Diario Vasco

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Enrique Casas y la herencia de libertad
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Javier F. Barrera | 26-06-2014 | 17:16| 0

Leo con satisfacción en El Diario Vasco que el Parlamento Vasco “rinde un emotivo homenaje a Enrique Casas (leer la noticia)”.

Enrique Casas nació en Guadix, Granada; y fue asesinado en San Sebastián, Guipúzcoa. En febrero de 2009 se cumplieron 25 años de aquellos hechos.

Jesús Javier Pérez, periodista de Guadix; y el que esto escribe, periodista donostiarra; fuimos desde  Guadix a San Sebastián para recoger testimonios de aquella época.

Este es el reportaje multimedia que elaboramos: Haz click en el link

Y, ahora, déjenme que les cuente mi recuerdo, que tenía guardado dentro quizá para mostrarlo en esta ocasión, del día del asesinato de Enrique casas

Yo tenía 18 años y estaba tomando unas cervezas un fin de semana en un local de moda en San Sebastián.

Gemma, compañera en el CES (Centro de Estudios Superiores) de la calle Arrasate, había quedado con Jayone.

Fuimos juntos a La Kabutzia (es el nombre en euskera de un pequeño pez gelatinoso oscuro y asqueroso característico de nuestra costa). Y también La Kabutzia es -sigue existiendo- la discoteca del piso superior del Real Club Náutico de San Sebastián (Acabo de venir de Donosti y veo que han cerrado recientemente).

Sentimientos a flor de piel, el ritmo, la juventud, la vida que te la vas bebiendo a sorbos y nunca se acaba, la velocidad y el vértigo. Qué maravilla. Era un tipo feliz.

En una de estas, Gemma me presentó a un amigo suyo. Se llamaba Richard. Su padre, dos semanas antes, acababa de ser asesinado de quince tiros por los Comandos Autónomos Anticapitalistas. Unos terroristas de tomo y lomo.

Su padre, Enrique, abrió la puerta de su casa a los terroristas y le descerrajaron dos tiros a bocajarro. Enrique Casas se dio la vuelta pasillo adentro de su hogar y cayó desplomado. Los terroristas todavía tuvieron tiempo de soltarle otros trece balazos por la espalda.

Dos terroristas, Enrique Casas en el suelo y un solo testigo: Richard. No puedo ni imaginar qué corría por su ser en ese preciso instante.

Richard estaba ahora delante mío. Llevaba una camisa de cuadros y una prenda de estas como de esquiar. Lo recuerdo con pelo rizado claro y cara de susto. Nos estrechamos la mano, le di el pésame. Le pregunté qué tal estaba y se encogió de hombros. Bebíamos cerveza y estuvimos hablando durante largo tiempo, toda la tarde, recuerdo.

No volví a verle nunca jamás. La velocidad de aquellos años ochenta, de la vida, el ritmo y los sentimientos a flor de piel.

Hasta que este domigo de 2009, han pasado ya cinco años, entré en su casa de San Sebastián. La sonrisa de Bárbara Dürkhop evitó el escalofrío que suponía que me recorrería el espinazo al cruzar esa puerta donde los asesinos balacearon al senador Casas.

¿Qué decir de una mujer que ha seguido viviendo en este piso contra viento y marea?

Bárbara, dinámica y jovial, cálida, nos enseña las fotos de la boda de uno de sus retoños. A la izquierda, delgado, trajeado, con el pelo corto y sonriente, vuelvo a ver a Richard.

Le cuento esta historia a Bárbara y me dice:

-¿Así que de cañas en La Kabutzia ehhhh? bromea cómplice.

“Ahora es médico”, cuenta.

Me recorre una enorme satisfacción.

¿Qué otra profesión podría haber elegido Richard que cuidar las vidas de los demás?

También Bárbara nos dijo algo que no llegamos nunca a contar: “Quiero que mis nietos sepan lo que es ETA por los libros”. Lo que nos dijo es que quería que ETA desapareciera.

Hoy, cinco años después de aquella entrevista, ETA ya no existe.

Es la herencia de libertad de Enrique Casas y los de todos los que fueron y son como él. Todos.

 

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Eduardo Madina: El Shock del Futuro
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Javier F. Barrera | 13-06-2014 | 17:41| 0

Hubo un tiempo en Donosti que cada mañana, en verano, bajábamos en coche el Paseo de la Fe, que une la cuesta de Aldapeta con Miraconcha con tres curvas templadas y amplias, cuajado en sus flancos por villas de ensueño donde vivieron en su día mis primos Díaz Larzabal, todos los Berraondo o los Ezkerra.

Nos sabíamos de carretilla todos los nombres de estas casonas, y las recitábamos en un juego que suponía esperar en el interior del Seat 600 a que se viera el nombre de la villa y, como en el juego de adivinar anuncios de la TV, ganaba el que la decía primero: Jama Jampac, Txoko Txiki, Villa Izartxo, recuerdo todavía algunos de sus nombres.

Para mí, que era un crío en las postrimerías de la década de los setenta, era como un camino secreto. Ahí TENÍAN que pasar cosas.

