Diario Vasco
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Autor: aminondo
¿Es mejor dar el pez que enseñar a pescar?
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Asier Minondo | 04-10-2016 | 6:23| 0

Seguramente todos habremos escuchado alguna vez ese antiguo proverbio chino que reza “Dale un pez a un hombre, y comerá hoy. Enséñale a pescar y comerá el resto de su vida”. Este proverbio ha guiado la ayuda al desarrollo durante mucho tiempo, convirtiendo a la educación en una de sus partidas más importantes.

Sin embargo, durante las últimas décadas, algunos países han comenzado a aplicar variantes de este proverbio chino. Por ejemplo, en algunas comunidades pobres se observaba que, a pesar de la inversión en escuelas y profesores, los niños no acudían a la escuela. Esto se debía a que los niños tenían que trabajar para apoyar los ingresos de la familia. Para romper este círculo de pobreza, a partir de la década de 1990, países como México y Brasil comenzaron a transferir dinero a las familias más pobres a condición de que los hijos fuesen a la escuela, y cumplieran con algunos requisitos sanitarios, como la vacunación. Estos programas de ayuda a los pobres, que siguiendo el proverbio chino denominaríamos “Te doy el pez, si aprendes a pescar”, se han extendido por un gran número de países. Como señalaba  el Banco Mundial en este informe, la mayoría de los estudios de evaluación concluyen que los programas de transferencia de efectivo condicionados han mejorado los indicadores de salud y educación de los hijos de las familias más pobres.

Al calor del éxito de estos programas, algunas personas se han preguntado si realmente las transferencias de efectivo deben tener condiciones aparejadas para que resulten efectivas. Como señalaba uno de los mayores expertos en desarrollo, el profesor Abhijit Banerjee, dar dinero directamente a los pobres era algo impensable en los círculos de la ayuda al desarrollo. El argumento era que las personas pobres no sabrían cómo utilizar el dinero para salir de la pobreza, y lo malgastarían en tabaco y alcohol. Sin embargo, la ONG GiveDirectly, que cuenta con el respaldo de Google, ha cuestionado este argumento, y transfiere directamente dinero a las personas más pobres. Esta ONG le ha dado completamente la vuelta al proverbio chino y plantea “Dar el pez, en vez de enseñar a pescar”.

Un reciente estudio, publicado en la prestigiosa Quarterly Journal of Economics, ha analizado el impacto de las transferencias de esta ONG en una comunidad pobre en Kenia. El trabajo muestra que las familias que recibieron una transferencia en efectivo destinaron parte de la renta adicional al consumo y parte a la inversión. Con relación al consumo, la renta adicional no se malgastó en alcohol o tabaco. Por su parte, la inversión se realizó en herramientas o en ganado, lo cual permitió a las familias aumentar su ingreso de una forma estable. Sin embargo, estas familias no aumentaron sus gastos en educación o en sanidad. Los autores también encuentran una mejora significativa en la salud psicológica de las familias que recibieron la transferencia. Finalmente, los autores comparan si las familias en las que la mujer gestionó la transferencia tuvieron mejores resultados que las familias en las que lo hizo el hombre. A diferencia de estudios anteriores que concluían que la mujer gestiona los fondos de manera más adecuada para la unidad familiar, el presente estudio no encontró ninguna diferencia.

Los resultados del estudio sugieren que “dar el pez, en vez de enseñar a pescar” puede ser una buena estrategia para el desarrollo. Además, es una estrategia mucho más barata que las anteriores. Sin embargo, como señala otros de los expertos en desarrollo, el profesor Chris Blattman, cada estrategia tiene su lugar. Las inversiones en salud y en educación, y las transferencias condicionadas a estos objetivos, son importantes para asegurar el bienestar de las personas en el futuro. Además, desde el punto de vista político, parece más fácil justificar las ayudas al desarrollo, si éstas están condicionadas que si no lo están. Por su parte, las transferencias directas de efectivo pueden ser muy efectivas para sustituir los programas en los que los gobiernos otorgan directamente algún bien a las familias más pobres. Por ejemplo, en la India el gobierno vende gas para cocinar, o arroz a precios subvencionados, a las personas más pobres. El problema de esta política es que muchos productos destinados a los pobres desaparecen por el camino, y se venden en el mercado negro a personas que no son beneficiarias de este programa. Para atajar este problema, en vez de vender los productos a precios subvencionados, el gobierno indio ha iniciado un programa para transferir directamente efectivo a las personas pobres para que utilicen ese dinero para comprar aquellos productos y servicios que más contribuyen a superar la pobreza. La experiencia de Kenia, que hemos comentado anteriormente, confirma que los pobres no malgastan el dinero.

