Diario Vasco
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Autor: aminondo
El Gangnam Style y la globalización
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Asier Minondo | 04-03-2014 | 7:12| 0

El pasado año el Gangnam Style hizo furor en todo el mundo. El vídeo en YouTube ya ha superado las 1.900.000.000 visitas, y se ha convertido en el video más visto hasta la fecha. Además del video oficial, hay innumerables versiones de esta canción con coreografía incluida. Hasta Pocoyo y Bob Esponja no pudieron resistirse al huracán Gangnam e hicieron sus propias adaptaciones de la canción.

El éxito del Gangnam Style parece reflejar la enorme fuerza que tiene la globalización. Que un señor surcoreano, cantando en una lengua de la que la mayoría de los mortales no entendemos ni papas, y con un baile complicado triunfe en todo el mundo nos confirma que las nuevas tecnologías permiten que hasta la cosa más peregrina, siempre que sea digital, llega a todas partes; parece confirmar también que, cada vez, todos nos parecemos más, ya que millones de personas hemos acabado bailando, con mayor o menor fortuna, todo o partes del Gangnam Style.

Sin embargo, ¿es cierto que la globalización está logrando que todos los consumidores tengamos los mismos gustos y, por tanto, demandemos los mismos productos y servicios? Para responder esta pregunta, los profesores Keith Head y Thierry Mayer, hicieron un interesante estudio para Francia. Estos profesores analizaron las diferencias en el porcentaje del gasto que las familias dedican a la compra de mantequilla y a la compra de aceite de oliva entre las regiones francesas. Observaron que las familias de las regiones del noroeste de Francia, como Normandía y Bretaña, son las que dedican el mayor porcentaje del presupuesto a la compra de mantequilla, mientras que las familias de las regiones del Mediterráneo son las que dedican la mayor parte de su presupuesto a la compra de aceite de oliva. Estas diferencias en el porcentaje de gasto no se pueden explicar por las diferencias de precios entre regiones: una barra de mantequilla y un litro de aceite cuestan casi lo mismo en Rennes y en Marsella; se explican por las diferencias de gustos de las familias.

Pero, ¿por qué existen estas diferencias en gustos? La explicación hay que buscarla en la historia, y en las condiciones climáticas de cada región. La región del Mediterráneo tiene un clima y una tierra mucho más propicia para el cultivo del olivar, lo que permite que este producto sea abundante en esta región y, por ello, se utilice de forma asidua en sus platos. La cultura culinaria hace que la preferencia por los platos que incorporan el aceite se transmita a través de la familia y el entorno más cercano y, así, perdure en el tiempo. En las regiones del noreste de Francia, por el contrario, las condiciones climáticas no son propicias para el cultivo del olivar y, hasta fechas recientes, transportar el aceite de otras regiones era caro. Por ello, esta región de Francia utilizaba la grasa que era más barata y abundante en su región: la mantequilla. Así, su gastronomía incorpora de forma más asidua la mantequilla y, debido a la cultura, la preferencia por estos platos ha perdurado en el tiempo.

Este ejemplo pone de manifiesto que incluso dentro de un país existen notables diferencias de gustos entre regiones. Por tanto, es lógico esperar que las diferencias entre países sean todavía mayores. Por ejemplo, a pesar de la globalización, y de éxitos como el Gangnam Style, no se ha reducido el “consumo” de canciones de artistas nacionales o de canciones de artistas de países que comparten rasgos culturales similares. O, todavía los nombres que ponemos a nuestros hijos son mayoritariamente locales. Estas diferencias de gustos también se observan con la inmigración. Los inmigrantes, a pesar de trasladarse a otro país, tienen una preferencia por consumir productos de sus países de origen.

A pesar de la globalización, la transmisión de la cultura dentro de la familia permite que persistan diferencias en gustos entre regiones y países que hace mucho tiempo perdieron su justificación económica. Por tanto, no parece tan fácil que la globalización nos convierta en consumidores con los mismos hábitos. ¡Long live al Kaxiano style!

