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Iñigo Galatas

Sopa de ganso

Porqué me gusta el Camino de Santiago

Me llevan a una etapa del Camino de Santiago, la Ermita de
Eunate junto a Muruzabal. Aprovechando las explicaciones, la planta octogonal,
la arquería y el calor, me pierdo y andando, andando, llego hasta Nekeas
(Añorbe), The Wine Valley (donde el vino vive) una bodega Navarra que lleva
haciendo buen vino desde principios de los 90. Ocho familias con tierras de
vinos en el valle deciden unirse y fundan una bodega con la idea de
hacer vinos de calidad y, sobre todo, exportarlos a los países donde son
capaces de entender su vino y su filosofía.  Me encuentro con Concha Vecino la enóloga
desde sus comienzos. La bodega es sencilla y limpia sin grandes atractivos
salvo uno muy especial, la terraza del último piso desde donde se ven las viñas y el valle y
que, además, te lleva a una sala de catas bien preparada donde, me imagino, que
seducirán a sus compradores americanos, ingleses y hasta islandeses.

Pude catar varios vinos y saco una conclusión de toda la
cata: Concha tiene un amor exacerbado por la tierra y sus frutos. Está
obsesionada con que cada vino represente a la perfección la uva que lleva.
Obsesionada con la fruta y con la madera muy ligera y así salen unos vinos
llenos de matices y sabores que saben a eso, a vino y a uva. Vinos carnosos que
no llegan a ser muy astringentes, vinos que en nariz son potentes y divertidos
pero que no llegan a matar las encías. A Concha le gusta hacer
grandes vinos.

Hace un blanco fermentado en barrica a la manera de los
grandes blancos de la Rioja. La prueba de su potencia y calidad es que abrimos
una botella del 94 que había desarrollado todo tipo de mieles, es verdad que al
final moría, pero fue sorprendente saber que un blanco, casi de primera añada,
aún se podía beber y disfrutar aunque sólo fuera de aperitivo.

Mis recomendaciones van, por supuesto, por el Blanco
Fermentado en Barrica (ahora saldrá al mercado el 2005), el Reserva, uno llamado Olazari, “vieja fábrica de
piedras” que con ese  nombre uno ya se
imagina el terreno de cascajos sobre el que se asienta el viñedo, y un más que
sorprendente El Chaparral, un vino de garnacha de viñas viejas, algunas
centenarias, que está entre los mejores garnachas que he podido probar este
año, uno parece que está comiendo la uva.

Nekeas no es ningún descubrimiento, Parker lleva tiempo
dándoles puntuaciones altas en sus catas, ocurre que no aparece bajo ese
nombre, cuando empezaron su aventura americana se dieron cuenta (tarde) de que
Nekeas sonaba a vino griego y en aquel momento el vino griego se relacionaba
con barato y malo. En los USA venden bajo el nombre de Vega Sindoa y así es
como aparece en las catas.

La bodega se puede visitar www.nekeas.es
y está al lado de la Ermita de Eunate que es una visita obligada, lástima que
después de la cata no llegara a tiempo de escuchar las explicaciones. Ya tengo
una excusa para otro día.

gastronomia, restaurantes, vinos, recetas

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