'Matar a un ruiseñor', cine con mayúsculas | El fotograma

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Asier Manrique

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'Matar a un ruiseñor', cine con mayúsculas

MATAR A UN RUISEÑOR

Título original: To Kill a Mockingbird

Año: 1962

Duración: 129 minutos

País: Estados Unidos

Director: Robert Mulligan

Guion: Horton Foote (basado en la novela de Harper Lee)

Música: Elmer Bernstein

Fotografía: Russell Harlan

Reparto: Gregory Peck, Mary Badham, Brock Peters, Phillip Alford, John Megna, Frank Overton, Rosemary Murphy y Robert Duvall

Productora: Universal

Género: Drama

Adaptación de la novela homónima de Harper Lee. En la época de la Gran Depresión, en una población sureña, Atticus Finch es un abogado que defiende a un hombre negro acusado de haber violado a una mujer blanca. Aunque la inocencia del hombre resulta evidente, el veredicto del jurado es tan previsible que ningún abogado aceptaría el caso, excepto Atticus Finch, el ciudadano más respetable de la ciudad. Su compasiva y valiente defensa de un inocente le granjea enemistades, pero le otorga el respeto y la admiración de sus dos hijos, huérfanos de madre. (FilmAffinity)

Hay películas por las que no pasan los años. Uno de los motivos de haber empezado a escribir este espacio hace más de dos años fue para poder tener una excusa para ver y hablar de películas que han hecho época en el séptimo arte. Entre esas películas se puede encuadrar la magnífica ‘Matar a un ruiseñor’.

La cinta es un gran ejemplo de cine hecho con cuidado, con mimo y con mucho amor por este arte ahora en horas bajas. Mezcla con gran maestría la inocencia de las escenas infantiles con toda la dureza y crudeza de las escenas protagonizadas por el mítico Atticus Finch (Gregory Peck).

‘Matar a un ruiseñor’ nos plantea de frente, y sin segundas vueltas, la situación de encontrarnos ante diferentes situaciones y saber elegir. Debe elegir la pequeña Scout (Mary Badham) cuando se pelea en el colegio con otro compañero y tiene que hacer las paces invitándole a comer a casa. Deben elegir el grupo de niños al acercarse a la casa del misterioso Boo Radley (Robert Duvall (Apocalypse Now)) para terminar descubriendo que detrás de esa imagen que los vecinos tienen de él se esconde un ser bondadoso. Y debe elegir el jurado ante seguir con la cultura de discriminación racial y dar la razón a un padre y una hija en una delirante acusación hacia un hombre negro (Brock Peters), por ocultar los malos tratos a los que el padre sometía a la hija.

 

Esta película trata, sin cortapisas, a un espectador que se presume inteligente y empático. Se le plantea el mismo juego que viven los personajes, en esos dobles lenguajes donde el bueno no es tan bueno, y el malo no es tan malo. ‘Matar a un ruiseñor’ es todo un canto a dar una segunda oportunidad a la gente, a abrir el corazón y confiar en ella.

El título de la cinta, mismo título de la novela de Harper Lee, ganadora del Pulitzer un año antes del estreno de la película, es una metáfora que se emplea dentro de ella, y el mensaje principal de todo esto. No se debe matar a un ruiseñor, un animal que no se mete en los campos a comerse lo que se cultiva, ni entorpece la vida de las gente, si no que es un animal que se dedica a regalar su canto. La bondad, reflejada en ese ruiseñor, es lo que Lee grita que no se mate, que no se acabe con ella.

‘Matar a un ruiseñor’ es cine con mayúsculas, del que ya no se hace. Una película en la que podemos ver la mejor actuación de la carrera de Gregory Peck, según sus propias palabras. Una cinta que es un clásico del séptimo arte y máximo exponente de lo que se conoce como drama judicial. Una lección que más de uno debería tener presente hoy en día.

Lo mejor: todo lo ocurrido en el juzgado y la secuencia de apertura, de una belleza espectacular.

Lo peor: no sabría qué decir, tal vez me falta más tiempo dentro del juzgado.

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