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Las consecuencias económicas de que haya más hombres que mujeres
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Asier Minondo | 11-02-2014 | 8:08| 0

Los chinos son de las personas que más ahorran en el mundo. Como media, un chino ahorra el 30% de su ingreso disponible. Por ejemplo, los españoles ahorran el 9% de su ingreso disponible y los estadounidenses apenas alcanzan el 4%.

Esta alta tasa de ahorro tiene consecuencias importantes, tanto para la economía china, como para la economía mundial. China ha basado gran parte de su crecimiento en las últimas tres décadas en la inversión y en las exportaciones. Sin embargo, esta vía de crecimiento está encontrando sus límites. Por una parte, cada vez es más difícil encontrar inversiones rentables; por otra parte, una vez que han conquistado una gran cuota del mercado mundial, las exportaciones chinas tenderán a crecer al mismo ritmo que la media mundial. Por tanto, para seguir creciendo, los chinos tendrán que apoyarse más en el consumo privado; sin embargo, esta vía será poco efectiva si los chinos siguen ahorrando gran parte de sus ingresos. Desde el punto de vista internacional, algunos analistas han señalado que el enorme ahorro chino fue uno de los factores que provocó la crisis financiera internacional: la mayor disponibilidad de fondos incentivó la búsqueda de nuevos clientes, caracterizados por un mayor riesgo, bajo nuevas fórmulas financieras que, supuestamente, neutralizaban ese riesgo.  Por tanto, es importante saber por qué los chinos ahorran tanto.

Un dato importante a tener en cuenta es que los chinos no ahorraban tanto hace treinta años. En 1990 la tasa de ahorro se situaba en el 16%. Este dato sugiere que parte de la explicación de la alta tasa de ahorro debe estar en algo que haya sucedido durante las últimas décadas. Y ese algo puede ser el enorme aumento del desequilibrio entre sexos. Las leyes biológicas establecen que, por término medio, nacen 1,06 niños por cada niña. Pues bien, en China esta ratio es de 1,2, es decir nacen alrededor de 120 niños por cada 100 niñas. La razón de este gran desequilibrio se encuentra en la política del hijo único. Por razones culturales, si los chinos solamente pueden tener un hijo, prefieren que este sea niño. Por ello, muchas parejas deciden practicar un aborto si esperan una niña.

En términos absolutos, en China hay alrededor de 30 millones más de hombres que de mujeres en la población de 25 o menos años. Una de las consecuencias de este desequilibrio es que los hombres afrontan una gran competencia para casarse. Una de las formas para mejorar el atractivo de un hombre es tener una mayor riqueza antes del matrimonio. Esto obliga a los futuros novios, y a sus familias, a ahorrar más. Al sumar las decisiones de todos los novios y sus familias el ahorro neto sube. Uno podría pensar que las mujeres y sus familias pueden decidir ahorrar menos, ya que se aprovechan de todo lo que ha ahorrado su futuro marido. Sin embargo hay dos factores que compensan esta situación. En primer lugar, los futuros maridos pueden descontar que sus futuras mujeres van a ahorrar menos, y lo compensan ahorrando todavía más, con el fin de alcanzar un nivel de riqueza que permita a la futura pareja comprar una casa y todo lo necesario para equiparla. En segundo lugar, quizá las mujeres no reduzcan su ahorro, ya que si ahorran tendrán una mayor capacidad de decisión una vez que se hayan casado, o porque teniendo un mayor ahorro también pueden elegir un novio más rico.

El trabajo realizado por los profesores Wei y Zhang, publicado en la prestigiosa revista Journal of Political Economy, confirma que, efectivamente, hay una estrecha relación positiva entre el desequilibrio entre sexos y la tasa de ahorro. Estos autores estiman, además, que el 50% del aumento de la tasa de ahorro puede explicarse por dicho desequilibrio.

