Diario Vasco
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Autor: aminondo
El impacto de Embarazada a los 16
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Asier Minondo | 31-05-2016 | 6:17| 0

Si me pidieran nombrar algún programa de televisión cutre, seguramente elegiría Gandia Shore de la cadena MTV. Para estar seguro de mi elección antes de escribir este post he seguido durante un par de episodios de reposición, las andanzas de Ylenia, Cristina “Core”, Alberto “Clavelitos”, y compañía, y he disipado todas mis dudas. Con estos precedentes, resulta difícil creer que otro docu-reality de esta cadena, Embarazada a los 16, pueda tener algún efecto positivo en el comportamiento de los jóvenes. Sin embargo, según un estudio realizado por los profesores Kearney y Levine, y publicado en el American Economic Review, sí lo ha tenido.

Como su título sugiere, Embarazada a los 16 es una serie que en cada capítulo cuenta las vicisitudes de una adolescente que se ha quedado embarazada. La serie quiere subrayar las dificultades a las que se enfrentan las jóvenes durante el embarazo y los primeros meses de vida del bebé. Los estudios señalan que las madres adolescentes no son más pobres por haber sido madres a una edad temprana; más bien, ser madres adolescentes es una consecuencia de las peores condiciones de vida en que vivían estas adolescentes. Sin embargo, dichos estudios concluyen que los hijos de las madres adolescentes tienen desventajas sociales y económicas frente a los hijos de mujeres más maduras, especialmente si estas tienen un mayor nivel educativo y están casadas. Por estas razones, se considera que reducir el número de madres adolescentes es positivo.

Embarazada a los 16 se estrenó en Junio de 2009 en Estados Unidos. Gracias a sus buenos índices de audiencia, la serie ha tenido cinco temporadas y ha generado dos spin-offs: Teen Mom I y Teen Mom II, donde se sigue documentando la vida de algunas de las jóvenes que aparecieron en la primera y segunda temporada de Embarazada a los 16.

Para analizar el impacto de la serie, Kearney y Levine utilizan los datos de audiencia de la serie entre las jóvenes de 12 a 24 años en los Estados Unidos, y analizan si los cambios en la audiencia están relacionados con variaciones en la tasa de fertilidad de las chicas de 15 a 19 años. Los autores utilizan diferentes técnicas para asegurar que están capturando una relación causal. Su conclusión es que un aumento de la audiencia en un 1% provoca una reducción de la tasa de fertilidad entre las adolescentes de un 2,3%. Los análisis muestran también que el programa habría contribuido en un 25% a la reducción total en la tasa de fertilidad de las adolescentes durante el periodo analizado.

Tras estimar el impacto de Embarazada a los 16, los autores se preguntan por qué las jóvenes que ven este programa reducen la probabilidad de ser madres adolescentes. Los autores argumentan que el programa, al subrayar las dificultades que tienen las madres adolescentes, provoca que los jóvenes quieran recabar más información sobre métodos anticonceptivos y sobre el aborto. De hecho, los autores muestran que tras la emisión de un episodio aumentan de forma notable las búsquedas en Internet y las menciones en Twitter de estos términos. Aunque el estudio no tiene datos para probarlo, teniendo en cuenta la reducción en el número de abortos entre las jóvenes estadounidenses, los autores señalan que el mecanismo más probable haya sido un mayor uso de métodos anticonceptivos.

El trabajo de Kearny y Levine pone de manifiesto que los programas de televisión pueden influir de forma notable sobre los comportamientos de las personas. Embarazada a los 16, a pesar de utilizar elementos de lo que se conoce como telebasura, ha tenido una influencia positiva al reducir el número de embarazos entre las adolescentes. ¿Tendrá también Gandia Shore algún efecto positivo entre los jóvenes que yo no soy capaz de ver?

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El impacto de los refugiados y la inmigración sobre los salarios
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Asier Minondo | 10-05-2016 | 6:18| 0

La llegada masiva de refugiados de zonas de conflicto como Siria es uno de los desafíos más importantes a los que se enfrenta Europa. Este fenómeno se une al proceso estructural de inmigración por razones económicas que se viene produciendo desde países más pobres hacia nuestro continente desde hace varias décadas.

