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Make America Grumpy Again

Hasta hace unos cinco años, nunca había oído hablar de la llamada “Leyenda Negra” en relación con el imperio español. Por lo que parece, los responsables de difundir esta leyenda fueron principalmente los británicos y mis antecesores (los neerlandeses).

La leyenda sostiene que los españoles practicaron un colonialismo cruel y despiadado, y se difundió con tal persistencia que, según entiendo, generó un complejo de culpabilidad en varias generaciones, pues una gran parte del pueblo español terminó creyendo este relato extranjero. Esto es algo muy humano: si escuchas algo con suficiente frecuencia, acabas interiorizándolo. (efecto de exposición o indoctrinación).

En el ámbito de la guerra psicológica, esto es un clásico: se difunde propaganda para influir en las creencias del público objetivo. Puede lograrse de dos formas extremas: mediante un proceso lento y duradero, como la lluvia fina (txirimiri), que hace que las creencias calen gradualmente; o mediante un proceso intenso (como un martillo pilón), que sobrecoja y paralice al receptor.

El primer enfoque se alinea con los métodos soviéticos de la antigua KGB, aplicados en la “subversión ideológica”: un trabajo a largo plazo, discreto, cuyo objetivo es erosionar la resistencia o generar dudas graduales en las creencias de un colectivo. Con el tiempo, este queda desorientado ideológicamente, influenciado mansamente y sin saber qué es verdad ni qué debería defender.

El segundo enfoque consiste en monopolizar la atención, abrumar al receptor y generar parálisis ante “verdades creadas o inventadas”. Especialmente las grandes mentiras requieren este tipo de estrategia. El concepto de “La Gran Mentira” proviene del término alemán “die Große Lüge”, y se expresa con el adagio: “Je größer die Lüge, desto eher wird sie geglaubt”, que se traduce como: “Cuanto más grande es la mentira, más fácil es que sea creída”. Según Hitler (en Mein Kampf), la gente promedio no cree que alguien, como un estadista, sea capaz de contar una mentira muy grande. Por ello, cuando ocurre, existe la tendencia a considerar sus palabras dignas de crédito. Así, aunque no sea ético, puede convertirse en una herramienta extremadamente eficaz para manipular a las masas.

En pocas palabras:

  • La Gran Mentira = plantar una bandera; intentar que todos crean en una única falsa creencia,
  • La Subversión Ideológica = crear niebla, hacer que la gente dude de todo y pierda su certeza.

Si miramos cómo la Administración Trump comunica sobre Europa, vemos una táctica que recuerda mucho a propaganda alrededor de una Gran Mentira.

Su comunicación se caracteriza por un único narrativo predominante, con la siguiente lógica subyacente:

  • Hacer que la afirmación sea extrema.
  • Repetirla infinitamente.
  • Presentarla como absoluta.
  • No dejar espacio a la duda.

Frases de Trump (o de sus acólitos Vance, Lutnick o incluso Rubio) como:

Forman afirmaciones que encajan perfectamente en la lógica de la Gran Mentira:

  • Un único relato coherente.
  • Simplificación extrema.
  • Framing en blanco y negro.
  • Repetición constante.

Además, la Administración Trump sigue una estrategia de comunicación orientada a inundar el espacio mediático. Copan constantemente los titulares y saturan los medios con sus one-liners, lo que genera un efecto de “crowding out” sobre otros comunicadores (estatales, multilaterales) y sobre voces alternativas.

Clásicamente, y aún hoy, los líderes políticos han mantenido un perfil mediático moderado, con Trump como gran excepción. De este modo, en un contexto de economía de la atención, logra influir considerablemente en la opinión pública, no solo porque satura y fatiga al público, sino también porque, cuando sus adversarios hablan, los oyentes ya están asfixiados y sobrepasados por sus mensajes.

En resumen, y aunque no todo es perfecto en Europa, nos encontramos ante una situación en la que el Viejo Continente no debe caer en la trampa de la “leyenda negra”. Es fundamental mantener una actitud crítica ante la información que recibimos, especialmente cuando proviene de fuentes que han demostrado una propensión a difundir fake news o “hechos alternativos”.

