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Alberto Moyano

El jukebox

Sobre los viajes

Alberto Moyano

«Una adolescente canaria muere de un ataque al corazón en una montaña
rusa de Eurodisney», reza el titular de la página 14 de la edición de
hoy del DV. No es un caso único. Hace un mes, otra joven, en este caso
macedonia, quedó «paralizada de las piernas, unas horas después de
haber dado una vuelta en la atracción Space Mountain». El parque
temático y el aeropuerto constituyen la última frontera en materia de
viajes. Lo insólito es que los sectores más alienados de la sociedad
pagan a cambio de sufrir experiencias corporales que, en otro contexto,
serían materia de denuncia judicial.
El programa ‘Luna llena’ de Teledonosti reunió anoche al periodista y
«vacacionero» Jesús Torquemada y al compañero del blog ‘Sopa de ganso’,
Iñigo Galatas, para disertar en torno al viaje, siempre bajo la tensa
dicotomía turista/viajero. Torquemada rompió una lanza a favor del
viaje organizado, una forma –según dijo– de democratizar esta
actividad.
La expresión es correcta. En el viaje organizado, como en la
democracia, uno dispone de ese segundo precioso de libre albedrío. A
partir de ahí, toca atenerse a las consecuencias o lo que es lo mismo,
obedecer y abonar. En el caso del viaje organizado, la clave es el
frenesí: traslados en microbús, galopadas a través de los museos,
arengas del incansable guía, visitas a las fábricas de productos
típicos con final en la tienda ad hoc, restaurante con espectáculo
folclórico de sabor local y tiempo libre, expresión que resume el acto
de derrumbarse en una terraza para, con la mirada perdida, tratar de
digerir lo engullido a lo largo de la jornada.
Puede parecer un infierno –y de hecho lo será– pero este régimen de
vida pervive con éxito porque cuenta con ese factor imprescindible en
cualquier actividad de ocio con aspiraciones masivas: evita la molestia
de pensar. Antes, durante y después. Y, probablemente, ése es el
objetivo.


junio 2007
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