Diario Vasco
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Autor: aminondo
Aída, Rafa Nadal y las exportaciones
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Asier Minondo | 05-11-2013 | 6:00| 0

En septiembre de este año la serie de televisión Aída comenzó su décima temporada en Telecinco. Aída es una de las series españolas que más éxito ha cosechado desde que se estrenara allá por el año 2005. Además, este éxito ha traspasado las fronteras: Aída ya ocupa el prime time en países como Ecuador, Polonia o Turquía. Cuando la productora de Aída, Globomedia, vende los derechos de emisión de la serie a otros países, España está realizando una exportación de servicios.

En junio de este año Rafael Nadal ganó su octavo título de Roland Garros, llevándose como premio la Copa de los Mosqueteros y la no despreciable suma de 1,5 millones de euros. Al ganar este torneo, España también realizó una exportación de servicios.

Con estos ejemplos, quiero poner de manifiesto que cuando pensamos en exportaciones rara vez las relacionamos con los servicios. Es más probable que la imagen que se nos venga a la mente sea la de un barco lleno de containers rumbo a algún país lejano, y no las andanzas de Aída o los raquetazos de Rafael Nadal. Sin embargo, al no relacionar las exportaciones con los servicios estamos olvidando una parte relevante del comercio internacional. De acuerdo a los últimos datos de la Organización Mundial de Comercio (www.wto.org) de cada 100 euros que se exportan en el mundo 19 euros corresponden a servicios. En el caso de España, por el peso del turismo, esta cifra es superior: de cada 100 euros que se exportan en España, 32 corresponden a servicios. Además, durante los últimos 30 años las exportaciones de servicios han crecido más rápido que las exportaciones de bienes. Este crecimiento ha sido especialmente importante en la categoría de servicios a empresas, como la publicidad, la consultoría, los servicios financieros, o los servicios legales y técnicos. Por otra parte, el impacto negativo de la crisis internacional ha sido inferior en las exportaciones de servicios que en las exportaciones de bienes.

Si las exportaciones de servicios crecen más rápido que las exportaciones de bienes, y se ven menos afectadas por las crisis, el mercado internacional puede ser una oportunidad de crecimiento muy interesante para nuestras empresas de servicios. Esta opción es, si cabe, más atractiva teniendo en cuenta la atonía del mercado nacional.

En un estudio que he realizado recientemente, he analizado qué porcentaje de empresas españolas exporta sus servicios, y cuáles son las características que permiten a estas empresas tener éxito en los mercados internacionales. La primera conclusión es que el porcentaje de empresas exportadoras en el sector servicios es muy pequeño: 15%. Por ejemplo, entre las empresas manufactureras, el porcentaje de empresas exportadoras es el doble. Este bajo porcentaje no es tan sorprendente si tenemos en cuenta que la propia naturaleza de algunos servicios hace que sean difícilmente exportables. Piensen, por ejemplo, en los servicios de una peluquería. Para exportar un corte de pelo o bien el peluquero se desplaza a otro país, o el cliente se desplaza a otro país. Como el coste de trasladarse a otro país es muy superior a la posible ventaja en precio que puede existir entre las peluquerías de dos países, las exportaciones de cortes de pelo son escasas. Solamente se producirán cuando algún turista necesite urgentemente cortarse el pelo, o el coste del traslado sea pequeño (por ejemplo una persona que vive en Hendaya que se corta el pelo en Irun). En todo caso, los avances en las tecnologías de la información, y especialmente de Internet, está permitiendo que servicios que anteriormente eran muy difíciles de exportar, por ejemplo los servicios telefónicos de atención al cliente, lo puedan ser ahora.

La segunda conclusión del estudio es que las empresas de servicios que exportan tienen más empleados, son más productivas y emplean a personas con una mayor cualificación que las empresas de servicios que no exportan. Aunque las tres variables son muy importantes, parece que la clave en el sector servicios reside en la cualificación de los trabajadores. Piensen, por ejemplo, en el restaurante Mugaritz, que está considerado como uno de los mejores restaurantes del mundo. Mugaritz exporta servicios (las comidas que se sirven a los comensales extranjeros son exportaciones de servicios) no porque sea un restaurante que tenga muchos empleados, sino porque el equipo de Andoni Luis Aduriz tiene una gran cualificación y creatividad.

