Diario Vasco

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Queremos saberlo todo y que todo sea lo que ya sabemos
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Alberto Moyano | 27-03-2015 | 10:36| 4

–Estamos en directo con el portavoz de los familiares

–Que dejen de atosigarles en estos momentos tan duros. Por cierto: no contratéis a ningún abogado, constituiros en asociación, rechazad las versiones oficiales, no os reunáis con nadie y cuidado con los psicólogos, que igual trabajan para la compañía aérea.

–Se ha hallado una caja negra.

–¿Ah sí? Y si ya la han encontrado, ¿por qué no nos lo cuentan su contenido?

–La grabación demuestra que el copiloto se encerró en la cabina y estrelló el avión a propósito.

–Vaya, qué raro… A penas han pasado 48 horas y ya está todo claro. Muy sospechoso, ¿no? Todo esto es para que no pensemos por nuestra cuenta.

–Se ha informado ya a los familiares de las víctimas.

–Claro, para que no hagan preguntas incómodas. ¿Y por qué no esperan a terminar la investigación antes de extraer conclusiones?

–El copiloto tenía una historial médico de depresiones y problemas psicológicos.

–Ya estamos criminalizando… La depresión no es un delito.

–La grabación recoge una respiración normal.

–¿Respiración normal cuando está a punto de suicidarse? ¡Vamos, hombre! Eso no hay quien se lo crea.

–Bloqueó la puerta desde dentro.

–Eso podría deberse a que sufrió un ataque al corazón.

–Estaba en tratamiento.

–Lo que faltaba… Ahora dirán que estaba loco para ocultar que la lógica criminal del ‘low cost’ conduce irremediablemente a estrellar aviones contra montañas.

– El avión estaba en perfecto estado.

–Sí, hombre, y qué más… ¿Por qué ahorran en mecánicos y no gastan más en psicólogos? Siempre ponen a los más locos a los mandos del airbus…

–Había roto con su novia.

–Normal. El puto patriarcado…

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Donostia 2016: la coreografía del palo y la zanahoria
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Alberto Moyano | 25-03-2015 | 15:05| 0

El encuentro de ayer en Bruselas entre el comité de expertos europeos y los responsables de Donostia 2016 se saldó con un éxito rotundo y las correspondientes felicitaciones a la Oficina de la Capitalidad y a las instituciones que respaldan el proyecto. Se trata de un ritual ya casi atávico que se repite año tras año desde al menos 2007. Hay un tiempo para las críticas y hay un tiempo para las palmadas en la espalda. Ahora estamos en ése en el que las lanzas se tornan cañas. Sin embargo, para contextualizar adecuadamente la evaluación de ayer conviene echar la vista atrás y repasar la trayectoria de las un tanto encriptadas relaciones entre las instituciones europeas y la Capitalidad donostiarra. La concesión del Premio Melina Mercouri, que no es automática pero desde luego sí sistemática por cuanto jamás ha dejado de otorgarse a ciudad alguna, rubricará el diagnóstico. A poco más de siete meses para la inauguración del evento, el rumbo de la Capitalidad escapa ya a las directrices de las autoridades europeas, y su papel se reduce a respaldar lo que a estas alturas de la película son prácticamente, para bien o para mal, hechos consumados.

Entre los miembros del comité de seguimiento que examinó ayer a Donostia 2016 se encontraba Ulrich Fuchs, quien el pasado mes de julio visitó Donostia en compañía del entonces presidente de este organismo europeo, Steve Green. Ya entonces los dos expertos avalaron la marcha del proyecto, a pesar de que por aquel entonces llevaba cuatro meses descabezado sin director general tras la dimisión de Itziar Nogeras. Aquel día, los expertos alertaron del desprestigio que para la ciudad suponían las críticas, tanto políticas como mediáticas, y quizás en ese contexto haya que entender la efusiva acogida que la exposición de la Capitalidad donostiarra cosechó en el cuentro de ayer.

