Diario Vasco
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Explicaciones en el whatsapp
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Ainhoa Cilveti | 26-04-2017 | 14:49| 0

Otras veces he hablado sobre esta aplicación que tanto usamos y que tantos malentendidos de comunicación origina. Esta vez, quiero centrarme en esos grupos que sirven para poner en contacto a personas que realizan una misma actividad y en el que uno explica si va a acudir a la actividad o no. Para hacerme entender mejor, un ejemplo podría ser el grupo de whatsapp de la clase de dibujo o el del equipo de algún deporte, sea cual fuere, es un grupo en el que nos comunicamos con otras personas con las que tampoco tenemos una relación muy estrecha o que al menos no consideramos dentro de nuestro grupo de amigos.

Quizá por tratarse de personas menos allegadas a nosotros, o porque nos sentimos menos comprometidos con ellas, solemos excusarnos más fácilmente de tener que hacer algo, incluso contando motivos no reales. No voy a acusar a nadie de mentir, pero está claro que no siempre las explicaciones que en estos grupos se dan son ciertas, y quienes las leen terminan dándose cuenta de esto.

Un cliente me comentaba cómo se sentía cada vez que tenía que leer una de estas explicaciones, sabiendo que no era cierta, ya que tenía la sensación de que le trataban de tonto. Por supuesto, si esto ocurre en ocasiones esporádicas se puede entender, porque uno no siempre se siente cómodo teniendo que decir lo que le ocurre a un grupo de personas que no conoce bien, y que por lo tanto, no sabe cómo van a aceptar su explicación. Pero cuando alguien se empeña en dar explicaciones inciertas reiteradamente, termina siendo de mal gusto para quienes tienen que leerlo y asumirlo como ciertas. Sé que habrá a quienes este hecho les parezca una verdadera tontería, pero quería recogerlo como un ejemplo más de lo que a veces puede generar nuestra falta de respeto hacia los demás, también en el whatsapp, y que debemos tener en cuenta cómo reciben los demás los mensajes que enviamos. Es preferible no decir nada que tratar a los demás de tontos, ya que es de esta forma como se van a sentir algunos de los que reciben el mensaje, sabiendo que deben leer excusas inciertas. Hay que destacar, que normalmente quienes actúan de esta forma es porque están perjudicando de alguna manera al resto del grupo.

 

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Jefes que no asumen sus responsabilidades
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Ainhoa Cilveti | 19-04-2017 | 05:20| 0

Los jefes lideran un equipo y lo dirigen, supervisando el trabajo de sus empleados y siendo los últimos responsables del trabajo de estos y del resultado logrado. Una de las cualidades que caracterizan a un buen jefe es el liderazgo, que hace que este sea el primero en luchar por los objetivos del equipo, haciendo que los otros le sigan y sabiendo darle a cada uno su sitio. En este sentido, si hubiera algún problema, sería el primero en asumir el compromiso de aceptarlo, trabajar en él y afrontarlo de la forma más proactiva y efectiva posible.

“El buen líder no lucha por ser primero, sino que es el primero en luchar”.

Por este motivo, me ha causado asombro lo que ha ocurrido en un departamento de una empresa importante y que se vanagloria en sus valores de empresa, en ser justos y apoyar al trabajador. El caso al que me refiero es una cuestión de datos objetivos, en el que el responsable del departamento comete un error de cálculo en una cifra, cuando esta se pasa al jefe supremo, se dan cuenta del error y pide a la persona encargada de haber redactado el email, asuma la responsabilidad de este error como propio. No sólo se lo pide a ella, sino que lo hace con el consentimiento de la persona que ocupa el cargo intermedio entre ambos, es decir, asume que su subalterno inmediato también va a aceptar como buena esta decisión de responsabilizar al último eslabón de la cadena de un error propio.

Sé que muchos pensaréis que esto es algo que ocurre constantemente en las empresas, y que soy una inocente por pensar lo contrario y que me asombre algo tan rutinario. Por supuesto, a lo largo de mi experiencia laboral me he encontrado con muchas situaciones parecidas, pero no quiere decir que no deba denunciarlas y ponerlas en evidencia cuando la ocasión me lo permite. Por este motivo, me niego a ser cómplice de quienes actúan de esta forma tan frustrante para el buen funcionamiento de una empresa, porque aquí quedan al descubierto dos cuestiones importantes:

1.- El jefe no asume sus errores.