El pasado mes de diciembre, los dirigentes del Partido Comunista chino decidieron relajar la política del hijo único, permitiendo a las familias en que ambos padres son hijos únicos tener dos hijos. Esta medida ayudará a corregir el desequilibrio entre sexos, aunque la competencia en el mercado del matrimonio no aflojará hasta dentro de un par de décadas. Mientras tanto, ya lo sabe: si quiere que su futura mujer sea china, ya puede empezar a ahorrar.

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Infosys contratará 16.000 ingenieros en el 2014
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Asier Minondo | 21-01-2014 | 7:43| 0

Este es el titular que leí en el Indian Times el pasado 17 de diciembre. El gigante del software indio anunciaba que el año 2014 preveía contratar entre 15.000 y 16.000 ingenieros para responder a la creciente demanda de subcontratación de servicios por parte de empresas de países desarrollados. Al leer este titular me acordé del título de un libro escrito recientemente por Josu Ugarte, Presidente de Mondragón Internacional: “España está en crisis. El Mundo no”. Y lo que viví hace algunas semanas en la India constata esa afirmación.

La India es la letra I de ese acrónimo que engloba a los países emergentes más importantes: BRICs (Brasil, Rusia, India y China). Es el segundo país más poblado de la Tierra y créanme que caminando por las ciudades indias se confirma esa posición en el ranking. La India, desde el punto de vista económico, es una suerte de paradoja: por una parte, es el país que tiene el mayor número de pobres del mundo y, a la vez, es un país que destaca en sectores económicos intensivos en tecnología y cualificación como la farmacia o el software. India ha crecido de forma espectacular durante la primera década del siglo XXI. En el 2013 el crecimiento económico se moderó al 4%. Los indios nos decían que este menor porcentaje de crecimiento suponía una crisis, mientras yo pensaba que cuánto daríamos nosotros por alcanzar apenas la mitad de ese crecimiento.

Lógicamente, el fuerte crecimiento de la economía india ofrece oportunidades de negocio muy interesantes a nuestras empresas. Por ejemplo, la empresa DanobatGroup, cuya planta tuve la suerte de visitar en el parque industrial que Mondragón Internacional tiene en Pune, anunció el pasado mes de diciembre que había conseguido un contrato muy importante con una empresa india. Sin embargo, no debemos pensar que las oportunidades de negocio se materializan fácilmente. Como nos explicaron los responsables de Mondragon Internacional en la India, aun cuando el crecimiento sea alto, la competencia también es muy intensa. Para tener éxito hay que saber adaptar el producto a las necesidades de los clientes indios, saber navegar en un país con una compleja burocracia y crear un equipo local potente que nos ayude en esta aventura. Y esto no se consigue en el corto plazo, sino que requiere la inversión de recursos humanos y financieros, que la crisis actual no permite liberar a nuestras empresas.

Además de visitar el parque industrial, tuve la suerte de participar en una conferencia en la ciudad de Pune. En ella encontré profesores y empresarios jóvenes muy bien preparados y con ideas muy interesantes y novedosas. Al hablar con ellos era patente las enormes ganas que tienen de luchar, de hacerlo bien, de progresar. Con ese espíritu, creo que la India tendrá muchas oportunidades para el futuro. Ahora que nos venden anuncios de “No te hagas extranjero”, yo reivindico que hay mucho mundo más allá del jamón de pavo.

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¿Cómo podemos motivar sin dinero?
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Asier Minondo | 26-11-2013 | 7:53| 0

El dinero es el incentivo utilizado mayoritariamente por las empresas para motivar a los trabajadores en la consecución de un objetivo. Frases como “si vendes un XX% más te damos un YY% de comisión” o “si consigues reducir en XX% la tasa de piezas defectuosas te damos un plus del YY% de tu salario” se escuchan diariamente en muchas empresas. Sin embargo, ¿es el dinero la única forma de motivar a los trabajadores?

