Diario Vasco

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Urbi ETA Orbi
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Alberto Moyano | 20-05-2015 | 08:40| 0

En un fenómeno inverso aunque paralelo al acontecido tras la muerte del dictador, momento en el que florecieron por doquier los antifranquistas, la difuminación de ETA coincide con una auténtica explosión de proetarrismo. Con ETA en activo, la línea que separaba a los demócratas de los violentos era nítida, quién sabe si por limpieza en el corazón o por motivos puramente políticos, dicho sea sin menoscabo de extraños proetarras esporádicos, un día Ibarretxe, otro Julio Medem, casi siempre Arzalluz. Ahora las cosas han cambiado y la mancha proterrorista no conoce más límites que la ausencia de límites.

El axioma «todo es ETA» no se ajusta del todo a la realidad. Más exacto resultaría en su formulación «todo puede ser ETA y de ser necesario, acabará siéndolo». Así, hemos visto proetarras en la abogacía, en el periodismo, en periódicos enteros, entre los grupos musicales y entre algunos escritores, por no hablar de varios cineastas, editoriales, productoras y promotoras. Hasta aquí, lo normal, Pero también los ha habido al frente de juzgados de la Audiencia Nacional –el magistrado Pedraz, quizás también el ex magistrado Garzón–, en el seno de las Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado –los policías de la Operación Faisán–. Quién más, quién menos, ha sido ‘entorno’ alguna vez en su vida. Prosigo: Podemos, la jueza Carmena, el diputado socialista y víctima del terrorismo Eduardo Madina, en la misma medida el periodista Gorka Landaburu, la Plataforma Antidesahucios, los movimientos antimilitaristas, los ‘okupas’ –estos últimos más bien de los inexistentes Grapo–, consejeros del Gobierno Vasco, sectores de la Ertzaintza y los diferentes canales del ente público vasco, tanto en uno como en otro idioma. En este enloquecido periplo, nos hemos encontrado forenses que eran ETA, al igual que oncólogos del Hospital Donostia, en boca del ministro del Interior el aborto fue ETA –no recuerdo si también la homosexualidad–, amén de un par de países más, uno de los cuales siempre suele ser Venezuela, el otro queda a elección del fiscal de turno. Tampoco algún departamento de la ONU se ha librado de la mancha escarlata, qué decir del Tribunal de Estrasburgo, infiltrado hasta el tuétano. El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, fue ETA, a Rajoy le ha faltado el canto de un duro, los yihadistas han sido ETA, la Orquesta Mondragón también, especialmente, en aquellos discos cuyas letras compuso el ex secretario de Estado de Cultura del Gobierno Aznar, Luis Alberto de Cuenca. Fugazmente, de la condición de proetarra no se ha librado ni siquiera algún joven dirigente del PP vasco, bien es cierto que de forma puntual, fugaz, un desliz.

Esto, que en principio parece un inconveniente, supone en realidad un gran alivio porque certifica el carácter absolutamente innecesario de la antaño tan invocada «unidad de los demócratas» y da vía libre a las puntualizaciones, los matices e incluso las abiertas disidencias, desde la certeza de que es imposible saciar a lo que, por naturaleza –o peor aún por inconfesable interés mundano–, es insaciable.

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Basta de soluciones, queremos promesas
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Alberto Moyano | 01-05-2015 | 13:31| 0

A la pregunta de si cree que la dimisión de Monedero restará votos a Podemos, Pablo Iglesias responde que no. E interrogado por las razones en las que se sustenta su diagnóstico, el profesor que hasta hace bien poco y con enorme paciencia nos explicaba lo que ya sabíamos como si fuéramos tontos -en lo que probablemente era un diagnóstico correcto- contesta: “Porque no”. Y en ese punto, amigos, termina el didáctico profesor universitario y comienza el autoritario maestro del colegio de curas.

Que Podemos es, antes que nada, un programa de televisión es algo que está costando encajar, en primer lugar, a sus propios presentadores. Sentado todas las semanas, cuando no a diario, ante una cualificada representación de los culpables de todos los males que afligen al país, más Eduardo Inda y Francisco Marhuenda, los mirlos blancos han puesto palabras a las sensaciones. Hasta la cabra de la Legión hubiera cosechado entusiastas adhesiones de haber conseguido que Inda le insultara con vehemencia en prime time. Durante meses, Iglesias y compañía han diagnosticado con tesón de curandero las dolencias que padece la sociedad española y han propuesto los más disparatados remedios, comprados con entusiasmo y fe de carbonero por una parte de la sociedad. A la caza de la otra parte, la propuesta ha mutado del esplendor que encierra “hacer las cosas de otra manera” al más ramplón “hacer otras cosas”.

