Diario Vasco

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Tus ganas de ganar me horrorizan
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Alberto Moyano | 25-06-2015 | 13:28| 1

A lo largo de su dilatada historia, Izquierda Unida ha incurrido en todos los errores imaginables. Una excepción: nunca le había dado por hacer suyo el lenguaje que es el propio a la CEOE. Ahí ha debutado Pablo Iglesias, una vez olvidadas sus promesas de humildad. Al contrario, ha experimentado un ascenso: empezó hablando como un simple profeta y ahora ya lo hace como todo un jefe de personal. La transcripción de sus declaraciones en torno a IU supuran la fetidez inherente a la prosa de los ERE. La suya es una carta de despido, el último aviso de un inminente desahucio. Los motivos son que IU no ha dado la talla, no está capacitado para desempeñar su trabajo, de acuerdo con el dictamen del líder de Podemos. A estas alturas del fraseo, me da igual si tiene razón o en qué medida la tiene: cuando se adopta ese tono prevalece el retintín chulesco, el taladrante aliento de los que proclaman “yo ya te lo dije”. Pablo Iglesias no está haciendo un diagnóstico político, sino acometiendo un ajuste de cuentas. Su soflama no revela una visión del mundo, sino una forma de relacionarse con él. Todo suena a “está usted despedido”. Cada frase es la sublimación de los sueños más inconfesables de un capataz emprendedor. Por ningún lado aparece la dicotomía izquierda/derecha, ya lo sabíamos; tampoco la de arriba/abajo. Lo que queda es la tensión ganadores/perdedores, y “yo quiero ganar”, una proclama sobre la que se desmayaría cualquier adulto de izquierdas. Iglesias recupera el viejo verbo de la derechona de los tiempos de José María Cuevas para recordarle a IU que ha vivido por encima de sus posibilidades, que es inútil y que debe abandonar la casa porque la audiencia así lo ha decidido. Alguien que se sienta en el sofá ante un invitado como Iglesias lo hizo ante Alberto Garzón sólo se merece que le saquen un pipermint. Y que le obliguen a bebérselo. A Pablo se le ha quedado cara de tener siempre razón y de no perder una sola oportunidad de recordárselo a quien quiera escucharle: lo uno es malo; lo otro, insoportable.

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Es la hora de la nanopolítica con mayúsculas
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Alberto Moyano | 22-06-2015 | 13:59| 0

Concluidas las vacaciones, es momento de perder el tiempo recuperado. La lectura de periódicos atrasados sin atender a un orden cronológico, amén de una actividad fascinante, permite dotar de sinsentido a lo que de ordinario es sólo caos. Así, la sección Política en período postelectoral se convierte en un perfecto disparate en el que primero lees que dos formaciones han llegado a un acuerdo para gobernar y minutos después, puedes darte de bruces en un ejemplar de la víspera con la noticia de que los recelos y las desconfianzas han tornado muy difícil el consenso. En ese momento, irrumpe la palabra “enquistamiento”, de ecos inquietantes. Esto, lejos de convertir la lectura en una sucesión de spoilers, dota no ya de sentido, sino incluso de suspense el devenir de las negociaciones. Es un poco como cuando en los telefilmes sabatinos de Antena 3 arrancan con un descuartizamiento sin cuento para, acto seguido, remontarse en el tiempo con un sucinto “tres semanas antes”. ¿Qué habrá pasado para que se haya llegado a esto?, se pregunta el intrigado espectador. En cualquier caso, la perspectiva desordenada certifica que la tendencia general es a gobernar, bien en coalición, bien mediante acuerdos puntuales, precisamente con la formación a la que siempre acusaste de buscar la destrucción de la ciudad. Una lectura optimista apuntaría a que precisamente esta alianza sería la mejor fórmula para neutralizar las tendencia a demolerlo todo que supuestamente anida en el rival. Dijo Shakespeare que “la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido”. Aquel día se puso barroco: pudo quitar lo del ruido y la furia, nada aportan. Respecto a la ausencia de sentido, carece de importancia: si efectivamente no lo hay, se pacta uno cualquiera. O volviendo a lo de los pactos y sin salirnos de los clásicos, ya lo dijeron los Ramones: “Here Today, Gone Tomorrow”.  Y espérate a the day after tomorrow… ¿Existe algún término médico de ésos que terminan en ‘fobia’ que designe el pavor a la hora de la política con mayúsculas?