            Para responder a esta pregunta me voy a apoyar en el trabajo de un autor al que admiro: Dan Ariely. Este psicólogo/economista tuvo un accidente muy grave cuando tenía 18 años que le dejó el 70% de su cuerpo con quemaduras de tercer grado. Pasó tres años en un hospital con el cuerpo totalmente vendado. Cuenta en uno de sus libros que al no poder realizar las actividades diarias de una persona normal, se empezó a sentir como un ser aislado, como alguien que vive en otro universo. Y desde esta lejanía empezó a observar, de una forma menos apegada, cómo nos comportamos los humanos, y a preguntarse qué es lo que realmente nos motiva, qué fuerzas profundas guían nuestro comportamiento.

Una vez recuperado, dedicó su mente inquisitiva a responder estas preguntas de una forma científica, convirtiéndose en uno de los autores de referencia en la rama de la economía que se conoce como economía de la conducta. Una de sus áreas de estudio ha sido la motivación en el trabajo. Para medir qué variables influyen en nuestra motivación Dan Ariely diseñó el siguiente experimento, que está descrito en otro de sus libros. Al participante en el experimento se le da una hoja de papel llena de letras. En esta hoja el participante tiene que encontrar diez casos en los que a una ese mayúscula le sigue otra ese mayúscula. Si las encuentra se le paga 0,55 dólares. Si la persona acepta, empieza el juego. Una vez que ha encontrado las diez SS, la persona entrega la hoja a un evaluador. En ese momento el evaluador le ofrece al participante repetir el juego; sin embargo, esta segunda vez el pago es de 0,50 dólares, es decir, 0,05 dólares menos que en el caso anterior. El experimento se va repitiendo, reduciéndose el premio cada vez en 0,05 dólares, hasta que la persona decide que ya se ha cansado de buscar eses mayúsculas seguidas (o ha repetido el juego once veces).

El juego tiene tres variantes. En la primera variante la persona escribe su nombre en la hoja; cuando la persona encuentra las diez SS entrega la hoja, el evaluador la coge, comprueba que el participante ha encontrado las diez SS, asiente y la pone en un montón. En la segunda variante, la persona no escribe su nombre; el evaluador al recoger la hoja no mira si está bien o si está mal; simplemente la deja en un montón. En la tercera variante, la persona tampoco escribe su nombre; al recibir la hoja, el evaluador, sin mirarla, rompe la hoja delante del participante. Es importante subrayar que los incentivos monetarios son exactamente los mismos en todas las variantes del experimento. ¿Os imagináis en qué variantes las personas dejaron de jugar antes? Pues bien, como media, los participantes de la variante 1 repitieron el juego 9,03 veces; los participantes de la variante 2 lo repitieron 6,77 veces, y los participantes de la variante 3 lo repitieron 6,36 veces.

¿Qué lecciones podemos sacar de este experimento? En primer lugar, es importante que recordemos que en este experimento los participantes no están realizando su actividad laboral habitual, ni están realizando una actividad complejísima, ni el evaluador es alguien que sea importante en sus vidas. Solamente están buscando eses mayúsculas seguidas. Y aun así, solamente por reconocer su trabajo y no romperlo delante de ellos, los participantes trabajan un 40% más. En segundo lugar, romper el trabajo delante de los participantes y no mirar el trabajo tienen un efecto similar sobre la productividad.

El experimento muestra que solamente con prestar atención al trabajo que realizan los compañeros, reconocer su esfuerzo, y destacar los resultados de su trabajo se obtiene un aumento enorme en la motivación y en la productividad. Además, no cuesta dinero hacerlo, y seguro que iríamos mucho más felices a trabajar.

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Aída, Rafa Nadal y las exportaciones
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Asier Minondo | 05-11-2013 | 6:00| 0

En septiembre de este año la serie de televisión Aída comenzó su décima temporada en Telecinco. Aída es una de las series españolas que más éxito ha cosechado desde que se estrenara allá por el año 2005. Además, este éxito ha traspasado las fronteras: Aída ya ocupa el prime time en países como Ecuador, Polonia o Turquía. Cuando la productora de Aída, Globomedia, vende los derechos de emisión de la serie a otros países, España está realizando una exportación de servicios.

