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Viernes, 03/07/2009
Es difícil ser un santo en el autobús |
Coincidiendo con la llegada del verano, he aquí una breve lista de factores, tan aleatorios como definitivamente inevitables, que convierten a los usuarios del transporte público en fanáticos de lo extremo y ejemplares hiper-evolucionados en materia de resistencia, tanto física como psíquica:
1) El pensionista que no acierta con la tarjeta: suelen ocupar indefectiblemente el primer puesto en la cola de la parada. Los pitidos enloquecidos de la máquina picadora anuncian su entrada en el vehículo. Su tarjeta jamás funciona. Los motivos suelen ser varios: a) el conductor no ha activado la máquina; b) la tarjeta no tiene saldo. c) la tarjeta no es la del bus, sino el carné de la piscina. Una variante de este fenómeno, pero igual de efectiva a la hora de ocasionar idénticas colas, lo constituye el conocido como la 'tarjeta ilocalizable'. El usuario sube disparado al autobús y una vez frente a la máquina, comienza a buscar frenéticamente la txartela, en enormes bolsos en el caso de ellas, en innumerables bolsillos repartidos por todo el cuerpo en el de ellos.
2) La charla gremial: es la que mantienen dos o más chóferes de autobús en estado de profundo ensimismamiento, ajenos por completos al resto del mundo. También hay dos variantes. La primera se establece en las paradas, entre un conductor al volante y otro que aguarda la llegada de su vehículo para hacer el relevo. La segunda es propia de los semáforos y la llevan a cabo dos conductores al volante a través de sus respectivas ventanillas. Los temas que se tratan en estas improvisadas tertulias suelen ser de carácter endogámico: a) "Yo ya le he dicho: si tú me haces el turno, vale, pero si no..."; b) "Yo ya le he dicho: si no pones un vehículo de refuerzo luego no te quejes de los retrasos..."; y c) "Yo ya le he dicho: no pienso cambiar las vacaciones porque ya lo hice una vez y aquí nadie te agradece nada...".
3) El coche adelantado: el éxito de esta maniobra radica en su sencillez. No hay secretos. Consiste simplemente en que en el momento en el que el autobús se dispone a colocarse frente a la marquesina, una furgoneta de reparto -salida de no se sabe dónde- se le adelanta y ocupa la parada. De inmediato, un operario se baja de la misma y mientras abre la puerta de carga y descarga de la furgo, avisa: "Es un momento". Desde el autobús, conductor y pasajero contemplan horrorizados que la furgoneta va cargada hasta los topes. La cosa suele acabar en concierto para grito y bocinazo.
4) El octavo pasajero: a la clásica figura de 'la cuerda de niños' cabe sumarle la de la compradora compulsiva. Los primeros son incansables, hacen trayectos largos y golpean ferozmente con sus enormes mochilas al resto del pasaje, merced a una inquietud interior que les impide permanecer estáticos. Las segundas realizan trayectos más cortos, pero resultan igual de letales, ya que llevan enormes bolsas de cartón firmadas por las más prestigiosas boutiques colgando de todas sus extremidades útiles. A diferencia de los primeros, prefieren viajar sentadas, lo que se traduce en que las bolsas y sus portadoras necesitan un doble asiento. Por supuesto, no liberarán el ocupado por las bolsas ni aún en el caso de que entre en el autobús una sexagenaria coja y embarazada de ocho meses.
5) El interruptor: este individuo, que probablemente viaja en el bus desde su primera parada por cuanto jamás hubo alquien que le viera subir, se coloca junto al conductor y completa uno o varios recorridos completos pegando despiadadamente la hebra con el chófer. Muchas veces se trata de un conocido del conductor, pero no es estrictamente necesario que lo sea. Los temas de la conversación suelen ser de lo más variados, excepto si el conductor es conductora. En este caso, el interruptor diserta sin parar sobre la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, incluso en puestos de máxima responsabilidad, mientras evoca sin un ápice de nostalgia aquellos tiempos en lo que, al volante, uno no tenía más remedio que exclamar: "¡Joder, si es que van como locas!".
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Escrito por El jukebox a las 03:34 pm Ver/Hacer comentario (2)
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Alberto Moyano |
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Espías como nosotros |
La dimisión de Alberto Saiz como director del espionaje español significa, entre otras cosas, que el proceso de democratización del estamento militar ha concluido en su forma más asamblearia ya que si bien a partir de ahora no serán los espías quienes eligan a su jefe, sí se encargarán de defenestrarlo, en caso necesario.
