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Cecilia Casado

A partir de los 50

Ser valiente a los sesenta

 

 

Henri tiene sesenta y un años y hace tres que la Administración belga lo mandó a su casa. No por incompetente sino por mayor. Su mujer también decidió que quería jubilarse de él y se divorciaron después de muchos años de “contrato indefinido”. Los hijos, cada uno en una punta del mapa. Henri se podía haber venido abajo, pero no se lo permitió.

Amberes no es que sea la peor ciudad de Europa para vivir, pero dista mucho de asemejarse al pequeño paraíso que Henri podía desear. Un día, en una cena de amigos, le hablaron de la costa mediterránea española; del buen tiempo, los precios asequibles, la sangría y la fideuá. Y se metió en un vuelo low-cost y una semana de hotel “full included” para quitarse la murria del frío invierno y la no menos húmeda primavera belga.

Y se enamoró. Se enamoró de la belleza inmensa del mar besando la playa solitaria al amanecer. Dejó los ojos en olivos y algarrobos, almendros y cerezos y el corazón en el aire cargado de salitre y el calor de la hora de la siesta. Subió a las montañas que perfilaban el paisaje y recorrió las viejas calles de los pueblos medievales. Y deseó volver.

¿Qué le ataba en su ciudad de origen, allí donde tenía “toda su vida”?

¿Los amigos acaso o la añoranza de un pasado que ya terminó? Los hijos son viajes de verano y sesiones de skype. Los nuevos amores están todavía por venir y Henri tiene un sueño: sol, mar, vida libre de ataduras y del reloj.

Así que volvió y el azar le llevó, empujado por las alas de una singular valentía, a buscar un lugar donde vivir, donde aposentarse, para el resto de su vida. En soledad, pero con la ilusión nunca perdida.

Henri y yo por fin hemos coincidido. Somos vecinos y por su ardua aclimatación a los horarios españoles no habíamos cruzado nuestras miradas hasta ayer. Cuando yo salgo, él entra y cuando yo tomo el aperitivo él hace la digestión. Pero el otro día nos juntaron el aire cálido de la tarde y la cerveza fresquita del único bar en varias leguas a la redonda.

Tenía tantas ganas de hablar que le dejé hacer; soy así de generosa. Me contó casi toda su vida en tres cañas y unos calamares… y me reconocí en él, tan lleno de ansias, de ilusiones, de sueños que está empezando a perfilar. Esta tarde le acompañaré a matricularse en una academia para aprender español y a la biblioteca municipal a hacerse socio. Haremos una cena con mis amigas para presentarle “en sociedad” y empezar a socializarse un poco.

Henri, en realidad, me parece un tipo fantástico al que me quiero parecer todavía más. Es culto y extrovertido, su bagaje emocional está bien equilibrado y, además, tiene un físico estupendo para su edad (que es casi la mía).

-¿Por qué no te quedas a vivir tú también aquí? –me preguntaba.

Y yo enseguida le di la respuesta estandar, que tengo “mi vida” hecha en San Sebastián y todo el rollo típico que suelo soltar de memoria. Él me miró fijamente, me sonrió detrás de sus ojos azules y me dijo en un susurro: “¿Estás segura?”

A las tres de la mañana todavía estaba dándole vueltas a su pregunta… y por la mañana ya ha acudido a mi mente la respuesta desde un recoveco de mi corazón. No, yo no tengo “mi vida” hecha en ninguna parte. Pago mis impuestos donde nací y piso los mismos adoquines de toda la vida. Pero me sujetan cadenas invisibles que me hacen sentir infeliz en muchísimas ocasiones. Y sé que tengo la llave… pero me acomodo al fluir, al no hacer, al dejarme llevar, a la tranquilidad inconsciente.

Henri está muy contento de haberme conocido –a mí y a mis amigas catalanas. Cuando yo me vaya ellas le acompañarán con un soplo de alegría cuando necesite compartirse con los demás, que no es bueno que el hombre esté solo. (O eso dice él)

De momento le estoy enseñando a catar la fideuá y el arros negre. Luego, tendrá que apañárselas como dios le dé a entender… que yo me vuelvo a mi “marco incomparable” a poner mis sueños en fila india. Pero le he prometido volver si él prometía no olvidarme…

En fin.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

 

 

 

 

Temas

Filosofía de Vida y Reflexiones. Lo que muchos pensamos dicho en voz alta

Sobre el autor

Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.


septiembre 2013
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