Cualquier periodista que se precie debe alumbrar periódicamente un texto sobre la crisis de los medios de comunicación, so pena de que el público piense que tan sólo invierte su tiempo en escribir noticias. Tanto es así que esta derivada del oficio se ha convertido en una insospechada salida profesional. Ya hay quien se ha recolocado, a base de conferencias según precio de tarifa, como enfermero especialista en el ‘buen morir’, una suerte de eutanasia que en este caso se aplica sobre un paciente previamente amordazado, y atado de pies y manos.
En este punto, cabe enviar a un saludo a aquél que tras fundar una platarforma internetera recorrió media España impartiendo clases magistrales bajo el osado título de ‘Éxito en la crisis’. Quince días después de su última charla despidió a media plantilla y un mes más tarde, echó la persiana a su invento. Ahora oficia en un prestigioso medio, cuyo día a día se construye a base de un 50% de despidos, un 50% de rebajas salariales.
Esta semana -o quizás fue la anterior, ya no recuerdo- la iluminación adquiría una textura sintáctica bellísima: “La crisis no es de lectores, sino de contenidos”. En este caso, al igual que en todos los que le precedieron, el autor de la teoría conoce la solución, pero se asistiene de ilustrarnos mediante ejemplos prácticos, ya que en esta nueva disciplina que consiste en hacer el ‘gurú’, los más aptos son aquéllos adiestrados durante años en la creencia de que titular y realidad son independientes el uno del otro.