Si la clave del éxito en el mercado internacional para las empresas de servicios está en la creatividad y en el talento, debemos trabajar en potenciar estas características. Como lo demuestran nuestros cocineros tenemos buenos ingredientes con los que trabajar.

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La caja que revolucionó el comercio
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Asier Minondo | 15-10-2013 | 6:27| 0

En este post voy a hablar de una caja que es mucho menos glamurosa que la que se sitúa a orillas del Manzanares, pero mucho más mágica para la economía mundial: el container.

Antes de la llegada de los containers, el proceso de carga y descarga en los puertos demandaba mucha mano de obra y consumía mucho tiempo. De hecho, se calcula que los barcos pasaban dos tercios de su tiempo atracados en el puerto y solamente un tercio en el mar. Además, como la carga no venía protegida, había muchas probabilidades de que una parte de la misma nunca llegara a su destino. Un chiste popular que se contaba en los muelles de Nueva York decía que “el sueldo de un estibador era de 20 dólares al día más todas las botellas de whisky que se pudiera llevar a casa”.

Todo cambió en la década de 1950 gracias al ingenio de un magnate del transporte por carretera: Malcom McLean. Este empresario pensó que el proceso de carga y descarga sería mucho más rápido si toda la mercancía viniera agrupada en un mismo contenedor. Este contenedor, además, se podría mover sin dificultad entre diferentes medios de transporte: del camión al barco, del barco al tren, etc. Esta idea se materializó por primera vez el 26 de abril de 1956, cuando el carguero Ideal-X transportó los primeros containers en la ruta Newark-Houston. La ventaja en costes que consiguió McLean fue impresionante. Anteriormente el coste de cargar un barco era de 5,83$ por tonelada; con el container este coste se redujo a 0,16$ por tonelada.

Lógicamente, esta diferencia en costes, además de convertir a McLean en un hombre todavía más rico, provocó que poco a poco los containers pasasen a dominar el tráfico marítimo. Para explotar todos los beneficios del container, a partir de la década de 1960, tuvieron que realizarse grandes inversiones para equipar los puertos con grúas que pudieran mover los containers, así como unir los puertos con el transporte por ferrocarril y el transporte por camión. Además, se comenzaron a diseñar barcos especializados para transportar los containers.

Gracias al container se ha reducido el tiempo del transporte y hay una mayor seguridad de que la mercancía se reciba en las fechas acordadas. Como los containers van sellados hay un menor riesgo de que se dañen o se roben los materiales, lo cual ha reducido el coste del seguro de transporte y ha permitido que una mayor gama de productos pueda ser comercializada internacionalmente. Todos estos factores, por su parte, han permitido que el proceso de producción de muchos bienes se haya podido repartir entre muchos países, tal como explicábamos en un post de la pasada temporada.

Recientemente, un estudio realizado por los profesores Bernhofen, El-Sahli y Kneller de la Universidades de Nottingham y Lund ha puesto cifras a la revolución de esta caja mágica. Los autores muestran que los países industrializados multiplicaron por ocho su comercio internacional con otros países industrializados entre el momento que empezaron a utilizar los container y 20 años después.  Estos autores muestran, además, que el crecimiento del comercio internacional debido a la adopción del container es muy superior a la lograda por otras vías, como los acuerdos de liberalización del comercio.

Cuando pensamos en revoluciones tecnológicas nos vienen a la cabeza cosas muy sofisticadas como la computación cuántica o la impresión en tres dimensiones. A veces, una simple caja de metal permite innovar un proceso de producción y generar cambios igual de revolucionarios.

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¿Mejora el rendimiento escolar tener un ordenador en casa?
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Asier Minondo | 24-09-2013 | 6:04| 0

Con la llegada del nuevo curso muchos padres se habrán preguntado si no sería conveniente comprar un ordenador para su hijo. Esta pregunta suele plantearse especialmente cuando los hijos cumplen los 10/11 años y las “etxekolanak” empiezan a aumentar. Solemos pensar que con un ordenador y una conexión a Internet nuestros hijos podrán tener acceso a la Wikipedia y similares, y así tener más información para realizar los trabajos que les pidan en clase. Además, con el ordenador podrán escribir los trabajos en Word y preparar las presentaciones en PowerPoint. Sin embargo, también sospechamos que con el ordenador habrá más posibilidades de que pierdan el tiempo jugando con la última demo o leyendo la última entrada de Fulanito en Tuenti. ¿Qué hacemos? ¿Compramos el ordenador o no?

