Pues sí, ha llegado la hora y hoy lunes hay partido de la Real contra el Granada en Anoeta. Los dos equipos se la juegan y necesitan los puntos más que una cicatriz abierta por la mitad. Unos por arriba y otros por abajo.
-La foto de Granada es del Facebook de Francisco Burgos Aviles
The Swinging Real: Esnaola, Gaztelu, Mendiluce, Martínez, Urresti, Ormaetxea, Gorriti, Boronat, Araquistain…
Fue la primera alineación que me metí en la cocorota gracias a mi abuelo Juan Larzabal, que tenía un palco en Atotxa, a los cromos de fútbol y a un balón de plástico que tenía la abuela Pepa con retratos en blanco y negro de estos jugadores.
Eran algo así como The Swinging Real: Esnaola, Gaztelu, Mendiluce, Martínez, Urresti, Ormaetxea, Gorriti, Boronat, Araquistain… No había lugar para una brizna siquiera de punk. En esa Real en blanco y negro latía con fuerza el mejor equipo de nuestra historia.
Los partidazos que nos cascábamos mi primo Mikel y yo en el pasillo de la calle Garibay, donde también tenían la tienda del Negrito Panchito, entonces llamada Casa Paulista; y que ahora los otros primos Larzabal tienen en la esquina de la Plaza de Gipuzkoa. Por cierto, pasaros por ella, que es preciosa y venden con calidad y una sonrisa (la familia es la familia).
Este post viene a propósito del partidazo que juegan la Real y el Granada este lunes, y que me pilla más con el pie cambiado que con el corazón partido.
Me he puesto a investigar y he encontrado dos partidos de aquella época. Aquí, en Donostistorias, os contaré que el Granada – Real se jugó en Granada, en el estadio de Los Cármenes, un 11 de enero de 1970. Ganó la Real a domicilio.
¿Quereis saber por cuánto? ¿Y la alineación?
Es más, ¿os atreveis a decirme el nombre de los jugadores de la Real que saltaron al campo del estadio Los Cármenes de Granada aquella tarde de 1970?
Os he buscado un cromo de la época para que os sirva de pista.
MÁS INFORMACIÓN
-El que quiera saber el resultado del partido y la alineación, la encuentra aquí
-En el blog que tengo en el diario Ideal de Granada, reflejaré otro partido, donde gana el Granada.
-El lunes publicaré una segunda entrega de este encuentro, que he bautizado #elpartidomasbello El que enfrenta a Granada con San Sebastián, las dos ciudades más bonitas del mundo.
El Diario Vasco recoge hoy en la portada El Sueño de la Champions. Maravilllosa portada de belleza sorprendente, serena, elegante. Un 10.
No es solo la Champions. Es el sueño de una ciudad y de Gipuzkoa. El sueño de un equipo y de su afición.
Mientras el vecino anda construyendo el estadio más grande de Segunda División, aquí en silencio tejemos el mejor equipo de Europa desde la cantera, la prodigiosa cantera en la que se forjó el mejor equipo del mundo.
Por cierto, fíjense en el vídeo adónde se van los jugadores de la Real Sociedad, con Zamora a la cabeza, a celebrar el gol que vale una Liga. Todo un detalle, un síntoma, un ejemplo de comunión (Minuto 7).
Es también el sueño de una generación que apenas nacer quedó embriagada por un gol de Zamora del que ahora se ha celebrado (fue un 26 de abril) su aniversario.
Y es precisamente esta generación en la que se han forjado dos periodistas extraordinarios, Ander Izagirre y Mikel Ayestaran, free lances que cabalgan el mundo de reportaje en reportaje, de guerra en guerra, de conflicto en conflicto, y que sin embargo han tenido tiempo para certificar su pasión txuri urdin.
Ander Izagirre ha presentado esta misma semana su libro ‘Mi abuela y diez más’ (Te lo compras aquí) y Mikel Ayestarán le ha devuelto el favor con una crítica en su blog larga, corajuda y documentada.
En este libro de Ander Izagirre y en la crítica de Mikel Ayestaran se explica el sueño de la Real, del equipo y de la afición, de la ciudad y de Gipuzkoa que tan bien encarna mi ama, Mayte Larzabal, con este diálogo que protagonizamos hace ya un par de décadas:
-Ama…
-Qué…
-A ti no te gusta el fútbol, ¿Verdad?
-Nada. Absolutamente nada
-¿Pero quién va a ganar la Liga?
-La Real
Pues eso.
Exactamente eso.
