Diario Vasco

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‘Selfie’ en Gaza
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Alberto Moyano | 23-07-2014 | 15:09| 2

Cuando se empieza poniendo el listón en lo más alto, el problema es que ya no es posible dar marcha atrás, sólo cabe seguir adelante y de proceder, internarse en el disparate. Llevamos tres semanas escuchando  y leyendo que los israelíes están haciendo a los palestinos lo mismo que los nazis hicieron con los judíos, pero a base de repetirlo la frase pierde fuerza. Es preciso subir el aumentar la dosis. «Dime cosas incorrectas / desde el punto de vista político», dijo el poeta y parafraseándole, estaba claro que habría de llegar el momento de rectificar: «Los judíos son peor que los nazis». Y el momento ha llegado, de la mano de una víctima de una adicta a la septorrinoplastia voluntaria porque hasta los más furibundos antisemitas se estaban haciendo lo remolones, los muy timoratos, y tardaban en soltar la bobada. «Gaza es peor que el Gueto (sic) de Varsovia», ha escrito Carmen Lomana, retuiteada de inmediato por docenas que, a estas horas, celebran la recóndita lucidez y el arrojo de la ¿tertuliana? o lo que sea. Transcurrirán unos días y de pronto alguien dirá, de una forma más o menos solapada, que los nazis, en realidad, no fueron tan malos. Lo cierto es que el destino de la mayor parte de los confinados en el gueto de Varsovia niños, mujeres y hombres, fue Treblinka, en donde la esperanza de vida para todos ellos era y fue de hora y media. Como en la franja, vamos. Lástima que ni uno de ellos tuviera la opción de vivir, así fuera en una ciudad bombardeadísima.

Porque aquí lo que sucede que denunciar injusticias todos los días puede terminar por aburrir. Así, es necesario que la ofensiva israelí sobre la franja palestina no quede sólo en eso, un enfrentamiento cruel y tremendamente desigual, hay que subir el diapasón, digámoslo cuanto antes, debe adquierir de inmediato la categoría de «genocidio» -tan cara a los judíos-, aunque las cifras de víctimas palidezcan en comparación con las de cualquier otro, pongamos la Kampuchea de Pol Pot, dos millones de personas -un tercio de la población- exterminada en cinco años.
Y lo más curioso es que a pesar de toda la hiel vertida, cuando vuelvan a repetirse incidentes similares, así hayan transcurrido dos, cuatro o diez años, los mismos de siempre no tirarán de coherencia para denunciar que se está perpetrando «un nuevo Gaza», sino que volverán a aferrarse a su obsesiva judeofobia para repetir las cansinas letanías plagadas de «esto es Auschwitz» y «peor que el gueto de Varsovia».

Ahora mismo, Gaza es el mayor ‘selfie’ del mundo al aire libre. Si hay que fotografiarse justo y humanitario, qué mejor que sobre un holocausto, un tanto impostado, vale, pero un poco a la manera del corredor sanferminero que se autoinmortalizaba a la carrera y con el toro detrás, esta vez su versión más comodónamente incruenta. Más de izquierdas, mayor valentía, mejor militante, más íntegro, cuanto más inequívoco sea el fondo y denunciando nada menos que un «genocidio» a ver quién no sale favorecido. Sí, «genocidio» está bien, pero por ahora, no hay que acomodarse. Si la operación se prolonga, habrá que buscar nuevas hipérboles. Voy adelantando trabajo: propongo «los nazis no eran tan malos» como siguiente paso y si la cosa se alarga, «en realidad, los judíos se lo tenían merecido».  Tiempo al tiempo.

*Nota: si nada de todo esto va contigo, simplemente no te des por aludido.

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Si continúas entre nosotros, manifiéstate con nitidez
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Alberto Moyano | 21-07-2014 | 08:33| 1

Dicen quienes han leído la transcripción de los interrogatorios a los que fue sometido Javier Rupérez durante el mes que permaneció secuestrado por ETA, que en un momento dado, el entonces dirigente de UCD contesta a la enésima pregunta con un ambiguo “¡es terrible!”. Y añaden que la exclamación parece ser más la expresión espontánea de un enorme hastío general que una respuesta concreta. Dentro de unos años, cuando todo esto haya acabado, las cámaras de La Sexta nos pararán por la calle para preguntarnos: “¿Recuerda usted dónde estaba el día en el que ETA anunció que había ‘culminado ya el desmantelamiento de sus estructuras logísticas y operativas derivadas de la práctica de la lucha armada?’ A lo que responderemos unánimemente de la única forma posible: “Perfectamente. ¿Me puede repetir la pregunta?” Desde que ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada, vamos para tres años, cómo pasa el tiempo, ya hemos perdido incluso la esperanza de que nos proporcione una experiencia inolvidable, dado que adentrarse en la lectura de sus comunicados supone abrir una puerta a la aventura: es preciso coger aire cuando uno sabe cómo arrancará la frase pero nunca cómo, y sobre todo cuándo, acabará. De caer en Selectividad el análisis sintáctico de sus exuberantes reflexiones, las consecuencias serían devastadoras para generaciones enteras de estudiantes.

