Diario Vasco
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Autor: Jon Mikel Zabala
¿Y tú qué eres, zorro o erizo?
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Jon Mikel Zabala | 21-11-2017 | 8:30| 0

@jonmizabala

El pasado lunes 13 de noviembre, aún con las agujetas de la 53 Behobia-San Sebastián, se celebró la final de la Donostia Innovation League en la sección de Universidades. La Donostia Innovation League, organizada por Fomento San Sebastián, aspira a lograr que los jóvenes se impliquen en el desarrollo de la ciudad, proponiendo ideas innovadoras para dotar a la misma de un mayor dinamismo, y hacerla más atractiva. Para ello, se les propuso un reto a los alumnos de las Universidades de Deusto, EHU y Tecnun: dinamizar el río Urumea, generando una mayor actividad económica, consiguiendo una mayor movilización de la ciudadanía en dicha zona, y atrayendo nuevos eventos y actividades, valiéndose para ello de las soluciones tecnológicas aportadas por Ikusi.

En dicha sesión, además de representantes de las Universidades participantes en el reto, también estuvo Euken Sesé, Gerente de Fomento de San Sebastián, quien nos habló acerca del informe Davos sobre el futuro del trabajo, y las características que ellos han observado en las competencias más demandadas por las empresas, sobre lo cual ya hemos debatido con anterioridad en este blog (por ejemplo, aquí). Al escuchar a Euken me vino a la cabeza los debates que en más de una ocasión hemos tenido en nuestro departamento de Economía, sobre la veracidad que tienen las predicciones que a menudo se realizan sobre temas como el futuro del trabajo. Sin duda alguna dichos estudios de prospectiva tienen un elevado impacto mediático. Prácticamente la totalidad de nuestrxs lectorxs habrá leído o escuchando alguna vez afirmaciones como “las 10 profesiones que aún no existen y que marcarán el mercado laboral del futuro”, “el empleo del futuro aún no existe”, o que “el 85% de los empleos que habrá en 2030 no existen en la actualidad”. Pero, en qué medida se cumplen dichos augurios?

Jeffrey Funk, en su libro “Technology Change and the Rise of New Industries” plantea esta misma pregunta. Para responderla, Funk se centra en estudiar los informes publicados por MIT Technology Review, en los años 2001, 2003, 2004 y 2005, en los que se apuntaban a las 10 tecnologías más disruptivas con las que íbamos a convivir en el futuro. Tras observar la evolución que dichas tecnologías han tenido en términos de las ventas asociadas a las mismas en el año 2015 (productos que incluyen dichas tecnologías), el autor llega a las siguientes conclusiones:

  1. De las 40 tecnologías disruptivas identificadas (10 por año), sólo 1 (big data) supera a día de hoy los 100 billones de dólares en ventas.
  2. 3 de las tecnologías identificadas (smart grid, biometría, y almacenamiento de energía distribuido) superan los 10 billones de dólares en ventas.
  3. 1 tecnología (cristales fotónicos) tiene unas ventas de entre 5-10 billones de dólares.

 

¿En qué medida entonces los estudios del MIT Technology Review han sido efectivos a la hora de identificar aquellos nuevos mercados de tecnologías emergentes para el siglo XXI? La siguiente tabla identifica aquellas tecnologías que no fueron identificadas en las predicciones realizadas por el MIT, y que sin embargo, sí han dado lugar a mercados de un tamaño considerablemente significativo.

Tecnología Ventas mundiales en el año 2015 (en billones de dólares)
Smart phones $400
Computación en la nube $175
Internet de las cosas $130
Comercio electrónico para la ropa $ 65
Tabletas $ 60
Redes sociales $ 24
Ebooks $ 15 (sólo en el mercado de EEUU)
Wearables $ 14

El autor argumenta que muchos emprendedores, Universidades, fondos de inversión, empresas y gobiernos definen sus actuaciones en función de los mensajes que se incluyen en informes de prospectiva como el MIT Technology Review, a pesar de su escaso poder de vaticinio. ¿Cómo es posible que el MIT, una de las mejores Universidades del mundo, realice unas predicciones tan deficientes, y no sea capaz de redefinir la metodología seguida para poder tener una mayor probabilidad de acierto?

