Diario Vasco
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Cuando no salen las cuentas, afloran los cuentos
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Alberto Moyano | 23-10-2011 | 14:14

Lejos de ser una ciencia exacta, las matemáticas han quedado reducidos a lo mismo que todo lo demás hoy en día: apenas un estado de ánimo. Basta repasar una y otra vez los listados de víctimas del terrorismo para toparse con un gran lienzo en homenaje a la desmemoria, óleo sobre manipulación.


El comunicado de ETA ha desatado una oleada de involuntarios striptease ético-profesionales en la que algunos han empezado a desnudarse por arriba y otros, por abajo. Entre estos últimos, todos aquellos medios que tras siete años de tozudo empeño en convencernos de que ETA estaba detrás de los atentados del 11-M, realizanahora  un frívolo recuento de víctimas y el resultado, plagado de errores e inexactitudes, ronda los ochocientos, ignorando a los 191 que perdieron la vida en los trenes del mayor atentado terrorista de Europa.


En efecto, se trata de los mismos ejemplares de moralidad miserable que imparten lecciones sobre la construcción del ‘relato’, en cuyo centro debe situarse a las víctimas. Dos días después de la publicación de las flexibles listas, estos sectores irreductibles de la sociedad española aún no han dicho palabra, lo cual invita a intuir una cierta frivolidad detrás de sus rocosos planteamientos.


El goteo de evidencias en grado de sandez depositado sobre nuestras cabezas ha sido inclemente: un día era la sospechosa presencia de una cinta de la Orquesta Mondragón en la furgoneta Kangoo, otro día era un ‘Josu Ternera’ detectado en los aeorpuertos de Europa clamando venganza y al siguiente, la ruptura de la cadena de vigilancia de la mochila vasca, por no mencionar la inopinada afición de ‘El tunecino’ a las regatas.


En esas manos ha estado -¿aún está?- la defensa a ultranza de la memoria de las víctimas que, en efecto y a la vista queda, van a tener que luchar aún mucho por conservar la dignidad a salvo. Más aún en estos tiempos en los que el mercado del ‘relato compartido’ pone a disposición del cliente una amplia gama de dignidades, así en la Tierra como en los sexshop: todas las tallas, máxima adaptabilidad y distintos sabores. 

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