2.- El jefe asume que no se responsabiliza del trabajo de su departamento.

Cuestiones que deberían ser básicas para ejercer las tareas de un jefe de departamento, por lo tanto, con este comportamiento está asumiendo delante de las dos personas que están por debajo de él, que no debería ocupar su puesto de trabajo.

 

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Jefes que no asumen sus responsabilidades
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Ainhoa Cilveti | 19-04-2017 | 05:00| 0

Los jefes lideran un equipo y lo dirigen, supervisando el trabajo de sus empleados y siendo los últimos responsables del trabajo de estos y del resultado logrado. Una de las cualidades que caracterizan a un buen jefe es el liderazgo, que hace que este sea el primero en luchar por los objetivos del equipo, haciendo que los otros le sigan y sabiendo darle a cada uno su sitio. En este sentido, si hubiera algún problema, sería el primero en asumir el compromiso de aceptarlo, trabajar en él y afrontarlo de la forma más proactiva y efectiva posible.

“El buen líder no lucha por ser primero, sino que es el primero en luchar”.

Por este motivo, me ha causado asombro lo que ha ocurrido en un departamento de una empresa importante y que se vanagloria en sus valores de empresa, en ser justos y apoyar al trabajador. El caso al que me refiero es una cuestión de datos objetivos, en el que el responsable del departamento comete un error de cálculo en una cifra, cuando esta se pasa al jefe supremo, se dan cuenta del error y pide a la persona encargada de haber redactado el email, asuma la responsabilidad de este error como propio. No sólo se lo pide a ella, sino que lo hace con el consentimiento de la persona que ocupa el cargo intermedio entre ambos, es decir, asume que su subalterno inmediato también va a aceptar como buena esta decisión de responsabilizar al último eslabón de la cadena de un error propio.

Sé que muchos pensaréis que esto es algo que ocurre constantemente en las empresas, y que soy una inocente por pensar lo contrario y que me asombre algo tan rutinario. Por supuesto, a lo largo de mi experiencia laboral me he encontrado con muchas situaciones parecidas, pero no quiere decir que no deba denunciarlas y ponerlas en evidencia cuando la ocasión me lo permite. Por este motivo, me niego a ser cómplice de quienes actúan de esta forma tan frustrante para el buen funcionamiento de una empresa, porque aquí quedan al descubierto dos cuestiones importantes:

1.- El jefe no asume sus errores.

2.- El jefe asume que no se responsabiliza del trabajo de su departamento.

Cuestiones que deberían ser básicas para ejercer las tareas de un jefe de departamento, por lo tanto, con este comportamiento está asumiendo delante de las dos personas que están por debajo de él, que no debería ocupar su puesto de trabajo.

 

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Coaching telefónico
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Ainhoa Cilveti | 12-04-2017 | 05:00| 2

Hace unas semanas os hablaba de una nueva plataforma en la que se ofrece la posibilidad de realizar sesiones de coaching on line y por teléfono. Hoy me quiero centrar en esta última alternativa, ya que es algo que se puede realizar con rapidez y desde cualquier punto del planeta, pudiendo además elegir entre un amplio abanico de profesionales. Por este motivo, quiero presentaros esta nueva web, que ofrece también la posibilidad de estar al día en temas referentes al coaching gracias a su blog, que se actualiza cada tres días: www.coachya.es

Durante las últimas semanas nuestro equipo de coaches y colaboradores han ido informando sobre diferentes aspectos del coaching y de las demás disciplinas que podéis encontrar en esta sección. Por supuesto, continuamos haciéndolo para acercaros nuestro mundo a cualquiera que esté interesado en él, ya que si algo tenemos todos en común, es la firme creencia de la utilidad y de los beneficios que ofrece nuestra profesión, y a la vez pasión, y que los ejemplos de los resultados que podemos constatar en todos los ámbitos de la vida son numerosos y para nosotros muy cercanos gracias a nuestros clientes.