Sin embargo, un repaso al informe que emitieron hace menos de dos años permite comprobar cuán pendientes de resolución continúan algunas de las cuestiones que allí se ponían en solfa. Dejando a un lado la cuestión de «la falta de liderazgo» –de la que responsabilizaban directamente al Ayuntamiento– por encontrarnos en período preelectoral, la Comisión de Control y Asesoramiento de Capitales Europeas de la Cultura censuraba tras su visita del 17 de junio de 2013 «las injerencias políticas», que ayer fueron soslayadas –de forma nada sorprendente por otro lado–, pese a haber desembocado en nada menos que una demanda judicial. Aquel informe también instaba al Patronato a incorporar a otros estamentos procedentes de la universidad, la empresa y la sociedad civil, cosa que nunca llegó a suceder. Asímismo, lamentaba los retrasos, uno de los cuales ha dado precisamente al traste con el proyecto de la nao San Juan: cuatro millones de euros sobre un presupuesto estimado de 48 millones. Por cierto, que ya en 2013 el comité mostraba su sorpresa por la rebaja de 89 a 63 millones del presupuesto, una decisión aprobada tres días después de que Manfred Gaulhofer y Steve Green se pasearan por Donostia sin que alguien les comentara ni palabra al respecto. «Esto no inspira mucha confianza», advirtieron. Pero eso fue entonces. A día de hoy, los recortes presupuestarios ya no preocupan tanto como que se garantice la cifra final, sea ésta finalmente cual sea. Respecto a los patrocinios privados, el informe instaba a «elaborar una detallada estrategia de mecenazgo que vuelva a suscitar interés». El pasado mes de julio volvieron a alertar sobre el tema, instando incluso a los grupos municipales de la oposición a ponerse manos a la obra. Bien, lo cierto es que Donostia 2016 se presentó ayer en Bruselas con ese casillero a cero, sin que los expertos se mostraran excesivamente inquietos por esta contingencia.

En 2013 tampoco se olvidaban de criticar al Ministerio de Cultura. Por un lado, por no haber «garantizado hasta el momento su apoyo financiero», extremo que a día de hoy aún le reprochan tanto Ayuntamiento como Diputación. Por otro, por condicionar sus aportaciones presupuestarias a programas concretos, práctica que se ha mantenido vigente desde entonces y ahí continúa, pero que a juzgar por lo visto ayer, carece de importancia.

¿Significa esto que Donostia 2016 no ha hecho nada? En absoluto. Ha seguido la recomendaciones europeas en cuanto a la estructura interna de la Fundación –lo que ellos denominan gobernanza–, al aumento de personal del proyecto –con cierto retraso, eso sí–, y ha conseguido elaborar un programa cultural –cuyo avance presentará en breve– en unas condiciones de adversidad que sólo quienes trabajan en el seno de la Oficina conocen al detalle.

Ayer tocaba espaldarazo, forma parte de la liturgia europea y del argumentario que arropa la más que predecible concesión del Premio Melina Mercouri y sus 1,5 millones de euros que, no lo olvidemos, constituyen la única y un tanto famélica aportación económica europea al proyecto. Desde la designación de la Capitalidad, asistimos a una coreografía que se repite año tras año con otros nombres. Quizás en su día convenía enfriar las críticas; seguro que ahora es aconsejable hacer lo propio con los elogios.

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Habrá dientes para todos
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Alberto Moyano | 21-03-2015 | 19:43| 2

