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Belén Casado Mendiluce

La psicóloga en casa

“Nadie te va a creer”

 

¿Cómo se explica que quien haya sufrido un abuso sexual por parte de un familiar acabe con un sentimiento de culpa? Veámoslo con detenimiento.

El niño, por su propia naturaleza, es una persona que necesita confiar en sus padres o figuras de autoridad. Esa confianza le permite, a su vez, confiar en sí mismo y crecer como un individuo con sana autoestima. ¿Pero qué ocurre cuando ese padre que debería ser un referente o modelo en el que el niño se mirara acaba convirtiéndose en un maltratador?

El desconcierto para el hijo es brutal. No puede entender lo que está pasando. ¿No se supone que quien te quiere es el que te trata bien? ¿Cómo puede ser que el propio padre sea quien le haga sentirse tan mal? Es una situación a la que no se encuentra sentido ni explicación…porque no la tiene.

El niño se encuentra perdido, solo e impotente. No puede escapar de un abuso que se da, la mayoría de las veces, en el propio entorno familiar y en el que encuentra el enemigo dentro de casa. Tampoco puede decir a otras personas lo que le ocurre porque el maltratador ya se ha encargado de meterle el miedo en el cuerpo con amenazas o, simplemente, con el argumento sencillo pero contundente de: “Nadie te va a creer”. Es que, en realidad, resulta difícil de imaginar que algo así pueda estar ocurriendo en la propia casa.

La madre puede permanecer ajena al maltrato o ver indicadores, síntomas del niño que ella inconscientemente ignore. El niño no quiere quedarse solo con el padre, tiene cambios importantes en el estado de ánimo, cambia el rendimiento en el colegio…Algo le está pasando que constituye una llamada de atención.

Como esta situación se suele prolongar en el tiempo, el niño piensa que ALGO malo ha debido hacer él para que le traten así. Este es el germen del perverso e injustificado sentimiento de culpa que se origina en su interior. Si el adulto que se supone sabe más le trata así será porque el niño ha hecho algo reprobable a sus ojos, siente él.

A esto se une un sentimiento de vergüenza y suciedad por lo vivido, como si él hubiera atraído, de alguna manera, ese abuso que se comete sobre él. El niño se siente sucio, indigno y con la autoestima por los suelos. Incluso puede pensar que, como no puede hacer nada por escapar del abuso, en el fondo, permite que éste ocurra porque no se defiende en contra. Nada más lejos de la realidad.

La culpa, la vergüenza y el sentimiento de suciedad se sanarán únicamente cuando el hijo pueda alejarse del maltratador y verbalizar su sufrimiento con el apoyo de otra persona. Hará falta que se crea en lo que vivió sin minimizar su sufrimiento y descargándole absolutamente al niño de toda responsabilidad. Las actitudes comprensivas hacia los padres nunca justificarán lo que hicieron.

 

Caminamos…Belén Casado Mendiluce

 

Para hacer vuestras consultas:

belencasado@terra.es

 

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Sobre el autor

Soy Licenciada en Psicología y desarrollo mi trabajo en una consulta privada. Mi vocación desde joven ha sido la psicología, y a través de ella he buscado comprender a los demás y a mí misma. Desde ese trabajo interior, intento que lo que transmito sea un reflejo de aquello en lo que creo y que me sirve a mi. Me siento siempre en búsqueda, abierta a aprender de todo aquello que me haga crecer como persona. Y creo que lo que se vive como vocación no es sólo patrimonio mío sino que puede servir a los demás.


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