Diario Vasco
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La boda de Demetrio y Hermia. Sueño de una noche de verano.
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Ainara López | 22-07-2016 | 12:11

El menú de la boda de Demetrio y Hermia

Hace unos días me llegó la invitación a una boda, cual fué mi sorpresa cuándo ví que la boda era en el parque de Cristina enea.

Éste es uno de mis lugares favoritos de San Sebastián, tanto es así que puedo encontrar la paz en él, tener mis rincones favoritos y además una vez he sido madre lo puedo compartir con mi txiki y sigue siendo, espero que por mucho tiempo, reducto de donostiarras ¡Qúe suerte casarse en Cristina enea! -pensé en ese momento.

Demetrio y Hermia llevan un mes intentando casarse, un día y otro y otro, todos ellos con sus 250 invitados de rigor. El menú de la mano de Bokado, una delicia.

Un menú de amor, ternura, lujuria y todo lo relacionado con ese sentimiento que a veces sale de las entrañas y otras del corazón. El novio recibe a los invitados, los camareros reparten vino, la gente va tomando asiento…

El menú empieza con con un cóctel de bienvenida, un chip de patata de aperitivo, curioso y original aunque su nombre no lo sea. A continuación pudimos degustar tres ensaladas que representan las fases del amor.

 

 

La mirada, el beso y la pasión representadas en tres ensaladas diferentes

Ensalada de txangurro representando la mirada. Esas primeras miradas que hace que sintamos el estómago como cuando subimos a una montaña rusa.

Ensalada de aguacate es el beso. Suave, untuosa, fresca, sorprendente como un primer beso.Ese toque chispeante que puede producir un beso de la persona amada lo encuentras en la ensalada en forma de peta zetas.

Ensalada de brotes, mango y toque de frambuesa. La interpretación de la pasión en un rollito según Bokado.  El menú da paso a la carne, al sentimiento carnal que nos puede invadir cuando alguien despierta nuestros sentidos mas primarios. Bokado lo representa en forma de cordero lechal con patatas. Tierno, sabroso, pecaminoso.

Cordero lechal asado con patatas.

 

Tarta de manzana. La fruta prohibida.

 

Terminamos con una tarta de manzana, la fruta prohibida.  Todo tiene sentido en este menú que nos hace sentir, degustar y disfrutar. Mojar los labios, cerrar la boca para que te invadan las sensaciones, para dejar que nuestro cuerpo goce.

Una vez terminado el banquete llega la novia con el revuelo de cualquier boda. La alcaldesa, de esas de hoy en día, de las que se tienen que quitar a los periodistas y sus incómodas preguntas sobre comisiones, sobres o demás tejemanejes de los políticos de antaño que siguen viviendo de nosotros todavía.

Todo lo que viene después es simplemente mágico, cómico, artístico y sumamente especial. Recorrer el parque siguiendo esos paraguas iluminados, esos farolillos en mano de los 250 invitados para encontrar escenarios que acompañan a un parque tan maravilloso.

La historia te engancha, la interpretación te sacude, los bailes y las voces te enamoran. Sublime, encantador, esa sensación de estar viviendo algo único y vivirlo con cara de niño pequeño degustando un helado de chocolate por primera vez.

Escenario de piano. Sueño de una noche de verano.

Los 250 invitados a la boda reímos, callamos, aplaudimos y sobre todo disfrutamos y mucho. El amor está en el ambiente, de manera espontánea o provocada. Bailarines en puertas iluminadas, bebés que pasean con la magia de un susurro, pianos, almohadas, lámparas que bajan del cielo, corales de niños, voces femeninas al piano… Todo directo al corazón.

Queda año, quedan cosas por vivir de este año de capitalidad cultural pero a una servidora le ha quedado la sensación de haber protagonizado lo mejorcito del año. Tengo una memoria bastante selectiva, por no decir que muchas veces se me olvidan las cosas. Esas que se me olvidan en un 99,99% se que es porque no son cosas importantes y mis sistema lo echa directamente a la basura. Esta experiencia se que es de las que no olvidaré nunca, imposible olvidar algo tan bello.