Como todo programa de televisión, el periplo vital de Podemos es nacer, crecer y morir. No digo evaporarse, simplemente, equiparo morir a renunciar por la fuerza de los hechos a convertirse en el motor de una transformación política de fondo. Equiparar el interés por Pablo Iglesias al ansia social de revolución es confundir las audiencias del primer Operación Triunfo con el interés por la música. Como acertadamente se ha apuntado, la mayor virtualidad de Podemos ha sido acercar la política a las masas desencantadas. Otro sí podría decirse de Bisbal y Bustamante respecto de la industria del disco. Podemos no es la consecuencia del 15-M, sino su refutación, El primero jamás hubiera nacido si previamente no se hubiera extinguido el segundo. El auge de Podemos coincide con el declive de las movilizaciones. Lo que en un principio era una horizontalidad difusa sin líderes sustituida se ha convertido en una verticalidad férrea dirigida por carismáticos Se trata de una coexistencia imposible en formato simultáneo, por cuanto el 15-M es incompatible con una formación política al uso, por vaga que sea la formulación de sus principios. Que a estas alturas, el ‘triunfito’ que es Monedero culpe de sus tribulaciones a “la ponzoña de los medios” suena broma cuando su reacción a “estamos en el aire” ha sido durante meses tan adrenalítica como la de, pongamos por caso, Amedo al grito de “¡bingo!”. Lo siento, pero no voy a hacer autocrítica por el hecho de que unos hayan prometido el impago de la deuda, la jubilación a los 60 y una renta básica universal, otros se lo hayan creído y juntos hayan terminado por descubrir que nada de eso es posible. Por cierto, más vale que alguien empiece a pensar qué pasará con las expectativas de cambio una vez que en las elecciones generales Podemos haya gastado su única bala.

 

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Si no te gusta leer…
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Alberto Moyano | 22-04-2015 | 19:13| 0

Si no te gusta leer no leas, no violentes tu naturaleza, sé obediente y sométete a ella. Es una de las cuatro o cinco formas de éxtasis que nos han sido dadas a los humanos, pero es posible que todo se reduzca a una cuestión de neuroreceptores, que tampoco funcionan igual para todo el mundo en las otras tres o cuatro maneras de solazarse. Cuanto más leas, más fácil te resultará olvidarte de ti mismo y, a la vez, más posibilidades tendrás de acabar topándote de bruces contigo mismo. Esto puede ser bueno o puede ser malo. O ni una cosa, ni la otra. Es mejor el lector de ningún libro, que el lector de un solo libro. La lectura es un placer que empieza y acaba en sí misma, colgarle los estigmas de “serás más culto”, “te harás más sabio”, etc… es como practicar el sexo con el objetivo final de procrear. Es probable que te rescate de la ignorancia, pero -volviendo a lo de antes-, nadie practica el sexo para mejorar sus abdominales. Lo de que hay cosas que no están en los libros es indemostrable, nadie los ha leído todos. Lo de que hay cosas que no se aprenden en los libros es igualmente cierto para cualquier otra posible vía de conocimiento, sea la calle, sea la universidad; simplemente, hay cosas que no se aprenden, aunque se sepan. Habrá cosas que no están en los libros, pero por ahora, yo al menos me las voy encontrando poco a poco todas.

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Queremos saberlo todo y que todo sea lo que ya sabemos
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Alberto Moyano | 27-03-2015 | 10:36| 4

–Estamos en directo con el portavoz de los familiares

–Que dejen de atosigarles en estos momentos tan duros. Por cierto: no contratéis a ningún abogado, constituiros en asociación, rechazad las versiones oficiales, no os reunáis con nadie y cuidado con los psicólogos, que igual trabajan para la compañía aérea.

–Se ha hallado una caja negra.

–¿Ah sí? Y si ya la han encontrado, ¿por qué no nos lo cuentan su contenido?

–La grabación demuestra que el copiloto se encerró en la cabina y estrelló el avión a propósito.

–Vaya, qué raro… A penas han pasado 48 horas y ya está todo claro. Muy sospechoso, ¿no? Todo esto es para que no pensemos por nuestra cuenta.

–Se ha informado ya a los familiares de las víctimas.

–Claro, para que no hagan preguntas incómodas. ¿Y por qué no esperan a terminar la investigación antes de extraer conclusiones?

–El copiloto tenía una historial médico de depresiones y problemas psicológicos.

–Ya estamos criminalizando… La depresión no es un delito.

–La grabación recoge una respiración normal.

–¿Respiración normal cuando está a punto de suicidarse? ¡Vamos, hombre! Eso no hay quien se lo crea.

–Bloqueó la puerta desde dentro.

–Eso podría deberse a que sufrió un ataque al corazón.

–Estaba en tratamiento.

–Lo que faltaba… Ahora dirán que estaba loco para ocultar que la lógica criminal del ‘low cost’ conduce irremediablemente a estrellar aviones contra montañas.

– El avión estaba en perfecto estado.

–Sí, hombre, y qué más… ¿Por qué ahorran en mecánicos y no gastan más en psicólogos? Siempre ponen a los más locos a los mandos del airbus…

–Había roto con su novia.

