Diario Vasco
img
Autor: aminondo
Infosys contratará 16.000 ingenieros en el 2014
img
Asier Minondo | 21-01-2014 | 7:43| 0

Este es el titular que leí en el Indian Times el pasado 17 de diciembre. El gigante del software indio anunciaba que el año 2014 preveía contratar entre 15.000 y 16.000 ingenieros para responder a la creciente demanda de subcontratación de servicios por parte de empresas de países desarrollados. Al leer este titular me acordé del título de un libro escrito recientemente por Josu Ugarte, Presidente de Mondragón Internacional: “España está en crisis. El Mundo no”. Y lo que viví hace algunas semanas en la India constata esa afirmación.

La India es la letra I de ese acrónimo que engloba a los países emergentes más importantes: BRICs (Brasil, Rusia, India y China). Es el segundo país más poblado de la Tierra y créanme que caminando por las ciudades indias se confirma esa posición en el ranking. La India, desde el punto de vista económico, es una suerte de paradoja: por una parte, es el país que tiene el mayor número de pobres del mundo y, a la vez, es un país que destaca en sectores económicos intensivos en tecnología y cualificación como la farmacia o el software. India ha crecido de forma espectacular durante la primera década del siglo XXI. En el 2013 el crecimiento económico se moderó al 4%. Los indios nos decían que este menor porcentaje de crecimiento suponía una crisis, mientras yo pensaba que cuánto daríamos nosotros por alcanzar apenas la mitad de ese crecimiento.

Lógicamente, el fuerte crecimiento de la economía india ofrece oportunidades de negocio muy interesantes a nuestras empresas. Por ejemplo, la empresa DanobatGroup, cuya planta tuve la suerte de visitar en el parque industrial que Mondragón Internacional tiene en Pune, anunció el pasado mes de diciembre que había conseguido un contrato muy importante con una empresa india. Sin embargo, no debemos pensar que las oportunidades de negocio se materializan fácilmente. Como nos explicaron los responsables de Mondragon Internacional en la India, aun cuando el crecimiento sea alto, la competencia también es muy intensa. Para tener éxito hay que saber adaptar el producto a las necesidades de los clientes indios, saber navegar en un país con una compleja burocracia y crear un equipo local potente que nos ayude en esta aventura. Y esto no se consigue en el corto plazo, sino que requiere la inversión de recursos humanos y financieros, que la crisis actual no permite liberar a nuestras empresas.

Además de visitar el parque industrial, tuve la suerte de participar en una conferencia en la ciudad de Pune. En ella encontré profesores y empresarios jóvenes muy bien preparados y con ideas muy interesantes y novedosas. Al hablar con ellos era patente las enormes ganas que tienen de luchar, de hacerlo bien, de progresar. Con ese espíritu, creo que la India tendrá muchas oportunidades para el futuro. Ahora que nos venden anuncios de “No te hagas extranjero”, yo reivindico que hay mucho mundo más allá del jamón de pavo.

Ver Post >
¿Cómo podemos motivar sin dinero?
img
Asier Minondo | 26-11-2013 | 7:53| 0

El dinero es el incentivo utilizado mayoritariamente por las empresas para motivar a los trabajadores en la consecución de un objetivo. Frases como “si vendes un XX% más te damos un YY% de comisión” o “si consigues reducir en XX% la tasa de piezas defectuosas te damos un plus del YY% de tu salario” se escuchan diariamente en muchas empresas. Sin embargo, ¿es el dinero la única forma de motivar a los trabajadores?

            Para responder a esta pregunta me voy a apoyar en el trabajo de un autor al que admiro: Dan Ariely. Este psicólogo/economista tuvo un accidente muy grave cuando tenía 18 años que le dejó el 70% de su cuerpo con quemaduras de tercer grado. Pasó tres años en un hospital con el cuerpo totalmente vendado. Cuenta en uno de sus libros que al no poder realizar las actividades diarias de una persona normal, se empezó a sentir como un ser aislado, como alguien que vive en otro universo. Y desde esta lejanía empezó a observar, de una forma menos apegada, cómo nos comportamos los humanos, y a preguntarse qué es lo que realmente nos motiva, qué fuerzas profundas guían nuestro comportamiento.