En el seno interior de la segunda de las curvas, según bajas a la Concha, había un chalecito blancurrón y todo mono que, mientras bajábamos en el 600 matrícula SS-84148 a los mandos de mi madre y con mis dos hermanos pequeños atrás mientras cantábamos a voz en grito “Hemos ganao la bandera del Bilbao el portero medio muerto y el balon pintxao/Hemos perdido pero nos hemos divertido/Txim-Pún”, tenía una señal informativa.

La estoy viendo. A media altura. Un rectángulo acabado en flecha, quiero recordar, que en las letras negras interiores tenía escrito: “Consejo General Vasco / Eusko Jaurlaritza”.

Para mí, que apenas era un preadolescente, aquello significaba ‘algo’. Ahí estaban pasando cosas de las que yo quería saber.

Justo acababa de morir el dictador Franco y la vida en blanco y negro empezaba a ser a todo color, como los canales franceses A2 y algunos programas de FR3, porque TF1 era completamente en blanco y negro. En TVE Mazinger Z era en blanco y negro y a veces en color mientras en A2 Goldorak era siempre en color. No sé si me siguen. Dependía de si tus aitas tenían pasta para pillarse una tele en color o no la tenían.

Paro un momento y buceo en Wikipedia para ver cuánto me falla la memoria, pero no. Ahí estaba el Consejo General Vasco y, además, en las fechas que cuento. La delegación en Donosti, vaya. Luego echaron a bajo el chalecito y en su lugar hay una valla que da lugar a una urbanización horrible de ladrillo colorado.

Ahora, mirar la foto de arriba. Eduardo Madina le está hablando a un busto de Ramón Rubial, primer presidente del Consejo General Vasco, un mito elevado a los altares del socialismo vasco y español. Un referente. Muchos creen incluso que fue lehendakari aunque realmente ‘solo’ fue presidente de este órgano preautonómico, el Consejo General Vasco.

Es decir, comandó el origen de la autonomía vasca, por resumir, mientras vivía el lehendakari Leizaola, sucesor de Agirre; y antes de que llegara Garaikoetxea.

Eduardo Madina, que acaba de presentar su candidatura a dirigir el PSOE no hace ni una hora, parece apoyar su candidatura en Ramón Rubial, que llegara a ser presidente también del PSOE y en torno a quien existe un amplio consenso por su lucha en la clandestinidad y posterior carrera política ya en la transición democrática.

Pero no. No es ese su mensaje completo. En una sociedad española viejuna en cuanto a quienes todavía mandan    -recuerden la gran frase de @mimesacojea “¿No se os está haciendo muy laaargaaa la Transición?”- un tipo como Eduardo Madina necesita buscar atrás para lograr ir adelante.

Atrás, está claro, es Ramón Rubial.

¿Y el #Forward, como dice Baarck Obama? Es decir, ¡Adelante!





Pues hay que volver a clase, a la Universidad, y recordar lo que nos enseñaron. Dice la compañera Paula de las Heras en su crónica titulada “Madina promete un «shock de modernidad» para el PSOE y para España” que “Eduardo Madina ha esperado a que se abra oficialmente el proceso congresual en el que el PSOE elegirá a su nuevo secretario general para dar el paso al frente que muchos le habían reclamado, hace ya dos años, y sobre el que tanto dudó. Junto al busto de Ramón Rubial, bajo la claraboya del Senado, con una camisa azul claro remangada y unos vaqueros desenfadados, el diputado vasco ha anunciado su candidatura para la “producción -ha dicho- de un shock de modernidad”.

Y me ha saltado una chispa.

¿Qué demonios es un shock de modernidad?

Pues no es más que la segunda parte del mensaje que quiere transmitir.

El que completa con su mención a Ramón Rubial.

El ‘shock de modernidad’ apela directamente a una de las obras más significativas del pensamiento, obra de Alvin Toffler, tan mal citado como peor leído, quien define el término ‘shock del futuro’ como “demasiado cambio en un periodo muy corto de tiempo” (“too much change in too short a period of time”, en Wikipedia)

¡Upssss!

¿No es esto lo que piden las bases socialistas?
¿Los votantes desencantados?

¿No es lo que está diciendo Podemos que quiere hacer?

PD
No hay mejor (No) Future que el retorno a la ortodoxia (Punk).

NOTA
Este artículo está dedicado al 600 SS-84148 y a sus habitantes de aquellos años setenta, Maite, Txuri y Kike. El aita llegaba luego y salía por la escalera del Eguzki…

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Esa danza con la sal y la espuma
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Javier F. Barrera | 02-05-2014 | 10:29| 0

CUANDO SALTAR LAS OLAS ES EL MEJOR JUEGO PARA UN TXIKI DONOSTIARRA. LOS TEMPORALES EN DONOSTI SEGÚN EL NO DO DE 1951, 1953, 1964 y 1965

Es el ruido.

Es como la imagen superior. Olas que chocan contra el puente del Kursaal… en 1965. El año en que nací.

Cuando eres donostiarra, cuando eres gipuzkoano y te has criado en Zarautz, en Gros, junto a la Costa, sabes que es el ruido lo que te sobrecoge cuando hay un temporal con olas gigantescas.

Yo lo tengo metido dentro del cuerpo desde pequeño. Cuando íbamos al Paseo Nuevo y ahí, en el morro de piedra que va desde la Barra hasta el frente de olas con el Cantábrico por frontera, aprendí a sobreponerme a ese ruido generado por la fuerza de la naturaleza completamente desatada, indomable.

