Creo que, en este caso, el debate no es estético -cuestión siempre discutible- sino que se inviertan cinco millones de nuestros impuestos en una obra y, entretanto, artistas que trabajan durante décadas aquí al lado sean unos perfectos desconocidos. O que la gente común y corriente que quiere aprender a pintar en una academia municipal se quede fuera por falta de plazas, es decir, de profesores.
Al parecer, en el Guggeheim hay una serie de niños bonitos y mimados -éste que citas, Richard Serra, Anselm Kiefer y alguno más- que viven como jeques del Pérsico a costa de los impuestos de los vascos. Y de la incompetencia, irresponsabilidad y frivolidad de nuestros gestores políticos.
Luego debes pagar catorce euros para visitar el museo que se ha pagado con tus impuestos...