Una vez recuperado, dedicó su mente inquisitiva a responder estas preguntas de una forma científica, convirtiéndose en uno de los autores de referencia en la rama de la economía que se conoce como economía de la conducta. Una de sus áreas de estudio ha sido la motivación en el trabajo. Para medir qué variables influyen en nuestra motivación Dan Ariely diseñó el siguiente experimento, que está descrito en otro de sus libros. Al participante en el experimento se le da una hoja de papel llena de letras. En esta hoja el participante tiene que encontrar diez casos en los que a una ese mayúscula le sigue otra ese mayúscula. Si las encuentra se le paga 0,55 dólares. Si la persona acepta, empieza el juego. Una vez que ha encontrado las diez SS, la persona entrega la hoja a un evaluador. En ese momento el evaluador le ofrece al participante repetir el juego; sin embargo, esta segunda vez el pago es de 0,50 dólares, es decir, 0,05 dólares menos que en el caso anterior. El experimento se va repitiendo, reduciéndose el premio cada vez en 0,05 dólares, hasta que la persona decide que ya se ha cansado de buscar eses mayúsculas seguidas (o ha repetido el juego once veces).

El juego tiene tres variantes. En la primera variante la persona escribe su nombre en la hoja; cuando la persona encuentra las diez SS entrega la hoja, el evaluador la coge, comprueba que el participante ha encontrado las diez SS, asiente y la pone en un montón. En la segunda variante, la persona no escribe su nombre; el evaluador al recoger la hoja no mira si está bien o si está mal; simplemente la deja en un montón. En la tercera variante, la persona tampoco escribe su nombre; al recibir la hoja, el evaluador, sin mirarla, rompe la hoja delante del participante. Es importante subrayar que los incentivos monetarios son exactamente los mismos en todas las variantes del experimento. ¿Os imagináis en qué variantes las personas dejaron de jugar antes? Pues bien, como media, los participantes de la variante 1 repitieron el juego 9,03 veces; los participantes de la variante 2 lo repitieron 6,77 veces, y los participantes de la variante 3 lo repitieron 6,36 veces.

¿Qué lecciones podemos sacar de este experimento? En primer lugar, es importante que recordemos que en este experimento los participantes no están realizando su actividad laboral habitual, ni están realizando una actividad complejísima, ni el evaluador es alguien que sea importante en sus vidas. Solamente están buscando eses mayúsculas seguidas. Y aun así, solamente por reconocer su trabajo y no romperlo delante de ellos, los participantes trabajan un 40% más. En segundo lugar, romper el trabajo delante de los participantes y no mirar el trabajo tienen un efecto similar sobre la productividad.

El experimento muestra que solamente con prestar atención al trabajo que realizan los compañeros, reconocer su esfuerzo, y destacar los resultados de su trabajo se obtiene un aumento enorme en la motivación y en la productividad. Además, no cuesta dinero hacerlo, y seguro que iríamos mucho más felices a trabajar.

Ver Post >
Aída, Rafa Nadal y las exportaciones
img
Asier Minondo | 05-11-2013 | 6:00| 0

En septiembre de este año la serie de televisión Aída comenzó su décima temporada en Telecinco. Aída es una de las series españolas que más éxito ha cosechado desde que se estrenara allá por el año 2005. Además, este éxito ha traspasado las fronteras: Aída ya ocupa el prime time en países como Ecuador, Polonia o Turquía. Cuando la productora de Aída, Globomedia, vende los derechos de emisión de la serie a otros países, España está realizando una exportación de servicios.

En junio de este año Rafael Nadal ganó su octavo título de Roland Garros, llevándose como premio la Copa de los Mosqueteros y la no despreciable suma de 1,5 millones de euros. Al ganar este torneo, España también realizó una exportación de servicios.

Con estos ejemplos, quiero poner de manifiesto que cuando pensamos en exportaciones rara vez las relacionamos con los servicios. Es más probable que la imagen que se nos venga a la mente sea la de un barco lleno de containers rumbo a algún país lejano, y no las andanzas de Aída o los raquetazos de Rafael Nadal. Sin embargo, al no relacionar las exportaciones con los servicios estamos olvidando una parte relevante del comercio internacional. De acuerdo a los últimos datos de la Organización Mundial de Comercio (www.wto.org) de cada 100 euros que se exportan en el mundo 19 euros corresponden a servicios. En el caso de España, por el peso del turismo, esta cifra es superior: de cada 100 euros que se exportan en España, 32 corresponden a servicios. Además, durante los últimos 30 años las exportaciones de servicios han crecido más rápido que las exportaciones de bienes. Este crecimiento ha sido especialmente importante en la categoría de servicios a empresas, como la publicidad, la consultoría, los servicios financieros, o los servicios legales y técnicos. Por otra parte, el impacto negativo de la crisis internacional ha sido inferior en las exportaciones de servicios que en las exportaciones de bienes.

Si las exportaciones de servicios crecen más rápido que las exportaciones de bienes, y se ven menos afectadas por las crisis, el mercado internacional puede ser una oportunidad de crecimiento muy interesante para nuestras empresas de servicios. Esta opción es, si cabe, más atractiva teniendo en cuenta la atonía del mercado nacional.