Sabes perfectamente a qué ruido me refiero. El de la marea, el de la montaña de agua que crece y se encrespa, se eleva sobre el nivel del piso del Paseo Nuevo y avanza para romperse unos metros antes por el choque con la contraola que vuelve rebotada y, entonces, surge un pico inmenso que baja a toda velocidad y se estrella contra la base del muro del Paseo Nuevo. En ese instante nace el rugido. ESE rugido. Brrrroooogggggggghhhhhhhhhhhh.

Y la ola sube por la parde vertical y si tienes la suficiente mezcla de valor y locura aguantas en la barandilla viéndola subir. ¿Cuál de todos los de la cuadrilla aguantará hasta el último segundo antes de salir corriendo? Saltar las olas. El mejor juego que un crío puede disfrutar en Donosti.

Pero no estas olas, las de estos últimos días. Estas son para verlas desde Urgull, con toda la seguridad del mundo.

 

Las olas forman parte de mi educación sentimental. De mi vida.

La anécdota es la siguiente. Mi chica que es de Jaén y estudió en Sevilla se reía de mí porque decía que San Sebastián era la ciudad de Pin y Pón. Que era una megapijería, que era demasiado bonita, que era…

Es cierto que también encontraba caldo de cultivo entre muchos donostiarras quemados de vivir en esta discreta y pequeña ciudad tardoburguesa, que le daban la razón.

Yo callaba.

No es que Donostia no sea así, que seguramente lo será. O no. Me da igual. Es que Donostia es también algo más. Y ese algo más es el que a mí me hace donostiarra. Puede resumirse, sin empezar a hablar de la Real, de los Pintxos y blablablá con una sola palabra: Olas. Las olas de Donosti. Las olas con las que jugamos, con las que hemos crecido. El espectáculo de las olas, de saltar las olas en el Paseo Nuevo, agarrados a la barandilla mientras rompe, de cogerlas en la Concha por arriba o pasarlas por debajo. Y ahora en Gros, surfeando con Andrés, mi hijo, y sus nueve años y los primos.

La anécdota, entonces, ocurrió en invierno, en el temporal de diciembre, como ahora. Estábamos en Donosti y mi chica dale que te pego con el Pin y Pón, el Ñoñostiarrismo y todo eso.

Yo callaba.

La llevé al Paseo Nuevo al mediodía. Estaba vacío. Era la hora de comer. Las olas empezaron a saltar, esa danza de sal y espuma que tanto nos gusta. Y el ruido de la ola cuando cae sobre el pavimento del Paseo Nuevo como un tableteo de ametralladora. Pero sobre todo, el ruido bronco que hace la ola al chocar contra el muro del paseo.

Mi chica se quedó paralizada. No solo embobada por la belleza del espectáculo que brindaba el Cantábrico al explotar contra el muro con toda su potencia. También tuvo miedo.

Nunca más ha pronunciado dos expresiones: ‘Pin y Pón’ y ‘Ñoñostiarra’. Sabe que una gente que vive con ese mar, esos temporales, esas olas, es algo más.

—–

Cuando las olas eran en blanco y negro

He navegado por Internet y he encontrado vía Twitter unos magníficos documentales del No Do sobre temporalaes en Donosti de los años 1951, 1953, 1964 y 1965. Son una gozada. ¡A disfrutar!

Y, ahora que lo pienso, los temporales son de lo más Punk

1951

 

1953

 

1964

 

1965

 

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Igeldo es inseparable
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Javier F. Barrera | 02-05-2014 | 10:29| 0

Para mí Igeldo es inseparable de Peter Gabriel, Kate Bush, Ángel y Silvia y Babro Bellido , por ejemplo. Igeldo era uno de los PLANES en la vieja Donosti de los años ochenta, cuando lo del Ñoñostiarrrismo no existía porque la vida era dura y lluviosa. Éramos mods en vez de pijos y caían palos por todas partes. Nuestra ética era la ortodoxia punk, al menos la mía.

Igeldo es inseparable también en la memoria de los mixtos gigantes del cámping. Poco más menos la receta era la siguiente. Pillaban una barra de pan, la abrían en dos, la rellenaban de jamón y queso baratico a espuertas y todo iba directo al microondas. Con un par. Ni plancha ni exquisitez ni nada. Pero el mixto te lo comías y te quitaba el hambre. Y era barato y las chicas se te quedaban mirando por primera vez y supongo que se preguntaban cómo era posible que te papearas tan descomunal bocata a media tarde.

Igeldo era El Tetas y todos los caseríos que aparecían por los caminos que se decolgaban hacia la costa rocosa donde jugábamos a dados. Al 4.000 y al yo pido la bebida, tú la pagas y tú te la bebes. Al final, todos salíamos como salíamos. Recuerdo al Keny pedir coca cola con champán, pagarlo al Buruz (este es mi hermano) y tener que beberse el brebaje el Chang. Y así, a por la siguiente ronda, que podría ser vino con ginebra. Vomitivo. Pero encantador. Entiendo que en una de estas nació el kalimotxo. O así.

