Diario Vasco

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Es más fácil que un camello pase por una aguja
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Alberto Moyano | 09-09-2014 | 14:55| 1

Si se confirmara la implicación de elementos o incluso contingentes entero de las Fuerzas de Seguridad del Estado en el tráfico de heroína durante los años ochenta en Euskadi la revelación tan sólo confirmaría la perfecta homologación de la sociedad vasca con sus contemporáneas. A nadie se le escapará que la hipótesis de que la Guardia Civil tuviera que recurrir al narcotráfico para aplacar los impulsos levantiscos de la juventud vasca resulta la mar de sugerente, pero lo cierto es que el negocio de la heroína generaba y genera tan ingentes beneficios que su reparto convierte en innecesarias las conspiraciones de carácter político. La implicación policial en las tramas de distribución de la droga forma parte hace décadas del paisaje global, de Estados Unidos a Japón, de los países nórdicos a Suráfrica. Es evidente que la telegenia intrínseca a «tuvieron que frenarnos con el ‘jaco’» es infinitamente más sugerente que la simplona «fuimos como todos»: Cristina F. en Berlín, Mark Renton en Edimburgo.

La teoría conspiranoica halaga nuestros oídos, magnifica la peligrosidad de los pobres diablos que fuimos y engorda el ego de una generación desmesuradamente narcisista, pero la realidad conspira contra el mito: durante los primeros ochenta, con la plaga narcótica en plena expansión, ETA sufría tal hipertrofia a causa de las riadas de jóvenes que ingresaban en sus filas que simplemente no sabía hacia dónde canalizar el superávit de voluntarios. Quizás de ahí que los destinara a tareas tan peregrinas como ametrallar camiones con matrícula francesa en los márgenes de las autopistas. Todo esto no quita para que la llamada ‘red Galindo’ realmente existiera, ni que el presunto carácter heroico en la lucha antiterrorista del oficial que dio nombre a la trama le hubiera dotado de enorme impunidad y, si se quiere, incluso de la protección de las más altas esferas. Pero las razones antiinsurgentes sucumben bajo el peso de los astronómicos beneficios económicos hasta convertirlas, de haber existido, en anecdóticas.

Cuando se trata sobre la droga así en general, no digamos sobre la heroína en particular, se soslayan dos factores: uno, que para acabar dependiendo de una sustancia hace falta, si no una voluntad  férrea, sí una perseverancia casi heroíca antes de alcanzar la adicción. Es más: al igual que sucede con el tabaco, las primeras ingestas no resultan especialmente agradables y, sin embargo, la pertinaz insistencia derriba cualquier muro.  Y dos, la infantil insistencia en ocultar que lo que pasa es que las drogas están muy buenas, según tiene dicho alguien que las ha probado todas.

Si ETA se embarcó en la lucha antidroga,  cebándose básicamente con los microcamellos de barrio, fue en busca de esa popularidad que tan sólo otorgan aquellas causas sobre cuyo indiscutible carácter noble existe un amplio consenso social. Por supuesto, su accionar no impidió que, ni tan siquiera por una hora, todas las drogas disponibles por aquel entonces en el mercado continuaran accesibles en cada una de las ciudades y pueblos de Euskadi. Nadie podrá decir que ETA le salvó del infierno de la droga. Y eso es algo que ayer como hoy demuestra la fortaleza de un mercado, que como cualquier otro del sistema capitalista, para funcionar únicamente necesita que fluya el dinero.

 

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No se puede caer mal a todo el mundo
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Alberto Moyano | 07-09-2014 | 18:31| 4