En junio de este año Rafael Nadal ganó su octavo título de Roland Garros, llevándose como premio la Copa de los Mosqueteros y la no despreciable suma de 1,5 millones de euros. Al ganar este torneo, España también realizó una exportación de servicios.

Con estos ejemplos, quiero poner de manifiesto que cuando pensamos en exportaciones rara vez las relacionamos con los servicios. Es más probable que la imagen que se nos venga a la mente sea la de un barco lleno de containers rumbo a algún país lejano, y no las andanzas de Aída o los raquetazos de Rafael Nadal. Sin embargo, al no relacionar las exportaciones con los servicios estamos olvidando una parte relevante del comercio internacional. De acuerdo a los últimos datos de la Organización Mundial de Comercio (www.wto.org) de cada 100 euros que se exportan en el mundo 19 euros corresponden a servicios. En el caso de España, por el peso del turismo, esta cifra es superior: de cada 100 euros que se exportan en España, 32 corresponden a servicios. Además, durante los últimos 30 años las exportaciones de servicios han crecido más rápido que las exportaciones de bienes. Este crecimiento ha sido especialmente importante en la categoría de servicios a empresas, como la publicidad, la consultoría, los servicios financieros, o los servicios legales y técnicos. Por otra parte, el impacto negativo de la crisis internacional ha sido inferior en las exportaciones de servicios que en las exportaciones de bienes.

Si las exportaciones de servicios crecen más rápido que las exportaciones de bienes, y se ven menos afectadas por las crisis, el mercado internacional puede ser una oportunidad de crecimiento muy interesante para nuestras empresas de servicios. Esta opción es, si cabe, más atractiva teniendo en cuenta la atonía del mercado nacional.

En un estudio que he realizado recientemente, he analizado qué porcentaje de empresas españolas exporta sus servicios, y cuáles son las características que permiten a estas empresas tener éxito en los mercados internacionales. La primera conclusión es que el porcentaje de empresas exportadoras en el sector servicios es muy pequeño: 15%. Por ejemplo, entre las empresas manufactureras, el porcentaje de empresas exportadoras es el doble. Este bajo porcentaje no es tan sorprendente si tenemos en cuenta que la propia naturaleza de algunos servicios hace que sean difícilmente exportables. Piensen, por ejemplo, en los servicios de una peluquería. Para exportar un corte de pelo o bien el peluquero se desplaza a otro país, o el cliente se desplaza a otro país. Como el coste de trasladarse a otro país es muy superior a la posible ventaja en precio que puede existir entre las peluquerías de dos países, las exportaciones de cortes de pelo son escasas. Solamente se producirán cuando algún turista necesite urgentemente cortarse el pelo, o el coste del traslado sea pequeño (por ejemplo una persona que vive en Hendaya que se corta el pelo en Irun). En todo caso, los avances en las tecnologías de la información, y especialmente de Internet, está permitiendo que servicios que anteriormente eran muy difíciles de exportar, por ejemplo los servicios telefónicos de atención al cliente, lo puedan ser ahora.

La segunda conclusión del estudio es que las empresas de servicios que exportan tienen más empleados, son más productivas y emplean a personas con una mayor cualificación que las empresas de servicios que no exportan. Aunque las tres variables son muy importantes, parece que la clave en el sector servicios reside en la cualificación de los trabajadores. Piensen, por ejemplo, en el restaurante Mugaritz, que está considerado como uno de los mejores restaurantes del mundo. Mugaritz exporta servicios (las comidas que se sirven a los comensales extranjeros son exportaciones de servicios) no porque sea un restaurante que tenga muchos empleados, sino porque el equipo de Andoni Luis Aduriz tiene una gran cualificación y creatividad.

Si la clave del éxito en el mercado internacional para las empresas de servicios está en la creatividad y en el talento, debemos trabajar en potenciar estas características. Como lo demuestran nuestros cocineros tenemos buenos ingredientes con los que trabajar.

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