Hoy me voy a centrar en el coaching telefónico, ya que varias personas me están realizando cuestiones al respecto. Tenemos que destacar por una parte las ventajas que este servicio nos ofrece, y por otro considerar estas ventajas respecto a los beneficios que vamos a obtener.

Las principales ventajas son:

 

–        Disponibilidad desde cualquier punto geográfico.

–        Más oferta de coaches y de disciplinas desde cualquier lugar.

–        Mayor facilidad y flexibilidad de horario para concertar una cita.

–        Mayor rapidez para lograr realizar una sesión.

–        Necesidad de menos tiempo para obtener un mismo resultado.

–        Mayor privacidad para el cliente.

–        Más comodidad.

–        En muchas ocasiones menor coste del servicio.

–        Posibilidad de realizar un mismo proceso con diferentes profesionales.

Como he señalado, el que un proceso o una sesión de coaching sea telefónica no implica que el resultado sea de menor calidad, sino que al necesitar estar más centrado en el objetivo de la sesión, se puede lograr enfocar mejor la situación y atinar con el resultado deseado por el cliente en menos tiempo. Por lo tanto, y teniendo en cuenta estas características del servicio telefónico, espero haber aclarado dudas y animo a nuestros seguidores a que lo prueben.

 

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Cambios versus estabilidad
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Ainhoa Cilveti | 05-04-2017 | 05:00| 0

Vivimos en una sociedad en la que los cambios nos suponen un gran esfuerzo, aparte de hacernos sentir que nuestra vida se tambalea y que suponen el fin de una etapa, algo que no llevamos muy bien. Cualquier cambio nos produce estrés y sensación de pérdida del control de nuestras vidas, lo que nos lleva muchas veces a aferrarnos a lo que tenemos sin atrevernos a avanzar por miedo a que algo cambie, por lo tanto, a estancarnos. Sin embargo, hay otro tipo de sociedades, como puede ser la estadounidense en la que el cambio es algo natural, lo que les permite tener mucha más movilidad a lo largo de sus vidas, tanto geográficamente como a nivel afectivo.

A consecuencia de la crisis, muchos jóvenes se han visto “obligados” a desplazarse a otros países para poder acceder a un puesto de trabajo, o muchas veces a unas prácticas que les permitan tener experiencia laboral y en un futuro les ayude a encontrar un trabajo. Estas salidas se han vivido por parte de sus familiares como una contrariedad que origina que la familia tenga que separarse, y la separación se percibe como algo negativo. Es verdad, que no siempre esta salida obligada ha sido en casos de personas jóvenes, también se ha producido en padres/madres de familia que se han visto obligados a separarse de sus hijos para buscar un modo de alimentar a sus familias. Las separaciones cuando los hijos son pequeños no son recomendables, ya que estos necesitan tener cerca a sus padres, sin embargo, el que un hijo se vaya de casa a partir de una edad deberíamos considerarlo como un movimiento positivo, ya que va a ayudar a que el joven madure en un entorno diferente al suyo, y por tanto, se enriquezca a nivel personal y profesional de otras culturas y formas de trabajar. Entonces, ¿Qué nos lleva a ser tan negativos ante estas ventajas?

Nuestra cultura nos ha enseñado que estar unidos nos proporciona estabilidad emocional, nos hacemos emocionalmente fuertes con los nuestros, ya que nos apoyamos en la familia y en los amigos, frente al individualismo de otras sociedades más abiertas al cambio. Por lo tanto, no debemos pensar en qué tipo de sociedad es mejor que otra, sino en tomar la parte positiva de cada una y aunarlas para avanzar también como sociedad. Los cambios pueden ser buenos, y si los acompañamos del apoyo de nuestros seres queridos, van a resultarnos más fáciles de gestionar, por lo que estaremos más abiertos a cambiar y a probar nuevos retos.