PD
Solo Izaskun puede hacerme llorar. Y lo ha hecho regalándome el libro de Ander. Gracias
Hace un par de meses leí que le habían cambiado el nombre a la Consti. Todo volvió a su sitio en poco tiempo, pero la ocasión me permitió rememorar lo que esta plaza supone para mí y para cualquier donostiarra. He abierto mi corazón para escribir este artículo. Me ha costado mucho, pero cuando he terminado, me he sentido mejor.
-La Consti y la madurez
Gin Tonics en Aixepe, nuestra sociedad en Loviejo. La antigua casas holandesa. Alegría que se desborda. Es la Arriada de 2012, con mis amigos y mi familia. Madurez y diversión. La mitad de mi vida y sonrisas. Sin complejos. Disfrutando y sabiendo disfrutar. Brindé por mi amigo que ya no está. La última vez que nos vimos filosofamos en la Consti. Yo le anuncié que me iba a casar. No sé por qué, fue una despedida. Su hija había convertido la Consti en el patio de su casa, donde jugaba a diario. Era la Consti del futuro que había llegado ya, limpio. Y con una enorme sonrisa que escondía un largo adiós de tristeza en las olas de la Concha, abajo; y arriba, en todas las montañas que subimos juntos, que eran sueños, me dijo que creía que podía volar.
4.-La Consti y la Universidad
La Consti era la Librería Lagun. Poesía y Filosofía, Ensayo y Teatro, Sociología e Historia. Lagun tenía un escaparate tan apetitoso como la barra del Ambrosio, que estaba y sigue estando más o menos enfrente. Para mí, para nosotros, los chavales que aquí habíamos crecido y ahora estábamos en la Universidad era, cada viernes, como un rito. Pillábamos en Lejona-Leioa el bus de vuelta y, por la tarde, nos íbamos a Lagun a mirar libros y a comprar algún tocho que ahora no me leería ni muerto. Luego, nos ibamos de potes. Todavía recuerdo el olor de la librería y cómo huele un libro nuevo cuando lo abres. La vida y el mundo nos esperaban.
3-La adolescencia y las chinchetas
Esta parte de la historia es terrible. La cuenta mi primo, Mikel Díaz Larzabal. Hay que evitar el deja vu, pero hay que tratar de recordar una parte de la historia que muchos no conocen. Se lo quiero dedicar a aquellas tardes de funerales en Santa María, lloviendo y gris. Y a aquella chincheta. Y a Ángel y Silvia, que me apodaron Javito. Esta es la parte punk que gracias a dios nos dejamos por el camino.
El texto se titula ‘Viva la pena’, y sus párrafos dicen cosas así: “En la plaza de la Constitución nació mi abuelo, Juan Larzabal. La Consti, como la llamábamos nosotros, está situada en el centro de la Parte Vieja de San Sebastián. En esa plaza pasé la mayor parte de mi infancia, mi adolescencia y mi juventud”. “De 1978 a 1983 en la plaza de la Constitución se consumió y se traficó con droga de un modo abierto y desmesurado, alarmante, brutal”. “Al echar una mirada atrás no necesito hacer ninguna operación matemática para saber que más de la mitad de mis amigos están muertos, encerrados en un psiquiátrico, deambulando por las calles de alguna ciudad o vegetando en casa de su familia”.
2-La infancia y los tebeos
La Biblioteca de la Consti guardaba en la buhardilla uno de los secretos mejor guardados de Donosti: la biblioteca infantil, soleada y con terraza, con todas las colecciones de Asterix, Zipi y Zape y Tintín…. Siempre me perdía entre esos tebeos que ahora me permiten ser niño cuando soy hombre.
Recuerdo las horas muertas de las tardes de verano leyendo las aventuras del Marsupilami, tras subir por aquellas escaleras como con alfombras rojas y, después, hasta la ganbara, por unas de madera desastradas que, al final, arriba, ofrecían la mejor recompensa que un niño ávido de aventuras podía tener: todos los tebeos del mundo a su disposición y todo el tiempo para disfrutar de ellos. Me pregunto que habrá sido de aquella biblioteca, de aquella sala donde aprendí a soñar.
1-Nacimiento: Virutas
Mi tío-abuelo, Recarte, en la carpintería de la Consti, trabajando la madera. Tengo ese olor en mi nariz desde toda la vida. Y cómo el cepillo rascaba la madera hasta dejarla lista mientras el suelo se quedaba cubierto por las virutas que luego, con jolgorio, recogíamos todos los primos con nuestras pequeñas manos y depositábamos en un gran saco. La carpintería en penumbra, el orgullo de que tu apellido esté escrito en la Consti. Y sobre todas las cosas, habérsela enseñado a mi hijo.