Una de las preocupaciones que genera la llegada de refugiados e inmigrantes es su efecto sobre el mercado laboral europeo. Normalmente, los refugiados e inmigrantes, debido a su formación académica, y a las dificultades que tienen para hablar el idioma local, suelen ocupar tareas poco cualificadas, como la construcción o el servicio doméstico. La teoría económica nos dice que si se produce un aumento de la oferta de trabajadores para realizar tareas poco cualificadas se puede producir una reducción de los salarios y de las oportunidades de empleo de los trabajadores poco cualificados nativos. Este efecto negativo es uno de los factores que alimentan el rechazo de una parte de la población a la llegada de refugiados e inmigrantes.

Sin embargo, diversos economistas han apuntado que la inmigración puede tener consecuencias positivas para los trabajadores poco cualificados nativos. El argumento es que la mayor competencia en tareas poco cualificadas, debido a la llegada de refugiados e inmigrantes, incentiva a los trabajadores poco cualificados nativos a buscar empleos que requieren una mayor complejidad y formación, y que pagan mejores salarios. Este movimiento hacia actividades más complejas contribuiría, además, a mantener las condiciones laborales de los trabajadores poco cualificados que no cambian de empleo, al reducir la oferta de este tipo de trabajadores.

Para analizar la validez empírica de este argumento, los profesores Foged y Peri, de la Universidad de Copenhague y UC Davis respectivamente, han analizado el efecto de la llegada masiva de refugiados a Dinamarca durante la década de 1990. Como muestran los autores, durante este periodo, Dinamarca acogió a muchos refugiados de zonas de conflicto como Yugoslavia, Somalia, Afganistán e Iraq. La mayoría de estos refugiados se integraron posteriormente en el mercado laboral danés realizando tareas poco cualificadas. El gobierno danés repartió a los refugiados en función de la disposición de vivienda temporal en los municipios. Asimismo, para que los refugiados se ayudasen entre sí, trató de concentrar los refugiados de cada nacionalidad en zonas concretas.

El estudio analiza si los trabajadores poco cualificados nativos que trabajaban en los municipios que recibieron más refugiados e inmigrantes sufrieron una mayor caída de los salarios o unas peores perspectivas de empleo que los trabajadores poco cualificados nativos que trabajaban en municipios que recibieron un menor número de refugiados e inmigrantes. Para realizar el análisis los autores cuentan con la vida laboral de todos los trabajadores daneses antes y después de la llegada de refugiados. Estos datos identifican en qué municipio trabajaban los nativos en cada momento, si realizaban tareas cualificadas o poco cualificadas, y el salario que percibían.

El estudio muestra que no hay una correlación negativa entre el número de refugiados recibidos por un municipio danés y el salario y las oportunidades de empleo de los trabajadores poco cualificados que trabajaban en dicho municipio. La ausencia de un efecto negativo se explica porque un número importante de trabajadores poco cualificados nativos, ante la mayor competencia en el mercado laboral por la llegada de refugiados, cambiaron su ocupación hacia actividades más complejas, que requerían una mayor formación. Al trasladarse a actividades de mayor complejidad, además, estos trabajadores mejoraron sus condiciones salariales. Los autores muestran también que los trabajadores que se trasladaron hacia actividades más complejas eran jóvenes y con una menor experiencia en la empresa.

¿Son los resultados de Dinamarca trasladables a otros países? Dinamarca se caracteriza por tener un mercado laboral flexible y por realizar una gran inversión en políticas activas de empleo. En países donde el mercado laboral es menos flexible, que tienen mayores tasas de desempleo y que invierten menos en políticas activas, la transición de los trabajadores menos cualificados a actividades más complejas puede ser más lenta. En este contexto parece lógico esperar que la llegada de refugiados e inmigrantes tuviera un efecto negativo sobre los salarios y oportunidades de empleo de los trabajadores menos cualificados. Sin embargo, otros estudios que han utilizado datos para un conjunto de países europeos no encuentran tampoco un efecto negativo sobre el mercado laboral.

La literatura económica ha mostrado que la inmigración tiene efectos positivos para un país en su conjunto. El estudio que hemos analizado muestra que la inmigración puede tener efectos positivos incluso sobre aquellos segmentos del mercado laboral, como la de los trabajadores menos cualificados, que más temor podían tener a la llegada de refugiados e inmigrantes.

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El comercio internacional cada vez crece menos
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Asier Minondo | 19-04-2016 | 6:23| 0

Durante el periodo 1970-2013 las exportaciones de bienes y servicios en el mundo se multiplicaron por diez, mientras que el PIB mundial solamente se multiplicó por cuatro. El mayor crecimiento relativo del comercio internacional es uno de los más claros indicadores del proceso de globalización que ha experimentado la economía mundial durante las últimas décadas. En concreto, si las exportaciones suponían alrededor del 13% del PIB mundial en el año 1970, para 2013 ya suponían casi el 30%.