El Tetas era un lugar en el que amanecía y te pillaba jugando a cartas con un buen carajillo o con un café y un pacharán. Fumábamos Habanos y la gau pasa era entonces de campeonato. Esta artimaña venía cosido al Ku- ‘Cuando un disco suena ya es viejo en Ku’- rezaban las pegatinas y las invitaciones de la disco más disco que nunca ha habido en Donosti. Ku es tan templo que creo que merece una entrada aparte en este tu blog ¿No?

Igeldo es inseparable del camino a Orio con las excursiones de los Marianistas con el Txomin (aká don Juan Domingo Madinabeitia, que también nos llevó a todos una vez a París). Era un planazo. Pillabas el bus en la plaza del Funicular y te dejaba en la plaza donde, digamos, terminaba la carretera y empezaban todos los caminos. El paseo es espectacular. Lo he vuelto a recorrer hace tan solo un par de años y sigue siendo uno de esos lugares fascinantes. Recuerdo perfectamente la última cuesta que te dejaba en la playa de Orio y ya, ahí, tirarnos de cabeza al agua.

Me pregunto ahora:  ¿El Ku no es Donosti? ¿Y las rocas de Igeldo? Se me apelotonan los recuerdos. La primera vez que llevé un coche fue un Ford Fiesta, con Lagunak, y me hicieron subir Igeldo. Sonaba Drivers Seat de Sniff & Tears. ¿Y las croquetas de Buenavista? A ver quién le dice a Gonzalo Paniagua Ayestarán que Igeldo no es Donosti y bajar con la Vespa rozando chapa las curvas mientras cantamos a grito pelado Su-Su-Su-Su-Susurrandoooooo… Pero sigamos.

Igeldo es inseparable de mi amigo Víctor Álvarez de Eulate con toda la nobleza que no le cabía en su corazón. Le encantaba Igeldo. Salíamos de Blis Bloch en Loviejo y nos subíamos en su coche, todo un Volkswagen escarabajo descapotable. Lo recuerdo como una flecha granate templar las curvas de la carretera de Igeldo, que son caracolas, narrando los movimientos, con esa media sonrisa que le afilaba la franca nariz y le hacía brillar sus ojos despiertos. Igeldo es la mirada de Víctor cuando contemplaba la costa Cantábrica y, de repente, te miraba a los ojos y se reía. Se reía a carcajadas y doblaba su cuerpo. Entonces, te abrazaba. Todas estas cosas, pasan en Igeldo. Cuando Víctor se fue le escribimos aquí, en el papel de El Diario Vasco que siempre estaríamos juntos, arriba, en las montañas; o abajo, en el mar.

Igeldo es Josetxo Ganuza y las rocas de Igeldo, Tximistarri. Era como nuestro lugar secreto. Costaba acceder y ahora ya no se puede ni estar. Era un lugar completamente salvaje, sin urbanizar, sin casas ni caminos. Se bajaba a pelo pero a cambio tenías el Cantábrico a tus pies bajo las laderas escarpadas del monte Igeldo. El agua fría y de difícil acceso permitía nadar sin el refugio de la Concha.

En el monte Igeldo y en esas rocas construimos nuestra amistad y forjamos una cuadrilla mítica que vive en nuestra memoria: Koldo Aristizabal, Víctor Álvarez de Eulate y compañía, que es a quienes dedico estas sencillas líneas.  En este monte Igeldo fotografié a Josetxo fumando un cigarrito mientras atardecía en junio de 1983.  En esas rocas de Igeldo que parece que ya no son Donosti Marta nos fotografió a los dos con 18 años recién cumplidos. Igeldo es inseparable, exactamente como lo somos Koldo, Víctor, Patxi, Herminio,  Josetxo, Jalaca, este que os escribe y todos los demás.



MÁS INFORMACIÓN

-El Pleno aprueba recurrir el decreto foral sobre la desanexión de Igeldo (link)
-El conflicto, en la hemeroteca de El Diario Vasco

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Donosti y sus playas: Surf, California y Hollywood
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Javier F. Barrera | 02-05-2014 | 10:38| 7

Para mí, hoy, Donosti es Surf, California y Hollywood. Son tres playas, unas fotos y tres historias. Seguirme.

San Sebastián tiene varias nombres y todos son preciosos. Lo explica muy bien la Wikipedia, para el que tenga curiosidad. Para los donostiarras, las tres playas a las que refiere la voz Irutxulo (Gros, La Concha y Ondarreta), nos permiten construir grano de arena, ola a ola, nuestra infancia y nuestra juventud. Lo de la madurez es ya más complicado, como todo el mundo sabe.

Uno era de toldos, de toalla o de carpa; es decir, de la Concha, de Gros o de Ondarreta. Y ahí, ya empezaba la toponimia local, que no sé si alguien alguna vez la ha recogido, pero que yo me afano, verano tras verano, en explicársela a mi enano y a sus primos.

A saber, la Concha se divide en diversas zonas donde se puede quedar. Se trata de la Rampa o de las Escaleras, que se diferencian por estar a la izquierda o a la derecha de los Relojes, que es a su vez otra zona. Luego están el Athlético de San Sebastián y, para los veteranos, los Eguzkis, aunque la Caseta de la Reina es desde hace ya años la Federación de Remo, creo.

