Siempre nos avisaron de que el regreso a Primera sería complicado. Nadie nos engañó. Por historial, por simpatía, por colores… nadie regala un punto. Los ascendidos sufren siempre, o en el arranque de la temporada o cuando el oxígeno comienza a faltar. Son situaciones con las que el aficionado debe convivir, o sufrir, porque de lo contrario sería de otro planeta.
Pero ese momento del empujón ha llegado. Por ahora los jugadores nos habían conducido por una autopista de alegrías sin sobresaltos. Hoy estamos en una carretera secundaria. Es un camino bacheado. No importa. Esta afición ha sabido superar momentos complicados en la historia reciente desde que fuimos unos aristócratas de la Liga, allá en los 80, saboreando el espíritu de Atocha.
Ha cambiado el terreno de juego, los números de los titulares no son del 1 al 11, las estrategias son infinitas, el humo de los cientos de puros es pasado… pero lo que sigue tan vivo como hace décadas es ese apoyo desde la grada, o el llevar en el ADN esos colores blanco y azul, o que el jugador llegue a sentir ese calor que nunca ha faltado de la afición.
Podemos pedir mil cosas a nuestros jugadores. Cierto. Algunas con razón. Esas crítica llegan porque amamos a este club. Por nada más. Aunque quizás sea el momento de olvidarnos de las dudas y de dar el paso adelante, de sacar pecho, como decía Xabi Prieto. Ellos desde el campo, nosotros desde el asiento.
Vamos a demostrar que un campo de fútbol, incluso con pistas de atletismo, puede ser un recinto donde el ánimo llega con nitidez a los futbolistas. Esta afición de la Real no será menos que la de rugby ¿no?. Los seguidores del Biarritz rompen en decibelios desde las mismas tribunas, con el mismo campo, con idénticas pistas.
Y ese buen trato a los aficionados sportinguistas que viajen a San Sebastián debe finalizar cuando ruede el balón. Con educación, pero sin concesiones. Que no nos tapen. De Gijón queda el buen recuerdo de cómo nos trataron en la casi prehistoria. Las sidriñas -algunos debíamos tomar batido de chocolate…- eran compartidas entre sonrisas y abrazos aunque sus jugadores estaban más untados que la Nocilla.
Estoy convencido de que la afición de la Real está ahí. A veces es algo tímida. Le cuesta vestirse de blanquiazul o ir a recibir al autobús del equipo a la puerta del estadio. Pero, txuriurdines ha llegado nuestro momento. Hay que salir de Anoeta con la sensación de que el menos uno de los tres puntos “ha sido gracias a nosotros”. Goazen Erreala