Hubo un tiempo en el que Euskadiko Ezkerra instó a la población en general y a la clase política en particular a actuar como si ETA no existiera, y la ocurrencia se saldó con un sonoro batacazo. Ahora nos encontramos en la situación inversa y hemos de simular que ETA aún existe, cuando es obvio que entró en coma sin redactar el testamento vital y cuando por fin se puso manos a la obra, había transcurrido un cierto tiempo desde el óbito y ya no se le entiende bien lo que dice. Leer a ETA empieza a parecerse a jugar con la ouija. Rara vez el muerto tiene la oportunidad de dictar sus últimas voluntades de cuerpo presente y viva voz, pero dado que en estos casos el tiempo apremia, debería volcar sus últimas energías en realizar un esfuerzo de síntesis, de forma que los menguantes huecos que aún consigue hacerse en los medios de comunicación tuvieran un contenido inteligible, so pena de acabar en las páginas de pasatiempos, junto al resto de las adivinanzas. Por lo demás, asombra que, entre “tener razón” y tener aliados, quienes habrían de comunicar al finado su fallecimiento y dar digna sepultura a su cadáver, continúen empecinados en optar siempre por la primera opción. Y al final, van a faltar voluntarios dispuestos a prestar sus hombros para portar el féretro.

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Otra vez, ciego en Gaza
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Alberto Moyano | 15-07-2014 | 08:48| 6

Ayer, exactamente a la misma hora en la que manifestantes españoles se concentraban frente a la embajada israelí en Madrid al grito de «no es una guerra, es un genocidio», el líder de Hamás, Ismael Haniye, proclamaba en televisión: «La respuesta política debe estar a la altura de la resistencia para recoger los frutos de esta GUERRA».

Y entonces, no queda más remedio que preguntarse a qué obedece esa irresistible y fascinante pulsión que algunos sienten a la hora de colgar la palabra «genocidio» a todo lo que suene a israelí. Y también cómo es posible que los palestinos, que sufren infinitas calamidades, puede ser el único caso en la historia en el que un pueblo es víctima de un «genocidio» y, a la vez, aumentar su población año tras año. Y ya puestos a preguntar, también cabe interrogarse cómo es posible que a estas horas de la mañana, Israel haya aceptado un alto el fuego condicionado únicamente al cese de cohetes contra su territorio, mientras que Hamás, víctima de «genocidio», lo rechaza categóricamente, un caso inédito en la Historia de los «genocidios». Y ya puestos,  habrá que preguntarse cómo es posible que se haya llegado a eviscerar de significado las palabras hasta este punto y en el nombre de qué nos hemos permitido hacerlo.  Convengamos que si realmente estamos ante un «genocidio», habrá que inventar una nueva palabra para dar nombre a otros acontecimientos registrados a lo largo de la Historia. ¿Por qué resulta tan complicado posicionarse en contra del bombardeo de Gaza sin recurrir a términos como «genocidio», «exterminio» y «nazismo», clamorosamente ausente en otros conflictos tanto o más sangrantes, en una espiral alocada que obligaría a calificar de “genocida” el atentado de Hipercor, por poner un ejemplo cercano?

Y hasta aquí la reflexión «humanitaria». Para los ‘expertos’ queda el análisis de las catastróficas consecuencias que para Israel ha tenido la desanexión de Gaza y las lúgubres lecciones que extraerá su gobierno de la que fue la primera devolución a los palestinos de territorios ocupados, un ensayo lamentablemente fallido del que nadie –y muy especialmente Hamás– quiere asumir su cuota de responsabilidad.

Mientras tanto, aquí continuaremos fingiendo que el antisemitismo, tan presente en Europa durante largos siglos, se evaporó un buen día, como si nunca hubiera existido, y en su lugar, floreció milagrosamente un angelical sentimiento humanitario denominado «antisionismo», y que ambos fenómenos no tienen absolutamente nada que ver entre sí..