La experiencia de la ayuda al desarrollo es que a veces hay que enseñar a pescar, a veces hay que dar el pez si se aprende a pescar, y que a veces es mejor dar el pez. Lo importante es saber qué proverbio debemos aplicar en cada situación.

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Comienza el curso en la universidad: ¿He elegido bien?
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Asier Minondo | 13-09-2016 | 6:32| 0

La semana pasada más de 200.000 alumnos comenzaron sus estudios universitarios en España. Muchos de ellos lo habrán hecho convencidos de que el grado que van a cursar les permitirá desarrollar en el futuro la carrera profesional deseada. Otros, sin embargo, todavía no tendrán claro qué carrera profesional quieren desempeñar en el futuro, y habrán elegido sus estudios más por descarte que por convencimiento.

Según la economía debemos elegir la ocupación que maximice nuestro bienestar durante nuestra vida laboral. Nuestro bienestar va a depender, básicamente, de dos cosas. La primera es lo feliz que nos hace la tarea que vamos a desarrollar. Aunque no es fácil, los alumnos deben preguntarse qué tipo de actividades les hacen felices y cuáles les hacen infelices. La segunda es las oportunidades de empleo y el salario que puedo percibir en el futuro. El peso que tenga cada elemento en la ecuación dependerá de cada uno. Algunas personas valoran muchísimo más realizar una tarea que les haga felices, aunque cobren poco (por ejemplo, trabajar en una ONG), y otros prefieren ganar mucho dinero realizando una tarea que quizá no les haga muy felices (por ejemplo, trabajar en una plataforma petrolera en el Mar del Norte).

Si ya tenemos dificultades para decidir qué tareas nos hacen más felices, todavía resulta más complicado determinar en qué tarea podré maximizar mis oportunidades de empleo y mi salario. Normalmente, tenemos más oportunidades de maximizar nuestro salario si nos especializamos en aquella actividad en la que tengamos alguna ventaja comparativa, en la que nuestras habilidades sean relativamente mejores que las de los demás. Y ¿cómo saben los alumnos en qué habilidades son relativamente mejores? Normalmente la vía principal para recoger esta información son los estudios obligatorios y de bachillerato que han realizado antes de llegar a la universidad. Desde una edad temprana nos enfrentamos con asignaturas que nos permiten identificar en qué somos buenos y en qué no somos tan buenos. Si las matemáticas nos cuestan, pero disfrutamos con lengua y literatura, seguramente iremos gravitando hacia actividades en donde las habilidades matemáticas sean menos importantes. Si observamos que tenemos una escasa habilidad manual, tendremos una mayor preferencia por actividades donde la parte cognitiva sea más importante. Además, la escuela nos permite observar nuestras ventajas en términos relativos, ya que constantemente nos estamos comparando con el resto de compañeros. La educación, por tanto, no solamente es importante para adquirir conocimientos y habilidades sociales. Lo es también porque nos permite comenzar a identificar en qué actividades somos relativamente buenos. Por ello, una de las cuestiones que se deberían tener en cuenta al diseñar el curriculum educativo es que exista una amplia variedad de áreas de estudio/habilidades para que los alumnos puedan identificar su ventaja comparativa. Por otro lado, antes de llegar a la universidad, los alumnos deberían estar expuestos a situaciones que les permita identificar mejor sus habilidades. Estas situaciones pueden estar ligadas a actividades extra-curriculares tan diversas como la participación en grupos sociales, trabajos de fin de semana o campos de trabajo.

La falta de sintonía entre habilidades y ocupaciones tiene costes muy importantes. Un reciente estudio, que utiliza datos de Estados Unidos, ha analizado la sintonía entre las habilidades de los trabajadores y las competencias requeridas para desempeñar las tareas que realizan dichos trabajadores. El estudio identifica los trabajadores que habían conseguido una buena sintonía entre sus habilidades y las competencias requeridas para el trabajo, y los trabajadores donde la sintonía era muy pequeña. Los autores muestran que, por término medio, los trabajadores con una buena sintonía entre habilidades y competencias, durante un periodo de 15 años, logran un salario acumulado 121,000 dólares superior.

Nuestra vida está en gran parte marcada por el trabajo que realizamos. Por tanto, es importante que dediquemos tiempo a reflexionar sobre qué tareas nos hacen felices y cuáles nos permiten maximizar nuestras oportunidades de empleo y salario.

