El retorno del PNV al Gobierno Vasco debe entenderse en clave de éxito retrospectivo de Stop Desahucios. Hoy o más tardar mañana, los vascos regresaremos al orden natural de las cosas, una secuencia que arranca con el lehendakari Agirre, pasa por Leizaola, Garaikoetxea y Ardanza, y termina por ahora con Urkullu. Ajuria Enea es el domicilio natural del PNV, Sabin Etxea es tan sólo el adosado en la costa, la diferencia entre un hogar y una sede. “It’s not a house, its a home”, que cantaba Dylan. La literatura jeltzale recogerá este período como una oscura etapa en la que el PSE dejó en la calle a la gran familia nacionalista ejecutando un embargo con la única legitimidad de una ‘power balance’ y de esa especie de banco rescatado que es el PP de Basagoiti. En cuanto al PNV, destacar que, a diferencia de los demás partidos, dispone de dos almas, las dos inmortales y unidas en una misma fe en torno a la vida eterna, lo cual le permite ejercer la alternancia en el poder sin mayores contratiempos. Cuando transcurran miremos atrás, comprenderemos que los tres años y medio de administración López fueron la quinta temporada de ‘Mad Men’, un fallo del guión, con un Patxi López que llegó a lehendakari como George Lazenby encarnó a James Bond, el efímero resultado de un accidentado casting. Hoy sabemos que al “Nire aitaren etxea defendituko dut” le faltaban un par de versos en los que se hiciera expresa mención a los pactos contranatura. Como si hubiera alguno que no lo fuera, por otra parte. Como El Almendro, el PNV también vuelve a casa por Navidad.