En un estudio que he realizado recientemente, he analizado qué porcentaje de empresas españolas exporta sus servicios, y cuáles son las características que permiten a estas empresas tener éxito en los mercados internacionales. La primera conclusión es que el porcentaje de empresas exportadoras en el sector servicios es muy pequeño: 15%. Por ejemplo, entre las empresas manufactureras, el porcentaje de empresas exportadoras es el doble. Este bajo porcentaje no es tan sorprendente si tenemos en cuenta que la propia naturaleza de algunos servicios hace que sean difícilmente exportables. Piensen, por ejemplo, en los servicios de una peluquería. Para exportar un corte de pelo o bien el peluquero se desplaza a otro país, o el cliente se desplaza a otro país. Como el coste de trasladarse a otro país es muy superior a la posible ventaja en precio que puede existir entre las peluquerías de dos países, las exportaciones de cortes de pelo son escasas. Solamente se producirán cuando algún turista necesite urgentemente cortarse el pelo, o el coste del traslado sea pequeño (por ejemplo una persona que vive en Hendaya que se corta el pelo en Irun). En todo caso, los avances en las tecnologías de la información, y especialmente de Internet, está permitiendo que servicios que anteriormente eran muy difíciles de exportar, por ejemplo los servicios telefónicos de atención al cliente, lo puedan ser ahora.

La segunda conclusión del estudio es que las empresas de servicios que exportan tienen más empleados, son más productivas y emplean a personas con una mayor cualificación que las empresas de servicios que no exportan. Aunque las tres variables son muy importantes, parece que la clave en el sector servicios reside en la cualificación de los trabajadores. Piensen, por ejemplo, en el restaurante Mugaritz, que está considerado como uno de los mejores restaurantes del mundo. Mugaritz exporta servicios (las comidas que se sirven a los comensales extranjeros son exportaciones de servicios) no porque sea un restaurante que tenga muchos empleados, sino porque el equipo de Andoni Luis Aduriz tiene una gran cualificación y creatividad.

Si la clave del éxito en el mercado internacional para las empresas de servicios está en la creatividad y en el talento, debemos trabajar en potenciar estas características. Como lo demuestran nuestros cocineros tenemos buenos ingredientes con los que trabajar.

Ver Post >
La caja que revolucionó el comercio
img
Asier Minondo | 15-10-2013 | 6:27| 0

En este post voy a hablar de una caja que es mucho menos glamurosa que la que se sitúa a orillas del Manzanares, pero mucho más mágica para la economía mundial: el container.

Antes de la llegada de los containers, el proceso de carga y descarga en los puertos demandaba mucha mano de obra y consumía mucho tiempo. De hecho, se calcula que los barcos pasaban dos tercios de su tiempo atracados en el puerto y solamente un tercio en el mar. Además, como la carga no venía protegida, había muchas probabilidades de que una parte de la misma nunca llegara a su destino. Un chiste popular que se contaba en los muelles de Nueva York decía que “el sueldo de un estibador era de 20 dólares al día más todas las botellas de whisky que se pudiera llevar a casa”.

Todo cambió en la década de 1950 gracias al ingenio de un magnate del transporte por carretera: Malcom McLean. Este empresario pensó que el proceso de carga y descarga sería mucho más rápido si toda la mercancía viniera agrupada en un mismo contenedor. Este contenedor, además, se podría mover sin dificultad entre diferentes medios de transporte: del camión al barco, del barco al tren, etc. Esta idea se materializó por primera vez el 26 de abril de 1956, cuando el carguero Ideal-X transportó los primeros containers en la ruta Newark-Houston. La ventaja en costes que consiguió McLean fue impresionante. Anteriormente el coste de cargar un barco era de 5,83$ por tonelada; con el container este coste se redujo a 0,16$ por tonelada.

Lógicamente, esta diferencia en costes, además de convertir a McLean en un hombre todavía más rico, provocó que poco a poco los containers pasasen a dominar el tráfico marítimo. Para explotar todos los beneficios del container, a partir de la década de 1960, tuvieron que realizarse grandes inversiones para equipar los puertos con grúas que pudieran mover los containers, así como unir los puertos con el transporte por ferrocarril y el transporte por camión. Además, se comenzaron a diseñar barcos especializados para transportar los containers.

Gracias al container se ha reducido el tiempo del transporte y hay una mayor seguridad de que la mercancía se reciba en las fechas acordadas. Como los containers van sellados hay un menor riesgo de que se dañen o se roben los materiales, lo cual ha reducido el coste del seguro de transporte y ha permitido que una mayor gama de productos pueda ser comercializada internacionalmente. Todos estos factores, por su parte, han permitido que el proceso de producción de muchos bienes se haya podido repartir entre muchos países, tal como explicábamos en un post de la pasada temporada.