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El impacto de Embarazada a los 16
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Asier Minondo | 31-05-2016 | 6:17| 0

Si me pidieran nombrar algún programa de televisión cutre, seguramente elegiría Gandia Shore de la cadena MTV. Para estar seguro de mi elección antes de escribir este post he seguido durante un par de episodios de reposición, las andanzas de Ylenia, Cristina “Core”, Alberto “Clavelitos”, y compañía, y he disipado todas mis dudas. Con estos precedentes, resulta difícil creer que otro docu-reality de esta cadena, Embarazada a los 16, pueda tener algún efecto positivo en el comportamiento de los jóvenes. Sin embargo, según un estudio realizado por los profesores Kearney y Levine, y publicado en el American Economic Review, sí lo ha tenido.

Como su título sugiere, Embarazada a los 16 es una serie que en cada capítulo cuenta las vicisitudes de una adolescente que se ha quedado embarazada. La serie quiere subrayar las dificultades a las que se enfrentan las jóvenes durante el embarazo y los primeros meses de vida del bebé. Los estudios señalan que las madres adolescentes no son más pobres por haber sido madres a una edad temprana; más bien, ser madres adolescentes es una consecuencia de las peores condiciones de vida en que vivían estas adolescentes. Sin embargo, dichos estudios concluyen que los hijos de las madres adolescentes tienen desventajas sociales y económicas frente a los hijos de mujeres más maduras, especialmente si estas tienen un mayor nivel educativo y están casadas. Por estas razones, se considera que reducir el número de madres adolescentes es positivo.

Embarazada a los 16 se estrenó en Junio de 2009 en Estados Unidos. Gracias a sus buenos índices de audiencia, la serie ha tenido cinco temporadas y ha generado dos spin-offs: Teen Mom I y Teen Mom II, donde se sigue documentando la vida de algunas de las jóvenes que aparecieron en la primera y segunda temporada de Embarazada a los 16.

Para analizar el impacto de la serie, Kearney y Levine utilizan los datos de audiencia de la serie entre las jóvenes de 12 a 24 años en los Estados Unidos, y analizan si los cambios en la audiencia están relacionados con variaciones en la tasa de fertilidad de las chicas de 15 a 19 años. Los autores utilizan diferentes técnicas para asegurar que están capturando una relación causal. Su conclusión es que un aumento de la audiencia en un 1% provoca una reducción de la tasa de fertilidad entre las adolescentes de un 2,3%. Los análisis muestran también que el programa habría contribuido en un 25% a la reducción total en la tasa de fertilidad de las adolescentes durante el periodo analizado.

Tras estimar el impacto de Embarazada a los 16, los autores se preguntan por qué las jóvenes que ven este programa reducen la probabilidad de ser madres adolescentes. Los autores argumentan que el programa, al subrayar las dificultades que tienen las madres adolescentes, provoca que los jóvenes quieran recabar más información sobre métodos anticonceptivos y sobre el aborto. De hecho, los autores muestran que tras la emisión de un episodio aumentan de forma notable las búsquedas en Internet y las menciones en Twitter de estos términos. Aunque el estudio no tiene datos para probarlo, teniendo en cuenta la reducción en el número de abortos entre las jóvenes estadounidenses, los autores señalan que el mecanismo más probable haya sido un mayor uso de métodos anticonceptivos.

El trabajo de Kearny y Levine pone de manifiesto que los programas de televisión pueden influir de forma notable sobre los comportamientos de las personas. Embarazada a los 16, a pesar de utilizar elementos de lo que se conoce como telebasura, ha tenido una influencia positiva al reducir el número de embarazos entre las adolescentes. ¿Tendrá también Gandia Shore algún efecto positivo entre los jóvenes que yo no soy capaz de ver?

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El impacto de los refugiados y la inmigración sobre los salarios
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Asier Minondo | 10-05-2016 | 6:18| 0

La llegada masiva de refugiados de zonas de conflicto como Siria es uno de los desafíos más importantes a los que se enfrenta Europa. Este fenómeno se une al proceso estructural de inmigración por razones económicas que se viene produciendo desde países más pobres hacia nuestro continente desde hace varias décadas.