Los hechos demuestran que el jefe del CNI ha sucumbido a los deseos de relevo de sus subordinados, unos angelitos acostumbrados moverse con enorme soltura en el mundo de las dobles y las triples lealtades, por supuesto, todas ellas cambiantes.
Esto significa que si el siguiente director del CNI no gusta a la tropa, ésta volverá a fumigárselo por la expeditiva vía de filtrar episodios de caza y pesca, debidamente documentados, a su periódico de cabecera.
Viene a sustituirle en el cargo Félix Sanz Roldán, un hombre que el día de su jubilación cometió la gallarda osadía de revelarse como un irredento fan de 'Operación Triunfo', cuya sintonía se atrevió a invocar -incluso citando la fuente- para hablar de "los sueños que aún nos quedan por cumplir" o no sé qué.
En un mundo normalizado, su espontánea alocución se hubiera interpretado en clave de "quemar las naves" en el día de la despedida, simplemente por chusca, ramplona, bochornosa o las tres cosas a la vez, pero aquí y ahora era el anuncio de que su incuestionable valía pronto pronto nos lo traería de vuelta. Y aquí está de nuevo porque ser un campechano es tan sólo otra forma de estar a la moda.
Pues vale. Sus aficiones televisivas -impropias de un jefe de Inteligencia, así sea de la militar- le habrán de servir para adivinar cuál es el camino de salida del CNI: actuaciones ambiguas, nominación a cargo de sus subordinados- y despiadadas valoraciones por parte de un jurado, compuesto en este caso por Pedro J. Ramírez, Curri Valenzuela y Casimiro García-Badillo, todos ellos de GestMusic, por supuesto. Y ni siquiera se llevará el Ssangyong que regala Jesús Vázquez. |
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Escrito por El jukebox a las 09:46 am Hacer comentario (0)
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Alberto Moyano |
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Jueves, 02/07/2009
Dame una B, dame una R, dame una A... |
Si el caso Madoff ofrece una radiografía de la sociedad estaounidense, cuyas clases pudientes tienden a considerar, a partir de cierto nivel de fortuna personal, que la vida es justa y su patrimonio merecido, otro tanto podría decirse del devenir de los hermanos Bravo.
En caso del inversor USA, la multimollonaria estafa se basaba en una premisa: todo magnate estadounidense considera lógico que sus inversiones doblen los réditos habituales del mercado financiero, precisamente porque ha sido esa astucia para los negocios la que ha forjado su biografía triunfal. Esta circunstancia, desde su punto de vista, convierte en una hipótesis inconcebible la posibilidad de caer víctima de un engaño económico.
El caso de los hermanos Bravo también oculta una novela ejemplar de auge y caída que bien podría llevar el subtítulo de 'una historia vasca'. Hijos de aquella emigración de aluvión que, procedente de diversas provincias españolas -en este caso, Cáceres-, llegó al País Vasco para conocer las máximas cotas de la humildad -de la que en la mayoría de los casos sólo consiguieron huir sus hijos-, el periplo vital de los Bravo desafía y, a la vez, ilustra todas las convenciones.
Más cerca de la suburbial rumba catalana que de Ez dok amairu, los Bravo consiguieron prosperar en la rama financiera de la administración -uno como director de la Hacienda guipuzcoana, otro, como responsable de su oficina en Irun- de la mano de un partido al que se atribuyen filtros identitario-etnicistas que, o bien consiguieron burlar con habilidad o bien forman parte de la mitología y el cliché.
Fueron, por decirlo de alguna forma, dos transversales 'avant-la-lettre'. Sus tejemanejes, realizados en el propio seno de la administración, se insertan perfectamente lo que viene siendo una tradición plenamente europea en estas materias.
Pase lo que pase finalmente con las imputaciones que pesan sobre ambos -in crescendo, además-, resultará imposible evitar la sospecha de que sólo llegaremos a vislumbrar la punta del iceberg de todo este asunto.
Y otro tanto podría decirse de aquellas víctimas de este fraude fiscal, de las que nunca sabremos hasta qué punto creían realmente estar abonando su deuda a la Administración cuando acudían a la oficina de Irun a negociar inauditas rebajas del pufo, así como las posibles formas de pago.
