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Cecilia Casado

A partir de los 50

“Mantita y sofá”

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Si es que el mundo está al revés, de verdad que ando últimamente  alucinada por la deriva que veo que va tomando la cosa joven, la representación de esa edad maravillosa que nosotros, los adultos mayores, miramos con nostalgia y recordamos con el puntito envidioso de quien sabe que ya nada volverá a ser como antes.

¿Como antes…? No, no, algo ha cambiado sustancialmente de una manera tan sibilina que casi no nos hemos dado ni cuenta. Porque yo recuerdo a mi abuela nonagenaria siendo la reina de la “mantita y el sofá”, y sus sopitas, ya se sabe, cosas de ancianos, y cuando la veía en sus últimos años, era el paradigma de la senectud. Como está mandado.

Pero los paradigmas o estereotipos ya no son lo que eran, no. Ahora lo de “mantita y sofá” es un lema de la juventud –manda narices-, la forma desidiosa de aparcar los ímpetus y recogerse, enclaustarse viendo series en plan maratoniano, huidos del mundo, haciendo caso omiso de sus “deberes” como jóvenes, como maquinaria del futuro, ahí, apalancados en el sofá de la abuela y tapados con la manta del desencanto.

Pero, ¿cómo es posible que se haya producido tamaña involución mental? ¿De quién ha copiado esta gente el modelo? ¿De nosotros, sus padres, que no sabíamos parar quietos, que currábamos como locos toda la semana para acabar soltando las amarras mentales durante el tiempo libre, agotando energías, subiendo montañas, pateando montes, sudando éxitos musicales y que ODIÁBAMOS estar en casa delante de la “caja tonta”?

¡A ver si va a resultar que son ellos, los jóvenes de hoy en día, los que están “atontados”!

Se quedan en casa, sobre todo en pareja, cómodos y calentitos, abducidos por la pizza industrial y las ruffles sabor barbacoa, ingiriendo calorías en vez de gastarlas, delante de una pantalla de diverso tamaño, manejando los mandos de la “pley”, saltando de un capítulo a otro de la serie más publicitada y consumiendo horas, tiempo, vida…sin remedio.

¿De dónde esta abulia? ¿Para qué esta falta de ganas?

Los que ya no vamos a cumplir los cincuenta heredamos un mundo imperfecto, dañado, a reconstruir. Y lo hicimos mal que bien dejándonos las uñas, trabajando con la conciencia y la ilusión de una sociedad mejor, enriquecida, evolucionada. Todo nos parecía poco: viajábamos para descubrir y tener nuevas experiencias; leíamos para que la imaginación saliera de cualquier posible atrofia; bailábamos y cantábamos como forma inequívoca de liberar energía. También bebíamos alcohol y le dábamos al “fumeteo” (en general).  Es decir, éramos jóvenes y nos comportábamos como tales. También le dábamos al sexo en la medida de lo posible, que siempre era menos que más dadas las circunstancias…

Supongo que estoy hablando únicamente de una parte de la juventud, la que anda cerca de mi órbita vital y conozco un poco. Es una juventud que se va de fiesta para subir las fotos en las redes sociales más que para divertirse en sí, desplazando el legítimo fin de la alegría hacia los espurios campos de la vanidad. Y cuando se cansan, lo dicho: fin de semana de mantita y sofá.

No lo entiendo, de verdad, que alguien me lo explique. ¡A ver si ahora va a resultar que el mundo anda al revés…!

En cualquier caso, me congratula saber que, de alguna manera, lo que antes era patrimonio de la senectud se ha convertido en un “bien común”. Nadie se va a atrever a llamarme “vieja” sin ver su propia paja ocular…

Felices los felices.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

Temas

desencanto, Juventud aburrida, zona de confort

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.

mayo 2018
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