Una de las preocupaciones que genera la llegada de refugiados e inmigrantes es su efecto sobre el mercado laboral europeo. Normalmente, los refugiados e inmigrantes, debido a su formación académica, y a las dificultades que tienen para hablar el idioma local, suelen ocupar tareas poco cualificadas, como la construcción o el servicio doméstico. La teoría económica nos dice que si se produce un aumento de la oferta de trabajadores para realizar tareas poco cualificadas se puede producir una reducción de los salarios y de las oportunidades de empleo de los trabajadores poco cualificados nativos. Este efecto negativo es uno de los factores que alimentan el rechazo de una parte de la población a la llegada de refugiados e inmigrantes.

Sin embargo, diversos economistas han apuntado que la inmigración puede tener consecuencias positivas para los trabajadores poco cualificados nativos. El argumento es que la mayor competencia en tareas poco cualificadas, debido a la llegada de refugiados e inmigrantes, incentiva a los trabajadores poco cualificados nativos a buscar empleos que requieren una mayor complejidad y formación, y que pagan mejores salarios. Este movimiento hacia actividades más complejas contribuiría, además, a mantener las condiciones laborales de los trabajadores poco cualificados que no cambian de empleo, al reducir la oferta de este tipo de trabajadores.

Para analizar la validez empírica de este argumento, los profesores Foged y Peri, de la Universidad de Copenhague y UC Davis respectivamente, han analizado el efecto de la llegada masiva de refugiados a Dinamarca durante la década de 1990. Como muestran los autores, durante este periodo, Dinamarca acogió a muchos refugiados de zonas de conflicto como Yugoslavia, Somalia, Afganistán e Iraq. La mayoría de estos refugiados se integraron posteriormente en el mercado laboral danés realizando tareas poco cualificadas. El gobierno danés repartió a los refugiados en función de la disposición de vivienda temporal en los municipios. Asimismo, para que los refugiados se ayudasen entre sí, trató de concentrar los refugiados de cada nacionalidad en zonas concretas.

El estudio analiza si los trabajadores poco cualificados nativos que trabajaban en los municipios que recibieron más refugiados e inmigrantes sufrieron una mayor caída de los salarios o unas peores perspectivas de empleo que los trabajadores poco cualificados nativos que trabajaban en municipios que recibieron un menor número de refugiados e inmigrantes. Para realizar el análisis los autores cuentan con la vida laboral de todos los trabajadores daneses antes y después de la llegada de refugiados. Estos datos identifican en qué municipio trabajaban los nativos en cada momento, si realizaban tareas cualificadas o poco cualificadas, y el salario que percibían.

El estudio muestra que no hay una correlación negativa entre el número de refugiados recibidos por un municipio danés y el salario y las oportunidades de empleo de los trabajadores poco cualificados que trabajaban en dicho municipio. La ausencia de un efecto negativo se explica porque un número importante de trabajadores poco cualificados nativos, ante la mayor competencia en el mercado laboral por la llegada de refugiados, cambiaron su ocupación hacia actividades más complejas, que requerían una mayor formación. Al trasladarse a actividades de mayor complejidad, además, estos trabajadores mejoraron sus condiciones salariales. Los autores muestran también que los trabajadores que se trasladaron hacia actividades más complejas eran jóvenes y con una menor experiencia en la empresa.

¿Son los resultados de Dinamarca trasladables a otros países? Dinamarca se caracteriza por tener un mercado laboral flexible y por realizar una gran inversión en políticas activas de empleo. En países donde el mercado laboral es menos flexible, que tienen mayores tasas de desempleo y que invierten menos en políticas activas, la transición de los trabajadores menos cualificados a actividades más complejas puede ser más lenta. En este contexto parece lógico esperar que la llegada de refugiados e inmigrantes tuviera un efecto negativo sobre los salarios y oportunidades de empleo de los trabajadores menos cualificados. Sin embargo, otros estudios que han utilizado datos para un conjunto de países europeos no encuentran tampoco un efecto negativo sobre el mercado laboral.

La literatura económica ha mostrado que la inmigración tiene efectos positivos para un país en su conjunto. El estudio que hemos analizado muestra que la inmigración puede tener efectos positivos incluso sobre aquellos segmentos del mercado laboral, como la de los trabajadores menos cualificados, que más temor podían tener a la llegada de refugiados e inmigrantes.

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El comercio internacional cada vez crece menos
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Asier Minondo | 19-04-2016 | 6:23| 0

Durante el periodo 1970-2013 las exportaciones de bienes y servicios en el mundo se multiplicaron por diez, mientras que el PIB mundial solamente se multiplicó por cuatro. El mayor crecimiento relativo del comercio internacional es uno de los más claros indicadores del proceso de globalización que ha experimentado la economía mundial durante las últimas décadas. En concreto, si las exportaciones suponían alrededor del 13% del PIB mundial en el año 1970, para 2013 ya suponían casi el 30%.