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Escrito por El jukebox a las 10:40 am Ver/Hacer comentario (2)
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Miércoles, 01/07/2009
Ellos y nosotros: una historia de amor entre estanterías |
El centenario de la Real llega en el momento justo, precisamente cuando
la sociedad anónima deportiva empieza a triunfar como empresa de bienes
y servicios.
A la espera de que un eventual fichaje de Xabi Alonso por el Cosmos
dentro de diez años reporte nuevos ingresos al club blanquiazul, la
detección, formación y divulgación de nuevos futbolistas para su
inmediata venta se pefila como principal vía de saneamiento de nuestras
-en realidad, sus- maltrechas cuentas.
Por eso, la marcha de Díaz de Cerio en régimen de opari a las filas del
Athletic de Bilbao constituye un paso atrás. No por la marcha en sí -un
peregrinaje que están condenados a emular cuantos jugadores realistas
acrediten una cierta capacidad goleadora-, sino por la ausencia de beneficios para
el club. Se trataba de lo contrario: dejar que pasen, que vean, que elijan y que,
finalmente, pasen por caja.
Así están las cosas: ael sueño de todo guipuzcoano es vestir la
camiseta de la Real, justo hasta el momento en el que comienza a cobrar
por llevarla. A partir de ese instante, las alternativas son reducen a dos:
languidecer en la Real, haciendo síntesis con la casi siempre penosa
trayectoria del equipo, o triunfar fugazmente de blanquiazul para, de
inmediato, emprender la marcha a Bilbao en calidad de alpiste que
alimente a ese pájaro mitológico que es la cantera de Lezama.
En este contexto, discutir sobre las virtualidades del himno del
centenario realista constituye un ejercicio de escapismo, no muy
diferente a esas conversaciones abiertamente desenfadadas que suelen
mantener los familiares del enfermo en la habitación del hospital.
Si el paradigma futbolístico ha cambiado, habrá que adaptarse con todas
las consecuencias. No seremos un club solvente del siglo XXI hasta
metamos 50.0000 personas en el Estadio de Anoeta, no para recibir a un
Kaká, sino para despedir a un Gerardo, en agradecimiento por la
millonada que su traspaso nos reportaría. Sí: una quimera.
Pero cuando la realidad se torna adversa y los valores primigenios se venden
al mejor postor, es que ha llegado el momento de apostar por la utopía. En otras
palabras, que lo tenemos claro, vamos. |
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Escrito por El jukebox a las 12:29 pm Ver/Hacer comentario (4)
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Martes, 30/06/2009
Todo sobre mi mapa |
Debe ser que el mapa del tiempo es sólo otro estado de ánimo. Como el fútbol, como la salud, como la economía... En definitiva, como todos los asuntos realmente cruciales en este vídeo-juego que llamamos vida. Debe ser el signo de los tiempos o quizás tan sólo una moda.
Si hablamos del que ahora ha adoptado la ETB para su información meteorológica, hay que reconocer que, al menos desde un punto de vista puramente estético, el anterior era bastante superior. Frente al acabado perfecto que lucía antes, ahora tenemos una especie de dibujo borroso en el que los territorios se incluyen o excluyen arbitrariamente, mientras sus límites se difuminan, sin que Navarra deje de ocupar el centro de la imagen.
En cuanto a los aspectos políticos, hay una doble dicotomía: si bien es cierto que el anterior era identificado por la mayoría de los contribuyentes que sostienen la ETB como el mapa de su país, también lo es que para la mayor parte de los habitantes de los territorios representados en el mapa aquello era un acertijo equivalente a cualquier test de Rorschach.
Por alguna razón, se impuesto al línea de pensamiento que tiende a considerar el mapa del tiempo más acertado cuanto más se asemeja al género del autorretrato. Mejor, cuanto más se parece a lo que somos, o al menos, a eso que creemos ser.
Cabe señalar en este punto que aunque el cambio del mapa se anunciaba como una liposucción dirigida a menguar el territorio, ha terminado siendo un implante de silicona vinculado a su expansión. El deseo de no parecer demasiado nacionalista e insuficientemente transversal debe ser el motivo.
Todo este debate -una lección de periodismo sobre las diferencias entre importante e interesante- solapa los auténticos déficits de cualquier información meteorológica, una cuestión que estriba en la conveniencia de que se acierte, no ya el tiempo que va a hacer, sino al menos el que está haciendo, que a veces -muchas veces-, ni eso.
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Escrito por El jukebox a las 05:10 pm Hacer comentario (0)
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