Diario Vasco

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La sombra 51
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Alberto Moyano | 17-02-2015 | 13:57| 12

Tendría que ver o leer ‘50 sombras de Grey’ –cosa que no creo que pase– para saber si promueve algo, en caso afirmativo el qué o si tan sólo se limita a contar una historia. Dudo de cualquier forma que su mensaje, en el caso de existir, sea más lesivo que el de cualquier programa de ‘tronistas’ emitido durante años en horario infantil, por poner un ejemplo.

Lo que sí tengo meridianamente claro es que un adulto de un país desarrollado en pleno siglo XXI no es un niño analfabeto condenado a la ignorancia. Nunca en la historia de la Humanidad tuvo una persona acceso a más argumentos dispares, a tal cantidad de razonamientos, a semejante montaña de información. Jamás hubo menos coartadas para instalarse en la confortable postración mental y alegar indefensión ante la inculcación de comportamientos es una farsa indecente que nos reduce a meros discos duros, receptores de pasivos de datos sin capacidad para elaborar conclusiones individuales.

Por otro lado, tampoco hubo nunca tantas vías de transmisión de informaciones, lo cual nos sitúa en una tesitura en la que sólo hay dos opciones: o lo asumimos y ejercemos nuestra libertad o decidimos de una vez a qué estricta obediencia nos sometemos. La primera opción implica asumir que en el terreno de la ficción a todos nos tocará convivir con lo que consideramos abyecto y qué. Porque si la historia de una pareja que voluntariamente se entrega a los juegos de dominación aflige a unos, ‘Je vous salue, Marie’, ‘El último tango en París’ o ‘El crimen de Cuenca’ incordia a otros. También la homosexualidad encuentra a quien la considera intolerable, aunque susceptible de tratamiento médico. Y a partir de ahí, es un no parar: ‘Lolita’ fue censurada, aunque resulta dudoso tanto que su autor como sus lectores devinieran en pederastas. En cuanto al marqués de Sade, fue encarcelado por cuantos regímenes políticos le tocó conocer en vida –y fueron unos cuantos–. Todos ellos desaparecieron, aunque su obra –en sí misma, inocua– parece que aún colea.

Podemos atribuir el éxito de ‘50 sombras de Grey’ al marketing. Me sumo. Y a continuación me pregunto por qué razón la ingente cantidad de recursos económicos invertidos en campañas publicitarias en pro de la igualdad entre hombres y mujeres se saldan con un miserable fracaso en medio de la más absoluta indiferencia, una especie de resignación a cumplir con una obligación estéril, a imagen y semejanza de lo que ya pasó con las dedicadas a combatir el consumo de drogas, ya sabemos con qué resultados. Queda el consuelo de que no parece que 70 años de cine soviéticos arrojara grandes resultados en materia de formación y educación de las masas, dicho sea con la perspectiva que dan los 25 transcurridos desde su desaparición.

El cine, el arte en general, no está para educarnos, para hacernos mejores personas o convertirnos en ciudadanos ejemplares. No debe pero es que, además, no puede. Sería injusto cargarle con semejante losa. Marilyn Manson no tiene la culpa de la matanza de Columbine y es una pena porque de serlo viviríamos en un mundo sencillo. Un millón de espectadores españoles han pasado por taquilla en tres días para ver la película en cuestión, dejando 7,3 millones de euros en taquilla. En términos planetarios, la cifra se dispara. De haber alguna sombra, debe ser ésa. Y si al llegar a casa algunos de ellos se han atado a la cama es asunto estrictamente suyo. Mío no lo es y no alcanzo a imaginar de quién podría serlo.

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Diario de un perplejo
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Alberto Moyano | 29-01-2015 | 08:46| 2

9.00-10.00: consumidores que salen del supermercado con siete bolsas de plástico me explican las virtudes de las prácticas ecológicas.

10.00-11.00: Unidades familiares con tres vehículos a motor en el garaje me sueltan una perorata sobre la sostenibilidad.

11.00-12.00: Fanáticos del rumor sin confirmar me imparten la primera clase del día sobre el buen periodismo. No será la última.

12.00-13.00: los mejores sindicalistas de clase me explican pormenorizadamente que aprobaron un ERE en el consejo de administración sin darse cuenta.

13.00-14.00: Postfeministas profesionales de última generación me consultan la posibilidad de acuñar el término ‘nanomachismos’ con el objeto de seguir haciendo caja en un escenario en el que la competencia se ha disparado y cada vez resulta más difícil asomar la cabeza.

14.00-15.00: Altruistas voluntarios de cualquier causa noble se abren paso a codazos en la manifestación para llegar hasta la pancarta y garantizarse un hueco en la foto.