“”Habrá dientes para todos, Fernando. Mi trabajo, el trabajo de muchos, consiste en que la situación no se desmande. Estamos viendo caer, y bien estrepitosamente, por cierto, la famosa República de los Sabios. Los carismáticos quiebran. ¿Y sabes por qué? Según mi criterio, por falta de auténtica conciencia de responsabilidad. Han dejado en mal lugar sus ideales, fueran éstos los que fueren al margen de ambición meridiana, para acabar pensando, pobrecitos, que los demás somos tontos y que el cinismo lo han inventado ellos. Otro resultado de esas trayectorias extrañas… El hijo del chupatintas convertido en ministro, el sobrino del banquero, marxista de ida y vuelta, que solicita la readmisión en sociedad, y aporta una gramática aprendida, un nuevo blindaje ante los tiempos, por decir algo… Pero se trae del brazo al hijo del chupatintas. Y es en ese humus de mindundis al acecho donde brota la mayoría de los estropicios. A partir de ahora necesitamos a gente cabal, a los buenos cenutrios de todas las guerras, a obedientes funcionarios capaces de dominar su coscupiscencia egocéntrica. No pienses que soy injusto, Fernando, que estoy en contra de la evolución social. Mejor será que la administración del país la llevan verdaderos y capaces funcionarios conscientes de lo arduo que es llegar a lo más alto del escalafón antes que malabaristas aficionados, porque el pueblo se contagia de ese temperamento frívolo, de ese cuido… Han convencido a los ciudadanos con su auténtica mediocridad después de años de burlarles con abracadabras. Y digo ciudadanos por decir algo… Porque hoy en día, quienes cuentan a efectos electorales, los jefes, son los rústicos de los pueblos de diez mil habitantes. Y los que se aprovechan de la denuncia indiscriminada de la situación, los agoreros de turno que ven con malos ojos la corrupción, pero no que esa misma corrupción, adornada con errores e invenciones, se transforme en ventas de libritos, caché en las tertulias radiofónicas y en favores que más tarde se habrán de pagar. Dicen lo que cualquier consumidor de chatos de vino quiere oír con el resultado de una desmoralización, de la pérdida de confianza en el sistema (…) Ahora es cuando me tienes que preguntar qué pinta un borracho, cocainómano y cazadotes fallido como tú en una empresa tan alta”.

*Fragmento de una novela publicada en 2oo2 que recoge una conversación que sitúa en 1995. 

 

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Soziedad Alkoholika: otra ronda de lo mismo
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Alberto Moyano | 11-03-2015 | 14:10| 1

«El banquero sigue engordando / El trabajador sigue adelgazando / Todo ya ha ocurrido antes / Y ocurrirá de nuevo / Ocurrirá de nuevo (…) Así que usa lo que tengas / Y aprende a manejarlo / Coge lo viejo / Y hazlo nuevo /Si tuviera un revólver / Buscaría a los bastardos y dispararía sin dudar». Las estrofas anteriores fueron cantadas y coreadas el 2 de junio de 2012 en un concierto al que asistieron desde el palco las máximas autoridades de este país, cuyo eje programático de gobierno fue la llamada ‘normalización’. Obviamente, a nadie se le ocurrió que estuviéramos ante una incitación a la violencia, ni que nuestros gobernantes estuvieran amparando, impávidos cuando no celebrantes, un llamamiento al crimen.

T res años después nos encontramos con que el Ayuntamiento de Madrid ha prohibido un concierto del grupo Soziedad Alkoholika bajo el argumento policial que advierte del «peligro de alteración del orden público». En roman paladino: caso de censura de manual. Y más allá de la tendencia de las autoridades a investirse de sacerdotes inquisidores que velan por nuestra integridad física y moral, queda para la reflexión el mutismo con el que el mundo de la cultura se somete a los caprichosos dictados del poder, vayan por delante todas las honradas y contadas excepciones. Aún bajo la tiritona, no han entendido los creadores que la naturaleza de su trabajo es, ayer y hoy, aquì y alli, inherente al enfrentamiento con el poder político. Todos sus esfuerzos, hasta los más patéticos, por evitar el choque son inútiles. Al igual que en otras ocasiones –y aquí podríamos remitirnos a la negativa de tantos exhibidores a considerar si quiera la posibilidad de proyectar de ‘Asier ETA biok’ en sus salas–, el autodenominado ‘nosotros, el mundo de la cultura’ calla ante la tropelía. Una pérdida de tiempo: si lo que buscan es limar asperezas y reconciliarse con el poder, han de saber que sólo obtendrán su desprecio. Si se guarda silencio cuando se atropella la libertad de expresión, resulta grotesco alzar la voz para reclamar bajadas de impuestos. Por el camino, habrán perdido el respeto, el propio y el ajeno.