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Miedo a lo que pueda ocurrir
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Ainhoa Cilveti | 29-03-2017 | 05:00| 0

Cada vez estamos más informados sobre lo que ocurre en el mundo y sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, incluidas las enfermedades que más nos afectan, aquellas que tienen una peor cura o solución. Esta sobreexposición, a veces nos lleva a replantearnos muchas cosas y a que nos afecte emocionalmente, hasta el punto de sentirnos angustiados por lo que nos pueda ocurrir a nosotros o a nuestros seres queridos. Por supuesto, esto es algo que siempre ha ocurrido, pero parece que cuanta más noticias recibimos, más nos angustiamos, por este motivo es importante aprender a relativizar y gestionar la información para evitar que nos pueda afectar a nuestra vida y estado anímico.

Cuando una persona se siente angustiada por creer que le puede ocurrir algo, podemos pensar que es normal, al fin y al cabo, a la mayoría nos ocurre que cuando lo pensamos sentimos miedo. La mayoría de las mujeres lo sentimos cuando nos realizamos las revisiones ginecológicas anuales: Vas con la esperanza de que te digan que todo está bien y te despidan hasta el año que viene, pero casi todas sentimos en un momento u otro del proceso un momento en el que nos invade el temor de que algo malo nos vayan a comunicar. Sentir ese miedo es normal, pero dejar que ese miedo nos invada y nos limite en nuestra vida es otra cosa, por lo que debemos saber parar nuestro pensamiento negativo cuando esto ocurre.  Decirlo es fácil, pero reconozco que puede resultar complicado, ya que es algo que cada uno debe aprender a hacer, realizando un “cambio de creencias” respecto a este tema, muy sencillo una vez logrado, ya que es entonces cuando la persona es consciente del poder que tiene sobre sus pensamientos y de cómo estos influyen en nuestra vida. Lo más difícil es creerlo posible, pero una vez que se cree, se consigue realizar sin demasiado esfuerzo, porque lo que cuesta es que nos convenzamos de lo que somos capaces de hacer, y ponerlo en práctica.

Si cada mañana nos planteamos todo lo malo que nos puede ocurrir durante el día, probablemente no nos atrevamos a salir de la cama, pero debemos pensar en todo lo bueno que nos puede suceder, y querer disfrutar de ello. Por este motivo, cuanto más plena sea nuestra vida en todos los sentidos, más querremos salir de la cama para disfrutarla, y menos pensaremos en nuestros miedos. Trabajemos por tener una vida llena de aspectos que nos aporten en positivo, y nos quedará poco tiempo para pensar en lo malo. Al fin y al cabo, lo importante es que el tiempo que nos queda por estar aquí lo disfrutemos lo más posible.

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¿Qué hacemos con los padres?
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Ainhoa Cilveti | 22-03-2017 | 07:00| 0

Acabo de escuchar esta pregunta en un debate en el cual se estaba tratando el tema de una pelea ocurrida en las gradas de un campo de fútbol mientras se celebraba un partido infantil. Imagino que muchos de los que estáis leyendo este post las habéis visto, ya que las han emitido en todos los telediarios y programas de actualidad, e imagino que la mayoría se ha preguntado lo mismo: ¿Qué se puede hacer con este tipo de padres que tan mal ejemplo están dando a sus propios hijos?

Parece ser que por el momento les han prohibido entrar en el futuro en el campo, aunque si tienen un mínimo de vergüenza creo que tampoco se atreverían a acudir, pero todos sabemos, que sin llegar a estos extremos, se ven todos los fines de semana en muchas canchas deportivas actitudes vergonzantes que dan muy mal ejemplo a aquellos que se supone se va a ver y a animar, ocasionando en estos, sus hijos, todo lo contrario. Porque lo más grave de estos hechos es lo que provoca en los menores y lo que les puede suponer en su educación. Tenemos que tener en cuenta, por una parte, que nuestros hijos aprenden por el ejemplo que les damos, y por otra, se ven afectados por nuestro comportamiento, es decir, tanto en casa como fuera de casa, va a repercutir en ellos nuestra forma de comportarnos y de comunicarnos, tanto con ellos directamente, como con otras personas.

