
Quien padece una enfermedad, parece la respuesta obvia.
Pero sigámonos preguntando porque el tema tiene más miga de la que parece.
¿Y si el que padece una enfermedad, como el alcoholismo, no reconoce que la tiene?
Pues sigue siendo un enfermo pero con el agravante de que no tiene conciencia de su enfermedad, con lo que se hace más difícil poderla curar.
¿Hace falta, entonces, ser consciente de la enfermedad para curarse de ella? Sin duda alguna, lo que no se reconoce se vive como si no existiera.
¿Y cómo puedo darme cuenta de algo si estoy metido en ello y lo vivo como si fuera lo normal en mi vida?
Ese es el quid de la cuestión. Tendrá que pasar tiempo hasta que sientas la necesidad de cambiar por ti mismo, no porque te lo digan los demás.
¿Qué es una enfermedad, lo que molesta a los demás o a mí mismo?
Por supuesto, en primer lugar, a uno mismo, aunque casi siempre acaba afectando a mi relación con los demás.
¿Y si esa enfermedad está socialmente aceptada, vamos, que muchos están como uno, se es menos enfermo?
Buena pregunta.
Entonces, hace falta doble “ración” de consciencia. Una, para salirse del ambiente en el que se vive, por ejemplo, alejándose de los amigos que están enganchados a la droga, y otra para construir un nuevo mundo de relaciones en los que esté menos presente la adicción que padezco.
He aquí algunas de las preguntas que nos podemos hacer. Dejo abierto el espacio a las preguntas y reflexiones que se os ocurran.
Caminamos…Belén Casado Mendiluce