Los estudios que han analizado esta cuestión señalan que hay una correlación positiva entre tener un ordenador en casa y el rendimiento académico. Sin embargo, este resultado no prueba que los ordenadores mejoren el rendimiento escolar. Puede ocurrir que los niños que tengan un ordenador en casa pertenezcan a familias con un mayor poder adquisitivo, y que este mayor poder adquisitivo permita a las familias pagar clases particulares a sus hijos. En este caso, serían las clases particulares y no el tener un ordenador en casa lo que explicaría el mayor rendimiento escolar. Para estar seguros de que los ordenadores mejoran el rendimiento escolar tenemos que hacer un experimento.

El diseño del experimento sería el siguiente: seleccionamos un grupo de alumnos que no tiene ordenador en casa y lo dividimos en dos subgrupos. Los dos subgrupos tienen que ser iguales, como media, en características como la edad de los alumnos, su situación familiar, renta y educación de los padres, etc. A los alumnos del primer subgrupo les damos un ordenador y a los del segundo no. Después del curso comparamos los resultados académicos de los dos subgrupos.

Este es el experimento que realizaron los profesores Fairlie y Robinson de la Universidad de Santa Cruz en 15 escuelas de California. ¿Cuál fue el resultado del experimento? El resultado es que no se produjo ninguna diferencia en el rendimiento académico entre los alumnos que habían recibido el ordenador y los alumnos que no lo recibieron: las notas medias de los dos subgrupos fueron iguales y los alumnos de los dos subgrupos suspendieron, como media, el mismo número de asignaturas. Además, no se observaron diferencias por asignaturas: la igualdad en el rendimiento académico se produjo tanto en lengua como en matemáticas. El estudio concluyó también que los alumnos con ordenador en casa no tenían una mayor probabilidad de entregar sus “etxekolanak” a tiempo, ni un mayor conocimiento en el uso del ordenador o de algunos programas informáticos.

En definitiva, los padres que han comprado un ordenador a sus hijos con la esperanza de que mejore su rendimiento escolar quizá hayan sido demasiado optimistas. La lectura positiva del estudio para muchos padres cuyos hijos ya tienen ordenador es que el tiempo que nuestros hijos pasan en Internet no reduce el tiempo que dedican a las “etxekolanak”.

Como reflexión final, yo creo que este experimento pone de manifiesto que quizá hay cosas más importantes para el aprendizaje que el disponer de ordenadores en casa o en el colegio. Antes de la crisis, cuando parecía que nos sobraba el dinero, los gobiernos se embarcaron en programas muy ambiciosos para llenar las aulas con ordenadores. Quizá hubiera sido mucho mejor invertir ese dinero en la pieza clave del aprendizaje: los profesores.

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Las consecuencias económicas del Google-Car (II)
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Asier Minondo | 11-06-2013 | 6:29| 0

En la primera entrega de este post hace tres semanas, comenzamos a analizar cuáles podrían ser las consecuencias económicas de los coches sin conductor. En aquel post comentábamos que los coches sin conductor pueden ayudar a que se reduzcan enormemente los accidentes de tráfico, los atascos y la demanda de gasolina. También señalábamos que con los coches sin conductor ya no será necesario sacarse el carnet de conducir; además, como los accidentes y las infracciones de tráfico serán mucho menos probables, tendremos que pagar una cuota menor por el seguro del automóvil, nos olvidaremos de las multas, y los policías de tráfico se encargarán de otras tareas.