Es sabido que a partir de una edad los hijos sienten vergüenza de lo que hacen sus padres, pero los niños diferencian muy bien entre un comportamiento normal que les avergüence, como puede ser verles a sus padres bailar o besarse, y cuando hacen algo que no sólo les avergüenza a ellos, sino a todos aquellos que lo presencian, y en este caso, es difícil para los menores gestionar esas situaciones. Por una parte, ellos se sienten mal por lo ocurrido, por cómo se ven ellos afectados, y además, son conscientes de que son sus progenitores quienes han originado esa situación, lo que les provoca un mayor malestar, ya que se sienten responsables de sus padres. Sin querer, ellos se ven culpables de lo sucedido y sin saber qué hacer para solucionarlo. Debemos ser muy conscientes de que cada vez que realizamos un acto en su presencia que no son capaces de entender, hay que ofrecerles las pautas para que puedan hacerlo, por lo tanto, no hagamos cosas que ni nosotros mismos podamos justificar.

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¿Qué hacemos con los padres?
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Ainhoa Cilveti | 22-03-2017 | 15:20| 0

Acabo de escuchar esta pregunta en un debate en el cual se estaba tratando el tema de una pelea ocurrida en las gradas de un campo de fútbol mientras se celebraba un partido infantil. Imagino que muchos de los que estáis leyendo este post las habéis visto, ya que las han emitido en todos los telediarios y programas de actualidad, e imagino que la mayoría se ha preguntado lo mismo: ¿Qué se puede hacer con este tipo de padres que tan mal ejemplo están dando a sus propios hijos?

Parece ser que por el momento les han prohibido entrar en el futuro en el campo, aunque si tienen un mínimo de vergüenza creo que tampoco se atreverían a acudir, pero todos sabemos, que sin llegar a estos extremos, se ven todos los fines de semana en muchas canchas deportivas actitudes vergonzantes que dan muy mal ejemplo a aquellos que se supone se va a ver y a animar, ocasionando en estos, sus hijos, todo lo contrario. Porque lo más grave de estos hechos es lo que provoca en los menores y lo que les puede suponer en su educación. Tenemos que tener en cuenta, por una parte, que nuestros hijos aprenden por el ejemplo que les damos, y por otra, se ven afectados por nuestro comportamiento, es decir, tanto en casa como fuera de casa, va a repercutir en ellos nuestra forma de comportarnos y de comunicarnos, tanto con ellos directamente, como con otras personas.

Es sabido que a partir de una edad los hijos sienten vergüenza de lo que hacen sus padres, pero los niños diferencian muy bien entre un comportamiento normal que les avergüence, como puede ser verles a sus padres bailar o besarse, y cuando hacen algo que no sólo les avergüenza a ellos, sino a todos aquellos que lo presencian, y en este caso, es difícil para los menores gestionar esas situaciones. Por una parte, ellos se sienten mal por lo ocurrido, por cómo se ven ellos afectados, y además, son conscientes de que son sus progenitores quienes han originado esa situación, lo que les provoca un mayor malestar, ya que se sienten responsables de sus padres. Sin querer, ellos se ven culpables de lo sucedido y sin saber qué hacer para solucionarlo. Debemos ser muy conscientes de que cada vez que realizamos un acto en su presencia que no son capaces de entender, hay que ofrecerles las pautas para que puedan hacerlo, por lo tanto, no hagamos cosas que ni nosotros mismos podamos justificar.

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Tirar la toalla
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Ainhoa Cilveti | 15-03-2017 | 06:00| 1

Estamos con el curso ya bastante avanzado y con una buena parte de los resultados entregados, y aunque aún falta tiempo para acabar y aún podemos tomar medidas para aprobar, también es verdad que el que no haya trabajado lo suficiente hasta ahora, no puede despistarse ni un segundo, y debe ponerse en acción ya mismo. Hay que dejar las excusas fuera, y sin dilatar más la decisión, sentarse a estudiar hasta el final de curso como si no se tuviera otra cosa mejor que hacer.

