El deporte está repleto de historias humanas. Casi siempre cargadas de emociones. El lunes escribía sobre la alegría de una juvenil que había batido el récord de España o de 2.000 mujeres afrontando un reto de 5 kilómetros o de la ilusión de una leyenda como la pertiguista Isinbayeva por su cambio de entrenador y el inicio de una nueva época. Eran emociones positivas.
Ahora nos sobrecoge la historia del jugador del barcelona Eric Abidal, arrancado de los campos de fútbol en pocas horas al sufrir un tumor en el hígado. Hace unos días un jugador del Betis, Miki Roqué, anunciaba que le habían detectado un tumor en la pelvis. En la memoria las escenas de deportistas que sobre el césped sufrían ataques al corazón, que en algunos casos incluso desencadenaron su fallecimiento.
Carezco de estadísticas pero tengo la sensación de que en los últimos tiempos se están produciendo más episodios de este tipo que en décadas pasadas. La razón podría ser que actualmente el acceso a la información es colosal, que los medios reproducen cada segundo de existencia de los héroes del deporte, que existe absoluta transparencia por parte de esas personas, clubes o médicos. No lo sé. Quizás sea que el deporte de alto rendimiento, el profesional, ha aumentado, sigue aumentando su exigencia por los intereses que rodean este fenómeno social que es el deporte.
La combinada de esa exigencia desde un banquillo, desde la grada o desde los despachos, a veces deriva en métodos poco éticos y fuera de la legalidad. En otras ocasiones, esa derivada aterriza en algo tan natural como la misma resistencia del cuerpo del deportista.
En el caso de Eric Abidal seguramente no será ni ninguna de las derivadas expuestas. Es más, me parece infame algunos comentarios de ‘juntadores de letras’ que ya ponen énfasis en relacionar enfermedad con trampas. Es una maldad. Es soez sólo pensarlo y menos difundirlo. Acaso, ¿los miles de casos que se producen de tumores en personas con nula relación con el deporte tienen también vinculación con prácticas dopantes? Por favor, seamos serios.
El caso de Abidal tiene una proyección especial porque él es un deportista de elite. Es la historia humana que conocemos pero otros relatos anónimos, con mayor carga de drama si cabe, se esconden en los hospitales de ahí al lado. Ojalá sirva el caso de Eric para que todo se vea más cercano y sepamos extraer lo positivo. Estos frenazos que te da la vida de repente y sin avisar, ayude para relativizar ese despeje de balón, ese pase en largo, ese centro de gol.
Como exhibían los azulgrana en la camiseta de la celebración de la Liga: “No pienses en una temporada, piensa en la historia”. Pues eso, a veces lo más inmediato te hace olvidar lo más importante. Por cierto, en esa celebración en el Camp Nou no olvidarmenos la pincelada de humor de Abidal cuando a través de la megafonía recordaba a su mujer que trajera las chaquetas de las niñas porque hacía frío… Que no pierda el humor. Suerte.