Recientemente, un estudio realizado por los profesores Bernhofen, El-Sahli y Kneller de la Universidades de Nottingham y Lund ha puesto cifras a la revolución de esta caja mágica. Los autores muestran que los países industrializados multiplicaron por ocho su comercio internacional con otros países industrializados entre el momento que empezaron a utilizar los container y 20 años después.  Estos autores muestran, además, que el crecimiento del comercio internacional debido a la adopción del container es muy superior a la lograda por otras vías, como los acuerdos de liberalización del comercio.

Cuando pensamos en revoluciones tecnológicas nos vienen a la cabeza cosas muy sofisticadas como la computación cuántica o la impresión en tres dimensiones. A veces, una simple caja de metal permite innovar un proceso de producción y generar cambios igual de revolucionarios.

Ver Post >
¿Mejora el rendimiento escolar tener un ordenador en casa?
img
Asier Minondo | 24-09-2013 | 6:04| 0

Con la llegada del nuevo curso muchos padres se habrán preguntado si no sería conveniente comprar un ordenador para su hijo. Esta pregunta suele plantearse especialmente cuando los hijos cumplen los 10/11 años y las “etxekolanak” empiezan a aumentar. Solemos pensar que con un ordenador y una conexión a Internet nuestros hijos podrán tener acceso a la Wikipedia y similares, y así tener más información para realizar los trabajos que les pidan en clase. Además, con el ordenador podrán escribir los trabajos en Word y preparar las presentaciones en PowerPoint. Sin embargo, también sospechamos que con el ordenador habrá más posibilidades de que pierdan el tiempo jugando con la última demo o leyendo la última entrada de Fulanito en Tuenti. ¿Qué hacemos? ¿Compramos el ordenador o no?

Los estudios que han analizado esta cuestión señalan que hay una correlación positiva entre tener un ordenador en casa y el rendimiento académico. Sin embargo, este resultado no prueba que los ordenadores mejoren el rendimiento escolar. Puede ocurrir que los niños que tengan un ordenador en casa pertenezcan a familias con un mayor poder adquisitivo, y que este mayor poder adquisitivo permita a las familias pagar clases particulares a sus hijos. En este caso, serían las clases particulares y no el tener un ordenador en casa lo que explicaría el mayor rendimiento escolar. Para estar seguros de que los ordenadores mejoran el rendimiento escolar tenemos que hacer un experimento.

El diseño del experimento sería el siguiente: seleccionamos un grupo de alumnos que no tiene ordenador en casa y lo dividimos en dos subgrupos. Los dos subgrupos tienen que ser iguales, como media, en características como la edad de los alumnos, su situación familiar, renta y educación de los padres, etc. A los alumnos del primer subgrupo les damos un ordenador y a los del segundo no. Después del curso comparamos los resultados académicos de los dos subgrupos.

Este es el experimento que realizaron los profesores Fairlie y Robinson de la Universidad de Santa Cruz en 15 escuelas de California. ¿Cuál fue el resultado del experimento? El resultado es que no se produjo ninguna diferencia en el rendimiento académico entre los alumnos que habían recibido el ordenador y los alumnos que no lo recibieron: las notas medias de los dos subgrupos fueron iguales y los alumnos de los dos subgrupos suspendieron, como media, el mismo número de asignaturas. Además, no se observaron diferencias por asignaturas: la igualdad en el rendimiento académico se produjo tanto en lengua como en matemáticas. El estudio concluyó también que los alumnos con ordenador en casa no tenían una mayor probabilidad de entregar sus “etxekolanak” a tiempo, ni un mayor conocimiento en el uso del ordenador o de algunos programas informáticos.

En definitiva, los padres que han comprado un ordenador a sus hijos con la esperanza de que mejore su rendimiento escolar quizá hayan sido demasiado optimistas. La lectura positiva del estudio para muchos padres cuyos hijos ya tienen ordenador es que el tiempo que nuestros hijos pasan en Internet no reduce el tiempo que dedican a las “etxekolanak”.

Como reflexión final, yo creo que este experimento pone de manifiesto que quizá hay cosas más importantes para el aprendizaje que el disponer de ordenadores en casa o en el colegio. Antes de la crisis, cuando parecía que nos sobraba el dinero, los gobiernos se embarcaron en programas muy ambiciosos para llenar las aulas con ordenadores. Quizá hubiera sido mucho mejor invertir ese dinero en la pieza clave del aprendizaje: los profesores.

Ver Post >

Etiquetas

No hay tags a mostrar

Otros Blogs de Autor