La delicada situación en la que se encuenta la plantilla del Rayo
Vallecano que no cobra desde hace un año, obliga a una reflexión sobre
el perfil de directivos de algunos clubes de fútbol. Cuando se mezclan
los intereses personales y queda relegado el apartado deportivo, la
alarma se enciende.
Las estructuras de algunos clubes se tambalean por nefastas gestiones, por
pagar/fichar por encima de los recursos que se obtienen y acumular
millonarias deudas sin que nadie quiera o pueda poner freno.
El caso del Rayo no es el único ni en el fúitbol ni en el resto de
deportes. Ahí está el Valladolid de baloncesto, con una gran temporada
en la ACB mientras sus cuentas están agotadas y los jugadores y cuerpo
técnico no cobran lo estipulado en sus contratos. Otros clubes históricos del basket como Joventut y Estudiantes también están sufriendo.
Hay clubes, directivos, deportes… que viven por encima de sus
presupuestos. Es clave que cada uno se adapte a la realidad, y más en
los actuales tiempos, una realidad aún más cruda. Lo de tirar de un
talonario sin fondos debe acabar. Es otro de los males de nuestro
deporte profesional. Los gerentes tienen que tener sentido común y
transmitir con claridad al aficionado dónde está el club de los amores.
Y el aficionado debe respetar esa realidad, no exigir imposibles a sus
dirigentes. Una gestión clara y coherente, sí, pero no demandar
castillos en el aire.
Es un cambio de cultura. Esa exigencia que aplicamos al mundo de la
empresa, debe ser calcada en el mundo del deporte. El ‘todo vale’ se ha
acabado. El ‘yo más que el vecino’ debe ser desterrado. El ‘fichar lo
que sea para permanecer en el sillón’ es necesario abolir.
Los políticos, los federativos, los juristas, deben ayudar a modificar
ciertas normas y posicionamientos. El que acumule deudas debe ser
sancionado, por ejemplo. El orden económico es fundamental. También el
jurídico. Un ejemplo es lo que comentó el presidente de la Real, Jokin
Aperribay, en una entrevista en DV sobre la necesidad de ordenar aspectos como el desequilibrio
que se produce al perder un club la categoría y que se ve obligado a
arrastrar todos los acuerdos de salarios establecidos en base a estar
en Primera y que en Segunda no puede soportar. En ese caso es necesario el poder modificar esos contratos difíciles de soportar.
La rueda de la modernidad y el sentido común también tiene que pisar los suelos del deporte.