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Cecilia Casado

A partir de los 50

Reflexiones a la orilla del Mediterráneo (10) La calma acogedora

Después del fuerte viento que azotó la comarca durante todo el día de ayer, hoy amanecen las nubes mansas y tiernas, casi algodonosas. Un paisaje que me agrada sobremanera y que me produce mucha calma. No necesito ver brillar el sol ni sentir su calor vitalizador; me basta con saber que está ahí arriba oculto, pero siempre vivo.

No sé por qué me gustan tanto los días nublos si no soy una persona especialmente proclive ni a la melancolía ni a la pesadumbre emocional. Igual es porque “mi mar” es el Cantábrico donde las montañas se acercan hasta la costa en un singular “maridaje” de belleza natural y nubes y lluvia, y mucha agua…

Hoy es el cumpleaños de una de mis amigas catalanas, amistades que he ido cultivando durante los últimos años de estancia en “mi otro mar” y como quiero regalarle algo más interesante que una caja de bombones, llevo varios días pintando un cuadrito de los míos para ella. El cielo tormentoso, el sol al atardecer, la mar revuelta…

Son las nueve de la mañana y me meto en el coche con los trastos de “playear” cuando se pone a llover. Soy mujer de decisiones rápidas y dándome cuenta de que con chanclas, gorra y pareo no voy a ninguna parte con fundamento, apago el motor y vuelta a casa.

Mi plan B siempre funciona porque tengo varios: leer, pintar, escribir, dormir. Decido empezar otro cuadro –ya voy tres- del atardecer majestuoso que se ve desde la terraza. Me pongo el outfit de pintar, monto el tenderete y cuando estoy eligiendo los pinceles…deja de llover y sale el sol…

 

En el fondo, qué más me da ir a la playa que no ir, pasear por el mercadillo o por el parque que rodea la ermita, pintar un cuadro o quedarme mirando a las musarañas… Nunca he comprendido a esas personas que siempre tienen que estar “haciendo algo” como si la vida fuera una carrera contra reloj para llegar el primero a la meta final que, parece que lo olvidan, es el encuentro con la parca…

 

Escucho a un perro ladrar con insistencia; oteo el horizonte y ahí lo veo, en un jardín no muy lejano dando vueltas en círculo como loco. Es evidente que no le gusta estar solo, alejado de su manada humana… Los animales protestan cuando los abandonan; los humanos lo toleramos y nos conformamos con mil razones espurias. En eso también somos inferiores a ellos…

En fin.

Felices los felices.

LaAlquimista

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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