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'El hombre de mimbre', choque de religiones
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Asier Manrique | 26-06-2015 | 08:55

EL HOMBRE DE MIMBRE

Título original: The Wicker Man

Año: 1973

Duración: 85 minutos

País: Reino Unido

Director: Robin Hardy

Guion: Anthony Shaffer

Música: Paul Giovanni

Fotografía: Harry Waxman

Reparto: Edward Woodward, Christopher Lee, Britt Ekland, Diane Cilento, Ingrid Pitt, Lesley Mackie, Walter Carr, Lindsay Kemp y Aubrey Morris

Productora: British Lion Film Corporation

Género: Thriller / Terror

Una carta que hace sospechar que una joven desaparecida ha sido asesinada lleva al sargento Howie de Scotland Yard hasta Summerisle, una isla en la costa de Inglaterra. Allí el inspector se entera de que hay una especie de culto pagano, y conoce a Lord Summerisle, el líder religioso de la isla. (FilmAffinity)

Hasta hace dos semanas desconocía la existencia de esta película. El fallecimiento de Christopher Lee, uno de sus protagonistas, a los 93 años me permitió indagar más en su filmografía y descubrir que ‘El hombre de mimbre’ era su película favorita de su extensísima carrera como actor, donde se cuentan más de 200 títulos, así que qué mejor que ver la película. El actor renunció a su caché para participar en el proyecto, ya que los productores de la cinta contaban con un presupuesto bajísimo. Esta revisión de ‘El hombre de mimbre’ sirve para rendir homenaje al rey de las películas de serie b, al hombre que más veces ha interpretado al conde Drácula, un mito del séptimo arte.

La cinta dirigida por Robin Hardy, y con Anthony Shaffer a cargo del guion, explora el enfrentamiento entre el puritanismo cristiano, representado por el sargento Howie (Edward Woodward), y los ritos y barbarie paganos, de los habitantes de la isla Summerisle. La película cuenta con un elemento bautizado por Alfred Hitchcock, el MacGuffin, que presenta un punto de partida o un elemento argumental que después carece de importancia en la trama, como el robo de los 40.000€ dólares por parte de Janet Leigh como punto de partida en ‘Psicósis’.

Edward Woodward, se mete en la piel del sargento Howie. Woodward interpreta al elemento extraño de la historia, el personaje que llega desde fuera y se encuentra con un pueblo con distintas costumbres, cultos y ritos. La alta carga de religiosidad y puritanismo de la que hace gala el sargento es el principal elemento de choque de la cinta. Howie representa el totalitarismo de las religiones, intolerantes ante otras opciones de culto o creencias que chocan con la suya.

El contrapunto de Woodward es el personaje de Christopher Lee. El recientemente fallecido actor interpreta al dueño y señor de la isla, un hombre venerado por los habitantes del lugar y que es la cabeza visible de la religión que practican. Lee (‘El Hobbit’) nos deja para el recuerdo dos secuencias con un juego de argumentos, giros y engaños con el personaje de Woodward, la primera es la escena en la casa de Lord Summerisle (Lee) y la segunda la secuencia final de la fiesta de la cosecha. Lord Summerisle es tanto el hombre aperturista, el que defiende la posibilidad de convivir con otras religiones en paz, como el defensor de una serie de valores arcaicos y bárbaros, capaces de llegar a extremos terribles.

La película está cargada de escenas de alto contenido erótico, recordable el baile de Britt Ekland completamente desnuda, o las mujeres saltando sobre el fuego. Además incluye elementos extraños en el cine de terror, aunque sea complicado clasificar a la cinta dentro de un único género, como son las escenas musicales, numerosas a lo largo de la cinta, llenas de letras con dobles sentidos y provocaciones. El director de la cinta, Robin Hardy, llegó a bromear diciendo que había rodado un musical y no un thriller.

Convertida en una película de culto, 32 años después de su estreno contó con un remake protagonizado por Nicolas Cage, aunque como todo lo que hace este hombre últimamente es mejor evitarlo. ‘El hombre de mimbre’ está considerada como una de las mejores películas británicas de todos los tiempos, contando con un giro argumental final brillante y una atmósfera mística cuidada al detalle, nos transporta dentro de la isla de Summerisle y hace que resulte creíble todo el entorno y la situación.

Lo mejor: guion e historia cautivadoras, el giro argumental final y Christopher Lee.

Lo peor: extraña combinación de thriller, terror y musical.

Sobre el autor Asier Manrique
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