Espero que os haya gustado. O no. Nunca se sabe. Pero me vais a permitir que os pregunte por vuestros recuerdos de la Consti. Y gracias.
CRÉDITOS
Los dibujos los he ido escogiendo de Google Images. Gracias.
No es precisamente un rolling stone del Periodismo porque tiene pintas de que en sus años mozos todas las mamis de los setentas y ochentas hubieran suspirado por casarle con sus hijas y vete a saber tú que más.
Él es Sexi Gabilondo. Qui-lo-sá. Es un Beatle de la radio y un as de la moralidad, fiel de la justicia que sabe levantar la voz. La Voz. El Sinatra español sin cantar, sin hit parade y sin top ten, pero con micro.
Ahí lo tenía, justo enfrente, sentadico en un mullido sillón dispuesto ante la audiencia. Trajeado pero informal. Chaqueta grises claro y quizá medio jaspeada. Camisa oscura-azulona que contrastaba con elegancia. Los donostiarras, en público, siempre debemos llevar algo txuri o algo urdin visible. Que se note.
Me surgió la duda entonces pues.
-Pregunta: ¿Cómo descubrir al donostiarra en una entrevista en público el día que se clausura el Congreso de Periodismo más importante en castellano?
-Respuesta: Escuchando la intervención de Iñaki en Huesca, la pasada semana.
Veamos.
-Pista número 1
Somos pijo-ñoñostiarrras, pero nos encanta
Los donostiarras con pareja tenemos un cuarto de baño para cada uno. Estoy de acuerdo con Gabilondo #congresohuesca
Pista número 2
Soltamos nuestras palabras como si nos fueran a entender
“Txirristra”, esa palabra que ha usado Iñaki, significa “tobogán” #CongresoHuesca
Pista número 3
Siempre leemos El Diario Vasco
Le pregunté a Ignacio Escolar y a Iñaki Gabilondo por su dieta informativa, por su desayuno informativo diario. Iñaki me respondió: ”(…) Leo veinte minutos. Pongo la radio. Repaso todas las portadas de Europa y Estados Unidos. Leo El País. Leo El Mundo. Leo La Vanguardia. Leo El Periódico y leo El Diario Vasco (..)”.
Esto es la anécdota. Las anécdotas. Lo importante es el fulgor. Entresaco de esta entrevista tres conceptos de los que ayudan a comprender el mundo que nos rodea y se desmorona.
CONCEPTO 1
“El Periodismo no está en peligro en absoluto” Sí lo está su “motor intelectual” Gabilondo en #congresohuesca
CONCEPTO 2
-”Los periodistas nos hemos alejado de la gente, como los políticos”
CONCEPTO 3
-”El mayor enemigo de la libertad de expresión es el paro”
Ahí estaban: Iñaki & Ignacio, Gabilondo & Escolar, el beatle y el punk del Periodismo que defienden el compromiso ético y el motor intelectual, lo que les hace peligrosos y buenos periodistas.
Mientras todo esto ocurría ante mis ojos, agazapado en mi butaca como espectador, con mi Mac en las rodillas, tecleando y tuiteando sin parar, apareció mi primer redactor jefe en el Facebook, el periodista que me lo enseñó todo en aquel verano de 1989 y que cuando me despedí para venir a trabajar a Granada, me sonrió bajo su bigote, me ofreció su mano para estrecharla y me dio el mejor consejo que el maestro da al pequeño saltamontes el día que hace hale hop: “Aprende”.
Y, 25 años después, estábamos en el Congreso Nacional de Periodismo Digital de Huesca, aprendiendo Periodismo, que en nuestra parla de los reporteros también se dice ‘gabilonding’, que se conjuga ‘iñakigabilonding’ o ‘pedrogabilonding’. Pedro. Gracias.
CRÉDITOS
-De las fotografías, vía el Flickr oficial del Congreso de Periodismo de Huesca
-Del vídeo: Ágora News (Doce partes)
MÁS INFORMACIÓN
-Por si os interesa lo que sucedió en Huesca
-La entrevista completa de Ignacio Escolar a Iñaki Gabilondo
Adoro el cine.
Supongo que el Zinemaldia tiene mucho que ver .
