Se estrenaron A Hard Day’s Night, Viva Las Vegas, My Fair Lady y Mary Poppins.
Llegaron a las listas You Really Got Me, House of the Rising Sun, How Sweet It Is to Be Loved By You (Marvin Gaye) o los chicos Jan & Dean
73 millones de americanos vieron a los Beatles por televisión por primera vez en el programa de Ed Sullivan.
En Tokio se inauguraron las XVIII olimpiadas.
Aún faltaban 2 años para que se celebrara el primer Festival de Jazz de San Sebastián.
Quedaban 10 años para que dimitiera Nixon.
En la Bodega de los López de Heredia en Haro embotellaban 20.000 botellas del Bosconia, Vino Fino, un ensamblaje de tempranillo, garnacho y graciano.
Una de esas botellas llegó a mis manos en forma de regalo.
Estuvo perfectamente guardado en una bodega, sin que se moviera, sin que sufriera.
Ahora se entiende por qué los vinos de La Rioja son tan grandes vinos.
Abierto dos horas antes, con muchísimo cuidado, muy despacio y sin mover la botella.
Quieto y sin decantar.
El color teja muy claro, limpio. Oxidación. Precioso. Un viejo tawny.
La nariz llena, compleja, algo de fruta, cueros elegantes, una caja de Loewe recién abierta, poderío.
Minutos intensos con los ojos cerrados y oliendo,
dejando a solas la imaginación que se pasee por la copa.
La boca… la boca.
Trufa, bosque limpio, aroma fresco, acaba de llover y te llega la hierba, la hojarasca y al final vuelve la fruta porque aguanta un largo rato, como los poderosos.
Quien no entiende estos vinos no puede entender la reflexión, la pausa, la amistad. Hay cosas que sólo se entienden desde la tranquilidad y el silencio.
Blog escrito escuchando: Nicola Matteis – Ayres for the Violin