Ahí mismo, entre los Eguzkis y antes de la Zona de Deportes había una Escalera de Caracol con un pasadizo que nombraba de esa forma esta zona. Todavía escucho en mis recuerdos el temblor de los escalones metálicos y el olor de la arena mojada cuando no es recogida por la marea y queda estancada tierra adentro, bajo el asfalto, en aquél túnel que salía bajo Maskor Gain.

Tras la Zona de Deportes, sube la marea, luego baja, el Pico del Loro, paraíso para los chavales con nuestro xalabardo y las gafas con tubo y las aletas.

Nace entonces Ondarreta y por ahí estaba la escuela de Wind Surf y el Club Tintín con su piscina y sus gabachos en un toque de modernidad transeuropea que ya ha desaparecido y se ha mudado a Gros, sí, a la Zurriola; lo sé. Luego viene la zona de la Reina y supongo que habrá más nombres, pero mis recuerdos terminan en la rampa del Tenis.

Luego estaba, al fondo, Gros. Que era gris. Y peligrosa, de eterna bandera roja, hasta que madrugaron los años ochenta y esa bandera roja significaba olas. Era el Surf. Y era el Muro. Ir al Muro era un plan. Y era un plan maravilloso. Había al fondo en Sagüés, cuando allí no había nada, un bar que se llamaba así, El Muro, con su máquina de marcianitos y su mesa de billar; su techumbre de paja en plan jagüaiano y su trozo de barandilla de La Concha. Me lo enseñó Javi Huércanos y mataría porque hoy, esta noche de noviembre, fuera 1984 y pudiera entrar en el bar El Muro y echarme unas birras, fumar unos cigarrillos y echar unos billares. Sonaba Marley, Bob Marley y afuera, la vida.

He encontrado en Facebook una página maravillosa que me sacia la nostalgia. Se llama La Vieja Playa de Gros y es un océano de recuerdos, de estampas de un mundo que desapareció y que solo nos dejó un pequeño agujero para escapar, como los ratones de Boris Vian en La Espuma de los Días. Maldito libro, no se puede tener más razón.

Ahí aparece la mítica Vespa Rosa, las fotos de la Escalera de la Muerte que bajaba al pico, el Pantxineto y el Comunista y el Insti de Gros. Tan importantes como las fotos, los comentarios de los protagonistas. Advierto, abriros un paquete de klinex, porque lo vais a necesitar, sobre todo si haces click aquí, que hay más de un centenar y medio largo de fotos del Muro y sus Olas y sus gentes durante los ochenta.

No fui un gran usuario de esta playa de Gros, la Vieja. Pero sí recuerdo que, precisamente, el primer día de mis prácticas en El Diario Vasco (1989), fui a darme un baño a la playa de Gros con Esther Casla y Mercedes y me picó un sabirón. La buena de Mercedes me llevó en bikini a la Casa de Socorro en su Ford Fiesta amarillo y no lo olvidaré jamás. El bikini, claro.

Ahora, llegan nuevos tiempos y al enano le quiero meter el aguijón de las olas y el Surf y en verano ahí andamos, pillando olas que según vaya creciendo espero que crezcan con él y disfrute como el campeón en ciernes que asoma, tras esa sonrisa pícara de dos abuelos, con un corazón todavía de oro. Y que siga.

Os había prometido en el titular tres playas, unas fotos y tres historias. Acabo de cumplir con la primera. Vayamos con la segunda, que corre pegada a la anécdota; sabrosa, pero ligera. Bueno, quizá no tanto. veamos.

Se trata de pasar de los mares del Surf de la Vieja Playa de Gros a California, la cafetería California de la calle Hernani frente a Alderdi Eder. Vale que había otra en la Avenida, pero la que molaba de siempre para nosotros era la de la calle Hernani. Tengo unos recuerdos de la década de los setenta y principios de los ochenta realmente gloriosos. Empecemos.

Tenía una decoración como de peli de gangsters donde el momento culminante es cuando una mujer, vestida ad hoc, paseaba entre las mesas y por la barra no sin zalamería con una enorme bandeja que sostenía con ambas manos y una cinta que le pasaba por el cuello en la que había todo tipo de tabacos. Era una  cigarrera, que yo sepa, la única de todo Donosti tú! A mí me extasiaba cuando salía de su cubículo, que estaba en la parte inferior del local, escaleras abajo, donde tanbién estaban los servicios. Entonces imaginaba, siempre, que cuando aparecía en el salón, inmediatamente empezarían los tiros entre los gangsteres importados de Chicago.

Una bala, fijo, perforaría siempre la vidriera que presidía el salón de la cafetería. Y, a continuacion, estrepitosamente, se haría añicos sobre el sobrero de fieltro gris del malo que había empezado la balacera.

Recuerdo vivamente esa enorme vidriera, que a los ojos de un chaval de no más de once años, le parecía una catedral de cristal y peces, porque era un acuarium lo que ilustraba.