Rocking all over the world y volviendo al principio, Bruce Springsteen cantó la citada ‘Jack of All Trades’ durante aquel año a lo largo y ancho del planeta, sin que haya a día de hoy noticia de que el público se dedicara a ejecutar banqueros. Ni siquiera en Madrid, en donde también actuó para alborozo de las autoridades de entonces, que por supuesto eran las mismas que las de ahora.

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Todo el mundo tiene derecho a sus quince minutos de transfeminismo
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Alberto Moyano | 04-03-2015 | 14:07| 8

El hecho de que a día de hoy haya más conductores que den positivo por drogas ilegales que por alcohol o que la mayoría de los nuevos fumadores lo sean de cannabis y no de tabaco debería provocar la renuncia de los responsables de las campañas de concienciación antinarcóticos y la revisión de todas las políticas en vigor desde hace décadas en torno a esta cuestión. Sin embargo, ni una cosa ni otra tendrán lugar porque está socialmente asumido que por un lado están las drogas, por el otro, la lucha antidroga, y ambas deberán seguir conviviendo en perfecta armonía, como de hecho llevan haciéndolo desde hace décadas.

Otro tanto sucede con la violencia machista, un fenómeno supuestamente combatido por tierra, mar y aire, sin resultados aparentes. Más bien, al contrario. Es posible que los organismos competentes hayan interiorizado la imposibilidad de su erradicación. Ítem el conjunto de la sociedad. También lo es que el primer problema estribe en un error de diagnóstico y bajo el nombre genérico de «violencia machista» se etiqueten fenómenos muy diferentes, que abarcan desde casos como el de Nagore Lafagge –ejemplo de violencia sobrevenida– hasta los que se producen a lo largo de muchos años de convivencia, pasando por la cotidiana entre adolescentes o la esporádica de quien, en una residencia de ancianos, pone fin a la vida de su pareja, enferma terminal. De cualquier forma, el fracaso del combate contra la violencia machista es palmario y, sin embargo, todos hacemos como que no lo vemos e insistimos en repetir una y otra vez la misma estrategia, que tan sólo garantiza idénticos resultados. Vaya por delante que carezco de soluciones, sólo albergo intuiciones, una de ellas, que una única designación para fenómenos diferentes dificulta la descripción del hecho y, por lo tanto, obstaculiza su abordaje. Simplifica, pero confunde.

A la par, asistimos a la emergencia de una cosa denominada ‘transfeminismo’, con vocación de sustitución del feminismo tradicional, cuyas ancestrales pero aún vigentes reivindicaciones han perdido capacidad de atracción. Hablamos de un ‘cambiazo’. El mercado de las ideas empieza a funcionar a imagen y semejanza del del arte contemporáneo: cada vez es más difícil destacar en el inmenso maremágnum en el que todo tiene cabida y la única forma de hacerse con un hueco, así al frente de la pancarta como en la venta de igualdad, consiste en darle a todo una nueva vuelta de tuerca hasta llegar a la extravagancia. Ya hace casi medio siglo que Valerie Solanas propuso matar a todos los hombres como fórmula para acabar con el patriarcado, colocando el listón muy alto, pero de forma demasiado burda. El único camino hacia la innovación pasa por la sutileza. Así, hay quien apuesta por la extravagancia y mientras las mujeres –y los hombres– ni siquiera han conseguido la equiparación salarial, los hay que están ya en esa otra pantalla en la que las cuestiones centrales giran en torno a, por poner un par de ejemplos conocidos, las ‘políticas anales’ o la ‘putificación de los gudaris’.

Sostengo que todo esto obedece a un deseo de llamar la atención y asomar la cabecita en el abigarrado mercado de la igualdad, que todos estos discursos trileros se levantan sobre el principio de quemar etapas sin resolver las anteriores y que lo peor que le puede pasar a la lucha contra la discriminación es acabar rompiendo en sector industrial que, a falta de otra luz, sirva para alumbrar auténticos carrerones, más o menos lucrativos, más o menos profesionales.

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