“En general, todo es fascista a excepción de uno mismo. Los periodistas mienten, los medios de comunicación manipulan, la televisión lava los cerebros. Los periodistas deberían desobedecer a sus jefes, siguiendo el ejemplo del resto de los trabajadores en sus empresas. Menos mal que se acabó el monopolio informativo de la oligarquía, ahora hay muchos medios alternativos que cuentan la verdad, lo que pasa es que vivimos en una dictadura en la que no hay libertad de expresión. Esto es peor que el franquismo, hay que repetirlo cien veces al día, como cuando se murió Franco. El día que se sepa la verdad y cómo funciona esto, la gente va a salir a la calle. También es cierto que hay mucha gente que va de una cosa y es la otra, a la mínima se arreglan con los que piensan diferente, y no me refiero a diferente a ellos, sino a diferente a mí. Es hora de empoderarse, todo hombre ejerce la opresión sobre la mujer por el mero hecho de serlo, excepto los miembros de Hamas, que luchan por la liberación de su pueblo, un poco así en general y sin entrar en detalles. Por cierto, los yihadistas tienen muchos amigos homosexuales. Defensor de gays, lesbianas y trans, desde la profunda admiración hacia Putin, que combate a los nazis en Ucrania. Lo dicho: internacionalista y partidario de la igualdad de géneros; ahora, que no nos venga esa gentuza de fuera del pueblo a jodernos las fiestas de toda la vida. Anticlerical, ateo, firme partidario de un estado laico y simpatizante de Hezbolah. Contrario a la explotación infantil, en todo caso, que se legisle, como Evo Morales en Bolivia. Materialista dialéctico, de los que rezan todas las noches al comandante Chávez que estará mirándonos desde el cielo. A favor de la autodeterminación de los pueblos, luego pasaré a enumerarlos para atajar posibles confusiones; y también de las personas, esto ya con matices, muchas de ellas están completamente alienadas, siempre pendientes del ‘partido del siglo’. Como me toque la quiniela ya me han visto el pelo. Partidario de la libertad individualo, excepto para consumir drogas o vivir libremente del ejercicio de la prostitución. La Policía introdujo la droga en Euskadi para que la juventud vasca no se metiera en la Ertzaintza. Vamos, en contra de todos los vicios, en general. Exijo salarios dignos y una cultura libre, es decir, gratuita, a poder ser, al margen de las bibliotecas públicas, que son para pobres. Vale que sólo la cultura nos puede sacar de la ignorancia, una pena que los libros sean tan caros. Y es que aquí todo el mundo te roba, lo sé porque cualquiera llama al fontanero, no hablemos de llevar el coche al taller. Como para encima pagar el IVA… Ya. Y todo el mundo se queja, pero nadie hace algo. O al menos no he leído nada al respecto en Twitter. Este sistema está montado para que se beneficien unos pocos y para someter a la mayoría, qué asco dais. Siento si he sido duro, pero alguien tenía que haceros la autocrítica. Y recordad: nosotros somos el pueblo. So fascistas”.

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Me han robado vuestros ‘desnudos’
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Alberto Moyano | 04-09-2014 | 07:28| 0

A pesar de que tengo instalado como polítono de mi inteligente dispositivo móvil la canción de los Stones ‘Bájate de mi nube’ a modo de poderoso antivirus ‘Detente, bala’, me lo han hackeado, a consecuencia de lo cual, circulan por ahí vuestras fotos como dios os trajo a El Mundo tras pasar por Orbyt, es decir, vestidos de traje. . En una se ve a Rosa Díez abrazada a Fidel Castro -bolivariana ‘avant la lettre’-, una imagen que no data del recibimiento a los ‘barbudos’ en La Habana en 1959, sino de un viaje realizado en 1993, cuando según la ingeniosa líder de UPyD, “en Cuba se vislumbraban cambios”, según alega ahora sin un ápice de ironía. El viaje fue realizado a cargo del Gobierno Vasco al que Rosa pertenecía en compañía de la hidra nacionalista. Almacenaba también con extremado mimo fotos de Mayor Oreja con Txomin Ziluaga, de Aznar con Gadafi, de Felipe González con Carlos Andrés Pérez, de Cristina Almeida con Sadam Hussein, de la mesa nacional de HB brindando con champán para las cámaras por el forzado cambio de trazado de la autovía y de Juan Carlos de Borbón con todos los sátrapas de Oriente Medio, más varias más en compañía de Nicolae Ceaucescu y del general Videla. Especial dolor me produce la pérdida de las imágenes que mostraban a todos los ministros de Exteriores que en democracia han sido en la cordial compañía de sus homólogos de la China comunista, por no hablar de mi particular joya de la corona: Karol Wojtyla charlando distendidamente con Pinochet poco antes de suministrarle el sacramento de la comunión. Por otra parte, confío en que los malditos ‘piratas’ que sin permiso han irrumpido en mi nube fracasen en su intento de desencriptar la carpeta en la que conservaba un exhaustivo álbum de fotos a todo color del presidente Rajoy con Jaume Matas, Luis Bárcenas, Gerardo Díaz Ferrán, Miguel Blesa y Francisco Camps, entre otros. En cuanto a la irreparable pérdida de los vídeos de los implicados en la trama ‘Gurtel’ en la boda de la hija de Aznar, ya me duele menos por disponer de copias en el Juzgado.