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Sistémico antisemitismo
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Alberto Moyano | 11-07-2014 | 09:13| 16

Por supuesto, no toda crítica a Israel incurre en el antisemitismo. Pero al igual que hay una ‘casta política’, existe otra ‘casta moral’, que opera en función de criterios estrictamente ideológicos, con una ética a la carta, que aparece y desaparece para desatar la indignación a conveniencia.

De menor a mayor, sorprende la frivolidad de quienes sostienen que el conflicto vasco es muy complejo, tanto que desde fuera no se entiende, y que en cualquier caso, hay que escuchar a todas las partes, para a continuación despachar el conflicto de Oriente Medio en tandas de 140 caracteres enlazadas a espeluznantes imágenes, tantas veces, rescatadas del archivo.

No existe territorio más ocupado que el cuerpo de una mujer palestina, ni franja más estrecha que el espíritu femenino cercenado por la imposición violenta de las supersticiones de Alá y los seguidores de Mahoma. De la situación de los homosexuales, mejor ni hablamos. Eso es antisemitismo, en su forma más curiosa cuando se da entre los mejores progresistas.

También causa perplejidad la laxitud moral aplicada a los recientes acontecimientos registrados en Ucrania, en donde puestos a elegir entre la UEy Moscú, la ‘casta ética’ no dudó en alinearse con Putin, el mismo que dejó Chechenia convertida en un erial sin que nadie mencionara que los rusos estaban haciendo con este pueblo caucásico lo mismo que los nazis hicieron con los soviéticos. Por agravio comparativo, eso es antisemitismo.

Como también lo es olvidar que Israel es el único estado del mundo a cuya existencia han jurado poner fin la variopinta fauna de sátrapas que ha florecido por la zona desde 1947 y aún antes. No hay dirigente árabe que, en caso de apuro, no haya arremetido contra Israel, el enemigo común, antes de emprenderla contra su propio pueblo en unos términos bélicos a los que jamás ha recurrido este país. Masacre sin cuento en Libia, gaseamiento de kurdos en Irak,   30.000 muertos y 300.000 desplazados en Siria, un país que sólo preocupa en lo que se refiere al estatus de los Altos del Golán.  Por supuesto, ninguna mención a Hitler. Eso es antisemitismo.

Todo el mundo sabe que Ariel Sharon fue el general que permitió las matanzas de Sabra y Chatila. Ya son menos  los que están al tanto de que los ejecutores fueron las milicias libanesas de cristianos maronitas, a los que jamás se comparó, ni equiparó con el III Reich. Del nombre del responsable directo de la masacre, mejor ni hablamos. En aquel caso, al Ejército israelí le cabe el dudoso honor de haberse comportado con la misma pasividad con la que años después las fuerzas holandesas encargadas de proteger Srebrenica contenmplaron la matanza de bosnios. No obstante, Sharon lució en el imaginario popular un bigotito hitleriano; a nadie se le ocurrió comparar a los holandeses con Hitler. Otra vez por agravio comparativo, esa fascinación es antisemitismo.

Cuando interesadamente se silencia que el Muro que divide de forma sangrante Cisjordania se construyó con los materiales vendidos por empresarios palestinos y que desde su construcción los atentados suicidas contra civiles israelís han pasado de uno a la semana a uno al año es antisemitismo, más aún a la luz de las tragaderas de los ciudadanos occidentales a la hora de aceptar toda clase de recortes en materia de derechos civiles y de sacrificar su libertad individual en el altar de la seguridad, todo a raíz de un magno atentado perpetrado hace tres lustros.

Cuando se vinculan las actuaciones del Ejército israelí al aprendizaje recibido a manos de las SS se soslaya que más bien fueron los palestinos los alumnos aventajados: ya en los años cuarenta, fue el muftí de Jerusalén, al-Husayni, instalado en Berlín, quien rogó, suplicó e imploró a Himmler que instalara cámaras de gas en Palestina para la eliminación masiva de judíos o, en su defecto, exterminara ‘in situ’ a los 400.000 judíos alemanes que Berlín pensaba deportar. En esta última aspiración, sus plegarias fueron atendidas y los 400.000 judíos alemanes, reducidos a cenizas. No obstante, jamás verás vinculadas las palabras ‘nazi’ y ‘palestino’.

Antisemitismo es obviar que Israel se desanexionó Gaza a cambio de nada, tan sólo de la promesa de no agresión y que ni tan siquiera eso fue capaz de cumplir la autoridad palestina sobre el terreno, es decir, los iluminados de Hamas.  Ningún país árabe quiso saber nada de los palestinos, que Egipto siempre ha rechazado hacerse cargo de Gaza y que si la franja es «la mayor cárcel al aire libre del mundo», lo es porque el encargado de mantener cerrada una de sus puertas es El Cairo, con Sadat y sin Sadat, con Mubarak y sin Mubarak. 30.000 palestinos cruzan a diarios los dos pasos fronterizos de Gaza para ir a trabajar a Israel, un drama fácilmente evitable si Egipto se ocupara de abrir su muro y proporcionarles empleo.

