Me he despertado a las seis de la mañana. Y supongo que tiene su lógica puesto que ayer cerré los ojos a las once de la noche y siete horas son ya muchas horas a mi provecta edad. Pero los razonamientos se encaran a la realidad: ¿qué hago a esa hora en que no ha amanecido, sopla el viento y la temperatura no alcanza a calentar? Me levanto a prepararme un té bien aromático y vuelvo a la cama con un libro entre las manos. Como no podía ser de otra manera, al cabo de veinte minutos me he vuelto a dormir, con esa sensación de que hoy hay un plus de sueño que me va a venir de perlas.
Sin embargo, no es así. Mi mente se puebla de pesadillas y me invade el desasosiego aunque sé que estoy soñando, que no es verdad lo que me ocurre, que los personajes que me acechan están ya muertos, que nunca, pero nunca jamás voy a protagonizar el horrible sueño que me tiene atada a la cama. (Como sé que los sueños ajenos son aburridísimos tan solo diré que me perseguían personas que no me amaron para hacerme daño).
Al final, con un sobresalto, tan desagradable como todos los sobresaltos, me despierto. Son casi las nueve de la mañana. Al levantarme de golpe –ya quiero abandonar la pesadilla y el lecho-, me da un pequeño vahído y me tropiezo con el mueble que alberga los cajones; juro en arameo porque me he hecho daño en el pie y me lanzo hacia la terraza con la idea de airearlo todo. La persiana está atorada, el viento la hace temblar, como si me hubiera quedado encerrada en la pesadilla que me torturaba hasta hace sesenta segundos. Al fin lo consigo y salgo a la terraza descalza y poco vestida a respirar, a intentar huir de las miasmas que se resisten a abandonar mi mente.
No sé por qué (me) pasan estas cosas si ayer no vi una película de miedo ni me sumergí en lecturas oscuras. Ni discutí con nadie ni me dieron un disgusto. Tan solo leí las noticias del día. Eso debió de ser: que se me quedó alguna bomba, algún cuerpo mutilado enganchado en el pensamiento. O algún discurso deshumanizado. 
Porca miseria.
Ya ni podemos ser felices los felices…
LaAlquimista
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