Esta historia la he adaptado de otra que ya escribí y tiene que ver con el cine y con la gastronomía, dos de las señas de identidad de Donosti que tanto nos gusta y que tan dentro llevamos todos. De los sabores dulces que moldearon nuestra infancia, de los escaparates y de la ilusión.
Luego nos haríamos punkarras, pijos, surfers y hasta universitarios. Nos perderíamos en Etxe Kalte y fumáríamos en la Maruja, pero eso lo escribiré en mi próximo post, dentro de dos semanas.
Que os guste
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Clemenza empuja con sus manos las albóndigas y las salchichas. Sus favoritas. Luego baila por la cocina sus más de cien kilos hasta encontrar una diminuta, entre sus manazas de carnicero, de asesino carnicero, botella con vino que vierte con extrema dulzura y satisfacción sobre la farsa que se sofríe con el tomate y la sal y las verduras.
El truco, le dice a un jovencísimo Al Pacino que interpreta a Michael Corleone en la excelsa trilogía de ‘El Padrino’, es añadirle azúcar. «No se sabe bien cuándo te tocará cocinar para los chicos», le brinda la secreta receta de la salsa justo antes de prepararle la pistola, con el gatillo amartillado y endurecido para no fallar, con la que cometerá su ‘vendetta’ y asesinará a un capitán irlandés de la policía de Nueva York, que odia por igual a italianos y judíos, y al malvado Sollozzo.
La única duda es si es más importante la receta de la pasta favorita de Clemenza, lugarteniente junto a Tessio de Marlon Brando, El Padrino Corleone, o los trucos para manejar el arma asesina.
Son las cosas de las familias, de ‘la famiglia’ en italiano, a la que une la sangre, el roce, la carne, la pasta y las pistolas, según cada caso.
No es el mío, desde luego, gracias a Dios. Pero huelo que se acerca esta Semana Santa y me acuerdo de la mía, de la que veré y de la que ya nunca veré. La que forman los que se fueron. Y de los pocos flecos que quedan que me unen a ellos, más allá de los recuerdos y la memoria helada de la muerte.
Entonces aparece nítida la figura de mi bisabuela Alejandra Arrate, que es quien sembró en mí el deleite por la cocina. La bisa Ale, como la llamábamos, era la madre de mi abuela Pepa, la de la mítica tienda de café de la calle Garibay. Sí, la del Negrito, que ahora tienen mis primos Larzabal en la esquina de la plaza de Gipuzkoa.
Mi abuela Ale, entonces, solía llamar por teléfono a Casa Otaegui, al final de la calle Garibay, junto a la avenida, y encargaba por teléfono una seta de chantillí. Era, y es, una exquisita madalena vaciada, rellena con la dulce crema y coronada con el trocito de madalena recortada a modo de sombrero. Pedía dos y Casa Otaegui le enviaba a una dependienta, las recuerdo como con delantal blanco y vestido negro, que portaba la bandejita de cartón blanco con las dos setas de chantillí en un paquete envuelto en el papel de la casa y atado con un cordel.
Pasábamos los bisnietos una vergüenza horrible, porque nos parecía demasiado. Supongo que era el final de alguna época, una especie de lujo asiático a la donostiarra.
Los tiempos fueron cambiando pero Casa Otaegui no solo sigue, sino que ha abierto una tienda hace ya un par de añitos junto a Don Serapio, en Sancho el Sabio, junto a la casa de mi madre.
Ahí compro ahora mis setas de chantillí, mis rusos, que eran los pasteles favoritos de mi aita, y las pantxinetas, que adoro, siempre y cuando se sirva fría. Pierde toda la gracia si está caliente, aunque supongo que todo esto dará para una discusión de las buenas.
Tengo muchos más recuerdos de la infancia, dulces recuerdos de pasteles y escaparates, de los que hoy comparto un par más.
El primero es cuando me mandaban a recoger el paquetito de huevo hilado a Maíz, La Dulce Alianza, en la calle Urbieta con San Marcial. Aunque era un niño, me parecía que entraba en el siglo pasado, en el XIX , cada vez que entraba en aquella impresionante tienda y salón de té, chocolate y café. Recuerdo tres cosas, que había un cartel en la caja que decía que estaban prohibidas las propinas, lo que significaba que el establecimiento era de clase superior no, lo siguiente. Que en esa misma mesita con la caja, junto al cartel, vendían los emparedados vegetales, envueltos en papel transparente. Que las mesas eran de espejo y que una vez conseguí que mi abuela Pepa me invitara a merendar un bolado.
He encontrado una dirección web con la historia de Maíz que tiene además muchas fotos.
