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¿Qué universidad necesitamos para el siglo XXI?

Jon Mikel Zabala Iturriagagoitia

En este año 2026 coinciden tres aniversarios que invitan a reflexionar sobre la relación entre universidad y sociedad. La Universidad de Deusto cumple 140 años, la Deusto Business School cumple 110, su campus de Donostia-San Sebastián celebra su 70º aniversario, y Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad alcanza las dos décadas de trayectoria. Son tres historias estrechamente vinculadas a la formación, la generación de conocimiento, su transmisión y difusión, y el desarrollo económico y social de nuestro entorno.

Celebrar estos aniversarios ofrece también una oportunidad para preguntarnos cómo debe evolucionar esa contribución en las próximas décadas. En este marco, el próximo jueves, 5 de noviembre, el campus de Donostia-San Sebastián de la Universidad de Deusto acogerá el encuentro “El rol transformador de la universidad del siglo XXI”, dedicado a reflexionar sobre la contribución de las universidades al desarrollo territorial.

Esta cuestión, fundamental para el futuro de nuestra sociedad, también ocupa y preocupa a Jakiunde, la Academia de las Ciencias, de las Artes y de las Letras del País Vasco. Esa inquietud compartida ha dado lugar a un número especial de la Revista Internacional de los Estudios Vascos (RIEV), impulsado por Jakiunde en colaboración con Eusko Ikaskuntza. Bajo el título “Universities at the Crossroads: Reimagining Higher Education in the 21st Century”, contará con la participación de los rectores y rectoras de todas las universidades con presencia en Euskal Herria. Las distintas perspectivas reunidas en el número especial buscan abrir un debate sobre las decisiones que marcarán el futuro de nuestras universidades y su relación con la sociedad.

En el prólogo de este número especial planteamos que las universidades afrontan cambios profundamente relacionados entre sí. La evolución demográfica modifica el perfil de quienes acceden a ellas, las restricciones financieras condicionan sus prioridades y la inteligencia artificial transforma la docencia y la investigación. Al mismo tiempo, aumentan las expectativas sociales sobre su contribución a la resolución de los problemas colectivos. Comprender estas relaciones resulta necesario para decidir qué universidad queremos y cómo podemos sostenerla.

Uno de los cambios más relevantes afecta a las personas que necesitan formación universitaria y a los momentos de la vida en los que la demandan. En territorios como el nuestro, el descenso de la población joven coincide con una creciente necesidad de actualizar conocimientos y reorientar trayectorias profesionales. La universidad deberá acompañar a un alumnado más diverso, que a menudo compaginará sus estudios con el empleo o los cuidados. Esto exige vías de acceso y formatos flexibles, así como programas breves y microcredenciales que permitan avanzar por itinerarios formativos divergentes pero coherentes. También requiere apoyo durante los estudios para que las diferencias económicas y personales no impidan aprovechar las oportunidades de aprendizaje.

Responder a estas necesidades exige una financiación estable y una reflexión sobre qué resultados valoramos. La formación, la investigación y las infraestructuras se sostienen con inversiones cuyos frutos pueden tardar años en hacerse visibles. La financiación competitiva y la colaboración con empresas y otras organizaciones amplían las capacidades universitarias, pero deben preservar la independencia académica y el espacio para investigar preguntas cuyas aplicaciones todavía desconocemos. Los criterios de evaluación tienen que reconocer esa diversidad de contribuciones. La calidad docente, la inclusión, la actividad cultural y el compromiso territorial deben ocupar un lugar en la valoración de instituciones que cumplen misiones distintas y cuyo valor difícilmente puede resumirse en una posición en los rankings.

