Ni sólo Bolt, ni Powell, ni Gay. Estos atletas reflejan la versión mediática, la que arrastra a los no aficionados al atletismo, también sumamente interesante para nuestro deporte.
Pero hay otras dimensiones de la velocidad. Más cercanas, más de casa. En Gipuzkoa vivimos en la actualidad una época dorada. En categoría femenina nunca el ranking de 100 y 200 metros había sido tan potente.
El pasado fin de semana cuatro atletas batieron el viejísimo récord absoluto de 4×100. ¡26 años después! Evidentemente en los años 80 hubo velocistas de mucho nivel, pero luego la crisis ha sido larga. Casos puntuales, como el de Leire Olaberria, ofrecieron coletazos individuales.
La joven Maitane Iruertagoiena compite estos días en el Europeo junior y es una nueva velocista vasca por debajo de los 12 segundos. Alazne Furundarena, plusmarquista senior de 200, tiene un enorme futuro en esta distancia. La prometedora Marian Garrantxo, tras superar unos largos problemas físicos, ha recuperado esa chispa que le ha otorgado una generosa genética. Y Marta Peña es la cuarta velocista recordwoman. Una atleta que este año ha explotado, medallista en el estatal promesa, y quién sabe si con potencial oculto para el 400 metros o para la pértiga.
La velocidad guipuzcoana está de enhorabuena. Un cuarteto de lujo con procedencias diferentes: Hernani, Ordizia, Irún y San Sebastián. Todo un logro porque demuestra que las canteras siguen vivas. Estos viveros son la esencia del atletismo. Los frutos han llegado, en esta ocasión, a la velocidad femenina.
De la masculina, escribiremos otro día. No vive sus mejores momentos. Los récords no han cambiado de nombre en más de 20 años. ¿Las razones? Vosotros mismos. Lo analizaremos próximamente.