En su libro, el autor apunta a varias posibles explicaciones del por qué de las pobres predicciones tecnológicas realizadas por el MIT, y de entre todas ellas, considera que la fundamental es la del sesgo cognitivo. El autor argumenta cómo el MIT, una Universidad con un carácter principalmente tecnológico, para realizar sus predicciones se fundamenta en opiniones de ingenieros y científicos, excluyendo las opiniones de otros agentes sociales, que también tienen sus propias preferencias sobre el uso de las tecnologías, a pesar de que no estén directamente implicados en su desarrollo ni resulten tan cercanos al público al que se dirige el MIT. El sesgo cognitivo de los ingenieros y científicos radica en que sus pronósticos vienen exclusivamente determinados por el conocimiento (de carácter meramente científico) que tienen sobre la capacidad de generar nuevas tecnologías, pero sin considerar si dichas tecnologías van a tener una traslación potencial en forma de nuevos productos. Es decir, si la generación de nuevas tecnologías también va a conllevar la generación de nuevos mercados.

Philip Tetlock y Dan Gardner, en su libro “Superforecasting: the art and science of prediction” introducen la metáfora de los zorros y los erizos para explicar este sesgo. Los perfiles erizo tienen un amplio y profundo conocimiento sobre una disciplina o materia, mientras que los perfiles zorro cubren una amplia variedad de áreas, aunque sin tal nivel de profundidad. Según Tetlock y Gardner, los científicos e ingenieros a menudo nos comportamos como erizos, ya que nos limitamos a escuchar (leer) lo que dicen nuestros pares en revistas científicas, al contrario que los zorros que son capaces de relacionarse con una mayor variedad de actores y conocer sus necesidades y preferencias, para posteriormente poder darles una respuesta.

Tetlock y Gardner concluyen que los ingenieros y científicos carecen a menudo de perspectivas sistémicas que les ayuden a interpretar la realidad en la que estamos inmersos, más allá de nuestros laboratorios. Y esto es precisamente lo que los alumnos de la Universidad de Deusto mostraron en la final de la Donostia Innovation League. La capacidad de aportar una visión sistémica a un reto que nos afecta a todos. Enhorabuena a las premiadas!!!

Y tú qué eres, zorro o erizo?

PD: puedes conocer más acerca de la idea ganadora aquí.

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Robots, desempleo, competitividad y legislación
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Jon Mikel Zabala | 24-10-2017 | 12:07| 0

@jonmizabala

Hace unas semanas tuve la oportunidad de poder participar en la conferencia sobre política científica y de innovación que se celebra de manera bienal en Atlanta (Georgia). El día en el que la conferencia tocaba su fin, tuve la suerte de poder escuchar a Rob Atkinson. El Dr. Atkinson es el fundador y presidente de la Fundación de las Tecnologías de la Información y de la Innovación (ITIF), uno de los think tanks más importantes de Estados Unidos en lo que respecta al establecimiento de la agenda política norteamericana en lo referente a las políticas de apoyo a la innovación. El Dr. Atkinson ha presidido varias comisiones del congreso de los Estados Unidos sobre políticas de innovación, tanto durante el mandato de George Bush (padre), como durante los mandatos de Clinton y Obama. La charla que nos ofreció Atkinson fue una auténtica obra maestra para cualquier estudiante que quiera conocer más sobre los fundamentos de las políticas de innovación.