–Normal. El puto patriarcado…

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Donostia 2016: la coreografía del palo y la zanahoria
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Alberto Moyano | 25-03-2015 | 15:05| 0

El encuentro de ayer en Bruselas entre el comité de expertos europeos y los responsables de Donostia 2016 se saldó con un éxito rotundo y las correspondientes felicitaciones a la Oficina de la Capitalidad y a las instituciones que respaldan el proyecto. Se trata de un ritual ya casi atávico que se repite año tras año desde al menos 2007. Hay un tiempo para las críticas y hay un tiempo para las palmadas en la espalda. Ahora estamos en ése en el que las lanzas se tornan cañas. Sin embargo, para contextualizar adecuadamente la evaluación de ayer conviene echar la vista atrás y repasar la trayectoria de las un tanto encriptadas relaciones entre las instituciones europeas y la Capitalidad donostiarra. La concesión del Premio Melina Mercouri, que no es automática pero desde luego sí sistemática por cuanto jamás ha dejado de otorgarse a ciudad alguna, rubricará el diagnóstico. A poco más de siete meses para la inauguración del evento, el rumbo de la Capitalidad escapa ya a las directrices de las autoridades europeas, y su papel se reduce a respaldar lo que a estas alturas de la película son prácticamente, para bien o para mal, hechos consumados.

Entre los miembros del comité de seguimiento que examinó ayer a Donostia 2016 se encontraba Ulrich Fuchs, quien el pasado mes de julio visitó Donostia en compañía del entonces presidente de este organismo europeo, Steve Green. Ya entonces los dos expertos avalaron la marcha del proyecto, a pesar de que por aquel entonces llevaba cuatro meses descabezado sin director general tras la dimisión de Itziar Nogeras. Aquel día, los expertos alertaron del desprestigio que para la ciudad suponían las críticas, tanto políticas como mediáticas, y quizás en ese contexto haya que entender la efusiva acogida que la exposición de la Capitalidad donostiarra cosechó en el cuentro de ayer.

Sin embargo, un repaso al informe que emitieron hace menos de dos años permite comprobar cuán pendientes de resolución continúan algunas de las cuestiones que allí se ponían en solfa. Dejando a un lado la cuestión de «la falta de liderazgo» –de la que responsabilizaban directamente al Ayuntamiento– por encontrarnos en período preelectoral, la Comisión de Control y Asesoramiento de Capitales Europeas de la Cultura censuraba tras su visita del 17 de junio de 2013 «las injerencias políticas», que ayer fueron soslayadas –de forma nada sorprendente por otro lado–, pese a haber desembocado en nada menos que una demanda judicial. Aquel informe también instaba al Patronato a incorporar a otros estamentos procedentes de la universidad, la empresa y la sociedad civil, cosa que nunca llegó a suceder. Asímismo, lamentaba los retrasos, uno de los cuales ha dado precisamente al traste con el proyecto de la nao San Juan: cuatro millones de euros sobre un presupuesto estimado de 48 millones. Por cierto, que ya en 2013 el comité mostraba su sorpresa por la rebaja de 89 a 63 millones del presupuesto, una decisión aprobada tres días después de que Manfred Gaulhofer y Steve Green se pasearan por Donostia sin que alguien les comentara ni palabra al respecto. «Esto no inspira mucha confianza», advirtieron. Pero eso fue entonces. A día de hoy, los recortes presupuestarios ya no preocupan tanto como que se garantice la cifra final, sea ésta finalmente cual sea. Respecto a los patrocinios privados, el informe instaba a «elaborar una detallada estrategia de mecenazgo que vuelva a suscitar interés». El pasado mes de julio volvieron a alertar sobre el tema, instando incluso a los grupos municipales de la oposición a ponerse manos a la obra. Bien, lo cierto es que Donostia 2016 se presentó ayer en Bruselas con ese casillero a cero, sin que los expertos se mostraran excesivamente inquietos por esta contingencia.

En 2013 tampoco se olvidaban de criticar al Ministerio de Cultura. Por un lado, por no haber «garantizado hasta el momento su apoyo financiero», extremo que a día de hoy aún le reprochan tanto Ayuntamiento como Diputación. Por otro, por condicionar sus aportaciones presupuestarias a programas concretos, práctica que se ha mantenido vigente desde entonces y ahí continúa, pero que a juzgar por lo visto ayer, carece de importancia.

¿Significa esto que Donostia 2016 no ha hecho nada? En absoluto. Ha seguido la recomendaciones europeas en cuanto a la estructura interna de la Fundación –lo que ellos denominan gobernanza–, al aumento de personal del proyecto –con cierto retraso, eso sí–, y ha conseguido elaborar un programa cultural –cuyo avance presentará en breve– en unas condiciones de adversidad que sólo quienes trabajan en el seno de la Oficina conocen al detalle.

Ayer tocaba espaldarazo, forma parte de la liturgia europea y del argumentario que arropa la más que predecible concesión del Premio Melina Mercouri y sus 1,5 millones de euros que, no lo olvidemos, constituyen la única y un tanto famélica aportación económica europea al proyecto. Desde la designación de la Capitalidad, asistimos a una coreografía que se repite año tras año con otros nombres. Quizás en su día convenía enfriar las críticas; seguro que ahora es aconsejable hacer lo propio con los elogios.

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