Sin embargo, durante los últimos años se ha producido un crecimiento mucho más moderado del comercio internacional. De acuerdo a los datos de la Organización Mundial del Comercio, el crecimiento en los años 2014 y 2015 no superó el 3%, y las previsiones apuntan a que tampoco se supere este porcentaje en el año 2016. Esta desaceleración del crecimiento se debe, en parte, a una menor demanda mundial. Sin embargo, los datos también muestran que, a diferencia de décadas anteriores en el que el comercio crecía muy por encima del PIB, en la actualidad ambas variables crecen de forma similar. ¿Significa esto que hemos alcanzado un estadio en el que el comercio internacional, como porcentaje de la producción, ha llegado a su máximo?

En un reciente libro, editado por la asociación VoxEU, se ha analizado qué factores estructurales pueden explicar que el comercio internacional haya dejado de crecer más rápido que el PIB (en jerga económica, por qué se ha reducido la elasticidad del comercio con relación al PIB). Los autores destacan dos razones para explicar esta desaceleración. En primer lugar, para el comienzo de la segunda década del siglo XXI habría finalizado el proceso de incorporación a la economía mundial de dos grandes zonas que apenas comerciaban con el resto del mundo anteriormente: los países de la Europa Central y del Este, y China. Cuando estas zonas se integran a la economía mundial el comercio crece mucho más rápido que el PIB; sin embargo, una vez finalizado el proceso de integración, el comercio vuelve a crecer al mismo ritmo que el PIB.

En segundo lugar, los autores señalan que durante estos años también habría finalizado el proceso de creación de cadenas de producción globales. Como explicábamos en un post anterior, una de las características del proceso de globalización es que la producción no se realiza en un único país, sino que se divide entre muchos países. Esta división del proceso de producción genera un crecimiento artificial del comercio internacional, ya que este se recoge en valores brutos y no en valores netos. Por ejemplo, imaginemos que en el proceso de producción de una camiseta participan tres países: Estados Unidos (que produce el algodón), Indonesia (que convierte el algodón en tela) y Bangladesh (que corta la tela y la cose, convirtiéndola en una camiseta). Imaginemos también que el valor que añade cada país es de 5€ en cada camiseta. En este ejemplo el valor añadido total que se genera es de 15€ (5€ de algodón + 5€ de tela + 5€ de confección). Sin embargo, el comercio que se genera, al estar medido en valores brutos, es mucho mayor. El algodón que se exporta de Estados Unidos a Indonesia vale 5€; sin embargo, el valor de la exportación de la tela de Indonesia a Bangladesh es 10€, ya que incorpora los 5€ de algodón y los 5€ del valor añadido de convertir el algodón en tela. Si Bangladesh exporta la camiseta a otro país, el valor de la exportación será de 15€. Por tanto, en el proceso de producción de la camiseta se han generado 5€+10€+15€=30€ de comercio internacional, el doble del valor añadido de la camiseta. A medida que se desarrollan las cadenas de producción globales el comercio tenderá a crecer por encima del PIB. Sin embargo, una vez que se haya finalizado el proceso de desarrollo de las cadenas, el comercio volverá a crecer al mismo ritmo que el PIB.

¿Debemos preocuparnos por la reducción en el crecimiento del comercio? Como señala Bernard Hoekman en el capítulo introductorio del libro, a corto plazo el menor crecimiento del comercio internacional es una mala noticia para las empresas, como muchas españolas, que se han apoyado en las exportaciones para compensar la caída del mercado doméstico. A largo plazo, Hoekman sostiene que los efectos pueden ser negativos, ya que el comercio es una vía de transmisión del conocimiento y empuja a los países a especializarse en aquello en lo que son más productivos. Paul Krugman, en cambio, no está muy preocupado por esta caída. En un post publicado hace ya dos años, sostenía que la caída del crecimiento del comercio internacional era un proceso natural de agotamiento de las variables que habían permitido un gran crecimiento anteriormente.

Hace algunos años, los profesores Keith Head y Thierry Mayer, calcularon que si no hubiera ninguna barrera al comercio internacional, la economía mundial alcanzaría un porcentaje de exportaciones cercano al 90% del PIB mundial. Todavía estamos muy lejos de esa cifra. Por ello, yo creo que todavía el comercio tiene mucho recorrido para crecer por encima del PIB y que estamos lejos de un escenario en el que la economía mundial haya alcanzado su máximo grado de globalización.