Entre el innumerable número de temas que trató en su exposición, que darían para todos los posts de esta temporada en Ekonomiaren Plaza, en el día de hoy me voy a centrar sobre el tema de los robots y la importancia que éstos tienen en la competitividad de un país. No se trata de un tema ajeno al Ekonomiaren Plaza, ya que tanto nuestros compañeros Asier Minondo (aquí y aquí) como Iñaki Erauskin (aquí) han escrito detalladamente sobre ello. En su exposición, Atkinson argumentaba que uno de los aspectos en los que claramente se está observando la pérdida de competitividad de los Estados Unidos en materia de innovación es precisamente en el grado de penetración que los robots están teniendo en la economía. Los resultados de una encuesta realizada en el año 2016 (no he podido encontrar la fuente y las anotaciones que tomé en Atlanta tampoco me han servido de mucho) revelaban que sólo el 12% de la población estadounidense creía que los avances en ciencia y tecnología contribuían a mejorar el nivel de bienestar de la sociedad. Uno de los países que tenía una mayor conciencia sobre la importancia del cambio tecnológico era Suecia con aproximadamente un 25% de su población. Con este contexto, Atkinson argumentaba que muchas empresas estaban teniendo dificultades a la hora de incrementar su productividad debido al rechazo social que padecían en la automatización de sus procesos. Naturalmente, cuando pensamos en EEUU se nos vienen a la imagen las innovaciones realizadas en las dos costas (Este y Oeste), pero EEUU es mucho más que Massachussets y San Francisco.

El argumento que se emplea para justificar dicho rechazo a la automatización es que precisamente los robots van a generar paro, empobrecimiento y pérdida de competitividad. Atkinson mostraba cómo esta creencia, basada en la percepción subjetiva de las personas, es a menudo incompleta, basándose en datos de EEUU. Sin embargo, no nos tenemos que ir hasta Washington para poder obtener este tipo de conclusiones. Un estudio financiado por BBVA research llega prácticamente a los mismos resultados.

En línea con los argumentos que ya se han expuesto en este blog con anterioridad, el estudio muestra cómo un robot adicional por cada mil empleados reduce la tasa de empleo y los salarios, siendo el efecto mayor en las industrias más susceptibles de ser expuestas a la introducción de la robotización, como aquellas en las que dominan las ocupaciones manuales y los trabajadores con bajo nivel educativo. Sin embargo, merece la pena realizar algunas matizaciones. Para poder ofrecer ciertas evidencias numéricas, se compara la densidad robótica (número de robots en la industria) con los datos de paro de algunas de las economías más importantes del mundo. Como se puede ver en la gráfica inferior, las economías con más densidad robótica (caso de Corea del Sur, Singapur, o Japón) tienen menos desempleo que aquellas con menores tasas de robots en la industria.

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Fuente: BBVA Research (2017)

Además de los análisis de los que Minondo y Erauskin se han hecho eco, el hecho de que la robotización no ha destruido empleo a lo largo de la historia también ha sido estudiado por otros como Paul KrugmanDaron Acemoglu o Anna Salomons. El hecho de introducir nuevas herramientas y bienes de capital en la producción libera trabajo de unas actividades para poder realizar otras de mayor valor añadido y menos susceptibles de ser automatizadas, de manera que de forma agregada el PIB ha ido creciendo a medida que se ha ido produciendo cambio técnico. Lo que sí parece evidente es que la automatización lleva asociada una mayor demanda de empleo de trabajadores con mayor cualificación, o competencias muy específicas y difíciles de alcanzar, en detrimento de aquellos trabajadores con menores tasas de formación, que están principalmente orientados a tareas manuales y/o rutinarias.

Como apunta Libremercado, la situación de España merece un particular énfasis, ya que a pesar de que cuenta con unos niveles de robotización similares a los de países como Finlandia, Austria, Países Bajos, Francia o Italia, los niveles de desempleo son muy dispares. En su exposición, Atkinson apuntaba a que el factor determinante de este comportamiento que él también observaba entre los diferentes estados norteamericanos, es en la legislación que se está desarrollando sobre los robots. Más allá de que desde la Comisión Europea se esté valorando una propuesta en base a la cual se esté barajando la posibilidad de una imposición fiscal a los robots, Atkinson concluía que la mayor parte de los estados reaccionan de manera defensiva frente a la “amenaza” de la automatización, poniendo impedimentos legales que la hagan más difícil, con la consiguiente pérdida de competitividad que ello va a conllevar a las empresas afectadas.