He encontrado esta foto preciosa de California, con su larga barra y el salón. Al fondo se ve la vidriera de la que hablo. Aquí en California colmé sueños infantiles entre sandwiches y helados. Mi favorito era, cómo no, el sandwich California, aunque recuerdo que había siempre competencia con el Sandwich Club y, sobre todas las cosas, con el Gran Club, que incluía huevo y bacon. Recuerdo perfectamente cómo los hacían en la plancha tras la barra y cómo los cortaban en dos con un separador de aluminio y los trinchaban con dos espaditas de plástico, una blanca y otra azul. Más tarde, en el California de Zabalburu en Bilbao, me llamó la atención que las banderitas eran rojas y blancas…

También era el paraíso de los helados, con permiso de Los Italianos, justo a la espalda, en la calle Garibay. Pero es que en lo de Arnoldo lo que molaban eran los cucuruchos y en California las copas, la de Macedonia, la Melba o el Banana Split eran absolutamente deliciosas, no sé si comérselas o ver cómo las preparaban. Más adelante, un poco más joven, en COU, es decir, 1983, probé por primera vez las patatas bravas con Tabasco y el padre de Nicolás Gabarain, Ramón, hijo de Ventura, se tomó un Negroni, que es el trago que me pido cuando me pongo nostálgico de SS: Una media combinación (martini+ginebra seca con Negroni). Es amargo pero le va al Tabasco de las bravas como Dios. Doy gracias a los Gabarain por estas cosas.

De repente, como un dulce beso del Sur que se despide, California desapareció. Y nos hicimos tan mayores.

Hasta el otro día. Agosto. Un día de estos, quizá el 26, que sabes que todo cambiará y necesitas agarrarte a un fleco, un destello por favor.

Y ahí estaba, esa noche oscura de domingo, lloviznando, sobre el Aquarium de Donosti, completamente iluminado el local-fashion que se llama Bokado, la vitrina. Lloré. El niño que todavía llevo y ahora me hace sabio se emocionó. Y yo con él. Hay presente y futuro si has vivido. Si vives y estás vivo.

No es mala la lección: El que recuerda, encuentra.

Este Irutxulo de película con el que hoy nos topamos transita entre el Surf-Gros y una California-La Concha de buenas maneras hasta llegar ahora, a Ondarreta-Hollywood. Aquí aparece la Sirena de Hollywood con su marido, Esther Williams y Fernando Lamas.

La fotografía la he tomado de otra interesante página en Facebook que os va a encantar. Se llama San Sebastián desaparecida y tiene un éxito furibundo.


¿Por qué es importante esta fotografía? Es de 1961, cuatro años antes de que naciera. Pero ahí detrás, la tercera por la izquierda, con un bañador con bandas horizontales blancas, aparece Mayte Larzabal.

Sí. Es mi madre.

Mi estrella.

A su derecha, mi tía Marga.

La estrella Ciriquiain.

CRÉDITOS
-De la foto  de la cafetería California y de la de Esther Williams en Ondarreta, Kutxateka, como bien me piden en los comentarios.
-La de la vieja playa de Gros la he sacado de Google Images y aparece en decenas de sitios y no encuentro la fuente original. Si alguien la tiene, que me lo haga saber, por favor. En cualquier caso, el proyecto creado para contar la historia del Surf en Donosti la recoge.
-La foto del restaurante Bokado es de su página web
-La foto de mi hijo Andrés surfeando en la Zurriola es de Santi Sevilla 

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Sweet Jane en el Velódromo de Anoeta
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Javier F. Barrera | 28-10-2013 | 14:44| 1

Corríamos Corríamos. Corríamos. Y seguíamos corriendo. Era pleno invierno, tal que un 9 de diciembre y hacía frío. Mucho frío porque además ya había anochecido. Estábamos en el Alboka, en la calle Easo. La discusión era de tal cariz.

-¿A qué hora empieza Lou Reed?
-A las ocho
-Pero primero habrá telonero
-En la entrada no pone que hay telonero, así que será a las ocho en punto.
-Nipadios. Lou Reed llevará telonero, comotododios
-Pues en la entrada no pone nada
-Pues saca dos en tres (dos Keler en tres, que es como se pedían birras en Donosti. Más o menos era así cuando no había keler txiki: Una en dos, dos en tres, dos en cuatro, tres en cinco, tres en seis, cuatro en siete, cuatro en ocho y si la cosa ya se iba de madre, pues cinco en ocho y jajajajajajaja qué bien nos lo pasábamos).
Juanito terció con su proverbial sentido común
-Qué más da que haya o deje de haber telonero. Nos vamos pa Amara y ya está.
-Vale, dijo uno, pero antes otras dos en tres, que Paúl ha dicho que viene y no ha ‘bajado’ todavía…

Por eso corríamos. Como alma que lleva el diablo mientras cruzábamos las líneas del topo que señalaban el fin de Amara y el comienzo de la ciudad deportiva de Anoeta, con su campo de rugby, su piscina, su albergue, sus frontones y el Velódromo, Meca Rock de nuestra juventud.

Corríamos hacia el Velódromo y, ¡hostias! Lo que sonaba era Sweet Jane! En un diciembre de 1984 sonaban los acordes míticos de Sweeet Jane, solo comparables a los de Richie Blackmore cuando atacó en 1981 con Rainbow el Smoke on the Water de los Purple, Deep Purple,; o cuando en 1982 Angus Young, pasada ya la medianoche, arrancaba el Whole Lotta Rosie ante una masa eléctrica que se citaba con la historia, con su vida.

