin móviles, sin Internet pero con muchísima imaginación. Una detective que sólo tiene un vestido.6/10            

“El misterio de la orquídea calavera”  de Elmer Mendoza. Lo leí por tener un contacto con un escritor mexicano muy popular, pero es una “narco novela” que, obviamente, no conecta en su lenguaje de la calle mexicano con lo habitual y entendible. No creo que repita.  6/10                                                                                   

“Felices los felices”  de Yasmina Reza. Una novela de “vidas cruzadas” donde resuena más el desamor que el amor, donde las cadenas con que se atan las parejas pesan tanto como el engaño, la mentira y las tradiciones burguesas. Pequeños infiernos domésticos que te hacen sentir feliz por no importarte el matrimonio. “Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor. Felices los felices” (Jorge Luis Borges)                                                  6/10

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Lecturas enjundiosas: (que ayudan a incrementar el acervo cultural a la vez que estimulan el intelecto)

“Si esto es un hombre”  de Primo Levi. La dignidad perdida por un trozo de pan. Memorias de Auschwitz. La supervivencia, el dolor, el miedo, lo que es y NO es un ser humano que teme morir. La muerte, siempre… Una visión “diferente” del tema; no desde el prisma de la barbarie nazi sino desde la “barbarie del prisionero” que se esclaviza y denigra matando a sus propios compañeros de infortunio.        8/10

“La tregua”  de Primo Levi. ¿Qué ocurre tras la liberación de los prisioneros de los campos polacos de exterminio a partir de la entrada de los rusos en 1945? No había acabado el sufrimiento todavía. Dejo el tercer volumen de “La trilogía de Auschwitz. “Los hundidos y los salvados”; no puedo más con el tema, por desbordamiento emocional. Primo Levi de actualidad todavía… 8/10 

“Para una mirada futura. (Si la memoria tiene un futuro)  de Leonardo Sciascia. Luchador incansable contra la mafia, aquí desgrana sus escritos y artículos más valientes con los que ayudó a la toma de conciencia que llevó al Estado italiano a luchar abiertamente contra la mafia. Sciascia fue “la conciencia crítica de Italia”. Formó parte de la Comisión para la investigación del asesinato de Aldo Moro. Falleció de cáncer.                                                                   8/10

“De vidas ajenas”  de Emmanuel Carrère. Carrère es un cínico con mente preclara. En este libro –basado en hechos reales- relata por encargo lo que sintieron unos padres que perdieron a su hijita en el tsunami del Sudeste Asiático y la muerte por cáncer de su propia cuñada de 30 años, madre de tres niñas pequeñas. Pura reflexión filosófica y amarga con aspecto aparente de novela.                 8/10

“Limónov”  de Emmanuel Carrère. Historia divulgativa (y muy interesante) de cómo la URSS devino en Rusia y otros países a través de un personaje real: Eduard Limónov. Escritor, revolucionario de medio pelo, egocéntrico y estrafalario, su biografía contada por Carrère –que es un narrador magnífico- es atrapante. Un genial escritor para relatar la vida de un “genio” de pacotilla.              7/10

“Arenas movedizas”  de  Henning Mankell. Mankell reflexiona sobre la muerte cuando le detectan un cáncer. Todavía cree que se va a salvar. Todavía cree que no va a morir.  Sus miedos y sus esperanzas. Y fallece justo unos meses después de publicar este libro. (1949-Oct.2015) Él creía poder burlar a la muerte…                             7/10

“Una vida sin ayer” de  Edoardo Nesi. Un amargo ensayo sobre lo que la crisis ha golpeado la moral del pueblo italiano. Imaginando una sociedad que no se base en la avaricia sino en las ideas, Nesi envía un mensaje que no deja lugar a la indiferencia. El epílogo, relatando el encuentro entre el Milán y el Real Madrid, alucinante. Casi dan ganas de ir al fútbol…                                                               7/10

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Lecturas con peso específico: (para sustraerles la sustancia a base de neuronas… o similar)

“Vivir en el alma” de Joan Garriga. “Amar lo que es, amar lo que somos y amar a todos los que son”. La búsqueda constante, la reflexión, la luz en las sombras y las sombras de la luz.  El tema sigue siendo el viejo asunto de la voluntad frente al destino, de los designios del pequeño yo personal frente a los dictámenes de la gran voluntad, de la gran inteligencia definitiva… Un gran regalo.       9/10

“El millonésimo Círculo” de Jean Shinoda Bolen. Un pequeño/gran ensayo sobre las posibilidades mágicas y reales de formar parte de un “Círculo de Mujeres”. Información, desvelamiento y experiencia para compartir en un pequeño nuevo proyecto.                         9/10

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Lecturas atragantadas: (que pretendían ser interesantes y que no he podido llevar a buen puerto)

“El francotirador paciente”  de Arturo Pérez Reverte.  80 páginas y lo dejo al tomar conciencia de que no me interesa nada de nada el tema. Grafiteros, “artistas” del spray en muros y trenes. Un subgrupo urbano que no tiene nada que ver conmigo ya que sus “valores” se centran en manchar el mundo con sus “brochazos”.Nada que ver con Banksy que ése sí que es un crack. ¿Arte o simplemente vandalismo? Sniper me aburre…                                        ————————-

“La gran desmemoria”  de Pilar Urbano. Empiezo con cierto interés y en 50 páginas me aburro de tanta bibliografía y frases y situaciones IMPOSIBLES de creer. Esta señora del Opus debe de tener muchos padrinos detrás para que le publiquen este tochazo infumable que pretende ser “novela histórica” a la que le ha echado más imaginación que un escritor de ciencia ficción… ———————-