En línea con Harris y Krueger, Atkinson consideraba que es necesario modernizar las regulaciones laborales para el siglo XXI, adaptándose de manera proactiva a los nuevos contextos que se derivan del cambio técnico, y favoreciendo la incorporación de dichas tecnologías, en lugar de impedir el progreso, ya que ello sólo se volverá en nuestra contra. En este sentido, la educación de la ciudadanía, la educación de los empresarios y la de los políticos, así como la implementación de políticas “amigables con la innovación” son condiciones necesarias pero que sin duda no serán suficientes.

Y es que ya lo decía Seneca (4 a. C. – 65 d.C.): “Y si me preguntas cuál es el límite de las riquezas, te diré que primeramente tener lo necesario y después tener lo suficiente”.

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¿Cuáles son las habilidades más demandadas por el mercado laboral?
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Jon Mikel Zabala | 26-09-2017 | 7:00| 0

@jonmizabala

El pasado 4 de septiembre dábamos la bienvenida a lxs nuevxs alumnxs de primero de grado en la Universidad de Deusto. Las puertas de la Universidad se abrían para ellos, y todo eran nervios, dudas, vergüenzas, y silencios. En dicho acto de bienvenida, intervinieron algunxs de lxs decanxs de algunas de las facultades de la Universidad, quienes mencionaron una de las frases que cada vez estamos escuchando con mayor asiduidad. A saber, que cuando dicha cohorte de estudiantes salga al mercado, los trabajos en los que estarán empleados aún no existen a día de hoy, es decir, 5 años antes. A su vez, este tipo de evidencias traen asociadas otras relacionadas con los empleos que están en riesgo de desaparición, debido a que son más proclives a ser informatizados, y por lo tanto no requieren de mano de obra directa. A modo de ejemplo podemos citar una de las investigaciones más recientes realizada en este ámbito en Europa, y según la cual alrededor del 35% de los empleos actuales en el Reino Unido están en alto riesgo de informatización en los próximos 20 años, o el estudio reciente de la OCDE según el cual en España se perderán 3 millones de empleos en los próximos 10 años.

Este hecho plantea un reto a las Universidades, ya que debemos formar a lxs estudiantes en una serie de ámbitos con la finalidad de que adquieran unas habilidades y competencias para el mercado laboral futuro, pero que sin embargo nos son desconocidas en el presente. Para poder ayudar a identificar dichas habilidades, NESTA, una fundación dedicada al estudio de los retos asociados a la innovación en Reino Unido, ha realizado un interesante ejercicio (para el período 2014-2016). Utilizando millones de anuncios de trabajo proporcionados por la compañía Burning Glass, han registrado las competencias que se requieren para dichos empleos, identificando más de 11.000 tipos de habilidades. Estas habilidades han sido posteriormente asignadas a las ocupaciones, lo que permite construir un cuadro sobre las habilidades más demandadas, e identificar los cambios clave en las demandas de habilidades a través del tiempo para ciertas ocupaciones. Para ello, han construido un prototipo básico e interactivo en el que se identifican las habilidades requeridas por cada tipo de trabajo. Si quieres probar la herramienta, sólo tienes que pinchar aquí e introducir (en inglés) el tipo de empleo en el que estás interesadx.

Tras analizar el anterior mapa de competencias, NESTA ha concluido que las 10 principales habilidades que los empleadores buscan en los solicitantes de empleo son las siguientes:

  1. Habilidades de comunicación
  2. Habilidades de organización
  3. Planificación
  4. Servicio al cliente
  5. Habilidades financieras y contables
  6. Administración de empresas
  7. Trabajo en equipo/colaboración
  8. Escritura y edición de gráficos
  9. Estar orientado al detalle
  10. Ventas

Sin embargo, de dicho estudio se extraen más conclusiones. Anteriormente hemos visto cuáles eran las habilidades más demandadas por el mercado laboral. Pero, ¿y cuáles son aquellas habilidades que están mostrado un mayor crecimiento? Aquí el panorama cambia por completo, y se identifican competencias vinculadas al mundo hiperconectado:

  1. Big data
  2. Experiencia en industrias de tecnologías de la información y comunicación
  3. Contabilidad
  4. Capacidad de mejorar el desempeño de la organización
  5. Marketing digital
  6. Seguridad digital
  7. Gestión de la logística
  8. Desarrollo front-end
  9. Atención al cliente y al paciente
  10. Salud mental

Finalmente, la última lectura que se puede hacer es la de las actividades y habilidades que han experimentado las caídas más grandes, y que por tanto serían aquellas que el mercado laboral tiende a sustituir de forma más inmediata por la robotización y la informatización.

