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Belén Casado Mendiluce

La psicóloga en casa

¿Ama a tu enemigo?

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Seguimos con la serie de artículos sobre los mensajes transmitidos por la religión católica. Y hoy hago referencia a uno que resulta del todo incongruente, porque uno ama aquello que te hace bien y te ayuda a ser mejor persona, y no a quien te destruye y te anula como persona.

No creo que nadie esté en desacuerdo conmigo si digo que existe el mal en el mundo y, por tanto, también existen personas malas que crean el mal a su alrededor. No creo que nadie nazca siendo una persona mala, sino que eso se aprende en el ambiente familiar que uno se mueve, pero ese es otro tema diferente del que nos ocupa.

Si existe la maldad y personas que la ejercen, no queda más remedio que alejarse de su radio de influencia, no sea que sufra esa maldad en mis propias carnes. Por contra, tener asidua relación con una persona mala sólo te lleva a parecerte más a ella, a justificar sus acciones y acabar tan trastornado como ella.

Sólo se puede amar al enemigo cuando este está en actitud de cambio y quiere ser mejor persona de lo que es. Evidentemente, eso se demuestra con hechos y no con meras palabras que se las lleva el viento. Se puede ayudar a cambiar al que tiene una clara conciencia del daño causado, un sincero arrepentimiento y una actitud de querer aprender a vivir de otra manera. Ni más ni menos.

Así que si alguien te hace daño de manera reiterada, no quieras hacer un mal uso del amor cristiano, amando a quien no es capaz de amar a los demás. Hay que tender la mano a quien pide ayuda, pero no a quien no es capaz de tomar conciencia de su propia maldad.

Para mí está claro que las personas malas tienen una autoestima baja y no son capaces de quererse a sí mismas, valorarse como son si no es a través de infligir daño a los demás. Así que cada uno tiene que recorrer su propio camino para enfrentarse a como uno realmente es, sin tapujos ni disfraces.

Amar al enemigo puede ser, en todo caso, no desearle mal ni estar constantemente criticando su forma de ser para acabar, de mala manera, teniendo a esa persona presente en nuestra mente. Amar a esa persona puede ser estar abierta a encontrarme con ella, cuando quiera sinceramente, y con hechos, vivir conscientemente y con amor. Hasta entonces, que cada cual siga su camino.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

belencasadomendiluce@gmail.com

www.psicologiapersonalizante.com

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Sobre el autor

Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.


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