15.00-16.00: Adictos al aire acondicionado me cuentan que se desvelan de madrugada agobiados por el cambio climático.

16.00-17.00: Ateos de pro me adelantan a dónde irán de vacaciones esta Semana Santa.

17.00-18.00: Encarnizados enemigos de la opresora estructura familiar me saludan sin detenerse porque llegan tarde al cumpleaños de la abuela.

18.00-19.00: Devotos lectores de cualquier texto sagrado me desgranan las manipulaciones de los medios de comunicación.

19.00-20.00: Empoderados me anuncian que acaban de iniciar su enésima relación con otro de sus jefes. Les doy la enhorabuena y les pido que no olviden invitarme a la boda.

20.00-21.00: Materialistas dialécticos me venden las virtudes de la homeopatía.

21.00: 22.00: Apóstoles de la paridad me aclaran que en realidad la presencia de mujeres en los órganos decisorios es más que nada un guiño que tampoco tiene tanta importancia.

22.00-23.00: Apóstoles de racionalismo me recuerdan las ventajas de dormir con la almohada apuntando al Tíbet.

23.00-00.00: Cojo el mando a distancia y pulso la opción ‘play a todo’.

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Historia de un impago de Alemania en Grecia
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Alberto Moyano | 27-01-2015 | 08:53| 0

Quiere la casualidad que hoy, 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, palabras como ‘Alemania’, ‘Grecia’ e ‘impago de la deuda’ vuelvan a aparecer unidas en una misma frase. El antecedente más remoto de esta historia de desencuentros económicos se remonta a 1943 y constituyó un caso único en el funcionamiento de la máquina de exterminio de los judíos durante la II Guerra Mundial.

La deportación desde todos los puntos de Europa a Auswchitz, Treblinka, Belzec, Sobibor, etcétera se llevó a cabo de acuerdo con los más modernos procedimientos aplicados al turismo de masas. Esto es: cada judío deportado pagó su propio viaje. Como es habitual en cualquier viaje, el precio del billete se calculaba en función del número de kilómetros que separaban el lugar de origen del de destino. Los adultos pagaban una tarifa, los niños de hasta diez años lo hacían a mitad de precio y los menores de cuatro años viajaban gratis. Por razones evidentes, sólo se abonaba el trayecto de ida. También funcionaban los descuentos por grupo: si el convoy superaba las 400 personas se aplicaban las tarifas charter. Todo esto lo organizaba la Reichsbahn, la compañía de ferrocarriles alemana de la época, y lo pagaba el organismo deportador que, según el caso, podría ser el Ejército alemán, la Gestapo o la oficina de Eichmann, siempre a partir de los fondos y bienes decomisados a los judíos porque nunca hubo presupuesto para la ‘solución final’. De la facturación y la billetería se encargaba la Agencia de Viajes de Europa Central. Es decir, se utilizaban las mismas oficinas, la misma facturación y el mismo procedimiento para enviar a unas gentes a la cámara de gas que para enviar a otras de vacaciones. El principio de pago era el que siguió vigente en el mundo tras la guerra: se pagaba el precio de los billetes en la moneda del país de origen, pero se abona una cantidad a los ferrocarriles de cada uno de los países que se atravesaba en su propia moneda.

El de los 46.000 judíos de Salónica, deportados a Auschwitz entre el 20 de marzo y el 18 de agosto de 1943, constituye un caso único en toda la guerra. Dados su elevado número y la larga distancia a cubrir, el coste total de su traslado al campo de exterminio ascendía a casi dos millones de Reichsmarks y aunque los fondos incautados a los judíos sumaban 280 millones de dracmas -unos 3,5 millones de Reichsmarks-, el ocupante alemán no encontró la forma de cambiar esa cifra en moneda griega a su equivalente en divisa alemana (apenas había exportaciones del Reich al país heleno), la única que aceptaba la Reichbahn. Finalmente, las deportaciones se llevaron a cabo y solamente el 2% de los judíos de Salónica sobrevivió a la guerra, pero en un caso que no volvió a repetirse en otro país, las autoridades alemanas no pagaron los convoyes: ni a los Ferrocarriles Estatables Griegos, empresa encargada de proporcionar los trenes y de abonar su cuota al resto de los países involucrados en el viaje (Serbia y Croacia), ni a la propia Reichsbahn. Por supuesto, la compañía de ferrocarriles alemana, que trabajaba a crédito, protestó, pero el Quartermaster general del Ejército alemán zanjó el asunto al dictaminar que la Wehrmacht estaba exenta de cualquier obligación económica. Por una vez, la perfecta maquinaria de exterminio nazi sufrió una ‘rotura’ del sistema: los transportes de Salónica a Auschwitz se llevaron a cabo sin compensación.