  1. Gestión de almacenes
  2. Habilidades básicas de Internet
  3. Diseño de materiales
  4. Diseño mecánico
  5. Publicidad
  6. Suscripción de seguros
  7. Ventas al por menor
  8. Enseñar inglés
  9. Control numérico por computadora (CNC)
  10. Varios

La aparición de “habilidades básicas de Internet” en este tercer bloque puede parecer contra-intuitivo en un mundo cada vez más digitalizado. Sin embargo, ello se debe a que se considera que se trata de una habilidad que debería venir “de serie”, y que por lo tanto no hay necesidad de mencionarla en los anuncios del trabajo. De igual modo, puede que algunas de las habilidades anteriores hayan dejado de ser relevantes, bien porque los empleadores ya no requieren de ella, o porque ahora están usando una palabra diferente para describirla (p.e. publicidad y marketing digital, gestión de almacenes y logística).

Parece ineludible que si queremos formar a buenos profesionales para el futuro que parece que se nos avecina va a ser necesario incrementar la cantidad de competencias vinculadas con el mundo digital, como la programación y la computación. Para poder adaptarse a dicha tendencia, este año, dentro de la Deusto Business School en el campus de Donostia-San Sebastián se inaugura el título propio en Digital Business Skills, que se ofrece de forma combinada con el grado en ADE. Dicho título añade a la formación del grado en ADE una profundización en el desarrollo de los conocimientos y las habilidades directivas necesarias para la gestión de empresas en la era digital. Sirva pues este post para dar la bienvenida también a este nuevo grado, a los alumnxs que lo van a cursar y a los compañerxs que van a participar en él, y para dar la enhorabuena a las personas que han trabajado para que éste sea posible. Ahora sólo queda esperar que sus resultados estén a la altura de lo demandado por el mercado. Eso sí, dentro de 4 años.

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Twitter: ¿una herramienta para la docencia?
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Jon Mikel Zabala | 13-06-2017 | 7:00| 0

@jonmizabala

Las dos últimas semanas se han vivido momentos de mucha convulsión política y social, tanto por las elecciones que se celebraban en el Reino Unido, así como por los ataques terroristas que han tenido lugar tanto en Manchester como en Londres. En ambos casos, la policía utilizó la red social Twitter en aras de mantener a la sociedad informada en tiempo real, convirtiéndose en el primer canal de comunicación empleado para informar a la ciudadanía acerca de sus actuaciones y de las órdenes a seguir. De igual modo, la sociedad hizo uso de los famosos hashtags para ofrecer ayuda a las personas que se encontraban en situación de riesgo durante esas aterradoras noches. Finalmente, a nuestrxs lectorxs también les resultará familiar el uso que el Señor Trump hace de Twitter.

En lo que a nosotros respecta, el curso académico 2016-2017 ya ha tocado a su fin y estamos en plena época de exámenes. Es en este momento en el que toca analizar las evaluaciones que nos han realizado lxs alumnxs, empezar a plantear el nuevo curso académico y ver qué nuevas actividades poder realizar en el mismo. En este sentido, cabe preguntarse si los docentes podemos utilizar Twitter para involucrar más a los estudiantes en las asignaturas que ofrecemos en la Universidad, al igual que realizan la policía, los cargos públicos, o los profesionales de marketing.