Logramos entrar por la puerta del Velódromo y cruzamos las galerías a toda velocidad para salir a las pistas y escuchar los acordes finales de Sweet Jane y, allá, en el escenario, sobre él, poderoso, gordito y con barriga, vivo, completamente vivo, estaba el bueno de Lou Reed.

Entonces, nos paramos.

Así era Lou Reed, el tipo que lograba que te detuvieras, el que mandaba en el Lado Salvaje, el que te hacía escuchar, el que te hacía leer, el que escribía cosas que a mí me sonaban como ‘Yo soy tu espejo, soy tu reflejo porque tú llevas mi alma dentro. Es lo que entiendo. Y mi corazón”. El tipo salvaje y duro que amaba la poesía. Era el epicentro de la ortodoxia punk. El comienzo del viaje.

IMPRESCINDIBLE
Cinco canciones para descubrir, recordar o despedir a Lou Reed,’ por Marta Peirano, @minipetite (Y no, no está Sweet Jane)

MÁS INFORMACIÓN
*Lee la crónica del concierto en El País: ‘La noche de los corazones legendarios’: “El velódromo de Anoeta registraba una asistencia de cerca de 10.000 personas, donostiarras en su mayoría, aunque varios contingentes de rockeros se habían desplazado desde diferentes puntos de España para asistir al concierto. En el escenario, una estructura de metal, un poderoso juego de luces y los instrumentos a los que habían de incorporarse Leonard Ferraro, batería, Fernando Saunders, bajista, Peter Wood, teclista, Robert Quine, guitarra, y Lou Reed, guitarra y voz solista.A las 20.20 la banda irrumpió en el escenario a los acordes del tradicional Sweet Jane. A partir de ese momento la magia, ausente en la mayor parte de los conciertos de los últimos tiempos, hizo una imparable y duradera aparición. Lou Reed lo vio claro y comenzó a desgranar el rosario de sus músicas con un afable comentario antes de cada canción” (Sigue leyendo).

*Una foto de Lou Reed sobre el escenario del Velódromo de Anoeta el 9 de diciembre de 1984, del gran Jesús Uriarte

*En ABC: Lou Reed culmina con éxito en Barcelona su gira española (pdf)

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La Txiribuelta mágica y la Real en Technicolor
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Javier F. Barrera | 28-08-2013 | 11:20| 0

Tres décadas separan estas dos fotos, estos dos golazos.

En el caso del primero, el de Zamora en Gijón frente al Sporting que valió la primera Liga de la Real y abrió el periodo mágico de la década de los ochenta, en el que se terminó de forjar un sentimiento que une a Gipuzkoa entera en la familia txuri urdin, pase lo que pase. Adoro esta fotografía y este recuerdo. Se ve a Zamora con toda la potencia y flexión de su cuerpo en la zancada con la que nacerá la carrera con que se celebra el gol, la Liga, el sueño. Es un instante dorado.

En el caso del segundo un Griezmann plateado y acróbata encaja el balón en la escuadra del Olympique de Lyon en una txiribuelta mágica que convierte nuestros recuerdos de la Real en blanco y negro en el más potente technicolor. Esta jugada se repetirá de memoria por los siglos de los siglos en el cauce del Urumea: Zurutuza a Vela, que levanta la cabeza y centra a Griezmann, que se retrasa y ¡catapum!, txiribuelta y a la escuadra. El Gol de la Champions con aquel otro de Zidane, que ya es decir.

Hoy, durante todo el día, aquí en Gipuzkoa y en Donosti, no se habla de otra cosa. Del pase a la cumbre de la Champions si mantenemos la puerta a cero. Pedro Gabilondo deja en Twitter y Facebook un buen apunte:

Y el periodista Ander Izaguirre, autor del magnífico y recomendable reportaje editado en los Libros del KO como ‘Mi abuela y diez más’, explica que “El Madrid nunca tendrá el gol de Zamora“.

Y añado que tampoco el de Griezmann.

Lo que no sé yo, tras escuchar todos los runrunes posibles durante esta última semana, es si la Real tendrá a Griezmann a partir de esta noche. Huele a Spurs por todas partes.

Pero, pase lo que pase, como dice Chema Castro, de La Espiga, no pasa nada: “Somos de la Real”. Sin remedio. ¿De qué otro equipo vas a ser?

 

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La Alhambra contra la Concha
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Javier F. Barrera | 13-05-2013 | 09:09| 2

Pues sí, ha llegado la hora y hoy lunes hay partido de la Real contra el Granada en Anoeta. Los dos equipos se la juegan y necesitan los puntos más que una cicatriz abierta por la mitad. Unos por arriba y otros por abajo.