Se dirá que la culpa es mía porque a quien se le ocurre depositar tan comprometedores archivos digitales en el ciberespacio, pero cómo iba sospechar que alguien iba a estar interesado en aquella fosa séptica que, con el tiempo -quién lo iba a decir- acabaríamos conociendo como ‘suelo ético’.

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El síndrome postvacacional sois los otros
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Alberto Moyano | 02-09-2014 | 08:56| 4

Con las actuales tasas de desempleo, el síndrome postvacacional ha caído en un descrédito similar al que padece el cigarrillo postcoitum, que pronto nos llegará en cajetillas ilustradas con los estragantes consecuencias del Ébola. Sin embargo, tal síndrome existe, el único matiz radica en que no lo padece quien vuelve del asueto, sino quien habiéndose quedado se ve obligado a presenciar enmudecido e íntegramente ese musical que llamamos ‘retorno’. El síndrome postvacacional arranca antes de las vacaciones y es fácilmente detectable porque para saber volver, primero hay que saber irse. Y por triste que sea, lo cierto es que hay mucha gente que no sabe. Esto se traduce en no menos de una semana de prolegómenos, a lo largo de la cual nos veremos obligados a soportar los pormenores de todos y cada uno de sus planes, salpicados de recurrentes “¡uy, qué poco me queda!”, una variante cruel de la gota malaya. Ya de regreso, el parsimonioso y dilatado en el tiempo relato de cuánto ha visto, comido, bebido y pernoctado a precios de ensueño se combina con el profundo desdén que le produce encontrarse de nuevo entre nosotros, un sentimiento recíproco que, no obstante, la otra parte ha de guardarse para sí misma, por mor de la más elemental reglas de convivencia. Entre los más pertinaces, surge el empeño de animar a la audiencia a que el próximo año siga su ejemplo: “Tienes que ir”, tres palabras espeluznantes que esconden una terca voluntad y un empeño que rara vez admite objeciones. El síndrome postvacacional siempre son los otros. Todo viaje provoca cambios, sobre todo en quien se queda. El que dice “adiós, hasta la vuelta, que lo pases muy bien” nunca es el mismo que el que recibe con un “¡anda, ¿ya ha pasado un mes?”. Escuchar una y otra vez “si a ti se te ha pasado rápido, imagínate a mí” te cambia para siempre. Y para colmo, de forma implacable y todos los años.

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El ello, el yo y el socio accionista
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Alberto Moyano | 29-08-2014 | 14:04| 4

El mundo del fútbol se alza sobre varias falacias, no siendo  la menor de todas ellas aquella que sostiene que el forofo anhela  identificarse con su equipo. Si algún día fue cierto, ya no lo es. Justo al revés, exige que el equipo se construya a su imagen y semejanza y, sobre todo, de acuerdo con sus implacables designios. El hincha de nueva generación hace mucho tiempo que sabe más que cualquier entrenador por eso cada uno que llega nuevo le parece que empeora las prestaciones del anterior en un bucle interminable.  Ha cambiado el bombo por el gong y necesita que el mundo lo sepa. Ya no quiere jugadores en los que reconocerse, sino grandes estrellas que le rediman de sí mismo. Cada error debe pagarse al contado y a poder ser, en carne fresca. Así, no hay revés deportivo que no se pueda solucionar mediante los oportunos despidos y en esto el accionista de una sociedad anónima deportiva no se diferencia en gran cosa del de cualquier empresa que cotice en bolsa. Paradójicamente, los hay que  en otros órdenes de la vida se manifiestan como profundamente progresistas y hasta hacen síntesis con bacterias muy de izquierdas, pero que el cielo te proteja de trabajar a sus órdenes en el mundo laboral, a tenor del fervor con el que se entregan al ‘moobing’ digital sobre el objetivo de turno de sus odios caprichosos.

A todo esto, da completamente igual lo acertado o disparatado de sus argumentos, lo espeluznante es en qué términos se expresan éstos: vejaciones, motes, trato displicente, puñetazos encima de la mesa -teclado, en este caso– y, por encima de todo, ese machacón recordatorio, tan de ‘Los Santos Inocentes’: «Para eso les pagamos». Porque ya no se invoca el manoseado «para eso cobran»;  se ha ascendido un peldaño y ahora que todo el mundo se siente propietario, los términos del contrato afectivo se explicitan apuntando  con el dedo índice:  «Somos los dueños, que para eso pagamos», proclaman en lo que constituye un uso abusivo del plural mayestático. Y finalmente, todo esto enmarcado en su debido contexto porque del ensañamiento que algunos practican cabe concluir que extraen un cierto placer que, al menos hasta hace poco, se molestaban en disimular.

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