En un artículo reciente publicado por Shannon Rinaldo, Suzanne Tapp y Debra Laverie, de la Universidad Politécnica de Texas, las autoras sostienen que Twitter tiene muchos beneficios para aquellos educadores que emplean la metodología de aprendizaje experiencial. El concepto de aprendizaje experiencial es también a menudo referido como aprendizaje a través de la acción, aprender haciendo, aprender a través de la experiencia o aprender a través del descubrimiento y la exploración. El aprendizaje experiencial opera bajo la premisa de que el hecho de experimentar y descubrir conocimiento sitúa a los estudiantes en el corazón del proceso de aprendizaje. Es decir, el aprendizaje experiencial es producto de la reflexión sobre la experiencia.

Las autoras arriba mencionadas concluyen que lxs profesorxs Universitarixs podemos utilizar Twitter para la comunicación directa y en tiempo real con los estudiantes, para poder así estimular a lxs alumnxs a que puedan iniciar discusiones y debates en torno a los temas de interés abordados en clase, y fomentar así su aprendizaje. Además, Twitter constituye una herramienta rápida y fácil de usar, ya que lxs alumnxs pueden utilizarla en cualquier entorno, lo que puede facilitar el trabajo y el aprendizaje en equipo. Las autoras concluyen que cuando lxs estudiantes se involucran en debates Twitter con el/la profesor/a, no sólo se mejora el desempeño de los primeros en relación con los objetivos docentes, sino que también se observa un impacto positivo sobre su capacitación de cara a sus profesiones futuras, mejorando por ejemplo sus competencias de búsqueda de información, pensamiento crítico, capacidad de comunicación, capacidad de síntesis, capacitación tecnológica y resolución de problemas.

Las autoras del artículo ofrecen una serie de sugerencias para aquellxs educadorxs que estén interesados en usar Twitter en sus asignaturas. En primer lugar, consideran que no es suficiente con que lxs alumnxs “sigan” al profesor/a en dicha red social, sino que el/la profesor/a debe actuar como intermediario, mostrando contenidos que puedan interesar al alumnado, y generando las preguntas necesarias para poder estimular su pensamiento. En segundo lugar, uno de los requisitos que para las autoras tiene mayor importancia radica en que las discusiones que se produzcan a través de Twitter deben ser complementadas en el aula. Una de las razones para ello radica en que no todxs lxs estudiantes consultarán dicha red social, aun siendo de obligado uso, por lo que en aquellas ocasiones en las que los temas abordados en Twitter sean de “interés general” para el alumnado, éstos deben ser también tratados en el aula, para que por un lado lxs alumnxs puedan mostrar sus opiniones sobre la temática correspondiente, y para que el/la docente pueda aclarar o matizar las posibles dudas que hayan podido surgir en dicho debate. Finalmente, las autoras también consideran que si una parte importante del curso se va a tratar en Twitter, entonces la evaluación que se vaya a realizar del mismo también debe incluir los temas abordados en dicha red social, ya que de lo contrario, el alumnado considerará que lo tratado en Twitter es un mero complemento a lo mostrado en clase, y por lo tanto, dejarán de participar a medida que avance el curso. Así, por ejemplo, sugieren que se hagan tests a través de Twitter para evaluar el aprendizaje del alumnado una vez el debate correspondiente haya llegado a su fin.

Ya decía Aristóteles que “no hay que empezar siempre por la noción primera de las cosas que se estudian, sino por aquello que puede facilitar el aprendizaje”. El año que viene contaremos qué opinan lxs alumnxs de Deusto sobre el uso de Twitter como una herramienta para la docencia.

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Hackerspaces: ¿movimientos sociales, políticos, o económicos?
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Jon Mikel Zabala | 23-05-2017 | 8:00| 0

@jonmizabala

La semana pasada nos despertamos con la noticia de un ataque masivo y de escala global de ransomware que afectó a varias organizaciones, tanto públicas como privadas, y por el cual se solicitaba un rescate en bitcoins. Como nuestr@s lector@s conocen, durante los últimos años se han producido ciberataques de manera creciente, tanto entre países (p.e. Corea del Norte y EEUU), como entre hackers y organizaciones privadas (p.e. Sony, Disney). La seguridad informática constituye uno de los grandes retos sociales a los que las sociedades del siglo XXI nos vamos a tener que enfrentar. En este sentido, recientemente, la Profesora Helena Rifà, apuntaba que debido a la creciente automatización, en la conocida como la transición hacia una industria 4.0, se requerirán unos 825.000 profesionales de seguridad (o hackers) para el año 2025 en las empresas españolas. ¿Pero qué son los hackers?