Sin embargo, durante los últimos años se ha producido un crecimiento mucho más moderado del comercio internacional. De acuerdo a los datos de la Organización Mundial del Comercio, el crecimiento en los años 2014 y 2015 no superó el 3%, y las previsiones apuntan a que tampoco se supere este porcentaje en el año 2016. Esta desaceleración del crecimiento se debe, en parte, a una menor demanda mundial. Sin embargo, los datos también muestran que, a diferencia de décadas anteriores en el que el comercio crecía muy por encima del PIB, en la actualidad ambas variables crecen de forma similar. ¿Significa esto que hemos alcanzado un estadio en el que el comercio internacional, como porcentaje de la producción, ha llegado a su máximo?

En un reciente libro, editado por la asociación VoxEU, se ha analizado qué factores estructurales pueden explicar que el comercio internacional haya dejado de crecer más rápido que el PIB (en jerga económica, por qué se ha reducido la elasticidad del comercio con relación al PIB). Los autores destacan dos razones para explicar esta desaceleración. En primer lugar, para el comienzo de la segunda década del siglo XXI habría finalizado el proceso de incorporación a la economía mundial de dos grandes zonas que apenas comerciaban con el resto del mundo anteriormente: los países de la Europa Central y del Este, y China. Cuando estas zonas se integran a la economía mundial el comercio crece mucho más rápido que el PIB; sin embargo, una vez finalizado el proceso de integración, el comercio vuelve a crecer al mismo ritmo que el PIB.

En segundo lugar, los autores señalan que durante estos años también habría finalizado el proceso de creación de cadenas de producción globales. Como explicábamos en un post anterior, una de las características del proceso de globalización es que la producción no se realiza en un único país, sino que se divide entre muchos países. Esta división del proceso de producción genera un crecimiento artificial del comercio internacional, ya que este se recoge en valores brutos y no en valores netos. Por ejemplo, imaginemos que en el proceso de producción de una camiseta participan tres países: Estados Unidos (que produce el algodón), Indonesia (que convierte el algodón en tela) y Bangladesh (que corta la tela y la cose, convirtiéndola en una camiseta). Imaginemos también que el valor que añade cada país es de 5€ en cada camiseta. En este ejemplo el valor añadido total que se genera es de 15€ (5€ de algodón + 5€ de tela + 5€ de confección). Sin embargo, el comercio que se genera, al estar medido en valores brutos, es mucho mayor. El algodón que se exporta de Estados Unidos a Indonesia vale 5€; sin embargo, el valor de la exportación de la tela de Indonesia a Bangladesh es 10€, ya que incorpora los 5€ de algodón y los 5€ del valor añadido de convertir el algodón en tela. Si Bangladesh exporta la camiseta a otro país, el valor de la exportación será de 15€. Por tanto, en el proceso de producción de la camiseta se han generado 5€+10€+15€=30€ de comercio internacional, el doble del valor añadido de la camiseta. A medida que se desarrollan las cadenas de producción globales el comercio tenderá a crecer por encima del PIB. Sin embargo, una vez que se haya finalizado el proceso de desarrollo de las cadenas, el comercio volverá a crecer al mismo ritmo que el PIB.

¿Debemos preocuparnos por la reducción en el crecimiento del comercio? Como señala Bernard Hoekman en el capítulo introductorio del libro, a corto plazo el menor crecimiento del comercio internacional es una mala noticia para las empresas, como muchas españolas, que se han apoyado en las exportaciones para compensar la caída del mercado doméstico. A largo plazo, Hoekman sostiene que los efectos pueden ser negativos, ya que el comercio es una vía de transmisión del conocimiento y empuja a los países a especializarse en aquello en lo que son más productivos. Paul Krugman, en cambio, no está muy preocupado por esta caída. En un post publicado hace ya dos años, sostenía que la caída del crecimiento del comercio internacional era un proceso natural de agotamiento de las variables que habían permitido un gran crecimiento anteriormente.

Hace algunos años, los profesores Keith Head y Thierry Mayer, calcularon que si no hubiera ninguna barrera al comercio internacional, la economía mundial alcanzaría un porcentaje de exportaciones cercano al 90% del PIB mundial. Todavía estamos muy lejos de esa cifra. Por ello, yo creo que todavía el comercio tiene mucho recorrido para crecer por encima del PIB y que estamos lejos de un escenario en el que la economía mundial haya alcanzado su máximo grado de globalización.

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