Antisemitismo es exhibir la división al 50% del territorio del antiguo Mandato Británico de Palestina aprobado por las Naciones Unidas, silenciando que Israel aceptó su parte, mientras que los palestinos no, azuzados por los países árabes, que prometieron echar  a los judíos al mar. El estado de Israel se proclamó el 14 de mayo de 1948. El 15 de mayo cinco países árabes le declararon la guerra y trataron de invadirlo.  Desde entonces, no ha conocido un respiro.

Dicho todo lo cual, ojalá Israel se salga cuanto antes de la espiral de violencia, iniciada una vez más por los extremistas islámicos, y encuentre un interlocutor desprovisto de impulsos liberticidas con el que firmar un paz duradera. Pero convengamos en que será difícil mientras  al otro lado de la mesa se siente, por un lado, unos que han sentido el pavor del vértigo a la paz cada vez que la han acariciado, la mitad de ellos, corrompidos hastaz el tuétano, y por otro, alguien que se niega a reconocer tu existencia y, simultáneamente, jura destruirte.

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La parrilla televisiva: verano 2014
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Alberto Moyano | 08-07-2014 | 13:10| 2

7.30-9.00 GORA SAN FERMIN! Retransmisión en directo de la apertura del mercado bursátil, en el transcurso de la cual los agerridos inversores intentarán conducir a los bonos-basura hasta los corrales de la CNMV. Hoy, ganadería Gowex.

9.00-10.00: ESPAÑA DIRECTO. Un grupo de afiliados al PSOE recorrerá el parque de El Retiro en busca de los avales a su candidato favorito que un millonario excéntrico ha ocultado entre los arbustos.

10.00-10.30: ESPAÑOLES EN EL MUNDO DE LAS SICAV. Hoy, paseo por los rincones de Lituania de la mano del eurodiputado que precede a Rosa Díez en la lista del fondo de inversión.

10.30-11.00: TELETIENDA. El portavoz de Podemos desvelerá sus trucos para mantener un pelo suave y con las puntas cerradas durante toda la jornada a la vez que reclamas una auditoría de la deuda.

11.00-13.00: SABER Y GANAR. Después de once meses de participación en el veterano programa concurso y tras embolsarse la friolera de 224 euros, Raimundo Sánchez sucumbirá a la prueba de las siete diferencias entre los candidatos a las primarias socialistas.

13.00-14.00: AL(FONSO) ROJO VIVO. Debate político en el que los tertulianos abordan diversos temas de actualidad. Hoy, Eduardo Inda revelará que un informe de la Guardia Civil demuestra que Pablo Iglesias es nada menos que el hombre en Madrid de Tania Sánchez.

14.00-15.00: INFORMATIVO. Toda la actualidad deportiva, precedida de una breve introducción a base de los mejores vídeos de porrazos y gracietas disponibles en Youtube.

15.00-16.30: LO IMPORTANTE ES EL PRODUCTO. Programa gastronómico. Hoy, Chicote viaja hasta Valencia para poner orden en un laboratorio clandestino especializado en la fabricación de metanfetamina.

16.30-18.00: MÁS VALE TARDE. Mamen Mendizabal conduce este espacio de debate en el que, al margen de otros asuntos de actualidad, se abordará la problemática de Podemos.

18.00-19.00. MUJERES, HOMBRES Y PABLO IGLESIAS. El polifacético político boliviariano denunciará el boicot que sufre por parte de los medios de comunicación y pedirá una auditoría de la deuda.

19.00-20.00: UN PAÍS PARA COMÉRSELO. Toda la actualidad sobre la ‘droga caníbal’ que asola las islas baleares.

20.00-21.00: INFORMATIVO. Toda la actualidad sobre Podemos, con las últimas descalificaciones a la formación de Pablo Iglesias. El líder de la nueva formación estará en plató para pedir una auditoría de la deuda.

21.00-21.45: EL HORMIGUERO.  3.0: Pablo Motos intentará pegar fuego a su invitado, en este caso, Pablo Iglesias, que estará a esa misma hora en EL INTERMEDIO, siendo entrevistado por el Gran Wyoming.

21.45-00.00: LA NOCHE EN 24 HORAS.  Programa de actualidad conducido por Sergio Martín, en el que los espectadores pueden participar añadiendo el hashtag #PabloIglesiasLN24.

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