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Cecilia Casado

A partir de los 50

Reflexiones a la orilla del Mediterráneo.- (15) ¿Y qué hago hoy?.-

Dicen que las rutinas son buenas para estabilizar la mente humana, que es beneficioso saber qué tienes que hacer cada día, a qué sitio ir y a qué hora estar, proporcionando al cerebro la posibilidad de no dispersarse en vericuetos fútiles o perderse de forma inevitable en laberintos de aciagos pensamientos.

La rutina nos permite odiarla con la conciencia tranquila a la vez que damos saltos de alegría cuando podemos “ponerle los cuernos” el fin de semana. También he oído contar –y mucho- sobre el páramo desangelado que se les presenta a quienes se jubilan y “no saben qué hacer” y se transforman en percheros que están en mitad del pasillo, molestando a quien pasa por ahí.

Pero como casi todo en esta vida es cuestión de cogerle el tranquillo y acostumbrarse a lo bueno –que ya sabemos que a lo malo enseguida se acomoda el personal aunque dé mucha rabia-. ¿Y qué es lo bueno…? Pues supongo que habrá tantas opiniones como entrevistados. Para unos, no tener que madrugar, para otros que te manden el sueldo a casa sin tener que pasar por el trabajo. Para los que tengan la familia cerca poder marcharse lo más lejos posible con la excusa de la jubilación y para los que la tengan lejos ir a visitarles con la misma excusa, pero sin la obligación de cuidar nietos ni hacer tápers –antiguas fiambreras- entre semana.

 

Los días tienen muchas horas, demasiadas si el viento sopla de cara y poquísimas si empuja por la popa. Que no es lo mismo ser moderadamente feliz que sentir que la vida nos debe algo y estar siempre con cara de amargura y malhumor. Que tampoco es lo mismo tener la agenda milimetrada en mil actividades o “libres obligaciones” que abrir el ojo por la mañana después de un buen descanso y preguntarte mientras te estiras… ¿Y qué hago hoy…?

Doy ideas: ¿Hace buen tiempo? Pues a disfrutar de la naturaleza en cualquiera de las formas que haya a nuestro alcance. ¿Hace mal tiempo? Pues a cobijo que hay que prevenir las goteras cuando se tiene una edad. Si tienes hambre come sano y bien, si estás triste date un capricho que te alegre durante un rato. Duerme cuando tengas sueño aunque sea la hora del ángelus o sal a estirar las piernas aunque no hayan puesto todavía las calles. Habla cuando te apetezca y calla cuando lo necesites. Haz como que no estás en casa cuando llamen quienes sabes te van a incordiar o ponte en “modo avión” cuando te dé la gana y sin dar explicaciones.

Y, sobre todo, mírate al espejo mientras te lavas los dientes y reconoce que estás vivo y eso es lo que importa.

Todo esto se puede hacer en cualquier tiempo y lugar, doy fe. Me voy a pasear con los pies por la orilla del mar que es muy bueno para todo tipo de “durezas”.

Felices los felices.

LaAlquimista

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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