Así que escribiré sobre el partido y me inventaré que es el más bello del mundo. 
No es el clásico que enfrenta al Madrid y al Barça, no es el sevillano de gallitos de pelea, no es el vasco hermanados o deshermanados según la temporada y no es un Flu-Fla a ritmo de samba (Fluminense.Flamingo)
No son las orillas inflamadas del Mersey para la épica del Everton ante The Kop cantando You´ll never walk alone, no es Glasgow y el derbi más antiguo del mundo entre el Celtic contra el Rangers ni un Inter-Juve o un Boca.River.
No hace falta
Es el partido de las dos ciudades más bellas del mundo, la de la Alhambra y su Paseo de los Tristes y la de la Bahía y su Paseo de la Concha, la ciudad de las tapas gratis y abundantes contra la de los pintxos caros y exquisitos.
Es el partido del sol de cada mañana contra el xirimiri nuestro de cada día, es el derbi del Cantábrico contra el de Sierra Nevada, es el de la ciudad afrancesada contra la ciuda nazarí, es el San Sebastián de la Belle Epoque de Victoria Eugenia y María Cristina contra la Granada imperial de los Reyes Católicos.
Es el partido del equipo de mi madre contra el equipo de mi hijo. Son mis dos ciudades y dios mío…quiero que ganen los dos.
CRÉDITOS
-La foto de Granada es del Facebook de Francisco Burgos Aviles
-La foto de Donosti es del Facebook de un fotógrafo excelente, Dabid Argindar. Es el Tenis.
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The Swinging Real: Esnaola, Gaztelu, Mendiluce, Martínez, Urresti, Ormaetxea, Gorriti, Boronat, Araquistain…
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Javier F. Barrera | 11-05-2013 | 20:25| 5

Fue la primera alineación que me metí en la cocorota gracias a mi abuelo Juan Larzabal, que tenía un palco en Atotxa, a los cromos de fútbol y a un balón de plástico que tenía la abuela Pepa con retratos en blanco y negro de estos jugadores.

Eran algo así como The Swinging Real: Esnaola, Gaztelu, Mendiluce, Martínez, Urresti, Ormaetxea, Gorriti, Boronat, Araquistain… No había lugar para una brizna siquiera de punk. En esa Real en blanco y negro latía con fuerza el mejor equipo de nuestra historia.

Los partidazos que nos cascábamos mi primo Mikel y yo en el pasillo de la calle Garibay, donde también tenían la tienda del Negrito Panchito, entonces llamada Casa Paulista;  y que ahora los otros primos Larzabal tienen en la esquina de la Plaza de Gipuzkoa. Por cierto, pasaros por ella, que es preciosa y venden con calidad y una sonrisa (la familia es la familia).

Este post viene a propósito del partidazo que juegan la Real y el Granada este lunes, y que me pilla más con el pie cambiado que con el corazón partido.

Me he puesto a investigar y he encontrado dos partidos de aquella época. Aquí, en Donostistorias, os contaré que el Granada – Real se jugó en Granada, en el estadio de Los Cármenes, un 11 de enero de 1970.  Ganó la Real a domicilio.

¿Quereis saber por cuánto? ¿Y la alineación?

Es más,  ¿os atreveis a decirme el nombre de los jugadores de la Real que saltaron al campo del estadio  Los Cármenes de Granada aquella tarde de 1970?

Os he buscado un cromo de la época para que os sirva de pista.

 

MÁS INFORMACIÓN
-El que quiera saber el resultado del partido y la alineación, la encuentra aquí
-En el blog que tengo en el diario Ideal de Granada, reflejaré otro partido, donde gana el Granada.
-El lunes publicaré una segunda entrega de este encuentro, que he bautizado #elpartidomasbello El que enfrenta a Granada con San Sebastián, las dos ciudades más bonitas del mundo.

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El sueño de la Real Sociedad que despierta
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Javier F. Barrera | 28-04-2013 | 11:28| 1

El Diario Vasco recoge hoy en la portada El Sueño de la Champions. Maravilllosa portada de belleza sorprendente, serena, elegante. Un 10.

No es solo la Champions. Es el sueño de una ciudad y de Gipuzkoa. El sueño de un equipo y de su afición.

Mientras el vecino anda construyendo el estadio más grande de Segunda División, aquí en silencio tejemos el mejor equipo de Europa desde la cantera, la prodigiosa cantera en la que se forjó el mejor equipo del mundo.

Por cierto, fíjense en el vídeo adónde se van los jugadores de la Real Sociedad, con Zamora a la cabeza, a celebrar el gol que vale una Liga. Todo un detalle, un síntoma, un ejemplo de comunión (Minuto 7).

Es también el sueño de una generación que apenas nacer quedó embriagada por un gol de Zamora del que ahora se ha celebrado (fue un 26 de abril) su aniversario.

Y es precisamente esta generación en la que se han forjado dos periodistas extraordinariosAnder Izagirre y Mikel Ayestaran, free lances que cabalgan el mundo de reportaje en reportaje, de guerra en guerra, de conflicto en conflicto, y que sin embargo han tenido tiempo para certificar su pasión txuri urdin.

Ander Izagirre ha presentado esta misma semana su libro ‘Mi abuela y diez más’ (Te lo compras aquí) y Mikel Ayestarán le ha devuelto el favor con una crítica en su blog larga, corajuda y documentada.

En este libro de Ander Izagirre y en la crítica de Mikel Ayestaran se explica el sueño de la Real, del equipo y de la afición, de la ciudad y de Gipuzkoa que tan bien encarna mi ama, Mayte Larzabal, con este diálogo que protagonizamos hace ya un par de décadas:

-Ama…
-Qué…
-A ti no te gusta el fútbol, ¿Verdad?
-Nada. Absolutamente nada
-¿Pero quién va a ganar la Liga?
-La Real

Pues eso.
Exactamente eso.

PD
Solo Izaskun puede hacerme llorar. Y lo ha hecho regalándome el libro de Ander. Gracias

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