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Urbi ETA Orbi
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Alberto Moyano | 20-05-2015 | 08:40| 3

En un fenómeno inverso aunque paralelo al acontecido tras la muerte del dictador, momento en el que florecieron por doquier los antifranquistas, la difuminación de ETA coincide con una auténtica explosión de proetarrismo. Con ETA en activo, la línea que separaba a los demócratas de los violentos era nítida, quién sabe si por limpieza en el corazón o por motivos puramente políticos, dicho sea sin menoscabo de extraños proetarras esporádicos, un día Ibarretxe, otro Julio Medem, casi siempre Arzalluz. Ahora las cosas han cambiado y la mancha proterrorista no conoce más límites que la ausencia de límites.

El axioma «todo es ETA» no se ajusta del todo a la realidad. Más exacto resultaría en su formulación «todo puede ser ETA y de ser necesario, acabará siéndolo». Así, hemos visto proetarras en la abogacía, en el periodismo, en periódicos enteros, entre los grupos musicales y entre algunos escritores, por no hablar de varios cineastas, editoriales, productoras y promotoras. Hasta aquí, lo normal, Pero también los ha habido al frente de juzgados de la Audiencia Nacional –el magistrado Pedraz, quizás también el ex magistrado Garzón–, en el seno de las Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado –los policías de la Operación Faisán–. Quién más, quién menos, ha sido ‘entorno’ alguna vez en su vida. Prosigo: Podemos, la jueza Carmena, el diputado socialista y víctima del terrorismo Eduardo Madina, en la misma medida el periodista Gorka Landaburu, la Plataforma Antidesahucios, los movimientos antimilitaristas, los ‘okupas’ –estos últimos más bien de los inexistentes Grapo–, consejeros del Gobierno Vasco, sectores de la Ertzaintza y los diferentes canales del ente público vasco, tanto en uno como en otro idioma. En este enloquecido periplo, nos hemos encontrado forenses que eran ETA, al igual que oncólogos del Hospital Donostia, en boca del ministro del Interior el aborto fue ETA –no recuerdo si también la homosexualidad–, amén de un par de países más, uno de los cuales siempre suele ser Venezuela, el otro queda a elección del fiscal de turno. Tampoco algún departamento de la ONU se ha librado de la mancha escarlata, qué decir del Tribunal de Estrasburgo, infiltrado hasta el tuétano. El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, fue ETA, a Rajoy le ha faltado el canto de un duro, los yihadistas han sido ETA, la Orquesta Mondragón también, especialmente, en aquellos discos cuyas letras compuso el ex secretario de Estado de Cultura del Gobierno Aznar, Luis Alberto de Cuenca. Fugazmente, de la condición de proetarra no se ha librado ni siquiera algún joven dirigente del PP vasco, bien es cierto que de forma puntual, fugaz, un desliz.

Esto, que en principio parece un inconveniente, supone en realidad un gran alivio porque certifica el carácter absolutamente innecesario de la antaño tan invocada «unidad de los demócratas» y da vía libre a las puntualizaciones, los matices e incluso las abiertas disidencias, desde la certeza de que es imposible saciar a lo que, por naturaleza –o peor aún por inconfesable interés mundano–, es insaciable.

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Basta de soluciones, queremos promesas
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Alberto Moyano | 01-05-2015 | 13:31| 0

A la pregunta de si cree que la dimisión de Monedero restará votos a Podemos, Pablo Iglesias responde que no. E interrogado por las razones en las que se sustenta su diagnóstico, el profesor que hasta hace bien poco y con enorme paciencia nos explicaba lo que ya sabíamos como si fuéramos tontos -en lo que probablemente era un diagnóstico correcto- contesta: “Porque no”. Y en ese punto, amigos, termina el didáctico profesor universitario y comienza el autoritario maestro del colegio de curas.

