En lo que sí funciona bien ‘El hijo’ es en la ambientación. Los escenarios, la fotografía y el ritmo acompañan a la cinta, que, al menos en esto, no decae

'El hijo': thriller de sobremesa eficaz | El fotograma

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Asier Manrique

El fotograma

‘El hijo’: thriller de sobremesa eficaz

El hijoEL HIJO

Título original: El hijo

Año: 2019

Duración: 92 minutos

País: Argentina

DirecciónSebastián Schindel

GuionLeonel D’Agostino

MúsicaIván Wyszogrod

FotografíaGuillermo Nieto

RepartoJoaquín Furriel, Martina Gusman, Luciano Cáceres, Heidi Toini y Regina Lamm

ProductoraBuffalo Films

Género: Thriller

Sinopsis: Lorenzo, un pintor de unos 50 años, reconstruye su vida luego de unos tiempos difíciles. Se encuentra ansioso por el hijo que tendrá con su nueva mujer, Sigrid. Durante el embarazo, ella empieza a tener cierto comportamiento obsesivo y malicioso, que tensa la relación entre ambos. La situación se complejiza y las emociones no parecen están controladas por la pareja. Con el nacimiento del bebé, los conflictos se agudizan y el vínculo entre ellos se torna oscuro y peligroso, hacia un lugar casi sin retorno. (FilmAffinity)

Hay ocasiones que deben aprovecharse, y ocasiones que se ve a la legua que no se han aprovechado como deberían. El caso de la película ‘El hijo’ es una de estas ocasiones que dejan el regusto de estar a medio gas. Podría haber sido un thriller realmente potente, pero se queda en un thriller de sobremesa, eso sí, eficaz.

Nos cuenta la historia de Lorenzo, un pintor argentino, y su pareja, Sigrid, una mujer más joven y extranjera. La pareja intenta por todos los medios quedarse embarazada y cuando lo consiguen las cosas empiezan a cambiar. Ella se vuelve enormemente celosa de su hijo y lo alejará todo posible de su marido con la ayuda de una matrona noruega. Él, obsesionado, intentará abrirse camino, llegar hasta el hijo, pero fallando estrepitosamente.

‘El hijo’ funciona especialmente cuando el foco de atención se quita de Joaquín Furriel, protagonista de la cinta, y se centra más en qué es lo que está pasando realmente, es decir, en el niño. Los momentos donde el misterio que rodea al pequeño se vuelven protagonistas funcionan más que bien, aunque sean del nivel de un thriller estándar. Sentimos la necesidad de saber qué pasa con ese niño, qué secreto esconde.

El hijo

En cambio, Sebastián Schindel, nos plantea una película desde los ojos del padre, Joaquín Furriel. Le acompañamos en su descenso a la locura, en la obsesión que se crea dentro de él y en su frustración. La película lo pinta de víctima, y en cierta medida llegamos a verle de esta manera porque sabemos que parte de una posición de debilidad en todo este asunto, pero no llegamos a conectar como deberíamos. Tampoco lo hacemos con la madre, Heidi Toini, que nos cae mal desde el inicio.

En lo que sí funciona bien ‘El hijo’ es en la ambientación. Los escenarios, la fotografía y el ritmo acompañan a la cinta, que, al menos en esto, no decae. Es cierto que el final resulta algo apresurado, pero nada que no podamos pasar por alto. Los escenarios, especialmente el de la casa, están conseguidos, lo que es de agradecer en una película de este tipo, que trata de imbuirte de la locura de sus personajes.

Otro problema es con el final. Bien, está perfecto si quiere dejar el suspense en lo alto y que sea el espectador quien encaje las piezas, pero no termina de funcionar del todo. No tenemos ninguna información que nos permita construirnos nuestro propio final, la película está tan vacía de detalles para crear suspense que lastra el final. Una mirada de Martina Gusman que solo nos dice que algo sorprendente pasa, pero nada más. Ese mismo final, con algún detalle más repartido previamente por la película habría sido un bombazo.

Lo mejor: La ambientación.

Lo peor: El final queda cojo.

El hijo

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