Asier Minondo
Durante las últimas décadas, muchas empresas han dejado de realizar actividades como la limpieza y el transporte con personal propio y las han subcontratado a otras empresas. El argumento que justifica la subcontratación es que cada empresa se debe especializar en aquellas tareas que sabe hacer mejor, en donde reside su ventaja competitiva. Aprovechando para hacer un poco de publicidad, en mi universidad, por ejemplo, nuestra ventaja reside en ofrecer una formación integral y de alta calidad. Nuestra ventaja no está en hacer fotocopias o limpiar instalaciones; por tanto, subcontratamos estas tareas a empresas que están especializadas y que son muchos más eficientes que nosotros en las mismas.
Sin embargo, existe una segunda razón que explica la subcontratación: los salarios. Normalmente, las empresas que subcontratan tareas que anteriormente se realizaban con personal propio suelen ser empresas grandes. Los salarios en estas empresas suelen ser superiores a la media, ya que son más productivas. Además, las empresas y sus representantes sindicales suelen preferir que no haya grandes diferencias de salarios entre los empleados. Esta preferencia aumenta, particularmente, el diferencial de salarios entre los trabajadores menos cualificados de las empresas grandes y del resto de empresas. Las empresas de subcontratación, por su parte, compiten en precios para obtener los contratos de las empresas grandes. Como el coste principal de estas empresas es el coste de personal, existe una fuerte presión para que los salarios bajen en las empresas de subcontratación. En definitiva, las empresas grandes pueden obtener un importante ahorro en costes si, en vez de realizar algunas tareas con personal propio, las subcontratan a otras empresas.
¿Cuál es el impacto sobre el salario de los trabajadores cuando se produce una subcontratación? Las conclusiones de un reciente estudio realizado por los profesores Goldschmidt y Schmieder, y publicado en el Quarterly Journal of Economics, nos permite responder a esta pregunta. Estos autores analizan alrededor de 1000 casos de grandes empresas alemanas en las que un grupo de trabajadores dejó de formar parte de la plantilla de la empresa, fue transferido a una subcontrata, pero siguió realizando exactamente las mismas tareas, y en el mismo lugar, que realizaban anteriormente. Estos trabajadores realizaban tareas de limpieza, de preparación de comidas, logísticas y de seguridad. Los autores hallan que, tras un periodo de 10 años, el salario de estos trabajadores es un 15% menor del que habrían ganado si hubiesen seguido siendo trabajadores de la empresa grande. Las mayores reducciones de salarios se producen entre el personal de limpieza. Los autores muestran también que esta subcontratación se produjo especialmente en las empresas alemanas que pagaban mayores salarios que la media. Esta última conclusión refuerza el argumento de que los mayores salarios que tiene el personal menos cualificado en las empresas grandes es una motivación para que éstas sustituyan estos trabajadores por los servicios de una empresa de subcontrata.
Para tener una muestra más grande, en un segundo ejercicio, los autores comparan el salario de un trabajador contratado en una empresa grande con el de un trabajador que realiza la misma tarea pero que está empleado por una subcontrata. Los autores concluyen que los salarios son, de media, un 9% inferiores en las subcontratas. Como en el ejercicio anterior, las mayores diferencias se producen entre el personal dedicado a actividades de limpieza. Una de las consecuencias de la subcontratación es que las personas que pertenecen a una misma empresa cada vez tienen cualificaciones más parecidas. Así, las personas con una mayor cualificación se concentran en un tipo de empresas y las personas con menor cualificación en otro tipo de empresas. Al aumentar la homogeneidad en los perfiles, aumenta la desigualdad entre los trabajadores más cualificados y menos cualificados, ya que el no estar “bajo el mismo techo” elimina uno de los factores correctores de la desigualdad.