Tenemos que partir del hecho de que el concepto de hacker está experimentando un cambio social. Inicialmente, los hackers estaban asociados al mundo de la informática y a la promoción del software libre. Sin embargo, recientemente, los hackers han pasado a ser considerados como desarrolladores y/o creadores (o makers), ya que sus acciones no sólo son susceptibles de aplicarse al mundo de la informática, sino que pueden aplicarse a cualquier campo de desarrollo, bien sea político, social, económico, institucional, etc. Es posible que a nuestr@s lector@s les resulten familiares las palabras fab labs, makerspaces, hackerspaces, o los espacios de co-working, estando todos ellos vinculados a las prácticas del movimiento creador. Muchos de estos espacios se fundamentan en el trabajo voluntario o a través de organizaciones sin ánimo de lucro, y muchos, aunque no todos, adoptan principios de gobernanza ascendente. Sin embargo, no todas las actividades de los hackers son percibidas de igual manera.

En este sentido, Sarah Davies ha explorado en un reciente artículo cómo el hacking es caracterizado por los propios hackers y makers. Para ello, centra su estudio en la percepción que los propios hackers (los de a pie, no los mediáticos como Kim Dotcom) tienen de sus acciones. Para ello, se centró en entrevistar a los hackers ubicados en cuatro ciudades de los EEUU (Phoenix, San Francisco, Nueva York y Boston), a los cuales accedieron a través de la información proporcionada por la web “hackerspaces.org”. Según la investigación de Davies, el hacking es percibido como un estilo de vida al que un@ se suscribe, es decir, una actividad de ocio que proporciona acceso a una determinada comunidad. Para los miembros de esta comunidad la idea de “hackear” viene asociada a una determinada ética y un estilo de vida.

A priori, el surgimiento del así denominado como “movimiento creador”, que incluye las acciones de hackers y desarrolladores, busca una democratización de las tecnologías y el apoyo a la innovación de cualquier tipo de agente social. Sin embargo, y contrariamente a las expectativas que se esperarían del movimiento creador, los resultados de Davies revelan que las motivaciones por la que los hackers participan en estos movimientos son el desarrollo de sus propias identidades, el establecimiento de relaciones profesionales, y la actualización de sus competencias. De igual manera, la democratización de la tecnología es también considerada como algo incidental, más que como un propósito explícito. Es decir, los beneficios de participar de estas comunidades son de carácter personal, más que político o social. Esto es significativo debido a la diferencia en la percepción que los propios hackers tienen de sí mismos y el discurso público dominante alrededor de dichos movimientos.

Por ejemplo, Mark Hatch, autor del “Maker Manifesto” (2013), sostiene que el movimiento creador supone la mayor explosión de creatividad e innovación que el mundo jamás haya visto. De modo similar, como hemos podido presenciar recientemente, el debate público se centra en la gran escala: las empresas o instituciones públicas que han sido hackeadas, el daño que ello hace a la imagen, las pérdidas económicas, los cambios en el ámbito social (hábitos de consumo, privacidad de datos), etc. Sin embargo, el común de los hackers percibe que sus actuaciones están principalmente orientadas a la promoción del cambio a nivel de los individuos, y al fomento del desarrollo personal, no tanto la transformación social, política o económica.

Naturalmente, la importancia de estas comunidades radica en la escala, ya que ciertamente, las acciones (ociosas) de los desarrolladores pueden tener consecuencias sistémicas. Ello añade un nuevo nivel de complejidad al estudio de las dinámicas de los hackers, ya que acciones a menudo (percibidas como) triviales, pueden llevar a efectos colaterales con una dimensión mucho mayor, alcanzando esferas económicas, sociales o políticas. Y es que ya lo escribía Eduardo Galeano: “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

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