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El striptease de Franceska Mann
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Alberto Moyano | 24-01-2015 | 18:25| 4

Con motivo del 70 aniversario este próximo martes de la liberación de Auschwitz por las tropas soviéticas, aquí va una pequeña historia poco conocida que aconteció en el campo de exterminio.

El 23 de octubre de 1943 llegó a Auschwitz II-Birkenau el llamado ‘convoy paraguayo’ con 1.700 judíos polacos, entre ellos, la bailarina Franceska Mann, que actuaba habitualmente en el club nocturno de Varsovia Melody Palace. Los alemanes les ocultaron que se encontraban en Silesia y en su lugar, les dijeron que estaban cerca de Dresde para ser intercambiados en Suiza por prisioneros. Antes, debían ser desinfectados, así que les llevaron a las falsas duchas que servían de antesala a la cámara de gas. Allí, como hacían habitualmente, les ordenaron desvestirse. Sin embargo, Franceska Mann lo hizo con parsimonia. De hecho, llevó a cabo un striptease. Se contoneó, se cimbreó, despojándose poco a poco de la ropa, con la mirada puesta en el guardia de la SS Josef Schillinger. Siguió bailando, al ritmo de una música que sólo ella oía en su cabeza, acercándose al por entonces ya embelesado y hasta obnubilado matarife. Y cuando Franceska lo tuvo pegado a su cuerpo, entonces, súbitamente, echó mano a su propio pie, se quitó uno de los zapatos y clavó el tacón de aguja en el ojo de Schillinger. Acto seguido, le arrebató la pistola y le descerrajó dos tiros en el estómago que le causaronla muerte. Un tercer disparo hirió al sargento de las SS Emmerich. De inmediato, acudieron refuerzos de las SS que ametrallaron a cuantos deportados se encontraban aún fuera de la cámara de gas, en la zona de vestuarios. No hubo supervivientes.

* Este episodio lo relata el superviviente del Sonderkommando Filip Müller en su libro de memorias, ‘Eyewitness Auschwitz – Three Years in the Gas Chambers’, y la menciona Claude Lanzmann en ‘La tumba del sublime nadador’ (Ed. Confluencias).

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Hágase ‘pueblo’: los tres primeros meses, gratis
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Alberto Moyano | 19-01-2015 | 09:26| 6

«Las ideologías sirven de poco. El juego de izquierda y derecha es de trileros», sostiene el profesor de Ciencias Políticas Pablo Iglesias, cuya propuesta de análisis social es la distinción entre los ‘arriba’ y los de ‘abajo’. Hay un problema: ‘arriba’ y ‘abajo’ no son categorías políticas, como mucho, económicas. Hay ‘abajos’ que son auténticos caciques. En el subsuelo del estratificación social, el viernes vi cómo un mendigo cogía el cartón de otro menesteroso y lo lanzaba a tomar viento, al grito de «¡te pones donde quieras, pero aquí, no!». El acercamiento a la realidad a través de la simplificación que se desprende de clasificar a los individuos entre ‘arriba’ y ‘abajo’ resulta estéril como instrumento para comprender nada. Iglesias no puede obviar que hay ‘abajos’ que votaron al PP hace tres años y medio, y que volverán a hacerlo dentro de diez meses, tan firmemente convencidos de que es lo mejor para su propia situación, como quienes vayan a optar por Podemos. Que su líder crea o simule creer que entre los cinco millones largos de desempleados no hay fervientes partidarios de las políticas de Rajoy causa estupor. ‘Arriba’ y ‘abajo’ no significan nada. En el medio se amontonan los que no son ni una cosa, ni otra, y más aún: los que siendo una cosa, se consideran la otra. El mediopelismo campa a sus anchas y hace años que cualquier asalariado en situación precaria se considera con desparpajo ‘clase media’. Un sorteo de VPO puede bastar para alcanzar la metamorfosis. Por otra parte, la vida está llena de oprimidos por unos que, a su vez, son los opresores de otros, como muy bien sabe Maroto. Y sobre todo: izquierda y derecha son opciones a las que uno se adscribe como resultado de un acto de voluntad; ‘arriba’ y ‘abajo’ son el fruto de mil circunstancias, tantas veces, ligadas al azar. Todo esto, a Iglesias le da igual, en la medida en que cualquiera de los de ‘abajo’ cuya máxima aspiración sea acabar siendo uno de los de ‘arriba’ le sirve para ganar las elecciones tanto cualquier otro. Bienvenidos al ‘pueblo’.

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