Sin embargo, los coches sin conductor pueden tener más consecuencias para la economía. El objetivo de esta segunda entrega es identificar estas consecuencias adicionales. Como señalábamos en el post anterior, en el video promocional del Google-Car se puede ver cómo una persona que ha perdido el 95% de su visión utiliza el coche para ir de casa a un restaurante, a recoger unas camisas de la lavandería y de vuelta a casa. El protagonista del video está bien elegido, ya que otras de las consecuencias del Google-Car será permitir la movilidad, en automóvil, de las personas que actualmente no pueden conducir. Por ejemplo, el coche sin conductor puede aumentar mucho la independencia de las personas mayores que no pueden o no quieren conducir. Esta posibilidad es especialmente relevante para sociedades en las cuales las personas vivirán más y dónde habrá un mayor número de personas mayores.

Otra de las consecuencias de que el coche conduzca por nosotros es que, probablemente, salgamos más a cenar y, quizá, bebamos alguna copa más. Lógicamente, el hecho de que podamos coger el coche en estas circunstancias será bueno para restaurantes y bares, pero podrá tener un efecto negativo sobre otros servicios, como el de taxi, que nos llevan a casa cuando no estamos en condiciones de conducir. Sin embargo, los taxistas no serán los únicos perjudicados; en la medida que la tecnología de los coches sin conductor se vaya aplicando a otros vehículos, puede que veamos en el futuro también camiones sin conductor o autobuses sin conductor.

Una consecuencia muy positiva de los coches sin conductor es que dejaremos de preocuparnos por el aparcamiento. Cuando lleguemos a nuestro destino nos bajaremos del coche y le “diremos” al coche que se vaya a aparcar. Cuando necesitemos el coche lo llamaremos y le diremos que nos recoja en un sitio determinado a una hora determinada. Eso sí, no tengo muy claro cómo se gestionará el tráfico cuando todos llamemos al coche a la vez y queramos que nos recoja a todos en el mismo sitio.

Como el coche conducirá por sí mismo, habrá más libertad para organizar el interior de los coches a nuestro gusto. Quizá algunas personas organizarán su coche como si fuera una oficina, y otros como si fuera un pequeño taller. Quizá las personas que viajan mucho en automóvil puedan equipar el coche con una cama y aprovechar las noches para viajar de un destino a otro. Por otra parte, como el coche conducirá sólo, las personas podrán dedicar el tiempo de viaje a hacer otras cosas que les pueda apetecer más que conducir, como ver la tele, navegar por Internet o leer un libro. Por ello, en el futuro, las personas darán más importancia al diseño interior del coche que a su diseño exterior y motorización. Es como cuando realizamos viajes largos en avión. Además del precio del billete, le damos importancia a que tengamos una pantalla en nuestro asiento y haya espacio suficiente entre las butacas. Que el avión sea rojo o verde no nos preocupa mucho.

Como todas las nuevas tecnologías, los coches sin conductor traerán cosas buenas y quizá otras no tan buenas, y con su desarrollo habrá personas que saldrán ganando y otras que saldrán perdiendo. Creo que la suma de consecuencias positivas será superior a la suma de consecuencias negativas. Espero vivir lo suficiente para poder verlas.

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Las consecuencias económicas del Google-Car (I)
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Asier Minondo | 21-05-2013 | 6:41| 0

Seguro que más de una vez os habéis preguntado, “Y a mí, en los años que todavía espero vivir ¿qué nuevos avances tecnológicos me quedarán por ver?,  ¿ropa que no hay que lavar ni planchar?, ¿viajar a Australia en menos de un hora?, ¿hablar en euskara pero que un chip traduzca automáticamente mi voz al inglés?”.

Al hacerme esta pregunta, siempre había pensado que una de las cosas que me quedaban por ver eran los coches sin conductor. Al igual que en la serie “El Coche Fantástico” yo creía que en un par de décadas yo también podría tener un coche al que le pudiera decir “Kit, llévame a casa”. Lo que no sabía era que los coches sin conductor ya son casi una realidad. Y tampoco me había dado cuenta de las enormes consecuencias económicas que los coches sin conductor pueden tener sobre la economía.

Ya en Octubre de 2010, Google anunció en su blog que había equipado unos coches con cámaras de vídeo, radares, láseres para identificar el tráfico y el Google Maps, y los había convertido en coches totalmente autónomos. Es más, Google anunciaba que ya había hecho alrededor de 224.000 kilómetros con estos coches. Para que la gente no se llevase un susto, y para cumplir con las exigencias legales, habían sentado una persona en el asiento del conductor, pero en realidad esa persona no conducía.