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Desarrollo urbano: ¿planificación o generación espontánea?
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Asier Minondo | 22-03-2016 | 7:21| 0

Como explica William Easterly, profesor de la Universidad de Nueva York, hay dos grandes visiones sobre el desarrollo económico. La primera plantea que el desarrollo económico se puede planificar.  En esta visión, como explicábamos en un post anterior, el desarrollo económico se percibe como un problema técnico. Si se poseen los recursos necesarios y un plan adecuado, el desarrollo se puede lograr. La segunda defiende que el desarrollo es un fenómeno espontáneo, fruto de las decisiones no coordinadas de un gran número de personas. Si se cuenta con un entorno seguro y en el que se cumplan los contratos, las personas tendrán incentivos para invertir en actividades, como la educación o nuevos proyectos empresariales, que impulsen el crecimiento económico.

Como casi todo en la vida, la verdad no está en ninguno de los extremos, sino en algún punto intermedio. Las ciudades son un buen ejemplo para mostrar que hay que combinar planificación y espontaneidad para lograr el desarrollo. Por una parte, para que las ciudades puedan crecer se necesita cierta planificación. Como defiende el profesor Paul Romer, en una ciudad se debe planificar qué porcentaje del espacio se destina al uso público y qué porcentaje al uso privado. El espacio que se destine al uso público debe utilizarse para zonas verdes y para asegurar que muchas personas se puedan mover de forma rápida en la ciudad. Por ejemplo, Romer propone unas vías de circulación suficientemente anchas que permitan el tránsito de autobuses, y que las personas solamente tengan que caminar como máximo medio kilómetro para llegar a una arteria vial. Para ilustrar esta idea Romer, en una conferencia que pronunció a finales del 2014, comparaba la planificación urbana de Nueva York con la de Bangkok. En el primer caso, ya en el año 1811, se definieron cuáles serían las grandes arterias de la ciudad, el espacio público, y qué áreas se destinarían al uso privado (casas y negocios). Ésto permitió un crecimiento ordenado y que la ciudad pudiese absorber una gran densidad de tránsito. En cambio, en el caso de Bangkok, no se planificó el reparto del suelo entre un uso privado o público. Ésto ha provocado que muchas zonas de Bangkok estén alejadas de las arterias principales de tránsito, generando enormes problemas de tráfico. Actualmente, con la construcción de los trenes elevados se está intentando solventar este problema, pero todavía los atascos persisten.

Romer señala que si la distribución del espacio público y privado no se realiza desde el principio, es muy difícil que después, debido a los derechos adquiridos, se pueda cambiar. Por ello, la planificación es importante.

Sin embargo, la historia de la ciudad de Nueva York ilustra también las limitaciones de la planificación. Los profesores Easterly, Freschi y Pennings han analizado la evolución de un barrio de Nueva York, el que se sitúa alrededor de la calle Greene, durante casi cuatro siglos. Como era de esperar, los autores muestran que se han producido grandes cambios en la especialización productiva del barrio. Por ejemplo, durante el siglo XIX el barrio pasó de ser una de las zonas de prostitución más importantes de Nueva York a albergar muchas fábricas textiles. En cambio, durante el siglo XX el barrio se convirtió en una zona de galerías de arte, y actualmente alberga a muchas tiendas de lujo. Aunque es normal que durante un periodo tan extenso se produzcan cambios en la especialización productiva de un barrio, lo que los autores quieren subrayar es que las transformaciones fueron muy distintas a las que se hubiesen predicho en cada momento. Por ejemplo, la primera gran sorpresa sobre cómo evolucionó la ciudad se la hubieran llevado los holandeses. Ante la disyuntiva de ceder Surinam o Nueva York a los británicos en el siglo XVII, los holandeses decidieron ceder Nueva York, ya que esperaban que este territorio fuese mucho menos valioso que el sudamericano. Con relación al barrio, fue también una sorpresa para los residentes acaudalados del barrio que éste se convirtiera en una zona de prostitución en el siglo XIX; y también fue una sorpresa para los habitantes del barrio que las casas de citas se convirtieran más adelante en talleres de confección.

La historia de este barrio neoyorkino, y las sorpresas en su desarrollo, pone de manifiesto que muchas veces es muy difícil planificar en qué se debe especializar un barrio, una región o un país. Por ello, Easterly y sus coautores opinan que es mejor dejar que la iniciativa privada, mediante un proceso de fracasos y triunfos, determine la ruta a seguir.

La historia de la ciudad de Nueva York pone de manifiesto que el desarrollo es fruto de la planificación y de la espontaneidad. Lo importante es saber cuándo debemos aplicar una y cuándo otra.