“Dos años, ocho meses y veintiocho noches” de Salman Rushdie. Cuentos e invenciones. Nada que ver con sus míticos “Hijos de la medianoche” o “Los versos satánicos”. Lo sigo durante las primeras sesenta páginas y, opinión muy personal, no consigo engancharme. Así que lo dejo sin leer.                              ————————

“Los ojos vacíos”  de Fernando Aramburu. ¡Mira que me gusta este escritor!, pero la vida en países inventados –como Antíbula-, con personajes grotescos, estrafalarios y deshumanizados hasta el hartazgo, me resulta desagradable a partir de la página 100. Ya no quiero más desgracias inventadas, me bastan las reales. Dejo en el rincón “Bami sin sombra” y “La gran Marivian” 2ª y 3ª parte de la trilogía de Antíbula. Ya lo siento.                   ————————–

* La puntuación es fruto de una opinión personal que no tiene más valor que el que uno le quiera dar…

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Un día sencillo, un día feliz
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Cecilia Casado | 20-04-2016 | 15:12| 14

 

Hoy he dormido muy bien; seguramente se debe a que ayer me acosté no demasiado tarde y sin haber mirado las noticias de última hora, esas catástrofes que se meten conmigo en la cama e inventan pesadillas donde no debería haberlas. La luz de la mañana se cuela en la habitación y mi perrillo me da los buenos días: no sé cómo lo hace pero siente en cuanto abro los ojos y acude presto, como queriendo recordarme que él también ha amanecido a un nuevo día.

Lo primero que hago es estirarme; me estiro profusamente, como le he visto a él hacer (a mi perro). Dejo que crujan algunas articulaciones y bostezo sin vergüenza. Abro los ojos despacito, hoy tampoco tengo prisa, es una constante en mi nueva vida ésa de no correr ya más hacia ninguna parte, y olfateo el aire que se cuela por la ventana entreabierta. ¿Humedad, viento sur, lluvia? En cualquier caso, primavera. Abierto el ventanal ya de par en par busco mis puntos de referencia habituales; el cielo, los montes, el mar a lo lejos. No miro hacia abajo, nunca lo hago, tan sólo mantengo alzada la mirada, cierro los ojos un momento y respiro profundamente varias veces. En dos minutos estoy lista para afrontar la vida, para unirme de nuevo a la rueda del mundo…

Desayuno con parsimonia, envuelta en una pereza acogedora que hace que el té oloroso y el pan tostado perlado de aceite se instalen en mí como el primer placer de la mañana. (Habrá otros más) Luego, vuelvo a la cama, me instalo entre almohadones y leo un rato el libro calmo que tengo en la mesilla (siempre hay otro un poco más trepidante, según el estado de mi ánimo); escribo un rato y alimento el blog en estos momentos tranquilos, lúcidos y sin contaminar todavía con la furia de lo que está ocurriendo allí afuera, en ese mundo del que también formo parte.

El ritual de abluciones me procura el segundo placer intenso del día; sé que necesito de la higiene física para que se mantenga la higiene mental. ¡Qué maravilla una larga ducha demorada, suave, tocando mi cuerpo que sigue vivo y sano! Y luego el espejo. Mirarme para reconocerme hoy también, como si pasara por él mi código de barras personal. Escrutar el rostro y tomar conciencia de que sigo siendo yo, pero no ya la de anoche ni la de ayer, sino una nueva, a estrenar con cada día…

 

Salgo a la calle sin mirar el reloj cuando me lo pide mi perrillo querido. A veces es una larguísima caminata lo que se me antoja, otras un paseo tranquilo haciendo recados sencillos. Y la comida. ¡Qué placer tan intenso sentir desde adentro lo que me apetece comer! Acercarme a los puestos de verdura, elegir con los ojos las alcachofas o unas vainas, imaginarlas salteadas con una punta de jamón. Entrar en la pescadería como si fuera el paraíso y fijarme en los ojos de esta mediana, aquel verdel o el pequeño rodaballo salvaje de más allá. Quizás me baste con la seducción de las antxoas frescas. Complemento mi botín con unas fresas o unos kiwis, me decido por lo cromático de su conjunto, qué bonito el plato de fruta roja y verde, dará pena comérselo…

Hoy digo sí a todo, me diluyo en lo que ES sin oponer resistencia. Intento llegar a la Gran Alma, la fuerza que trasciende mi identidad personal, donde soy vivida por la vida en lugar de vivirla. Mi yo se desvanece y mi pequeña identidad personal, esa que gira alrededor de preferencias y aversiones y me dicta la conciencia de lo que se considera bueno o malo, descansa. Hoy la vida tiene un despliegue multicolor porque me dejo llevar por su flujo sin oponerle resistencia.

Las horas pasan marcando su pauta tranquila y yo las recorro acariciando las páginas de un libro, demorando la vista en el paisaje o dejando mi huella en un banco del parque que parece colocado ahí precisamente para que me siente a dejar libre el pensamiento. Quizás comparta un café con un nuevo amigo. Observo sin querer observar y la luz del mediodía calienta mi espalda. A lo lejos se ve el perfil de la luna, un guiño inusitado.

Estos días sencillos son los que más feliz me siento…

¿Cómo serán los de los demás…?

En fin.

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Fotografía: Amanda Arruti

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Sobre el autor Cecilia Casado
Una mirada alternativa a la vida después de haber cumplido los 50. Con un martillo rompe-tópicos y una sibilina barrena destroza prejuicios. Desde la óptica femenina y quizás por ello más interesante para el hombre.

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