Afortunadamente, en tiempos recientes se está viendo una contracorriente impulsada por economistas europeos como Arturo Bris o Zsolt Darvas, que relativizan los tópicos repetidos por la administración Trump. Por ejemplo:

  • Europa no crece: los EE. UU. crecen, pero principalmente por el aumento de la población. Mientras que la economía europea creció un 35% entre 2010 y 2023, la estadounidense lo hizo un 80%. Sin embargo, al corregir por la mayor inflación en EE. UU., el diferencial se reduce al 8%. Y al ajustar también por el crecimiento demográfico, la diferencia baja al 4%. Además, tanto el tamaño de la economía como su crecimiento están distribuidos de forma muy desigual en EE. UU.
  • Similarmente, entre 2005 y 2024 la productividad per cápita ha crecido mas en la UE que en los EE. UU.:

  • Europa no es competitiva: en el Ranking Mundial de Competitividad de 2025, 8 de las 15 economías más competitivas son europeas. Europa supera a EE. UU. en prosperidad, igualdad de ingresos, atracción de talento y calidad de vida. Además, el sistema de salud universal, el transporte y la infraestructura ponen una “hipoteca” sobre la productividad, pero elevan la prosperidad real. Por cada $100 que Europa invierte en servicios públicos, los estadounidenses gastan mucho más en el sector privado, lo que hace que EE. UU. parezca más “productivo”, aunque esa prosperidad sea en parte aparente.

Incluso destacados economistas estadounidenses como Dani Rodrik o Paul Krugman han expresado opiniones similares:

‒ El liderazgo tecnológico de EE. UU. no implica mayor prosperidad general, y Europa no debe imitar su modelo, según Rodrik: La innovación estadounidense está concentrada en pocas grandes empresas y no se traduce en mejoras amplias de productividad ni bienestar, generando desigualdad y precariedad laboral. El modelo europeo, en cambio, combina innovación con mayor cohesión social y una clase media más sólida. Por ello, el reto de Europa no es copiar a EE. UU. o China, sino reforzar su propio modelo basado en innovación inclusiva y políticas industriales selectivas.

‒ El supuesto liderazgo económico de EE. UU. frente a Europa es engañoso y no refleja mejoras reales en el nivel de vida, opina Krugman: Aunque el PIB total ha crecido más rápido en EE. UU., gran parte de la diferencia se explica por el crecimiento demográfico. Al analizar el ingreso nacional por adulto —un indicador más relevante del bienestar—, el crecimiento ha sido prácticamente idéntico en ambas economías desde 2010. Esto cuestiona la narrativa dominante de una Europa estancada frente a una economía estadounidense claramente superior.

Don’t believe the hype!

 

Bart Kamp

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Hausnarketa eta eztabaida gure errealitate ekonomikoaz /Reflexión y debate sobre nuestra realidad económica

Sobre el autor

"Donostiako Deustu Business Schoolen eta Lehiakortasunerako Euskal Institutoan, Orkestra-n, dihardugun lau unibertsitate irakasle eta ikertzaile gara. Blog hau sortzera bultzatu gaituena zera da: modu ulerterraz, zorrotz, kritiko eta burujabean egindako hainbat gai ekonomikori buruz gogoetak plazaratzea, gai horiek gure bizitzan eta gu parte garen gizartearenean eragin handia dutelakoan". --------------------- "Este blog pretende reflexionar sobre diferentes cuestiones económicas que nos afectan como personas y como sociedad, de una manera divulgativa, rigurosa, crítica e independiente. Somos cuatro profesores que desarrollamos nuestra actividad académica en la Deusto Business School en su campus de San Sebastián y en el Instituto Vasco de Competitividad, Orkestra. Blog sobre economía de Asier Minondo, Iñaki Erauskin, Bart Kamp y Jon Mikel Zabala".


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