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Cecilia Casado

A partir de los 50

Reflexiones a la orilla del Mediterráneo.- (17) “Saber elegir bien”

Cada mañana, al reincorporarme a la autopista de pago de la vida me veo en la tesitura de tomar una decisión que puede marcar mi destino. Como estoy en “mi otro mar” y tengo la posibilidad de acercarme a la playa, casi hasta la misma orilla en cinco minutos justos de coche, tengo que decidir si me pongo en modo naturaleza, en modo artista o me quedo en modo zen. Es decir: caminata por la arena hasta el horizonte izquierdo y vuelta, con baño incluido con algas y pececillos o me quedo en el apartamento en su fresca terraza dejando que los pinceles vayan a su aire y pinten un óleo de esos que tanto me relajan… O me quedo en el frondoso jardín sin hacer nada excepto el trabajo más difícil de todos que es intentar poner la mente al ralentí y que fluya lo que tenga que fluir.

Mi vida está poco cargada ahora mismo de obligaciones ya que estoy jubilada, no tengo a quien cuidar –soy huerfanita-, mis hermanas viven muy lejos, tan lejos que algunas habitan en planetas diferentes, mis hijas “tienen su vida” a tiro de avión y mis nietos ni me dan la tabarra ni puedo contarles cuentos en plan “abuela Cebolleta”.

Digamos pues que nadie depende de mí y yo no dependo de nadie excepto del sistema sanitario y del de pensiones; digamos entonces que cada día me reafirmo como la jefa de mi propia verdad y de mi única realidad.

Dicen mis seres cercanos que a lo que tengo se le llama libertad, pero me gustaría replicar que esa libertad no me la ha regalado nadie sino que me la he ganado a pulso –y qué pulsos- sumando todas las pequeñas y grandes decisiones que he ido tomando a lo largo de mi provecta vida.

Lo de lidiar con las circunstancias lo dejo para quienes prefieren que estas les dominen en vez de gestionarlas con acierto. Lo del destino lo dejo también para los expertos en excusas y justificaciones. Lo de “es lo que hay” me chirría más que un obispo de Roma diciéndonos a los demócratas cómo tenemos que vivir la vida y la moral.

En fin. Que todo esto viene a santo de una persona que me ha dicho que me tiene muchísima envidia por la forma en que manejo mi barca… -¡Que se saque el título de capitán y deje de ser marinero mal mandado!, le he contestado.

Yo hoy he decidido observar cómo cientos de hormigas se nutrían con un trocito de queso que he dejado descuidado en la terraza; y cuando me he cansado me he acercado al pueblo a que me ponga guapa Anna, mi peluquera favorita de este otro mar. Después me he pasado por “Galatea”, mi librería de referencia donde María Elena me ha estado relatando y recomendando una docena de libros hasta que me he decidido por uno de más de 500 páginas. Y para rematar el día he decidido charlar un rato con mi amiga R. en una terraza al borde del mar donde el fresquito de la noche y una cerveza me han regalado la satisfacción de saber que hoy por lo menos he tomado buenas decisiones. O ninguna mala que no es lo mismo, pero es igual.

Felices los felices.

LaAlquimista

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Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


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