Desde luego, al que le cuesta ponerse a estudiar nos va a decir que se le ocurren muchas otras cosas mejores que puede hacer, pero si se quiere superar al final de curso los exámenes, es hora de centrarse en este único objetivo. El problema viene cuando la persona no está acostumbrada a estudiar y, bien no sabe cómo hacerlo correctamente, o bien no sabe esforzarse lo suficiente para asimilar la materia y poder pasar el examen. Sé que en este punto, el que está acostumbrado a hacerlo pensará que es tan fácil como ponerse a ello y no levantarse de la silla hasta que uno está completamente seguro que se lo sabe. El problema es precisamente, que como todo en esta vida se aprende, y la persona que no está acostumbrada a esforzarse, tiene que ir aprendiendo a hacerlo, con lo que supone aprender algo que no es del agrado y que requiere un alto grado de exigencia de uno mismo.

Los buenos estudiantes saben cuándo deben empezar a estudiar y que deben continuar hasta saberse la lección. Que los estímulos externos que les puedan distraer tienen que dejarlos a un lado, evitándolos en la medida de lo posible, y que aún y todo, puede que entren en el examen con más dudas de las que les gustaría para sacer buena nota. Mientras que el que no ha ido adquiriendo este aprendizaje, cualquier inversión extra de energía le supone mucho esfuerzo, ya que no está acostumbrado a exigirse y a luchar para aprobar un examen.

No quiero que el hecho de no saber estudiar se utilice como una excusa, pero cuando la alternativa es tirar la toalla y dejar los estudios, creo que hay que ayudar a estas personas y darles un voto de confianza para que aprendan a sentarse y a esforzarse por lo que quieren. Es importante que tengamos en cuenta, que cuanto antes aprende una persona a estudiar, más fácil le va a resultar adquirir buenos hábitos para su propósito, por lo que procuremos que aprendan desde pequeños.

 

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!!Volver a empezar¡¡
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Ainhoa Cilveti | 08-03-2017 | 06:00| 0

Muchas he hablado de los pasos que hay que dar para conseguir un objetivo, el esfuerzo que hay que realizar y el tiempo y empeño que se necesita invertir hasta que se logra. También he hablado de algunos trucos que podemos utilizar para esos momentos en los que nuestras fuerzas flaquean y cómo continuar hacia adelante sin dejar de pensar que podemos lograrlo. Pero, ¿qué pasa una vez que se ha logrado y nos damos cuenta que no es suficiente y que tenemos que continuar trabajando y pasar a un segundo objetivo para dar por realizado lo que teníamos proyectado?
Pues parece que está claro: ¡¡Volver a empezar!!

Esta segunda vez cuesta más, ya que por una parte, se está en un momento en el que creíamos íbamos a tener nuestro objetivo cumplido e íbamos a poder disfrutar de él, probablemente con las fuerzas mermadas y pensado que tenemos que ponernos otra vez en marcha y pasar por lo que hemos pasado en los últimos tiempos. Por supuesto, hay a quienes les carga las pilas pasar de un proyecto a otro, y el propio reto les motiva, pero a la mayoría, cuando han trabajado duro por lograr algo y se dan cuenta que no es suficiente y tienen que poner más de sí, nos desmoralizamos y nos cuesta pensar en volver a empezar.
Pero ya sabemos que podemos con lo que nos pongan por delante y que se trata de volver a pensar en cómo nos vamos a sentir cuando finalmente logremos que nuestro sueño se vea totalmente cumplido después de tanto trabajo y esfuerzo. Además, también somos conscientes de que lo que más nos cuesta, luego más alegría nos proporciona, por lo tanto, respiremos hondo y pongámonos otra vez en marcha. Eso sí, podemos aprender del camino ya hecho para mejorar y ser más efectivos en esta segunda etapa.

Lo normal es que no hayamos medido las fuerzas pensando en que debíamos continuar, por lo tanto nos encontremos un poco flojos de energía. Cuando nos sentimos físicamente cansados nos suele costar más estar mentalmente con ánimo y tener una actitud positiva, por lo que puede ocurrir que antes de continuar necesitemos tomarnos un pequeño descanso para recuperarnos. Saber parar para volver a empezar es importante, sin dejar que la pereza se apodere de nosotros y pudiendo aprovechar el impulso que nos ha dado el haber cumplido con la primera parte de nuestro objetivo.

 

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