Asier Minondo
Seguramente muchos de lectores habrán comprobado que, desde hace algunos meses, cuando van al supermercado les preguntan si quieren una bolsa de plástico. Esto se debe a que desde el 1 de julio de 2018, los supermercados están obligados a cobrar a los clientes por las bolsas de plástico (Real Decreto 293/2018 del 18 de mayo). El objetivo de esta medida es reducir el consumo de bolsas de plástico. En el año 2014 se consumieron en España 6730 millones de bolsas de plástico, que equivale a alrededor de 148 bolsas por habitante y año. Debido a que estas bolsas tienen un grado de reciclaje muy bajo, acaban como residuos con un alto coste para el medioambiente, especialmente en los ecosistemas marinos. El Real Decreto también establece que a partir del 1 de enero de 2021 se prohiba la entrega de bolsas de plástico ligeras y muy ligeras al consumidor, excepto si son de plástico compostable.
Sin embargo, ¿tener que pagar unos pocos céntimos de euro reduce la demanda de bolsas de plástico en los supermercados? Un estudio realizado por la profesora Tatiana Homonoff de la Universidad de Nueva York y publicado recientemente en el American Economic Journal: Economic Policy ofrece una respuesta clara a esta pregunta: sí. La profesora muestra que cuando el condado de Montgomery (Maryland, EE.UU.), introdujo un impuesto de 5 centavos de dólar (alrededor de 4 céntimos de euro) por cada bolsa de plástico entregada en el supermercado, el consumo de bolsas de plástico se redujo en un 42%. Además, los clientes que siguieron utilizando bolsas de plástico comenzaron a utilizar menos bolsas de plástico en cada compra.
El estudio compara el efecto de cobrar por las bolsas de plástico con una medida equivalente que consistía en premiar a los clientes que no utilizaban bolsas de plástico. En concreto, antes de cobrar por las bolsas de plástico muchos establecimientos descontaban de la cuenta 5 centavos de dólar a los clientes que no pedían bolsas de plástico (los supermercados BM utilizaron una medida similar). El estudio muestra que la medida de bonificar a los clientes no tuvo ningún impacto sobre la demanda de bolsas de plástico. Este resultado es, a priori, extraño ya que bonificar 5 centavos por bolsa no consumida es igual a no tener que pagar 5 centavos por bolsa. Sin embargo, el impacto de cobrar las bolsas de plástico es mucho mayor que bonificar por no utilizarlas. Como expliqué en otro post hace algunos años, este resultado pone de manifiesto que las personas reaccionamos mucho más ante el riesgo de perder algo que ante la posibilidad de ganar algo. En este caso, el tener que empezar a pagar por algo que antes era gratis tiene un efecto mucho mayor que recibir una bonificación por algo que no se pagaba.
La conclusión del estudio es que una penalización financiera muy pequeña puede tener un efecto muy importante sobre la conducta de los consumidores. Por tanto, las pequeñas penalizaciones pueden ser una medida efectiva para reducir el consumo excesivo en otros ámbitos.