A día de hoy, según informaba el semanario The Economist en su número del 20 de abril, el Google-Car ya lleva más de 700.000 kilómetros recorridos. Que se sepa, los Google-Car solamente han tenido dos accidentes. En el primero un Google-Car golpeó por detrás a otro coche. Según afirmó un portavoz de Google, en el momento del accidente la persona que estaba sentada en el asiento del conductor sí estaba conduciendo. En el segundo accidente, el Google-Car fue golpeado por detrás por otro coche mientras esperaba que el semáforo se pusiese en verde. También el coche que provocó el accidente iba conducido por una persona. Si queréis ver el coche en acción, podéis pinchar sobre este vídeo. En él una persona que ha perdido el 95% de su visión utiliza el Google-Car para ir de su casa a un restaurante, luego a una lavandería y después de vuelta a casa. Gracias a la fiabilidad que está demostrando el Google-Car, los Estados de Nevada, Florida y California ya han dado permiso para que circule, en periodo de prueba, en carreteras abiertas.

Supongamos que para dentro de algunos años el Google-Car supera todas las pruebas, los países aprueban una legislación que permita circular a coches sin conductor, y que los coches que vayan equipados con esta tecnología tengan un precio competitivo. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias económicas de estos coches sin conductor?

La primera consecuencia es que se reducirían enormemente los accidentes de tráfico. Más de un millón de personas pierden la vida por accidentes de tráfico en el mundo, y en muchos países, los accidentes de tráfico son la primera causa de muerte entre los jóvenes. La mayoría de los accidentes de tráfico se deben a errores humanos. Los coches sin conductor, con una visión de 360 grados, tienen una percepción y una capacidad de reacción mucho más rápida que la de los humanos. Además, los coches sin conductor no se cansan, no se distraen, no beben alcohol y respetan las señales de tráfico. De hecho el ingeniero jefe del proyecto del Google-Car, Sebastian Thrun, tomó la decisión de dedicar su vida a desarrollar un coche sin conductor tras perder a los 18 años a su mejor amigo en un accidente de tráfico.

Como la capacidad de reacción de los coches sin conductor es mucho más grande que el de las personas, la distancia que habrá que dejar entre los coches será mucho más pequeña. Como los ciclistas, los coches podrán ir en pelotón, y al ir “a rueda” necesitarán menos energía para moverse. Al ir en pelotón las carreteras podrán soportar una carga muy superior de coches y se reducirán los atascos. Por otra parte, debido a que se reduce enormemente el riesgo de accidentes,  los coches se podrán fabricar con materiales mucho más ligeros, lo cual, junto con el ir en pelotón, permitirá una caída muy importante en el consumo de gasolina. Sin embargo, como me señaló mi compañero de blog Iñaki Erauskin, si se reduce el precio de los coches y aumenta el atractivo de viajar en ellos, quizá acabemos teniendo más coches, y otra vez vuelvan los atascos y el consumo excesivo de gasolina.

Una segunda consecuencia de los coches sin conductor es que ya no habrá necesidad de sacarse el carnet de conducir, lo cual tendrá un impacto muy negativo sobre las autoescuelas. Como la probabilidad de tener un accidente será mucho menor, seguramente la cuota del seguro del automóvil también bajará. De hecho, es probable que las compañías de seguros penalicen a las personas que no utilicen en sus coches el piloto automático. Es más, algunos analistas han sugerido que dentro de algunos años, cuando se demuestre que el Google-Car conduce mucho mejor que las personas, algunos países pueden tomar la decisión de prohibir que las personas conduzcan. Así mismo, como los coches respetarán las normas de tráfico, ya no habrá que pagar multas de tráfico (en todo caso, ¿quién sería el responsable: Google o el dueño del coche?), y se podrá reducir el número de policías de tráfico.

Éstas son algunas de las consecuencias económicas de los coches sin conductor. Pero hay muchas más. Algunas son buenas y otras, quizá, no sean tan buenas para ciertos colectivos. Si te interesa conocerlas nos vemos en tres semanas.

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