La inteligencia artificial añade nuevas preguntas a este debate. Su capacidad para producir textos, analizar datos y apoyar tareas científicas obliga a revisar qué enseñamos y cómo comprobamos lo aprendido. Argumentar, contrastar fuentes, defender una idea y explicar las decisiones tomadas adquiere especial relevancia cuando resulta cada vez más sencillo obtener una respuesta aparentemente convincente. La universidad debe ayudar a utilizar estas herramientas con criterio y a asumir la responsabilidad sobre sus resultados. Para ello, también necesita decidir cómo protege sus datos, qué control mantiene sobre las infraestructuras digitales y cómo evita que las diferencias en el acceso a la tecnología se conviertan en nuevas desigualdades educativas.

Estas transformaciones dependen, en buena medida, de las condiciones en las que trabaja y estudia la comunidad universitaria. La estabilidad de las carreras, el tiempo para investigar y preparar la docencia, la calidad de la supervisión y unas cargas de trabajo razonables influyen directamente en la actividad académica. Del mismo modo, el bienestar del alumnado está relacionado con la organización de la evaluación, la claridad de las expectativas, el apoyo económico y el sentido de pertenencia. Cuidar estas condiciones forma parte de la responsabilidad de una universidad que aspira a ofrecer una formación exigente y accesible.

El propósito que conecta estos retos es contribuir al bienestar colectivo y fortalecer la confianza social en el conocimiento. Esa contribución se construye mediante relaciones duraderas con empresas, administraciones, centros educativos, organizaciones culturales y comunidades. El intercambio permite incorporar experiencias diversas, identificar problemas y desarrollar respuestas compartidas. También exige independencia para comunicar evidencias que pueden resultar incómodas y prestar atención a cuestiones que carecen de visibilidad o de interlocutores con capacidad para situarlas en la agenda pública.

En nuestro contexto, este compromiso incluye la cohesión territorial, el desarrollo del euskera como lengua de conocimiento y la cooperación entre universidades. Compartir infraestructuras, complementar especializaciones y consolidar la colaboración transfronteriza puede ampliar las oportunidades de formación e investigación. La diversidad de nuestro espacio universitario constituye una fortaleza si somos capaces de conectar sus capacidades alrededor de objetivos comunes.

Los aniversarios de la Universidad de Deusto, de su campus donostiarra y de Orkestra nos invitan a pensar cómo queremos que la universidad contribuya al futuro de nuestra sociedad. Su capacidad transformadora dependerá de cómo organice su actividad, apoye a su comunidad y construya relaciones con su entorno. También dependerá de que preserve espacios para pensar con rigor y formular preguntas cuyo valor quizá tardemos en reconocer.

El futuro de la universidad merece una reflexión compartida por todas las personas a cuya vida contribuye. Si os interesa participar en este debate, nos vemos el próximo jueves, 5 de noviembre, a partir de las 9:30, en el campus de Donostia-San Sebastián de la Universidad de Deusto. El encuentro será una oportunidad para compartir preguntas y perspectivas que queremos y necesitamos seguir explorando.

Temas

Hausnarketa eta eztabaida gure errealitate ekonomikoaz /Reflexión y debate sobre nuestra realidad económica

Sobre el autor

"Donostiako Deustu Business Schoolen eta Lehiakortasunerako Euskal Institutoan, Orkestra-n, dihardugun lau unibertsitate irakasle eta ikertzaile gara. Blog hau sortzera bultzatu gaituena zera da: modu ulerterraz, zorrotz, kritiko eta burujabean egindako hainbat gai ekonomikori buruz gogoetak plazaratzea, gai horiek gure bizitzan eta gu parte garen gizartearenean eragin handia dutelakoan". --------------------- "Este blog pretende reflexionar sobre diferentes cuestiones económicas que nos afectan como personas y como sociedad, de una manera divulgativa, rigurosa, crítica e independiente. Somos cuatro profesores que desarrollamos nuestra actividad académica en la Deusto Business School en su campus de San Sebastián y en el Instituto Vasco de Competitividad, Orkestra. Blog sobre economía de Asier Minondo, Iñaki Erauskin, Bart Kamp y Jon Mikel Zabala".


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