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El cáncer y la economía
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Asier Minondo | 01-03-2016 | 7:26| 0

Los tumores fueron la primera causa de muerte entre los hombres y la segunda entre las mujeres en España en el año 2013. Entre los tumores, el que produjo una mayor mortalidad fue el cáncer de bronquios y de pulmón. En los últimos cinco años Estados Unidos ha aprobado la comercialización de ocho fármacos que mejoran la supervivencia de los pacientes con estados avanzados de cáncer de pulmón. Sin embargo, todavía no ha aprobado ningún medicamento para prevenir el cáncer de pulmón. Esta situación no es exclusiva de este tipo de cáncer; también en otros el número de medicamentos aprobados para tratar estados avanzados de la enfermedad es muy superior al de los preventivos.

Aunque pueden existir razones científicas que expliquen esta diferencia, es posible también que las empresas tengan más incentivos económicos para desarrollar medicamentos que traten estados avanzados de cáncer que para desarrollar medicamentos preventivos. Un reciente estudio realizado por los profesores Budish, Roin y Williams, publicado en el American Economic Review, analiza esta posibilidad. Este estudio explica que la gran diferencia entre los medicamentos preventivos y los medicamentos para estados avanzados es el tiempo que se requiere para su aprobación por parte de la autoridad sanitaria de los Estados Unidos. En los casos de cáncer en estados avanzados, los pacientes ya están enfermos y su mortalidad es elevada. En estos casos, una mejora en la supervivencia en unos pocos meses es suficiente para determinar estadísticamente que el medicamento tiene un efecto positivo. En cambio, para los fármacos preventivos la tasa de supervivencia de los pacientes es muy elevada y, por tanto, se debe esperar mucho más tiempo para establecer científicamente si el fármaco tiene efectos positivos o no sobre la supervivencia. Para ilustrar esta diferencia, los autores utilizan como ejemplo la experiencia de un medicamento que mejoraba la supervivencia de enfermos con cáncer de colón con metástasis, con otro medicamento que mejora la supervivencia de los enfermos con cáncer de próstata muy localizado y en un estado de desarrollo temprano. En el primer caso el periodo de pruebas duró 3 años y en el segundo 18 años. No es sorprendente que el desarrollo del primer fármaco fuese financiado por una empresa privada, mientras que el segundo estuviese financiado por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.

Para analizar si este ejemplo refleja una tendencia general, los autores analizan todos los procesos de análisis clínicos de medicamentos para el cáncer durante el periodo 1973-2011. Los autores muestran que los análisis clínicos de medicamentos son mucho más numerosos para pacientes con una menor probabilidad de supervivencia que para pacientes con una mayor probabilidad de supervivencia. En el primer caso, como hemos señalado anteriormente, los análisis clínicos necesitan de un menor periodo para establecer la efectividad del medicamento, y las empresas pueden comercializar el medicamento más rápidamente.

Los autores del estudio ofrecen dos razones para explicar los resultados. Por una parte, las empresas pueden tener una preferencia por las actividades que les otorguen beneficios en el corto plazo frente al largo plazo. Por otra parte, el diseño del sistema de patentes puede perjudicar los medicamentos que requieren largos periodos de prueba. Normalmente las empresas suelen patentar el medicamente en el momento en que lo desarrollan, no cuando se aprueba su comercialización. El sistema de patentes ofrece normalmente un periodo de 20 años a las empresas para explotar la patente. Si el periodo de prueba es corto, la empresa tendrá más tiempo para explotar la patente.

Los autores ofrecen tres políticas para incentivar la investigación en medicamentos preventivos contra el cáncer, o que lo traten en estadios tempranos de desarrollo. El primero sería utilizar indicadores alternativos a la mejora de la supervivencia para establecer la efectividad del medicamento. Si la mejora en la supervivencia está relacionada con un indicador intermedio, y éste se puede observar antes, se lograría una reducción notable en el periodo de prueba. Con ello, las empresas tendrían más incentivos para investigar en medicamentos que se aplican en periodos tempranos de desarrollo del cáncer. La segunda medida es cambiar el funcionamiento de las patentes, comenzando el periodo de protección en el momento en el que el medicamento se haya comercializado. Finalmente, las autoridades públicas pueden ofrecer subvenciones para los medicamentos que requieran un mayor periodo de prueba. Esperemos que estas medidas se pongan en marcha, ya que si no las empresas seguirán teniendo más incentivos para tratar el lamentar que el prevenir.

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