El segundo recuerdo es cuando mi abuela me recordaba, cada vez que pasábamos por Los Italianos de Garibay y le insistía con que me comprara uno, y alguno cayó, que en sus tiempos de niña, “en San Sebastián había dos tipos de niños, los que comían helados y los que mirábamos como los otros niños se los comían”. Yo pensaba que aquella infancia sí que tenía que ser dura.
El tercero es de cuando entraba en la cocina de mi abuela Ale y me pasaba horas viendo como hacía croquetas de merluza, y moka de postre. Unas recetas que no sé si se habrán perdido. Tengo que preguntar.
El último recuerdo ha surgido gracias a una conversación en Twitter con Aingeru Mungía, amigo de la infancia y vecino en el Paseo de Vizcaya, que antes se llamaba Juan de Olazabal.
En efecto, era todo un mundo, como este de escaparates, bolados, panchinetas y huevo hilado que sigue vivo en nuestros recuerdos. Y aprovecho para preguntarte:
¿Cuáles son tus dulces recuerdos de tu infancia? ¿Tu helado favorito en Donosti? ¿Tu postre favorito de la ama o de la abuela? ¿Cuál es tu pastel o tu bollo que te vuelve loco?
Y más difícil todavía, ¿Cuál es o ha sido y será la mejor pastelería de Donosti?
En Twitter #DulceDonosti
Suena el teléfono. Reconozco la voz a la primera. Es el jefe de Redacción de El Diario Vasco, mi compañero de promoción del Periodismo en la UPV/EHU, Antxon Blanco. Me pide un artículo sobre la Tamborrada. Me emociono y le respondo: “Será un honor”. Este año me pierdo el Día de San Sebastián, pero esta columna me sirve de metadona rataplanera. Gracias a DV.
On the road (Donostistorias)
“Recuerdo que un amigo mío me contó una vez que ligó el Día de San Sebastián”. “Pues mi primera farra, el primer día que los aitas me dejaron salir, fue en segundo de BUP por la Víspera de San Sebastián”. “No pasará un día sin que me acuerde de Donosti el día 20”. Así se escriben nuestras Donostistorias y así las recordamos los que ya no vivimos en San Sebastián.
Pocas cosas hay más bonitas en esta vida que vivir fuera y volver a Donosti la Víspera de San Sebastián. En mi caso, así ha sido prácticamente desde siempre. Desde que en 1984 dejé la ciudad de mis amores para ir a la Universidad en Navarra primero y a Bilbao después y, tras graduarme en la UPV/EHU, recalar en Granada. Hasta hoy. Txikita cosa.
En el camino, son casi treinta años de aventuras y anécdotas por hacer lo imposible para recorrer el cerca de millar de kilómetros que separan Granada de San Sebastián, Elvira de Easo.
Son historias de abrazos, lágrimas, largas llamadas telefónicas entre tambores, la radio a medianoche, internet como salvación, huidas a medianoche, escuchar la Izada en Despeñaperros y llegar a Loviejo para desayunar a primera hora el mismo 20, parar en un hotelako en Madrid para tomar fuerzas y quedarse dormido y maldecir al despertar por tener que darte la vuelta hacia el Sur.
Estar en la Redacción en Ideal de Granada escribiendo sobre un triste crimen. Buscar ese bar del barrio del Realejo de Granada, la antigua judería, que se llama Candela y atiende un antiguotarra surfero llamado Mikel, y desgranar los mejores amoríos surgidos al calor de la Consti.
El recuerdo de Martín, aquel gigantón que conducía ‘La Zanahoria’, el autobús gigante que nos llevaba a los del baby boom a Marianistas y que se encargaba de organizar la Tamborrada de los de Aldapeta, ahora Summa. El Alboka en los ochenta, justo al comienzo de esa misma cuesta, como primer refugio rock and roll con unos botellines de cerveza El León. La noche que me dio un beso Jayone y el día que bailé maravillosamente con Babro.
El ADN con la letra d de donostiarra que se transmite Tamborrada a Tamborrada y un “Donosti bat da zeruan” que mi Andrés canta a las mil maravillas con un ligero acentro granaíno y que con ocho años ya tiene un par de Donostistorias que contar.
Por ejemplo, esta misma mañana, que me ha dicho:
-“¿Qué pasaría si aparece un tsunami?”
-Pues que los que estén al lado dirán “maremoto, maremoto”, Y nosotros diremos “Txanpa… Txanpaaaa”….


