Que Podemos es, antes que nada, un programa de televisión es algo que está costando encajar, en primer lugar, a sus propios presentadores. Sentado todas las semanas, cuando no a diario, ante una cualificada representación de los culpables de todos los males que afligen al país, más Eduardo Inda y Francisco Marhuenda, los mirlos blancos han puesto palabras a las sensaciones. Hasta la cabra de la Legión hubiera cosechado entusiastas adhesiones de haber conseguido que Inda le insultara con vehemencia en prime time. Durante meses, Iglesias y compañía han diagnosticado con tesón de curandero las dolencias que padece la sociedad española y han propuesto los más disparatados remedios, comprados con entusiasmo y fe de carbonero por una parte de la sociedad. A la caza de la otra parte, la propuesta ha mutado del esplendor que encierra “hacer las cosas de otra manera” al más ramplón “hacer otras cosas”.

Como todo programa de televisión, el periplo vital de Podemos es nacer, crecer y morir. No digo evaporarse, simplemente, equiparo morir a renunciar por la fuerza de los hechos a convertirse en el motor de una transformación política de fondo. Equiparar el interés por Pablo Iglesias al ansia social de revolución es confundir las audiencias del primer Operación Triunfo con el interés por la música. Como acertadamente se ha apuntado, la mayor virtualidad de Podemos ha sido acercar la política a las masas desencantadas. Otro sí podría decirse de Bisbal y Bustamante respecto de la industria del disco. Podemos no es la consecuencia del 15-M, sino su refutación, El primero jamás hubiera nacido si previamente no se hubiera extinguido el segundo. El auge de Podemos coincide con el declive de las movilizaciones. Lo que en un principio era una horizontalidad difusa sin líderes sustituida se ha convertido en una verticalidad férrea dirigida por carismáticos Se trata de una coexistencia imposible en formato simultáneo, por cuanto el 15-M es incompatible con una formación política al uso, por vaga que sea la formulación de sus principios. Que a estas alturas, el ‘triunfito’ que es Monedero culpe de sus tribulaciones a “la ponzoña de los medios” suena broma cuando su reacción a “estamos en el aire” ha sido durante meses tan adrenalítica como la de, pongamos por caso, Amedo al grito de “¡bingo!”. Lo siento, pero no voy a hacer autocrítica por el hecho de que unos hayan prometido el impago de la deuda, la jubilación a los 60 y una renta básica universal, otros se lo hayan creído y juntos hayan terminado por descubrir que nada de eso es posible. Por cierto, más vale que alguien empiece a pensar qué pasará con las expectativas de cambio una vez que en las elecciones generales Podemos haya gastado su única bala.

 

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Si no te gusta leer…
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Alberto Moyano | 22-04-2015 | 19:13| 0

Si no te gusta leer no leas, no violentes tu naturaleza, sé obediente y sométete a ella. Es una de las cuatro o cinco formas de éxtasis que nos han sido dadas a los humanos, pero es posible que todo se reduzca a una cuestión de neuroreceptores, que tampoco funcionan igual para todo el mundo en las otras tres o cuatro maneras de solazarse. Cuanto más leas, más fácil te resultará olvidarte de ti mismo y, a la vez, más posibilidades tendrás de acabar topándote de bruces contigo mismo. Esto puede ser bueno o puede ser malo. O ni una cosa, ni la otra. Es mejor el lector de ningún libro, que el lector de un solo libro. La lectura es un placer que empieza y acaba en sí misma, colgarle los estigmas de “serás más culto”, “te harás más sabio”, etc… es como practicar el sexo con el objetivo final de procrear. Es probable que te rescate de la ignorancia, pero -volviendo a lo de antes-, nadie practica el sexo para mejorar sus abdominales. Lo de que hay cosas que no están en los libros es indemostrable, nadie los ha leído todos. Lo de que hay cosas que no se aprenden en los libros es igualmente cierto para cualquier otra posible vía de conocimiento, sea la calle, sea la universidad; simplemente, hay cosas que no se aprenden, aunque se sepan. Habrá cosas que no están en los libros, pero por ahora, yo al menos me las voy encontrando poco a poco todas.

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