Este sábado es un gran día para el Atlético SS. El equipo femenino disputa el título de División de Honor. Todos sabemos que el primer puesto está reservado al subcampeón europeo (salvo que cometa alguna irregularidad que luego será difuminada en el bufete de abogados de turno). Sabemos también los puestos de podio hoy por hoy son difíciles. ¿Y qué más da? El txikelake resonará en una final después de 33 años.
El Atlético SS es uno de los clubes que luce títulos en su palmarés. Un club que en los años 60 y 70 tenía un enorme poderío en la competición de Liga. Después llegaron los clubes de talonario, y los equipos de cantera fueron quedando en un segundo plano a la hora de buscar el título pero siguieron -no todos- ofreciendo atletismo en sus ciudades. Es el caso del Atlético. Este equipo ha formado a generaciones de atletas y de personas. Ha construido un núcleo alrededor de un deporte maravilloso y de vez en cuando ofrece alegrías en forma de atletas internacionales o de finales de Liga.
Y sin embargo, quizás, lo más importante sea ese ambiente que se vive en los días previos, en el autobús, en el hotel, en las novatadas a las más jóvenes -faltará esta vez la capitana Maite Pasaban, habría que llevarle sólo para dirigir las maniobras…-, y en el momento posterior a terminar la competición. La foto, los cantos de guerra, las risas por la anécdota del día… o de la noche. A todo esto se llama educación, en esta caso con la excusa del deporte y gracias a una competición colectiva dentro de un deporte individual.
Los récords se batirán, las puntuaciones quedarán en el olvido; los disgustos e incluso las lágrimas serán experiencias plenas de enseñanza; las marcas serán logros personales en forma de dígitos, las medallas se convertirán sólo un recuerdo en forma de metal… pero estas atletas que mañana sábado disputan la gran final nunca olvidarán los momentazos vividos con pasión enfundados en una camiseta blanca y azul.
Todo estas sensaciones deben impregnarse en las atletas que van a vivir un momento único, aunque esas tres horas de competición sean muy similares a otras de otros días. Dentro de diez, veinte o treinta años esas tres horas se enmarcarán en la memoria de cada una de una forma especial. Os lo aseguro. Disfrutad del momento. No lo dejéis escapar. Atrapadlo. Es vuestro. De vosotras y de vuestros entrenadores -de los de antes y de los de ahora-, de los delegados, de vuestros aitas…
Ah! Se me olvidaba: competir bien. A tope. El Atlético lo merece.